AÑO LITÚRGICO
1. Noción Es la sucesión de fiestas y tiempos festivos en la Iglesia, destinados principalmente a recordar los sucesos de la vida de Jesús. La Iglesia católica sintió la necesidad, para dar satisfacción a la devoción de los fieles, de repartir las principales solemnidades del culto según una cierta sucesión de tiempos, pero además de seguir el cómputo civil (año civil) hizo y hace uso de un cómputo propio. El cómputo eclesiástico abraza todo el año, haciéndolo girar en torno a la Pascua (v.) y distingue sus partes por medio del número áureo (que sirve para conocer el día en que ocurren los novilunios y por consiguiente la Pascua), la epacta (edad de la luna el día 1 de enero), la letra dominical (para distinguir la semana en el calendario perpetuo), la letra del martirologio (edad de la luna en cada día del mes), y las fiestas movibles, dependientes de la Pascua, en oposición a las fiestas fijas, ligadas a un día determinado.
El a. litúrgico comenzaba al principio con la Pascua, que dependía siempre del equinoccio de primavera — primer domingo después del día 14 de la luna de marzo —; hoy comienza con el domingo más próximo al 30 de noviembre (primer domingo de Adviento) y concluye con el sábado que precede inmediatamente a este domingo.
2. División Mientras que el año civil se divide en 365 días, en 12 meses, agrupados en 4 estaciones, el a. litúrgico se divide en 52 semanas que se reúnen para formar los tiempos, que constituyen los ciclos. El ciclo más importante y el primero también en orden de formación, es el ciclo pascual, cuyo centro es la Pascua, seguida de 50 días de fiesta (a los cuarenta días está la fiesta de la Ascensión), reunidos en semanas (del primero al quinto domingo después de Pascua) y precedida de un periodo de preparación (Cuaresma, v., dividida en los cuatro domingos de Cuaresma, domingo de Pasión y domingo de Ramos, que abre la Semana Santa, consagrada a la memoria de la pasión y de la muerte de Jesús).
El otro ciclo, que fué bien pronto paralelo al ciclo Pascual es el ciclo de Navidad, que gira sobre esta fiesta (25 de diciembre), precedido también de un período de preparación: el Adviento, en recuerdo de la larga expectación del Salvador, que consta de cuatro semanas (los cuatro domingos de Adviento) y seguido de un período en que continúa el gozo (domingo después de Navidad, que puede faltar absorbido por la fiesta de la Circuncisión; domingo antes de la Epifanía, que también puede faltar; fiesta de la Epifanía, y un número impreciso de domingos después de la Epifanía, hasta seis como máximo). Como período de paso del gozo a la tristeza tenemos tres semanas entre los dos ciclos, correspondientes a los domingos de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima. El espacio de tiempo que seguía a la fiesta de Pentecostés (v.) formó un período por sí mismo y tomó el nombre de tiempo después de Pentecostés, formado por 24 domingos que con la añadidura eventual de los domingos que quedaron sin celebrar después de la Epifanía cierran el año ligándolo con el nuevo Adviento y, por lo mismo, con el comienzo del nuevo año litúrgico.
En este período (segundo jueves después de Pentecostés) se colocó la fiesta del Corpus Christi , en honor de la Eucaristía.
3. Fiestas del Señor, de la Virgen y de los Santos A estas magníficas fiestas del Señor se agregaron otras menores en memoria de los distintos pasos de su vida (Smo. Nombre de Jesús, Sagrada Familia, Transfiguración, Sdo. Corazón, elevada hoy a fiesta de primera clase, etc.). Intercaladas a las fiestas de N. S. Jesucristo se recuerdan las de su Madre Santísima: Asunción (la más antigua: 15 de agosto), Inmaculada Concepción (8 de diciembre), Anunciación, que es también la fiesta de la Encarnación del Verbo (25 de marzo); y las innumerables fiestas marianas menores (Purificación, Dolores de María, Corazón de María, Realeza, Sto. Rosario, etc.). El culto de los Santos, cuya intercesión sabemos pola fe que es grata al Señor, ocupa también una gran parte del a. litúrgico. La Iglesia, en una solemnidad general que es una de las principales del año, el primero de noviembre los honra y los celebra a todos juntos, invitándonos a observar su ejemplo y animándonos a seguirlos: es la fiesta de Todos los Santos, a la que sigue la Conmemoración general de todos los Fieles Difuntos. El recuerdo honroso de los Santos, que comenzó con el de los Mártires (v.
Bibliografía
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L. Duchesne, Origines du culte chrétien , París, 1925
J. Schuster, Líber Sacramentarium , Barcelona, 1944
L. Barin, Catechismo litúrgico , I, Rovigo, 1938, p. 287 ss.