SEMITAS
Son los descendientes de Sem (Gén. 10, 21b), hermano mayor de Jafet, que siempre figura como el primero entre los hijos de Noé (Gén. 5, 32; 6, 10, etc.). Las tablas genealógicas de Gén. 10 y de Par. clasifican a los pueblos por grupos atendiendo más a sus relaciones históricas y geográficas que a los caracteres étnicos. Pero aparecen los cananeos clasificados entre los hijos de Cam, cuando lo son de Sem. Tal vez se deba esto a una intención de mencionar la dominación egipcia sobre la costa fenicia o de expresar el parentesco que une a las razas camitosemitas (Gén. 10, 6). Idéntica a ésta es la clasificación en que se presenta a los árabes con los etíopes (Ibid.), a los babilonios con los asirios (Gén. 10, 8-12), todos ellos de raza semita. No obstante, los 543Bárabes (Gén. 10, 22) son colocados en otra parte entre la descendencia de Sem. También en Gén. 9, 18-27, en la maldición de Cam, aparece Canán ligado a la suerte de los camitas y tendrá que soportar la supremacía de Sem y de Jafet. De todos modos, la bendición de Sem parece reflejar la situación histórica del II milenio a. de J.
C., cuando un nuevo aluvión de semitas, tal vez el de los amorreos, que pudo ser el que empujó también a Abraham , invadió el territorio de Canán, coincidiendo con otra inmigración no tan nutrida de elementos oriundos del Asia Menor, que tal vez fuesen los jeteos, cuyas leyes se respetan en el contrato de la caverna de Macpela. Gén. 10, 11 ss. enlaza con Sem y con el diluvio al tronco de origen del pueblo hebreo, citando nombres que también aparecen, sobre todo los últimos, en los textos de Mari. La clasificación de los semitas se basa en motivos complicados, pues los criterios étnicos tienen un valor relativo, ya que no se puede demostrar la pureza de la raza de los semitas. La única base que ofrece cierta seguridad se funda en las lenguas semitas (nombre que aparece por primera vez en 1781 en una obra de A. L. Schlozer), que se distinguen de las lenguas de los demás grupos en numerosas particularidades: 1) La firmeza del cuadro de consonantes en oposición a la incertidumbre de las vocales. Probablemente ésta fué la razón por la cual los antiguos fenicios inventaron el alfabeto, que sólo representaba las consonantes por considerarlas como la parte principal del conjunto consonantevocal.
El armazón consonante de las palabras expresa la idea general, en tanto que las vocales expresan las diversas modalidades que determinan esta idea. 2) La existencia de ciertas consonantes guturales y de consonantes enfáticas. 3) Las raíces son en su mayoría consonantes y constan de tres letras. Las afinidades de las lenguas semitas suponen la realidad de una común descendencia, y, por consiguiente, unidad primitiva de origen que se rompió por la diferenciación de los dialectos. Esta lengua primitiva, tronco común de todas ellas, se llama semita común o protosemita, en alemán ursemitisch , como en orden a las lenguas indoeuropeas se supone una misma hipótesis de una lengua común que se hablaba cuando los semitas o indoeuropeos vivían en su cuna de origen, antes de la separación que los empujó a buscarse otros puntos de residencia. Ni del protosemita ni del protoindoeuropeo se posee tan siquiera un renglón ni documento alguno.
Todas las 544Aafirmaciones que se hacen son fruto del esfuerzo de la gramática comparada que, mediante el parangón de la fonética, de la morfología y de la sintaxis de las diferentes lenguas semitas logra reconstruir, al menos en parte, el tipo, los caracteres esenciales del protosemita; y precisamente las lenguas semitas se prestan para la comparación mucho mejor que las indoeuropeas, a pesar de que la glotología semita está menos desarrollada que la indoeuropea. El admitir una lengua primitiva común a los pueblos semitas equivale a aceptar un lugar común en que se habló el protosemita y, por lo mismo, el lugar de origen de los semitas. Se ha pensado en la frontera armenia del Kurdistán, en Mesopotamia, en el norte de Siria, en África, en Arabia. La opinión hoy más seguida y la más probable pone los orígenes de los semitas en el desierto sirioarábigo, por más que S. N. Kramer sostenga que los semitas proceden de los súmeros, con Mesopotamia por cuna. Partiendo del desierto sirioarábigo en diferentes riadas y en diferentes direcciones, y a veces sobreponiéndose a otros semitas que han salido antes, van dispersándose los diferentes pueblos que entran en el grupo racial de los semitas.
Su enumeración sigue de norte a sur la distribución geográfica correspondiente al comienzo de su respectiva evolución histórica, sin consideración alguna a su procedencia de sedes más remotas. Son pueblos semitas los acadios, que son los primeros en aparecer en Mesopotamia en el tiempo de los súmeros: los amorreos (= occidentales) que toman asiento en la región a la que antes habían llegado los acadios y de los cuales salen los príncipes de los asirios y de los babilonios, términos de creación moderna y mediante los cuales se intenta designar con más o menos precisión las diferentes razas unificadas por el lenguaje y la civilización, que en diferentes tiempos se establecieron en el valle del Tigris y del Éufrates desde el extremo septentrional hasta la desembocadura en el golfo Pérsico. Estas razas, empiezan a estar sobremanera entrelazadas con elementos varios, ya desde el primer momento en que ocupan sus sedes históricas, donde sufren influencias de los pueblos autóctonos y de los de otras razas a consecuencia de la supremacía militar de éstos. Son semitas los arameos, cuya aparición debe de remontarse a los comienzos del segundo milenio, aunque mucho después que la de los acadios.
Su sede histórica tiene sus límites septentrionales hacia las laderas del Amano y por el golfo de Alejandreta, los meridionales en el desierto 544Bsirioarábigo. Posteriormente se compenetran con los asiriobabilonios, así como también con los cananeos y con los árabes.
Los sirios y las comunidades sirioarameas o caldeas pertenecen al grupo arameo. Otros semitas son los cananeos, que forman la más interna de las tres agrupaciones que gravitan por la parte de los dos ríos que dan hacia el Mediterráneo —las dos primeras están constituidas por los asiriobabilonios— y ocupan la tira formada por el Líbano y el Antilíbano, por la meseta israelítajudaica (Siria y Palestina) y por la depresión que se halla entre el mar Rojo y el golfo de Akab, así como por los territorios que están al oeste y al este de esta tira hasta el Mediterráneo por una parte, y hasta el desierto asirioarábigo por otra. Del grupo de los cananeos forman parte los fenicios, un grupo de los cuales se trasplanta a las costas de África del Norte y da origen al pueblo púnico o cartaginés; los hebreos, los amonitas, los moabitas (sobre el origen semita de estos dos pueblos cf. Gén. 19, 30-38), los idumeos (su común origen con los hebreos está afirmado en el relato de Esaú = Edom y Jacob = Israel).
Finalmente, son también semitas los árabes y los etíopes, los primeros de los cuales ocupan el vastísimo territorio que está al sur de los tres grupos precedentes, o sea la península arábiga y el desierto sirioarábigo, que pone a la Arabia en contacto con el Asia Anterior. La historia de Agar y de Ismael en el Génesis es una prueba del parentesco de los hebreos con las tribus árabes del Norte (safaítas, lihinianitas, tamudeos). De la rama meridional de los árabes, a quienes pertenecen los míneos, los sabeos, los cabatinos y los hadramutos, proceden los etíopes o abisinios, como resultado de una migración que los lleva al territorio de la actual Etiopía. Todos los pueblos semitas van apareciendo con su característica figura histórica, notablemente diferenciados, no desde el punto de vista lingüístico, sino por razón de su composición étnica, por su constitución social, política y religiosa, por sus vicisitudes históricas.
Pero es de notarse que en los árabes nómadas (beduinos), entre los cuales sobrevive inalterada la antiquísima sociedad semítica, puede reconocerse algún que otro elemento más representativo del semitismo, que o se ha extinguido por completo o se ha mantenido bajo formas latentes o alteradas en otros pueblos más progresistas o más expuestos a las influencias extranjeras. Pero en la organización social no presentan los semitas caracteres 545Aabsolutamente originales, ni los que pueden considerarse como primitivos se conservaron después a través del desarrollo histórico de cada uno de los pueblos. Dado el origen nómada de los semitas, es natural que entre ellos se encuentren formas sociales características del llamado ciclo pastoril: sistema patriarcal y constitución por tribus. La transformación de la constitución política con la consolidación de la monarquía aparece en todos los pueblos semitas como fenómeno derivado del cese del nomadismo. La organización sacerdotal es un fenómeno secundario y, en parte, de importación extranjera. La religión de los semitas se basa principalmente en el concepto de la fecundación de la tierra de pasto mediante el cielo, que da la lluvia.
Las manifestaciones del culto consisten en sacrificios, oblaciones de primicias vegetales y animales. Los lugares de los sacrificios son los de las manifestaciones del dios. Tienen un desarrollo especial las prohibiciones de ciertos alimentos, la circuncisión (que no se observa entre los asiriobabilonios). La divinidad tiene un carácter local y universal: la raíz El aparece en muchas lenguas semitas, y también la raíz baal es de uso frecuente. Los semitas han desempeñado una función importante en la historia del Asia Anterior y en la cultura del mundo. Las primeras apariciones se dan por parte de los acadios de Mesopotamia durante el segundo milenio: la civilización mesopotámica se desplaza de las desembocaduras del Tigris y del Éufrates para extenderse por las orillas de ambos ríos. Hacia los comienzos del segundo milenio se consolidan los amorreos, que dejan huellas profundas en el medio Éufrates, y el recuerdo de hombres notables como Shamsi-Addu I de Asiria, cuya influencia hacia el Asia Menor está atestiguada en las tablas de Kultepe y Hammurabí, de la primera dinastía de los babilonios, el primero en formar un poderoso imperio que llega desde el golfo Pérsico hasta Nínive y Mari.
Babilonios y asirios, no obstante los intermedios jeteos, jorreos y egipcios, son dueños del Asia Anterior hasta el siglo VI a. de J. C.
Los cananeos ocupan desde el III milenio la costa mediterránea y mantienen contactos con el mundo egipcio, con el mesopotámico y con el mediterráneo; durante muchos siglos son dueños de las costas con Biblos, Ugarit, Tiro y Sidón, y durante 150 años (tres dinastías) incluso de Egipto, si es que se acepta el origen cananeo de los hicsos. Su influencia cultural debe ser inmensa si se tiene en cuenta que una parte de los mitos que van 545Bdescubriéndose en Bogazköy tiene origen cananeo y que los fenicios son los portadores de la cultura mesopotámica al sector de Creta. Los arameos se hacen especialmente fuertes hacia fines del II milenio e imponen su lengua durante casi un milenio.
Con la caída del imperio persa (s. IV a. de J. C.), el movimiento migratorio de los árabes acelera su ritmo, y sobre las ruinas de los antiguos estados se forman agregados políticos árabes que a veces alcanzan categoría de verdaderas y propias dinastías, como la de Osroén y de la Comagena, o en verdaderos estados nacionales árabes como el de los nabateos cuyos monumentos se conservan en el desierto de Petra. Durante el imperio romano los semitas de Palmira crean una potencia. Desde el s. VII desp. de J. C. absorben, a todos los pueblos y todas las lenguas del Asia Anterior y son el único pueblo que sobrevive formando una masa inmensa, mientras los neohebreos, los etíopes, algunas reliquias de caldeos quedan como una insignificante representación de los antiguos semitas.
Bibliografía
G. Levi Della Vida, Semiti , en Enc. It. , XXXI, pp. 351-55. Id., Les Sémites , París 1938. P. Dhorme, Langues et écritures sémitiques , París 1930. S. Moscati, Storia e civiltà dei S. , Bari 1949. R. T. O’Callaghan, Aram Naharaim , Roma 1948.