ARAMEOS
Habitantes de Aram, nombre que en el A. T. se da a la Mesopotamia 53Aseptentrional y a Siria. Para significar a Mesopotamia (la región bañada por el Eufrates y por el Habur), la expresión bíblica más usual es Aram-Naharajim (Gén. 24, 10; Dt. 23, 5; Jue. 3, 8; I Par. 19, 6, etc.), o sea, la región aramea de los dos ríos. Tal expresión es a veces reemplazada por Paddan-Aram (Gén. 25, 19; 31, 20, etc.), que señala directamente la región de Jarán, morada de íos Patriarcas antes de su entrada en Canán. La expresión Naháraim significando a Mesopotamia septentrional aparece en documentos egipcios desde los tiempos de Tutmosis I (h. 1500 a. de J. C.) bajo la forma de Nahrin, que en las tablillas de ElAmarna está en lugar de Mitanni . Para significar Siria, Aram aparece siempre unido con otra determinación geográfica más estrictamente especificada, como Aram-Sóbah (I Sam. 10, 6), Aram-Rehob (ibid.), Aram-Dammáseq (II Sam. 8, 5).
Una inscripción de Teglatfalasar I (1114-1076), confirmada más tarde por el monolito de Asurnasirpal II (884-859), juntamente con otros datos históricos, nos induce a mantener que la aparición de los árameos está íntimamente relacionada con una gran afluencia de nómadas: los Sutü y los Ahlamu (probablemente nómadas y confederados), mencionados en inscripciones que se remontan a los tiempos de Rim-Sin (h. 1750 a. de J. C.). Y mientras se estuvo afirmando erróneamente durante mucho tiempo que el nombre de Aram era de fecha más bien reciente, resulta que lo contiene claramente una inscripción de los tiempos de Naram-Sin (h. 2400 a. de J. C.) y dos tablillas de la tercera dinastía de Ur (h. 2070-1960). La hipótesis más aceptable señala como lugar de origen de los árameos el desierto sirioarábigo. De allí se habría dirigido una infiltración de nómadas hacia las fértiles regiones de Babilonia, donde Kadasma-Harbe y sus sucesores no fueron capaces de impedir que se establecieran las tribus caldeas.
Casi en el mismo tiempo se van estableciendo en el norte otros grupos nómadas con la misma religión (culto del dios lunar) y casi idénticas costumbres, y éstos precisamente serán los llamados árameos. Está perfectamente confirmada la afirmación bíblica (Gén. 22) que reconoce un estrecho parentesco entre los árameos y los caldeos. Al separarse de los caldeos, los árameos se dirigieron hacia Asiria y ejercieron presión por el suroeste con el intento de pasar el Eufrates y el Habur. Adad-Nirari I (1364-1273) los rechaza, pero en los tiempos de Salmanasar I (1272-1243) los 53Bvemos ya establecidos en los bordes del estado asirio, contra el cual se aliaron con los jeteos. Teglatfalasar I los rechazó en no menos de veintiocho campañas; con todo, nos es dado a conocer, a través de los reportajes relacionados con este monarca, que ya entonces los árameos estaban firmemente asentados en varias localidades. Y si bien el período de debilidad que siguió en Asiria al reinado de Teglatfalasar I no fué provocado con nuevas oleadas de árameos, lo cierto es que favoreció el que éstos consolidasen las posiciones tomadas.
Surgen por doquier, y en Mesopotamia misma, centros árameos que reciben diversos nombres de los respectivos jefes de tribus, y al mismo tiempo se completa la penetración aramea en Siria. Los centros más famosos establecidos en Mesopotamia son Bít-Adini (Am. 1, 5; II Re. 19, 12, etc.), en la región de Til Barsip, junto al Eufrates, y con las excavaciones de Tell-Halaf ha podido ser localizado el centro de Bit-Bahiani, hacia las fuentes del Habur. Al mismo tiempo se va completando la penetración aramea en Babilonia, donde poco más adelante se da a Adad-apal-iddin I (1063-1042) el calificativo de «usurpador arameo ». No obstante estos enormes progresos, los árameos siguen fraccionados en tribus, en pequeñas ciudades estados, lo que explica su ineficacia como potencia política y su rápida caída. Todos los diminutos estados árameos de Mesopotamia quedarán reabsorbidos como resultado del contraataque asirio en los comienzos del primer milenio, desde Adad-Nirari II hasta Salmanasar III.
Los centros árameos de Siria resisten por más tiempo, y sobre todo Damasco, que después de David logró desarrollar una política independiente, constituyéndose en polo de atracción para los otros centros árameos vecinos. Unas veces en alianza y otras en guerra con los vecinos estados de Israel o de Judá, Damasco se mantuvo hasta que Teglatfalasar III (745-727) dio muerte a su rey Rasin y la ocupó. Entonces desaparece por completo la potencia política aramea, mas no el influjo de su lengua y de su cultura, lo que, al contrario, continúa acentuándose, y cuando los próximos parientes de los árameos, los caldeos, hayan instaurado con Nabopolasar la gran dinastía neocaldea en Babilonia, tomará tal incremento la aramaización del Asia occidental que en los comienzos del período persa será ya absoluta. Cultura y religión. — El carácter fundamental de la cultura aramea fué indudablemente su propiedad de asimilación y fusión. Careciendo de gran originalidad le cabía responder 54Aa la misión histórica de llevar comprensión y compenetración a pueblos que vivían en continuo antagonismo.
Este espíritu sincretista, que sin duda fué favorecido por la organización de los árameos, repartidos en pequeñas ciudades estados, se revela en el arte, donde es evidente que se dieron fuertes influjos mesopotamios (excavaciones de Tell-Halaf), jeteos y jurritas (excavaciones de Sam’al), y no menos se revela en la religión, que está caracterizada por un fuerte sincretismo mesopotámicocananeo. Una divinidad que en la religión aramea parece sobresalir es la de Hadad con su hijo Ben-Hadad, dios del temporal y de la lluvia, pero que asume también otras funciones. Como divinidad femenina aparece Atagartis, diosa de la fecundidad. También parece de origen arameo el culto del dios Bethel, tan popular desde el s. Vi en adelante, y el del dios Tammuz lo estuvo igualmente, de una manera muy arraigada, entre los árameos. Pero la mayor contribución que los Arameos aportaron a la cultura fué la de su lengua (v.). Relaciones con los hebreos. — Los primeros contactos entre hebreos y árameos se remontan a la época de los patriarcas.
La primera frase aramea de la Biblia es la que pone en boca de Labán, tío de Jacob, residente en Jarán, después de la narración de la permanencia de Jacob en Arán (Gén. 31, 47). Los descendientes de Jacob se Itamarán a sí mismos (Dt. 26, 5) hijos de un arameo errante. El traslado de los terajitas de Ur a Jarán, así como las primeras vicisitudes de la vida de los primeros patriarcas, coinciden perfectamente con lo que las fuentes históricoarqueológicas nos dicen de las poblaciones arameas. Más adelante, antes de entrar en la tierra de Canán, pónense los hebreos en contacto con Balam, arameo de Mesopotamia (Núm. 22, 5). En el tiempo de los Jueces (Jue. 3, 8-10) parece ser que los hebreos se vieron oprimidos por un bando de árameos capitaneados por un tal Kusan Risathaim. Hallámonos en el período en que la presión asiria obliga a tribus arameas a desplazarse hacia el oeste y fijarse en Siria, donde los árameos van ocupando las regiones más fértiles, fundando en ellas pequeños principados.
Pero el estado arameo, que en los tiempos de Saúl y David es mencionado como estado potente al oeste del Éufrates, es Aram-Sóbah (i Sam. 14, 47; II Sam. 8, 3-12, etc.), que extendió su dominio por el norte hasta Berthai, la actual Bereitan, al sur de Bacalbek. Contiguo a Aram-Sóbah debe colocarse otro estado arameo mencionado en II Sam. 10, 6, Aram-Béth-Rehób, y entre el Hermón y el lago 54Bde Hule habría que localizar el Aram-Macakáh, mencionado en I Par. 19, 6. Todos estos estados árameos se presentan unidos contra David (II Sam. 10, 6-9): en la lucha tiene las riendas Sobah, que es derrotado. A estos estados únese más adelante contra David también el de Damasco (II Sam. 8, 8), el Aram por excelencia. También esta vez saldrá David victorioso, y Damasco quedará subyugada, aunque sólo por breve tiempo. Recobrada la independencia, Damasco reunirá en torno suyo a los estados árameos de Siria y formará el gran estado que resistirá hasta los tiempos de Teglatfalasar III. Otro pequeño estado arameo nombrado por la Biblia (II Sam. 15¿ 8) es Guesur-Aram, probablemente emplazado al mediodía del Aram-Macac a través del Golán. [G. D.]
Bibliografía
E. Dhorme, Abraham dans le cadre de Vhistoirc, en RB, 37 (1928) 367-85.481-511
40 (1931) 364-74.503-18 (Récucil Ed. Dhorme. Paris 1951, pp. 191-272) R. T. O’Callaghan. Aram N aliara, m, Roma 1949. S. Moscati, Storia e civilitá del Semiti, Barí 1949. Id., L’Oriente Antico, Milano 1952, pp. 77-82.