PASIÓN
1. Noción. - En el lenguaje esco lástico tradicional este nombre tenía un sig nificado muy amplio y comprendía todo lo que hoy se entiende con los nombres de sen timientos, emociones, pasiones. Más aún, el nombre p. tiende a desaparecer del lenguaje científico moderno; y los que todavía lo usan suelen atribuirle un sentido peyorativo y crónico, llamando de esta manera a los sentimientos y emociones que en un deter minado sujeto han venido a ser estables y a menudo inmorales. Dejando a este nombre su amplitud antigua se llama p. todo movimiento, tendencia, in clinación, que se verifica en nosotros con la participación de nuestra sensibilidad. En este sentido se solían distinguir once pasiones: seis en el apetito concupiscible: amor y odio, deseo y aversión, placer y dolor; cinco en el apetito irascible: esperanza y desesperación, audacia y temor, ira. Esta enumeración es algún tanto empírica; de hecho cambia según las distintas escuelas y se encuentran diversas listas con distinta amplitud. No va mos a detallar todos estos catálogos, notemos solamente que alguno reduce las pasiones a dos: placer y dolor, cuyas modalidades cons tituyen las series comunmente admitidas; otros, trabajando sobre la lista expuesta, las reducen todas a una, esto es, al amor, del cual las demás no son más que simples mo dificaciones.
2. V a lo r m o r a l.
- El valor moral de las pasiones fue objeto de apreciaciones muy di versas y hasta contradictorias. Desde los can tos homéricos, donde las pasiones tienen el puesto de honor, hasta los estoicos que las despreciaban, hay toda una gama de valora ciones en las que interviene mucho la fanta sía y que nacen en parte del diverso modo de entenderlas. Nuestra doctrina moral no las diviniza ni las condena en bloque; ve en ellas un elemento que no se puede suprimir, una ayuda preciosa, un peligro constante para nuestra vida superior. La impasibilidad estoica es imposible de alcanzar; si fuese alcanzada seria una mutilación dañosa, por que privaría a nuestra parte racional de la ayuda y del complemento que ella obtiene de la sensibilidad. Las pasiones, por lo tanto, han de ser consideradas como un elemento importante de la vida humana; pero un ele mento inferior que debe desenvolverse en función de los elementos superiores a los cua les debe obedecer y servir. Este criterio tiene gran importancia para los métodos edu cativos.
Es un grave error limitar la educa ción a las facultades superiores, especialmente intelectuales, y descuidar las pasiones (la sensibilidad); esta zona del ser humano ha de ser también educada« proponiéndose dos fines principales: dirigirla hacia objetos mo ralmente honestos; plegarla al freno de la razón. Gra. B IB Ir. — H. D. N o bl e, Les passions dans la me moralt'. París, 1931-1932; E. B o c a n e l u, Alcuni aspetti della psicología e filosofía delle passioni secondo S. Tommáso, en Bollett. filosof. (1935), 53 SS.; N.
Mo n a c o, Le passioni e i caratteri, Roma, 1946.