BENEDICTUS
Es el cántico, en parte profético (Lc. 1, 68-79), que pronunció Zacarías el día en que circuncidaron a su hijo Juan, llamado más tarde el «Bautista» (Mt. 3, 1). El título del cántico responde a la primera palabra de la versión latina. Con razón se dice de él que es «la última profecía del Ant. Testamento y la primera del Nuevo». Desde el tiempo de Orígenes (Hom. X in Lc.: PG 13, 1823) suele dividirse el Benedictus en dos partes netamente distintas. En la primera, que se refiere al Mesías (68-75), Zacarías loa a Dios por haber cumplido la promesa hecha 75Aa los antiguos padres enviando a la tierra el Salvador (cornu salutis = poderosa salvación), que llevaría a cabo la gran obra de libertar al pueblo del poder de sus enemigos y le pondría en condiciones de poder servirle en santidad y en justicia para siempre; en la segunda que se dirige a Juan (76-79), con una apóstrofe inspirada alusiva a las palabras del Ángel Gabriel (Lc. 1, 13, 17), Zacarías predice y ensalza la misión de su augusto hijo, la de ser el nuncio (precursor) del Mesías y la de preparar los caminos para recibir la salvación mesiánica.
En la primera no se deben pasar por alto tres verbos, empleados en pretérito: visitó, hizo, erigió, que pueden explicarse, o porque la Redención estaba prácticamente comenzada, en cuanto que la Encarnación se había ya realizado con el consentimiento de María (Lc. 1, 38), o porque en el griego del N. T., por influencias de las lenguas semíticas, los tiempos de los verbos no conservaban el mismo valor que tienen en el griego clásico. Podría ser también que se tratase de «pretéritos» llamados por los exegetas «perfectos proféticos». La Vulgata tiene también un pretérito en el visitó del v. 78 (2/ parte), que el griego trae en futuro (visitará), según los más autorizados críticos y en los mejores códices; y ésta es la forma que se retiene. Luego se subraya el v. 79 que, refiriéndose a ls. 9, 2, pone en claro el universalismo de la obra mesiánica que beneficiará, sí, a los judíos en cumplimiento del Juramento hecho a Abra-.ham (73-75), pero se extenderá también a los paganos sepultados en las tinieblas de la idolatría y por ello expuestos a la muerte eterna (Ef. 2, 3. 11 ss.).
Como en otras circunstancias análogas, también al tratarse de nuestro cántico ha intentado la crítica «independiente» sembrar el descrédito sobre su autenticidad, ora afirmando que se trata de un «salmo judíocristiano, reconstruido por el Evangelista y atribuido a Zacarías» (Holtzmann, Loisy), ora sosteniendo que «es un residuo de la himnología de la Iglesia primi tiva (Harnack). Se han notado también algunas semejanzas con la plegaria judaica llamada Shemoneh cesreh (- dieciocho [bendiciones]).
La semejanza con los Salmos hebreos y con la plegaria judaica citada no debe extrañarnos si se reflexiona sobre el hecho de que el autor del Benedictus es también un hebreo, y sacerdote por añadidura (Lc. 1, 5), que tan familiarizado está con los Salmos, los Profetas y todas las fórmulas litúrgicas del Templo, que al querer componer (no necesariamente improvisar) un cántico, siente, como por instinto, que los textos sagrados y litúrgicos afluyen abundantes 75Ba sus labios para dar forma a los sentimientos del alma.
Según ha advertido el P. Lagrange, la alta antigüedad del Benedictus puede deducirse incluso del modo de tratarse en él al Mesías. Uno que, por ejemplo, hubiese escrito después de la Resurrección, y sobre todo después de la difusión del cristianismo, difícilmente habría resistido a la tentación de sacar a relucir la divinidad, la obra redentora, el sacrificio de Jesús, como fácilmente se echa de ver en los discursos de los Actos y en las Epístolas de San Pablo . [B. P.] L. Pirot, Benedictus, en DBs, I. 956- 62. L. C. Fillion, Vita di N. S. G. C., trad. ital.. I, Turín-Roma 1934, pp. 482 s. 486. M. J. Lagrange, Ev. sel. St. Lc., París 1927. pp. 58-63. F. Cabrol, Cantiques évangéliques, en DACL, II, col. 1994 ss.
J. Pérez Carmona, El Benedictus en la nueva traducción latina, en CB (1945) 14.