Diccionario Bíblico

Bruno Pelaia

MAGNIFICAT

Recursos

Es el cántico pronunciado por la Santísima Virgen cuando fué a visitar a su prima Isabel (Lc. 1, 46-55). El título responde a la primera palabra de la versión latina. El tema lo había ofrecido la misma Isabel al saludarla llamándola «Madre de Dios», habiéndola iluminado el Espíritu Santo en el momento en que se presentó la Virgen (Lc. 1, 41 ss.). El Magníficat es un himno de alabanza al Todopoderoso por el misterio de la Encarnación que de un modo silencioso se había realizado en el castísimo seno de la Virgen.

Desarrolla estos conceptos: a) no obstante la pequeñez (ταπείνωσις = bajeza, miseria) de su sierva (δούλη = esclava), Dios ha obrado en Ella grandes prodigios (Concepción inmaculada, Maternidad divina, Virginidad perpetua, todos los cuales favores «exigían» como secuela la asunción a los cielos), y por eso todas las generaciones la proclamarán «Bienaventurada» (46-48); b) las maravillas obradas en María, como tantos otros favores concedidos por Dios en el decurso de los siglos a sus fieles servidores (= los que le temen), ponen 374Ade manifiesto sus tres atributos fundamentales: el poder, la santidad, la misericordia (49-50); c) con pormenores tomados de la conducta ordinaria de la Providencia, pónese en evidencia la constante intervención de Dios para proteger a los humildes (= pobres) y confundir a los poderosos soberbios (51-53); d) el principal beneficiario de tales favores ha sido Israel, con quien Dios ha mantenido todas las promesas hechas a Abraham (v.) y a su descendencia, especialmente la que daría origen al Mesías (Gén. 12, 3; 22, 17-18; Gál. 3, 16) (54-55).

Las reminiscencias bíblicas en que abunda el Magníficat , tomadas de los Salmos, y principalmente del cántico de Ana, madre de Samuel (I Sam. 2, 1-10), han dado ocasión a los críticos para poner en duda la historicidad del documento, que es definido como «un salmo judaico», o bien como «un mosaico de fórmulas preexistentes, reunidas por el evangelista o por el autor de su fuente». Por lo que a las reminiscencias bíblicas atañe, no es de extrañar que se piense que para los piadosos israelitas era el único alimento del espíritu, de suerte que sus textos les afluían como instintivamente a los labios, siempre que a impulsos de una emoción religiosa se aprestaban a expresar su agradecimiento, o a rogar a Dios como quiera que fuera. Mas por muy evidente que sea el que algunas expresiones sean tomadas de escritos precedentes, el Magníficat tiene un tono personalísimo, como se observará principalmente en el v. 48: ha mirado la humildad de su sierva , cuyas palabras tienen perfecta correspondencia en la actitud de la Virgen ante el ángel: he aquí la sierva del Señor (Lc. 1, 38).

En otras palabras, sucedió con el Magníficat lo que en los tiempos antiguos sucedió con los constructores cristianos que a veces tomaron los ladrillos e incluso piezas de mármol de los templos paganos, mas la Basílica tenía otra alma, otro estilo, otro aspecto. Al fin del siglo pasado, la influencia principalmente de Loisy (Harnack es más suave) contribuyó a que se intentara enturbiar las aguas en torno a la autora del Magníficat , porque se había llegado a descubrir (lo cual había ya advertido Wettstein en 1751) que algunos códices de la antigua versión latina y otros, incluso latinos, de las obras de S. Jerónimo y de Orígenes, ponían en el v. 46 «Ait Elisabeth» en vez de «Ait Maria». Como muy acertadamente se ha dicho, se trata de «una extrañeza inspirada por el amor de la novedad». Y efectivamente, los esporádicos e 374Binciertos testimonios en contra quedan literalmente pulverizados por el unánime testimonio de todos los códices griegos y por el de todas las versiones (coptas, siríacas, latinas).

Es también digno de notarse que en el Magníficat se evita a propósito la alusión a la esterilidad (I Sam. 2, 5), lo que ciertamente no habría omitido Isabel, ya que también ella era estéril (Lc. 1, 37). Y no digamos que en boca de Isabel no habrían tenido sentido alguno las palabras del v. 48: Todas las generaciones me llamarán bienaventurada . Por eso el chismorreo de la crítica murió apenas nacido, a lo que contribuyó poderosamente la Pontificia Comisión Bíblica con un decreto del 26 de junio de 1912 (Denz.-U. 2158). En la liturgia latina se viene recitando el Magníficat desde tiempos inmemoriales en las Vísperas del Oficio Divino. Hay quienes piensan que fué S. Benito quien lo introdujo, mas el aserto está lejos de ser cierto. [B. P.]

Bibliografía

L. C. Fillion, Vida de N. S. J. C. , trad. esp., I, Madrid 1942, pp. 208-211, 373-377. M. J. Lagrange, Év. selon s. Luc , París 1927, pp. 44-54. F. Zorell, en VD , 2 (1922), 194-99. F. Cabrol, Cantiques évangéliques , en DACL , II, col. 1997 s.
J. M. Bover, El Magníficat, su estructura y su significación mariológica , en EstE (1945), pp. 31-43.

Voces relacionadas

Internas

Externas