Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

JOSÉ

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Penúltimo hijo de Jacob , habido de su predilecta Raquel (Gén. 30, 32 s.); el más piadoso, el más afectuoso.

Dios le revela su futura grandeza mediante dos sueños; las gavillas de sus hermanos se inclinaban ante la suya; el sol, la luna y once estrellas lo adoraban. Sus hermanos se enojan por eso, y también porque José había dado cuenta a su padre de acciones pésimas por ellos realizadas. Al verlo acercarse hacia ellos en las cercanías de Siquem, adonde se había desplazado desde Hebrón con los rebaños, se desentienden de él, después de haber pensado incluso en matarlo, vendiéndolo por veinte monedas (cf. Lev. 27, 5), a pesar de sus lágrimas y de sus ruegos (Gén. 42, 21), a unos mercaderes que llevaban de Arabia a Egipto sustancias aromáticas y viscosas para el embalsamamiento de los cadáveres. Tenía entonces José unos 16 años.

Los hermanos tomaron su túnica (larga y con medias mangas, como la llevaban los ricos y los nobles, regalo de Jacob), la mancharon con sangre de un cabrito y se la mandaron al pobre padre, que lloró inconsolable la presunta muerte de su predilecto (Gén. 37). En la capital del Delta, durante el imperio de los Hiksos (s. XII), José fue vendido a Putifar, oficial superior de Faraón, quien pronto le cobró afecto y le confió la administración de su casa. José resiste al intento de seducción de su ama, y es llevado a la cárcel por una calumnia de ella.

También ahora asiste Dios 320Aal inocente, que se gana la confianza del carcelero, el cual le confía el cuidado de los presos, entre los cuales se destacan el copero y el pastelero de Faraón (Gén. 39). José explica a éstos sus respectivos sueños: el primero volverá a su oficio, y el segundo será decapitado (Gén. 40). La predicción se realizó. Dos años después vio el Faraón en sueños que subían del Nilo siete vacas flamantes, y luego otras siete macilentas que devoraron a las primeras. Tras un breve intervalo, parecióle ver sobre una misma caña siete espigas llenas a las que siguieron otras siete, chamuscadas por el siroco, que devoraron a las primeras. Acordose el copero de José, y éste dio al Faraón la explicación: Habrá en Egipto siete años de abundancia, a los que inmediatamente seguirán otros siete de carestía. Dios os da el aviso para que proveáis a tiempo.

El Faraón enalteció a José, que tenía entonces unos treinta años, y le constituyó en virrey con plenos poderes. Le impone un nombre egipcio Safnat-paaneh (dador de vida), y le da por esposa a Asenet, hija de un sacerdote de On, de la cual nacen Manasés y Efraím , epónimos de las dos tribus, llamadas a veces (Dt. 33, 13.16; Ez. 47, 13 etc.), colectivamente, de José. José almacena grandes cantidades de víveres durante siete años de abundancia en grandes silos que oportunamente se habían distribuido por las ciudades egipcias. Y cuando llegó la carestía y todos acudían al Faraón, éste los remitía a su ministro: «Id a José», el cual puso a la venta, primero para los egipcios y luego también para los extranjeros, las reservas que tenía acumuladas (Gén. 41). También Jacob envía sus hijos a Egipto. José los reconoce inmediatamente y disimulando la emoción que siente, los acoge duramente tratándolos de espías, con el fin de adquirir, sin descubrirse, noticias de su anciano padre y de su amado Benjamín ausente, y también para explorar sus sentimientos y ver si seguían siendo malos como en otro tiempo.

Así los despacha con el grano y con el dinero que habían pagado, escondido por orden suya en los sacos, pero retiene a Simeón, que será puesto en libertad cuando le hayan llevado a Benjamín, en prueba de que han dicho la verdad. Consumido el grano, los hermanos inducen a Jacob a que deje ir con ellos a Benjamín, y vuelven a Egipto (Gén. 42-43, 23). José realiza la última prueba; finge que retiene a Benjamín, y al ver la consternación de los otros y el ofrecimiento de Judá para quedar preso, a trueque de ahorrar tan 320Bgran dolor al anciano padre, José no puede ya contenerse y prorrumpiendo en llanto se descubre a sus hermanos, un tanto asustados, y los abraza. Ha sido la Providencia —les dice— la que me ha enviado aquí (Gén. 43, 24-45, 15). Invitado por Faraón lleva a todos los suyos a Egipto, y tiene la satisfacción de abrazar a su anciano padre, que adopta a Manasés y a Efraím (v.). José dispone que los suyos vayan a establecerse con sus rebaños en la fértil región de Gosen , lejos de la capital y de las otras ciudades egipcias, para que puedan conservar sus costumbres y la pureza de su religión (Gén. 46-48).

En su profética despedida, Jacob tiene unas bellísimas palabras para José: «Retoño frondoso es José, retoño frondoso junto a una fuente. Árbol majestuoso, cuyas grandiosas ramas se alzan sobre el muro de la cerca. Goza de todas las bendiciones. Goza de todas las bendiciones del cielo» (Gén. 49, 22-26). Muerto Jacob, José manda embalsamar su cadáver y lo lleva con un grandioso cortejo a sepultarlo en Canán , en la sepultura de su familia. A la edad de 110 años, siente José que se acerca su fin, y con ferventísima confianza encomienda a sus hermanos, hijos y nietos a la divina Providencia: «Dios os visitará y hará que subáis a la tierra prometida a Abraham y a nuestro padre, y entonces llevaréis de aquí mis huesos» (Gén. 50). La narración está revestida de un colorido vigoroso y abiertamente egipcio, tanto en los términos empleados como en el cuadro históricosocial y en los pormenores. Es una pintura llena de vida la que se presenta de los hombres, y de los usos y costumbres de los egipcios en todos los campos de la vida (A. S. Yahuda). Los Padre s están de acuerdo en ver en José una figura de N. S. Jesucristo perseguido, vendido, humillado y resucitado por la salvación de su pueblo.

La Iglesia repite la invitación del Faraón: «Id a José», adaptándola felizmente al jefe de la sagrada Familia. [F. S.]

Bibliografía

Y. Ermoni, en DBs , II, col. 1655-69. A. Mallon, Les Hébreux en Égypte , Roma 1921. A. Vaccari, La S. Bibbia , I, Firenze 1943, pp. 142-78. H. Simon - J. Prado, Vetus Test. , I, 6.ª ed., Turín 1949, pp. 175-83, 190 ss., 195 s.

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