Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

PERSAS

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Los persas (hebr. paras ; en Ez. 27, 10; 38, 5 se trata de los perorsos o farusios, población del norte de África: F. Spadafora, Ezechiele , 2 ed., Torino 1951, p. 210 s.) juntamente con los medos constituyen el grupo iránico, los más orientales de los indoeuropeos, que en el 2.º milenio a. de J. C. se estableció en la meseta que lleva su nombre. Se les nombra por primera vez por el asirio Salmanasar III con ocasión de una expedición (837 a. de J. C.): los Parsua, en los montes de Kurdistán, distintos de los amadaos (= medos) establecidos en la llanura. Éstos constituyeron un reino (705-550) que venció a Asiria (614-610) y ejerció la supremacía sobre los persas. En el s. vi Ciro recobró la independencia y con brillantes conquistas sucesivas funda el imperio persa (558-330), que se extiende desde el Indo hasta el Mediterráneo, y desde las estepas de Siberia hasta Egipto , y sucumbirá ante el imperio de Alejandro Magno (cf. Dan. 8, 3-7.20; 11, 2 ss.). Con este período persa está enlazada la restauración del nuevo Israel: regreso de la cautividad, sistematización en Jerusalén y cercanías, construcción del Templo y de las murallas.

Los dominadores persas fueron siempre benévolos para los judíos, por razón —prescindiendo de todo lo demás— del puesto delicado de su país, fronterizo con Egipto , el tradicional enemigo de quienquiera que ocupase Siria y Palestina. Ciro (v.) dió el decreto (538) relativo al regreso y reconstrucción del Templo. El duro Cambises (529-522) devasta templos en Egipto y da muerte a sacerdotes, pero favorece a los judíos de Elefantina. Darío I (521-486) en el decreto (520) en que autoriza la reanudación y terminación de la 465Bconstrucción del Templo, interrumpida durante cerca de dieciséis años, toma por su cuenta los gastos para las obras y para la ofrenda del sacrificio cotidiano (Esd. 6, 1-12; Ag. 1; y hace lo mismo en Egipto para el templo de Amón). Artajerjes I (Longimano, 461-424) da a Nehemías los poderes para reconstruir las murallas de Jerusalén (Neh. 2, 1-9).

Las intrigas tramadas por los samaritanos, amonitas, etc., para impedir la reconstrucción del Templo, y por consiguiente la de las murallas, coinciden con todo lo que sabemos por Herodoto (VI-IX) acerca de la corte persa. Sobre Jerjes I (485-466), el Asuero de la Biblia, v. Ester . Algunos críticos (W. Bousset-H. Gressman) han intentado probar la existencia de una influencia de la religión persa sobre Israel, asentando que de la mescolanza con los conceptos iránicos y caldaicos que se dieron en el momento de la conquista, resultó el judaísmo cuyo centro de tradición era Babel. Según ellos, los persas tomaron la idea del juicio general al fin del mundo; la resurrección de los cuerpos; el dualismo entre Satanás y Dios; el nuevo concepto escatológico y espiritual del Mesías .

Pero en realidad, el Avesta, colección heterogénea de los escritos religiosos persas, es de formación muy reciente. Son cinco los libros en que actualmente está dividida toda la colección: jasna «oración», con himnos y oraciones del ceremonial oficial; vispered , apéndice del precedente; vendidad «ley contra los demonios», el único que ha llegado entero hasta nosotros, de contenido jurídico legal, con prescripciones ceremoniales, ritos de expiación, etc.; jasht «adoración, sacrificio», himnos en honor de determinadas divinidades; khorda Avesta «la pequeña Avesta», manual de oraciones para los laicos. El primero, que es el más importante, contiene diecisiete himnos que constituyen el núcleo más antiguo (h. el s. vi a. de J. C.) de toda la colección, las Gáthá. Lo restante es mucho más reciente, hasta el s. iv-v desp. de J. C.

La doctrina de las Gatha, frecuentemente en contraste con las otras partes del Avesta, tiene por autor a Zaratustra, «el hombre de los viejos camellos», en griego Zoroastro, reformador religioso de gran energía, que luchó contra la antigua y primitiva religión persa, basada en la observación de los astros, y contra el antiguo culto politeísta, una y otro estrechamente enlazados con fenómenos físicos, perfectamente descritos por Herodoto (I, 132 ss.). Zaratustra no admite más que una sola divinidad: Mazda, «el sabio» o Ahura «Señor», 466Ao Mazda Ahura, «el sabio Señor». En las inscripciones de Darío I en Behistún (s. vi a. de J. C.) se encuentra la forma de Ahuramazda que después quedó fija.

Este dios es creador, legislador, juez y vengador de las acciones humanas; infunde en el hombre dotes de benevolencia, rectitud, docilidad. Junto a él aparece aka mainjush , «el espíritu destructor», principio eterno y malo, al que más adelante se llamó Ahrimán, que promueve el mal entre los hombres.

De ahí proviene el que haya dos ejércitos en lucha hasta el fin del mundo, cuando el bien triunfará sobre el mal en el encuentro decisivo. Zaratustra combate enérgicamente el culto; el matar, el sólo maltratar al buey es cosa diabólica. El mismo culto del fuego, que luego había de convertirse en un elemento característico de la religión mazdea, sólo es mencionado una vez como de escapada. Cualquier otro rito es considerado como práctica perversa y es condenado explícitamente. Esta doctrina de Zaratustra es más que una religión. Fué conservada por los magos (= maguš , de maga «don» = la doctrina que acabamos de exponer, significa «participante del don», es decir, partidario de la doctrina de Zaratustra) y no pasó a ser religión oficial hasta la dinastía sasánida (s. iii a. de J. C.). Antes de esto, aunque precedió a los aqueménides, no ejerció influencia alguna en el pueblo, ni tuvo muchos partidarios, dada su naturaleza. Ciro, Darío I y Jerjes I son politeístas, y añaden a Ahuramazda otras divinidades: Tistria, Mitra (dios de la guerra), las aguas, el fuego, cuyo culto estaba floreciente, como lo prueban las escrituras de los sepulcros de los aqueménides.

En las escrituras más antiguas no se hace mención de espíritus malignos; sólo en una inscripción de Jerjes I, recientemente publicada, hace su aparición con el nombre de daeva , como en el Avesta. Por consiguiente, en el paralelismo con las fuentes bíblicas hay que limitarse a las Gatha. Pero resulta que el examen crítico demuestra que los cuatro puntos adoptados como prueba, o no son característicos del Irán, como la idea del fin del mundo y la de la retribución —idea corriente en el s. vi a. de J. C.— o no figuran en absoluto en las Gatha, como la resurrección de los cuerpos y el concepto de un Mesías ; o no tienen más que una semejanza meramente externa mientras que substancialmente difieren de los datos bíblicos, como sucede con la idea de juicio, que en el Irán es algo puramente mecánico.

En el judaísmo no se habla de fin del mundo físico, sino de transformación de 466Blas cosas en un mundo mejor; no se da el contraste ni la lucha entre los dos principios opuestos, lo que es incompatible con la idea de un Dios único (como en el dualismo iránico), sino lucha, en la tierra, contra el reino de Dios, por parte de Satanás y sus satélites incluso humanos, todos los cuales están dominados de un modo absoluto por el único Dios omnipotente. Por otra parte, la angelología, Satanás y los demonios son mencionados en Israel desde su más remota antigüedad. El mesianismo es un fenómeno único, típicamente israelita, que llega a su cumbre con los profetas de los siglos viii-ix a. de J. C. (v. Mesías ). El propio nombre de demonio Asmodeo, elemento del matiz local del libro de Tobías (3, 8), a duras penas puede aproximarse al persa Aesma-dáeva , en cuanto no es fácil hacer derivar al hebr. dai del persa aeva . Como quiera que se resuelva el problema de la antigüedad del zoroastrismo, las Gatha representan un movimiento limitado, no influyente, que aun considerado en sí mismo, no puede inspirar al judaísmo ninguno de los temas examinados.

Los textos posteriores (hasta el Bundahišn , s. ix desp. de J. C.) no pueden ser tomados en consideración. Los judíos, con justo título ufanos por su monoteísmo, tuvieron que considerar la religión de los persas como una religión de politeístas, de adoradores de demonios, de supersticiosos, y mantenerse alejados de todo compromiso extraño, como hicieron con los samaritanos apenas llegados de vuelta de la cautividad. El único hogar de la religión judaica fué Jerusalén y el Templo (I-II Par.; Esd.; Neh.). El original sistema de R. Reitzenstein (que habla de influencia persa sobre el Nuevo Testamento) gira en torno al misterio de la Redención por obra del Hijo del hombre. Este hombre, en la manera de concebir de los persas, sería el renovador del mundo, el depositario del mensaje y del poder de Dios, el salvador, pero al mismo tiempo salvado, que debe subir al cielo como primera cabeza luminosa, etcétera. Tal sería el concepto que, según dicho sistema, habría dado origen, pasando a través del Asia Menor y del helenismo, a la formulación del misterio cristiano, especialmente por parte de San Pablo en sus epístolas.

El sistema carece de todo fundamento, y no pasa de ser una paradójica mistificación. Se basa en textos mándeos y maniqueos, todos ellos posteriores al cristianismo. Por otra parte, los investigadores competentes no hallan en él nada que sea específicamente iránico. Otra 467Abase en que estriba es el postulado de que el cristianismo procede del helenismo; postulado incompatible con la crítica histórica y literaria.

Bibliografía

P. Dhorme, en RB , 21 (1912) 22-49. M. J. Lagrange, Le Judaïsme avant Jésus-Christ , 3 ed., París 1931, pp. 383-409. R. de Vaux, en RB , 44 (1937) 29-57. P. Masson-Oursel, Les religions de l’Iran ( Histoire générale des Religions , M. Gorce-R. Mortier), París 1945, pp. 31-44, 439-42. O. Messina, Le religioni dell’Iran ( Le religioni del mondo , N. Turchi), Roma 1946, pp. 141-68.

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