ROSARIO
1. Noción. - Entiéndese materialmente por rosario una sarta de cuentas o granos que sirven para la numeración de las Avemarías y de los Padrenuestros en las oraciones vocales, repetidas en número fijo. Con significado más amplio el nombre rosario se aplica para significar aquellas fórmulas particulares de oración, como el Rosario de la Sma. Virgen, en que como medio de numeración de las Avemarías y de los Padrenuestros se emplea el r., entendido en su significado material.
2. Rosario de la Sma. Virgen. - a) Datos históricos. Es antiquísimo el uso de numerar las oraciones con granos o cuentas tanto entre los cristianos como entre los paganos. En el s. IV el monje Pablo solía contar sus Padrenuestros con piedrecitas. El uso del r. se hizo común en el s. XV, después de la propagación de la devoción del Rosario. El origen del rezo de esta fórmula de oración es más bien oscuro; probablemente el Rosario fue producto de una lenta evolución. Sólo a fines de la Edad Media se presenta a Sto. Domingo como autor del Rosario, cuando el dominico Alan de la Roche (Alanus de Rupe, m. 1475) lo reivindicó para él y recomendó con gran fervor este piadoso ejercicio. Después que su difusión se hizo casi general los Pontífices añadieron al r. el sello de su autoridad con las indulgencias y recomendaron vivamente su rezo especialmente en ocasión de graves calamidades.
Es famoso el breve de San Pío V Consueverunt, 14 septiembre 1569, que vio en el Rosario un presagio de la victoria de Lepanto (4 octubre 1571). León XIII con nueve admirables encíclicas sobre el Rosario acompañó y sostuvo la acción del Ven. Bartolomé Longo (m. 1926) para propagar el rezo del Sto. Rosario desde su Pompeya (el 8 mayo 1876 se inició el nuevo Santuario, hoy centro de devoción mariana y de la oración mariana por excelencia, el Rosario). La invitación al rezo diario del Rosario se repite también en la enc. Ingruentium malorum de Pío XII, 15 septiembre 1951. b) El R., salterio de María. Esta devoción del Rosario, llamado también el Salterio de María, consiste en el rezo, moralmente no interrumpido, de 150 Avemarías (como los salmos), divididas en 15 decenas, cada una de las cuales comienza con el Padrenuestro y en la meditación de los principales misterios de la vida, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Pío XII en su citada encíclica enumera las siguientes características propias de esta fórmula de oración: el primer carácter está en la naturaleza vocal y al mismo tiempo mental de la oración: rezo y meditación al mismo tiempo, palabra y sentimiento; el segundo carácter está en la brevedad de la práctica piadosa que puede ser deshecha en tantas pequeñas unidades de modo que en ellas se puedan ocupar los espacios de tiempo libre; el tercer carácter está en la compatibilidad del Rosario con las ocupaciones manuales o materiales en general;
el cuarto carácter es la elasticidad de la intuición rosariana, por la cual el Rosario se adapta a la mentalidad de cada uno; el quinto carácter es la infinita variedad del Rosario (en contra de lo que se cree y se dice), que nos lleva con los misterios a la contemplación de tantos personajes y de tantas actitudes; el sexto carácter es la facilidad de recurrir a esta oración; el séptimo la oportunidad del recuerdo del Rosario en las dificultades de la vida; el octavo carácter es el de la inspiración que da el Rosario para las grandes empresas; el noveno carácter la capacidad defensiva y ofensiva contra las potencias infernales; el décimo carácter la sociabilidad del Rosario que se presta al rezo colectivo y en público; el undécimo carácter la facilidad mnemónica con que el Rosario se aprende; el último carácter es la señalada analogía del Rosario con el Salterio.
c) Forma, materia del R., etc. Con el paso del tiempo se fueron requiriendo formas y bendiciones especiales para el R. Al presente la forma debe ser la de una corona, de aquí el nombre con que también se le designa y que es común con otros rezos en los que se emplean instrumentos similares. No puede tener la forma de brazalete, anillo, etc. Los granos deben estar unidos entre sí en grupos de diez. Deben ser de materia sólida (madera, vidrio sólido y compacto, nácar, mármol, alabastro; también estaño y plomo, aunque para estas materias no se conceden las indulgencias apostólicas). La cadenilla en que van ensartados puede ser indiferentemente de alambre, cuero, plata, cáñamo, etc. Para que el r.
pueda tener las indulgencias es necesario que esté bendito. Salvo especiales facultades la fórmula de bendición, doble (larga o breve), es obligatoria para el Rosario (igualmente para la corona de los siete Dolores; para las demás coronas las fórmulas de bendición son facultativas, bastando una señal de la cruz) y está contenida en el Ritual Romano (v.).
d) Indulgencias anejas al rezo del Rosario. Muchísimas indulgencias van anejas al rezo del Sto. Rosario que pueden lucrar también los fieles no adscritos a la cofradía del Santo Rosario (v. Cofradía). Entre otras se puede lucrar la indulgencia de diez años una vez al día; la indulgencia plenaria el último domingo del mes, si al menos durante tres semanas se reza el mismo Rosario, añadiendo la confesión, la comunión y la visita de una iglesia u oratorio público. A los que rezan la tercera parte del Rosario ante el Smo. Sacramento expuesto públicamente o conservado en el Sto. Tabernáculo se concede cada vez la indulgencia plenaria si se confiesa o comulga (Pío XI, Breve 4 septiembre 1927).
e) Condiciones para lucrar las indulgencias. Para lucrar las indulgencias comunes a todos los fieles que recen el Rosario se requiere: 1) que recen al menos cinco decenas (que pueden estar separadas entre sí siempre que se reúnan el mismo día en un solo r.) y hagan la meditación del misterio correspondiente (San Pío X, 8 julio 1908); 2) que la meditación de los misterios de la vida, muerte y resurrección del Señor se haga al menos mentalmente durante el rezo de la salutación angélica (Avemaría) o del Padrenuestro (Decr. de 1 julio 1839).
No es necesario, sin embargo, que la enunciación y el recuerdo particular de los misterios se haga antes del rezo de cada decena (Decr. 1 julio 1839). Ha ido prevaleciendo la costumbre de que los misterios se dividan en el curso de la semana de la siguiente forma: los gozosos el lunes y el jueves, los dolorosos el martes y el viernes, los gloriosos el miércoles, sábado y domingo; pero la elección es completamente libre (Decr. de 1 julio 1889). Van anejas particulares indulgencias al r. bendecido por un sacerdote de la Orden de Predicadores o por quien haya obtenido esta especial facultad (cfr. la última indulgencia de 500 días para el que lleva consigo y besa el r. bendito, 30 marzo 1953: AAS, 45 [1953], 311). El Papa, cuando bendice el r. le imparte las indulgencias apostólicas.
3. Otros Rosarios o coronas. - Dase también el nombre de Rosario, y más propiamente el de coronas, a otras devociones similares a la del Rosario de la Sma. Virgen. Las principales coronas o Rosarios son los siguientes: 1) Corona del Señor. El B. Miguel de Florencia († 11 enero 1522), monje camaldulense, fue el inventor de esta corona (el a. 1516), que se compone de 33 Padrenuestros, en memoria y veneración de los 33 años de la vida de Ntro. Señor sobre la tierra. A los 33 Padrenuestros se agregan 5 Avemarías en honor de las cinco llagas de Nuestro Sr. Jesucristo y, finalmente, el Credo en honor de los Santos Apóstoles. Antes de cada decena se reza un Avemaría y también un Padrenuestro como en el Rosario de la Virgen María. Es devoción propia de la Orden de los monjes Camaldulenses.
Fue enriquecida con especiales indulgencias por León X y sucesivamente por otros Pontífices. 2) La corona franciscana o de los siete gozos de la Sma. Virgen. La corona franciscana, conservada según la tradición en la orden seráfica, tuvo su origen el a. 1422. Se compone de 70 Avemarías y de 7 Padrenuestros, agregando un Padrenuestro y un Avemaría por el Sumo Pontífice. Actualmente se rezan 72 Avemarías en lugar de las 70 que se rezaban al principio, porque más tarde se agregaron otras dos Avemarías para llegar al número probable de años que vivió la Virgen sobre la tierra. San Pío X (4 diciembre 1900) enriqueció con varias indulgencias el rezo de esta corona que ha de ser bendecida por un sacerdote de las tres familias franciscanas a las que compete bendecir esta corona. 3) Corona de los siete dolores de la Santísima Virgen María. Tiene su origen en la Orden de los Siervos de María. Se compone de siete partes, en memoria de los siete dolores de la Sma. Virgen María, y cada una de ellas comprende un Padrenuestro y siete Avemarías. Al fin se agregan otras tres Avemarías en honor de las lágrimas de la Santísima Virgen María. Está enriquecida con indulgencias (18 julio 1877).
La facultad de bendecir la corona compete a la Orden de los Siervos de María; pero se concede también a otros sacerdotes. 4) Corona de Sta. Brígida. La corona llamada de Sta. Brígida fue instituida y propagada por Sta. Brígida de Suecia (m. 1373). Se reza en honor de la Virgen y en memoria de los 63 años que la Sma. Virgen María pasó según otra opinión en esta tierra.
Está formada por seis decenas, en cada una de las cuales se reza un Padrenuestro, diez Avemarías y un Credo; agregando al fin otro Padrenuestro para completar el número de siete en memoria de los siete dolores y gozos de la Virgen y tres Avemarías para completar los 63 años. Está indulgenciada (Sda. Congregación de Indulgencias, 6 enero 1886 y 8 diciembre 1887). La bendición de la corona está reservada a los Abades o Superiores de la Orden de los Canónigos regulares del Santísimo Salvador (extinguida la orden de Santa Brígida). Se concede también sin embargo esta facultad a otros sacerdotes. 5) Corona bendita de los crucíferos. El Sumo Pontífice León X, con su breve Regularem Vitam de 20 agosto 1516, concedió a los fieles que devotamente rezan el Padrenuestro y las Avemarías con la corona de la Sma. Virgen María bendecida por el Maestro general, pro tempore, de los Canónigos regulares de S. Agustín, de la Orden de la Sta. Cruz (llamados comúnmente crucíferos), la indulgencia de 500 días cada vez que rezan un Pater y Ave.
La facultad de bendecir corresponde a dicha Orden, pero puede concederse también a otros sacerdotes (por privilegio la tienen los sacerdotes adscritos a la Pía Unión del Clero para las misiones). 6) Corona angélica o en honor de San Miguel Arcángel y de los coros de los ángeles. Se compone de nueve granos mayores (rezo de los Padrenuestros) intercalados en nueve grupos de tres granos menores (rezo de las Avemarías), seguidos por otras cuatro cuentas gruesas para otros cuatro Padrenuestros.
Para lucrar las indulgencias concedidas por Pío IX (8 agosto 1851) se requieren además especiales invocaciones a cada uno de los coros angélicos. La facultad de bendecir la corona se extiende a todos los sacerdotes que pueden bendecir objetos sagrados indulgenciándolos. 7) Otras coronas menos conocidas son: la corona apostólica de Tierra Santa; la corona del Sdo. Corazón de Jesús; la corona del Espíritu Santo; la corona de las doce estrellas; la coronita de la Inmaculada, etc. Pal.
Bibliografía
Bibliografía
Decreta authentica
S. Congregat. indulgentiarum, Ratisbona, 1883
M. Chafotin, Les quinze mystères du Saint Rosaire, París, 1900 S. de Angelis, De indulgentiis, Asti, 1946 F.
M. Willam, Geschichte und Gebetsschule des Rosenkranzes, Wien, 1948
M. Llamera, Libro del Rosario, Valencia, 1949 J.
M. Escrivá, Santo Rosario, Madrid, 1953.