Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

TRANSFIGURACIÓN

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«Seis días después (ocho dice Lc., computando el día del punto de partida y el de llegada; después de la solemne confesión de Pedro y de la primera predicción de la pasión, Mt. 16), Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan... y los llevó a un monte alto y apartado. Y se transfiguró delante de ellos, de suerte que su rostro resplandeció como el sol, y sus vestiduras se pusieron brillantes como la luz» (Mt. 17, 1-13; Mc. 9, 2-13; Lc. 9, 28-36). «En vez de las cualidades del cuerpo mortal y sujeto a pasiones, que había tomado para hacerse semejante a nosotros en todo y sufrir por nosotros, Jesús se revistió de las dotes del cuerpo glorioso que era la natural consecuencia de la visión beatífica de que disfrutaba su alma en virtud de la unión hipostática con el Verbo divino. Tal consecuencia, que para todo el resto de su vida mortal estaba suspendida por un gran milagro de amor y de sacrificio, surtió su pleno efecto en la cima del Tabor» (A. Vaccari).

La transfiguración tiene su antítesis en la agonía del huerto de Getsemaní: en ambos casos tomó Jesús consigo los mismos testigos: Pedro, como cabeza de la Iglesia; Santiago, que será el primer mártir; Juan, el predilecto entre los discípulos; la luz deslumbrante debía preservarlos a todos contra el escándalo de la agonía. La tradición se ha fijado en el Tabor: la subida es penosa, pero Jesús elige aquella cumbre aislada, desde la que se domina la llanura de en torno, situada en el corazón de Galilea, para invitar a sus discípulos a la oración. Como estaban cansados por la caminata —nótese que estaban aún en pleno verano, entre Pentecostés y la fiesta de los Tabernáculos del segundo año de vida pública, el 29 de J. C., y en el período dedicado de un modo especial a la formación de los Apóstoles—, los tres preferidos se dejaron vencer del sueño mientras Jesús estaba en oración. Cuando ellos despertaron, al des puntar el alba, lo vieron transfigurado, conversando con Moisés y con Elías acerca de la muerte que habría de sufrir en Jerusalén para cumplir los designios divinos.

590ALleno de entusiasmo, Pedro quisiera perpetuar, prolongar aquella escena admirable —ésta sí que era digna de Cristo—, lo mismo que inmediatamente después de la solemne confesión había protestado enérgicamente contra la predicción de la pasión y de la muerte redentora. Propone erigir tres tiendas de ramas para Jesús y para los dos eminentes representantes de la Antigua Alianza. La respuesta viene de lo alto: una nube envuelve a éstos, mientras que los discípulos caen por tierra sobrecogidos de espanto, y se oye una voz que dice: «Éste es mi Hijo muy amado: escuchadlo». Cuando los discípulos miraron en tomo suyo, se hallaron solos con Jesús. La transfiguración es la confirmación autorizada de la confesión de Pedro; la gloria que irradiaba de Jesús era prenda e indicio de la gloria de la resurrección; el tema del coloquio con Moisés y con Elías, la plena confirmación de la pasión y de la muerte anteriormente pre dichas; tales eran las partes esenciales de aquel plan divino que los judíos rechazaban, oponiendo a él su plan nacionalista, altamente poderoso y terreno (v. Tentaciones de Jesús), y en el que los mismos discípulos estaban embebidos.

Los afortunados testigos comprendieron al fin que no podía dudarse en absoluto acerca de la identidad entre Jesús-Mesías y verdadero hijo de Dios. Por lo mismo no sabían explicarse cómo Elías no había hecho nada, siendo así que los rabinos enseñaban sobra él que aparecería como precursor del Mesías, a quien entronizaría como rey, en tanto que el Mesías ya había llegado. Piden, pues, a Jesús la explicación correspondiente, y Jesús les explica que el Elías pronosticado por los profetas había ya venido en la persona de Juan Bautista (v. Elías), y hace una alusión al martirio que éste sufrió. El precursor había sido eso, no sólo con las palabras, sino incluso con la suerte que le tocó arrostrar; y de igual modo el Mesías cumplirá plenamente el vaticinio de Is. 53 sobre el hijo del hombre que tendrá que sufrir mucho y ser despreciado. Según fuere el Mesías así tiene que ser su precursor. Por eso también, partiendo de la muerte del Bautista y de la naturaleza de la misión por él realizada, muestra Jesús a los discípulos cuál ha de ser la misión vaticinada por el Antiguo Testamento, conforme al plan divino, y que será la que él realizará aquí abajo por la salvación del género humano.

Por otra parte, al darles aquel mandato inmediatamente después de las palabras del Padre, diciéndoles: «A nadie hablaréis de la 590Bvisión, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos», Jesús sintetizaba la enseñanza de la transfiguración: muerte y resurrección, o sea, la gloria de Cristo pasando por los padecimientos y la muerte.

Bibliografía

M. J. Lagrange, L’evangelo di Gesù Cristo (trad. it.), 2.ª ed., Brescia 1935. pp. 253-57. J. Höller, Die Verklärung Jesu, Friburgo i. Br. 1937. E. Dabrowski, La transfiguration de Jésus, Roma 1939. A. Vaccari, La S. Bibbia, VIII. Firenze 1950. p. 84 s.

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