LITERATURA MARIANA
También la literatura, como el arte, ha sentido en todo tiempo el encanto fascinador de la «Mujer» por antonomásia, la Virgen Madre de Dios, y la ha expresado príocipalmente en la poesía. Se ha dicho, y no sin fundamento, que «la poesía del Cristianismo es mariana en no menos de un tercio» (Cf. «Maríanum», 2 [1940], p. 251). I. Literatura oriental. Nos contentaremos con dar un vistazo a la literatura griega, siríaca, copta, etiópica y armenia. I. Literatura griega. La primera y más bella página escrita en griego sobre María es indudablemente aquella en que S. Lucas describe la divina escena de la Anunciación ( Lc. 1, 26-38). Es ésta también la inspiradora de otras innumerables páginas en verso y en prosa. Es digno de particular mención S. Román de Emesa (s. vi), llamado el Melódico (Cf. Gammelli, G„ Romano il Melode, Florencia 1930; Chevalier, C., Mariologie de Ro maños [h. 490-550] le Roi dcs M el odes, en «Rech. de Sc. Rel.» t 28 [1938] pp. 48-71). Se Ie tiene por el príocipal cultivador de un nuevo género himnográfico, llamado Kontákion.
En su forma original (s. vi) consta el Kontákion de 18-24 estrofas, de iddntica estructura mdtrica, precedidas de un proemio de rilmo y composición diferente, cuyos versos finales sirven de estribillo de todas las demás estrofas. El Kontákion más célebre cs el himno A kdtistos (v.) hoy comiinmente atribuido a S. Román. A este célebre cantor de la Virgen se deben anadir S. Andrds de Creta (f 740) con su «Canon» para la fiesta de la Concepción y otro para la fiesta de la Natividnd de María (PG 97, 1315d-1330c); S. Juan Damásceno con sus himnos para la Anunciación (PG 86, 851-52), para la Dormición (PG 96, 1363-68) y con sus troparios para los funerales (PG 1368-70); S. Teodoro Studita (t 826) con sus Theotokia esparcidos en el Triodion, y particularmente S. José el Himndgrafo (t 886), autor de innumerables Theotdkia, desparramados por varios libros litúrgicos (PG 105, 983-1422). El «Canon» es un nuevo género de himnografia que aparece y se afianza en el s. vm. Hasta este siglo había predominado el Kontákion. Consta de nueve odas, cada una de las cuales se compone de cuatro o más estrofas (troparios); la riltima est i. siempre dedicada a la Virgen («Theotókion»).
En el s. x tenemos a Juan el Geómetra, que nos ha dejado cinco himnos mariaños (PG 106, 854-68), y a Cosme Vestitor, autor de un ((Canons para la fiesta de la Concepción (PG 106, 1006-1018). Hay que hacer también mención del emperador Teodoro Duca Laskaris. El P. KrypiakevyS ha catalogado 360 himnos mariaños de los más importantes entre Kontakios, Canones, Cánones Paracléticos y Theotocarios {Elenchus maiorum hymnorum Dciparae, en «Zapinski nanskovogo Tovaristva Imeni Tseveanka», 123-24 [1917] pp. 1-55; Cf. también el articulo del másmo autor, De Hymno grafia mariana, en Ecclesia greca, ibíd., 121 [1915] pp. 1-62). Entre todos estos himnos se dcstaca, por su belleza y por su celebridad, el llamado himno Akátisto (v.). Al lado de este se encuentran en la liturgia bizantino-eslava algunos otios, recogidos por Popov (Pravoslavanye Russkie Akatist, Ka zan 1903).
2. Literatura siríaca. El primer puesto corresponde, sin duda, a S. Efrén Siró (t 373) (v.), cantor de las glorias de la Virgen Inmaculada (Cf. Ricciotti, G., Inni alia Vergine, traducción integral del siriaco, Roma 1952). La literatura siríaca se gloria, adem£s, de los himnos mariaños de S. B«lay, corepiscopo de la dideesis de Alepo (fin del s. iv), de las homilías rimadas e himnos de Santiago, obispo de Sarzug fl» 521), y también de Cirillonas Siró (ss. iv-v), con sus himnos mariaños (Cf. Ortiz de Urbina, La mariologia nei Padri Siriaci, en a Or. Christ. Penn, 1 [1935] pp. 110-111). Y no hay que olvidar tampoco el himno a Nuestra Señora, del célebre poela Ghiwarchis Warda (v.) del s. xiii, usado por los caldeos en todas las fiestas de la Virgen (Cf. Baumstark, Geschichte dar syrischer Literatur, Bonn 1922, p. 305).
3. Literatura armenia. Entre los príoci pals cantores y poetas de la Iglesia arme nia figuran los nombres de Pedro Sunetzi (s. vi), Esteban Sunetzi (s. vm), S. Gregorio de Narek (f 1003) (v.), el Patriarca Narsés el Glayense (f 1173) y Narsés Lampronense (f 1198), arzobispo de Tarso. Los himnos mariaños de estos poetas armcnios se encuentran rcunidos y traducidos a] latfn en el libro Landes et hymni ad SS. Maríae Virginis honor cm ex Armenorum Breviario ex cel- pta (Venecia 1877 por obra de los PP. Mequitaristas de S. Lizaro).
4. Literatura copta. El libro littirgico de la cSanta salmodia de Kiabk, compuesto en la Edad Media, es todo un poema en honor de María. También el llamado Turuhat con vene himnos mariaños de exquisita forma (Of. Burmester, O. H. E., The Turuhat of the Coptic Church, en «Or. Christ. Per.®, 3 [1937] pp. 78-109). En el himno para la de dication de la iglesia de Deir Muharraq hay una Ifrica exaltación de la universal mediación de María en la distribution de todas las gracias. Comienza con el invitatorio: «Venid y alabemos diciendo: Por me dio de María, Madre de Dios, por la que toda ayuda es concedida a los cristiaños: Por medio de María, Madre de Dios.® Se van enumerando uno por uno los inmensos beneficios que hem os recibido, y despuOs de la enumeration de cada uno de ellos se repiten, como estribillo invariable, las palabras: «Por medio de María, Madre de Dios® (Cf. KitCib al ibsalmudiah ud as-sanautah, El libro de la santa salmodia anual, El Cairo 1908, pp. 131-135).
5. Literatura et id pica. La poesfa en honor de la Madre de Dios es abundantfsima. En realidad la Iglesia EtiOpica tiene tres oficios mariaños excelentemente porticos: el Wedddsi Mdrydm (= Laudes de María) de autor desconocido (que viviO, al parecer, del s. ix al x), distribuido segtin los días de la semana (ed. etiOpico-alemana de K. Fries, Wedddsi M dry dm, Leipzig 1892); el Wed ddse wa-Gcndy (= Alabanzas y acción de gracias), para el domingo, que existía ya en la primera mitad del s. xiv (publicado en etfope por
I. Guidi, Roma 1900); y el Arganona Dengel (= Organo de la Virgen) para todos los días de la semana, atribuido a Jorge el Armenio y compuesto en 1440 por el emperador Zar’a Jakob (impreso en la version alemana por S. Euríoger en flKlerusblatt Eichstat®, 1926, nn. 32-35). Adem£s de Ostos, Grohman ba publicado una colección de himnos mariaños etidpicos, compuesta de unos 30 himnos litúrgicos y 65 poesfas populares, obra en gran parte del s. xv {Aetiopische Marienhymnem, Leip zig 1919), entre los cuales sobresale el llamado acAntico de las flores®, un poema de 156 estrofas que ensalza con vivas imágenes y comparaciones a la augusta Madre de Dios (1. e., pp. 25-36).
1. Literatura latino. María es la estrella tanto tiempo esperada por el poeta pagano en la oscura noche del paganismo. «Esperamos —según un fragmento de Jone de Ceo— la estrella matutina —de alas blancas— que viaja en las tinieblas, primer anuncio del sol.® Despunta la estrella, María, y con ella brota la poesfa. En realidad apenas el alma cristiana, libre de las persecuciones, abandona las tinieblas de las catacum bas, y dirige libremente la mirada hacia lc azul del cielo, donde descubre en seguid; la hermosa estrella de la manana, María, y juntamente con las primeras basílicas, si alzan también los primeros cdnticos. Bash citar a S. Ambrosio (v.), Prudencio (v.), Pau lino de Nola (v.), Juvcnco Sedulio (v.), Eno dio de Pavia (f 521), Venancio Fortunat» (t 601) (v.), S. Adelmo (f 709) (autor de I) laudibus virginitatis), Hincmaro (autor de Carmen dogmaticum ad B. V. Maríam ), 1 príocesa sajona Hrotsvitha, del s. x (autor del poema Historia nativitatis laudabilisqu conversationis intaciae Dei genitricis quat scriptam repperi sub nomine sancti Jacol fratris Domini: Cf. CEuvres de Hvotsvitlh publicadas por el Dr. Barack, Nurembei 1858), S.
Pedro Damiano (v.), Hildeberti obispo de Tours (1055-1134), Guiberto e Nogent Cf 1124), el ps.-Anselmo, Godofr do y Ad£n de S. Victor, Oglerio de Locedi autor del Dc laudibus VB. Virginis, del cu forma parte el Planet us Maríae atribuk a S. Bernardo (Cf. Ban»6, n, en «Rev. a» rnyst.®, 29 [1952] pp. 243-266), etc. No poc> de los himnos medievales —cerca de tr mil— estAn dedicados a la Virgen (Cf. Di ves, G. M.-BIume, C., An. hymn, medii ae Leipzig 1866 ss.; Poetae laiini medii aovi, • MGH, Berlin 1880-99). Debe notarse q hasta el 700, en la poesfa artfstico-rcligio domind la forma mdtrica. Pero desde el 700 hasta la época carolingia (768-887) prevalccid la forma ritmica. Han sido errdneamente atribuidos a San Buenaventura dos himnos mariaños de muy frecuente uso: Imperatrix clementiae y 0 gloriosa Domina quae tua cruciamina. En la copiosa, pero decadente producción himnddica de los ss. xiv y xv, ocupa lugar preferente, por su elegancia, Tomás de Kempis (f 1471) con sus himnos mariaños (Cf. Mercator, J., Quae de B. María Virgine pas sim scripsit Thomás a Kempis, Londres 1924) y el tríoitario Gaguin (v.).
Del s. ix al xv son dignos de mención las copioslsimás y muy variadas composiciones poéticas latinas dcdicadas a la Madre Do lorosa, entre las cuales el patdtico Stabat Mater Dolorosa (v.) y los muchos Planet us Maríae, que lo precedieron y lo siguieron, y que fueron como el germen de las representaciones dramdticas que tenfan lugar en los últunos días de la Semana Santa (Cf. Ermini, F., Lo stabat Mater e i pianti della Vergine nclla lirica del Mediocvo, Cittk di Castello 1916, pp. 52-53; Schdhnbach, A., Die Maricnklagcn, Graz 1874; Wechssler, E, Die romanischen Maricnklagcn, cin Beitrag zur Geschichte des Dramás im Mitt el atter, Halle a S., Niemeyer 1893; Cremáschi, G., Planet us Maríae, en
Fray Luis de Acevedo es el primero en publicar en Castellano un «Maríal» complete, notable por la solidez de materia y por la elegancia de la forma. Digno de particular mencibn es Lope de Vega (1562-1635), apasionado cantor de María en todas sus importantes creaciones, en sus númerosos poemás bpicos, en sus dramas (El capellan de la Virgen, La buena guarda, etc.) y en sus númerosos autos. Se le tiene como el más fecundo poeta mariano de todos los tiempos. En el s. xvir casi no hay poeta espanol que no haya cantado a María. Y no es menos abundante el tema mariano en la prosa castellana de este siglo. Es bien conocido de todos el nombre de Calderbn de la Barca (1600-1681), cantor de María en númerosas odas, cantos, dramas, bglogas y en 78 autos (entre ellos el que se titula A María el corazón ). Es el cantor por antonomásia de la Inmaculada. De los 78 autos, seis están dedicados a Ella, y en los otros 72 se hace varias veces alusibn a este másterio. Entre los demás dramaturgos que han celebrado a la Inmaculada sod dignos de men tion Rojas Zorrilla (1607-1660) y Agustin Moreto y Cavana (1618-1657).
También en la prosa se repite el tema mariano con frecuencia en varios romances y en obras notables, tales como: De la afición y amor de María, del P. Juan Eusebio Nurem berg, S. J. (15957-1685), y La mástica chidad de Dios, de la Ven. María de Agreda (1602-1665). En el s. xviii, entre los diferentes poetas espanoles que cantaron a la Virgen es digno de especial mention Leandro Fernandez de Moratin (1760-1828) por la oda A la Virgen Nuestra Seiiora de Lendinara y por la Can tata a la Anunciación. Un poema de estilo elegante, pero con trozos de mal gusto, es el titulado La hermosura sin lunar, del jesuita espanol Joaquín Navarro. 3) Edad Contempordnea. A fines del siglo xviii y a príocipios del xix florece en Sevilla la a Real Academia Sevillana de Buenas Letras®, que tiene por patrona a la Inmaculada, en la cual casi todos sus númerosos miembros (entre los que figuran los literatos de más renombre de la Espaiia literaria del s. xix) han cuidado de dedicarle alguna de sus composiciones podticas. Sobresale entre todos en este siglo el poeta José Zorrilla (1817-1893), autor de la Co rona poHica, largo poema mariano. Es muy digno de mención el poeta Gabriel y Galán (1870-1905).
La definición dogmatica de la Inmaculada Conception (1854) multiplied los cantores del singular privilegio mariano e impulsd al sacerdote Mosén Escolá a fundar ia a Academia de Lérida® (v. Academia ). Todo esto contribuyd a que la segúnda mitad del s. xix fuese para la poesía mariana espanola un segúndo siglo de oro, suscitando una pldyade de excelentes poetas mariaños. Asi, por ej., José Joaquín Cervino escribid el hermoso poema La Virgen de los Dolores (no exento, sin embargo, de algunas inexactitudes histdricas y teoldgicas). La Virgen desaparece prdcticamente del teatro en el s. xix, pero la recuerdan todos los más notables romanceros catdlicos y aun algunos no catdlicos. Hdllanse bellas páginas marianas, no sólo en los oradores sagrados, sino también en los escritos de los politicos y de los apologistas más no tables.
El s. xx cuenta con númerosos (un centenar) poetas mariaños, entre los cuales son dignos de memoria Luciano Garcia, Costa y Llovera, Salvador Rueda y Villaespesa, Liborio Portolds, Raimundo Tinao Benedi, José María Pemán, autor de varias pocsias liricas y del auto: A la Virgen Capitana, etedtera. 4) Hasta aqu( hemos hablado, en rdpida sintesis, de la literatura esparto la. No estard fueia de lugar una breve resefia de la literatura de los demás idiomás de Espana. En el idioma gaJlego-1 usitano tenemos las Cantigas de Alfonso X el Sabio (1221-1284) (Cf. Garcia Garcds, N., Sanctae Maríoe magnolia in Canticis [Cantigas] Regis Alphonsi, en tEph. Mar.», 1 [1951] pp. 469500). En el idioma catalán (Cf. Verdaguer, J., Flors de María i alt res poemes marians. Recopilacio i prdleg dOctavi Saltor, Barcelona, Editorial Selecta [1954], Biblioteca Selecta, 150) es digno de mención el poeta fildsofo y tedlogo Raimundo Lulio; en el valenciano tenemos el famoso Misterio de Elche, que, desde el s. xiii hasta nuestros dias, se representa en la fiesta de la Asunción. 5) No podemos dejar de hacer una re ferenda a la literatura hispanoamericana, En el Perd son dignos de mención el dominico Fr.
Diego de Ojeda, autor de la Cristiada, y Sor Juana Inds de la Cruz (s. xvi). En Cuba se distinguid en el s. xix la poetisa romdntica Gertrudis Gdmez de Avellaneda quien ofrecia a N.ª S.ª de Belén la corona de laurel que le fue concedida por sus tra» bajos literarios; a ésta afiadamos: José M Herrera; en Mdjico se han distinguido come cantores de la Virgen, J. J. Pesado, Manue Carpio, Alejandro Arango, Escandón y Roe Bdrcena; en Venezuela, Andrds Bello, e 6 lebre politico, José Heriberto María de Quevedo, Blanco Fombona, etc.; en Nica ragua, Rubén Dario; en Colombia mucho. poetas y prosistas han cantado a Nuesln Señora (Cf. Rubinos, J., S. J., La Littera ture mariale en Colombie, en «Le Message du Cccur de Jdsus en Colombie», 1924, pa ginas 542-546; 579-594; Trujillo, E., L» Mkre de Dieu dans la Litterature colom bienne, Usaquen 1942; Pacheco, J. M., S. J., María dans la Lit td rat ure colombiennc, en Du Manoir, II, pp. 337-340; Ramirez, M., C. M.
F., María en la poesía colombiana, en «Virtud y Letrass, 14 [1955] pp. 49-55); en el Ecuador sobresale el poeta José Joa quin Olmedo; en el Uruguay, Acuna de Figueroa; en Bolivia, Andres Eleizalde; en el Peril, Santos Chocano y Ricardo Palma; en Argentina, Jos 6 de Mdrmol; en Chile, Carlos Waller Martinez, etc. (Cf. Sanz Diaz, J., Poesia Maríana en America, Los poetas cant an a la Virgen, Barcelona 1954). BIBL.: Textost Alvarez Miranda, A.,.$ ociologla retigiosa del m arianlsmo Itisjuinico, en nCuadcrnos hisptimco-amciicaiios», vol. XIX, n. 54, Madrid 1954; CORREOOR G.\RCfA, A.. O. F. M., Poeman mariaños. Selección enlresaeada de diversos autorcs tnodernos... Ediclones «Cruzada Maríana», Cdccrcs 1954; li>.. Urn guadalupense o los poetas ante la Virgen de la llhpanidad. Compilación enlresaeada de autores modernos. Ed. «Cruzada Maríana», Cáceres 1954; Edelvivhs. La lira hlspana a los pies de María, Ed. Luis Vivcs. Zara goza [1954]; MartInez Klríoer, L.. La de rod tin moNana en la literaiura popular, en aBol. ac. hist.». 29 (1949) pd. 229-262; Arríoikino. F. S. J., Hacia un ctisayo hurnantstico.
La Santishna Virgen en la Ltrica cspariola, en vHumamdadesa (Comil)as) 2 (1950) pAginas 115-132; Castro Cai.vo. J. M., La Virgen y la poesía, Universldad, Barcelona 1954; Oucos, F.. Notn-Dame dans la Pod sic espagnole. en «Nouv. Rev. Mar.», 3 (1956) pp. 172-187; Frutos Coat£s. E., El tenia martano en los autos sacrarnentales. en sMemoria Congrcso de Zaragoza, 1954». pp. 91-132; Jimenfz. R., La Virgen María en la poesía espatlola routempordnea. en aEidos«. 1 (1954) pp. lOtl-195; Monsfgu. B.. C. P.. El lema mariano en los autos sacramentales, en «Est. Mar.», XIII. pp. 277-307; Ptorz, N.. S. J.. Notre Dame dans la LlUirature espagnole, en Du Manoir, 11. pp. 125-140.
5. Literaiura portuguesa. La Toda her mosa ha inspirado con singular ehcacia a casi todos los poetas de la Tierra de Santa María (como fue llamada por los fundadores de la nación) desde el príocipio de la literatura portuguesa (en el s. xn) hasta nuestros dias. 1) Edad Media. Florecieron, desde sus origenes, las baladas de los trovadores en cuartillas armoniosas y llenas de original frescura, cantadas por el pueblo, como, por ej., ésta: «En el seno de la Virgen Madre — se ha la gracia encamado — entrd y salid por Ella — cual sol por una vidriera» (Cf. Piles de Lima, A poesía religiosa na literatura portuguesa, Porto 1942, p. 167). Hemos ya aludido, al hablar de la Literatura Espanola, a las Cantigas de Alfonso X el Sabio, en gallego-porluguds (1221-1284); no es cierto, empero, que su hijo, el rey Dionisio (1261-1325), compusiera un libro de alabanzas a Nuestra Señora. El rey D.
Juan I (1365-1433) tradujo del latin al portuguds las Horas de Ma ria (v.), mientras su hijo Pedro (1392-1449) componia algunos cantos en honor de Ella, y su otro hijo Duarte (1391-1438), heredero del trono, en la obra El consejero leal consagraba un capitulo (el 25) a la Inmaculada Conception (fundamento de su fe en la Asunción, y en 61 expone sus razones a favor de la másma). Algunos, cldrigos y laicos, se han delcitaclo en componcr estrofas bilingUes, en portuguOs y en latin, en honra de María. En el Cancionero general de Gar cia de Rcsende (14707-1536) encontramos algunas composiciones marianas. En las susodichas composiciones predomina el contenido teoldgico. 2) Edad Moderna. En el s. xvi la poesía portuguesa llega a su apogeo. Sobresalen: Gil Vicente (14577-1537)» autor de varios Autos mariaños; Diego Bernardes (1530-1596) y su hermano, el capuchino Fr. Agustin de la Cruz, nos han dejado admirabies versos a la Virgen; Sd de Miranda (1481715587), pariente de los Colonna, que introdujo en Portugal las formás literarias del Renacimiento, autor de una Canción a Nuestra Señora de inspiration petrarquista, y Camoes (15247-1580) en las Lusiadas y en otras númerosas composiciones (Cf.
Almei da de Carvalho, C., O culto da Virgem na poesía Quinhentista portuguesa, en «Congr. Nac. de Braga, 1954>, pp. 843-856). El s. xvii sefiala el ocaso de la poesía, pero en compensation la prosa escribe las más hermosas páginas sobre la Virgen, por iniciativa especialmente de Fr. Luis de Sousa (1555-1632), Fr. Tomás de Jesiis (1529-1582), Antonio de Macedo (1606-1682), autor de la obra Eva y Ave o María triunfante (Lis boa 1676), y sobre todo el jesuita P. An tonio Vieira, autor de admirables discursos mariaños ( María Rosa mystica, cxccllencias, poderes e maravilhas do seu Rosario, com pendiadas etn tríota sermones asceticos e panegyricos, I parte, Lisboa 1686; II parte, Lisboa 1688), y el oratoriano Manuel Ber nardes (1614-1710), quien dedicó a Nuestra Señora su obra Luz y Calor y los cinco volumenes de su Nueva Floresta. Entre los poetas son dignos de mención Barbuda Vasconcelos, autor del poema heroico Virginidos.
Andies da Silva y príocipalmente Rodri go Lobo (1580-1622) con el poema O Condestabre, En el s. xvm, aunque las Ilamadas Academias o «Arcadias» se prodigaron en alabanzas a María, y en especial a la Inmaculada Concepción, continud, sin embargo, el retoricismo del siglo precedente. Merece mención particular Bocage (1765-1803), que dedicd varios cantos a María con acentos de dolor por su propia máseria. 3) Edad Contemporanca. No pocos de los literatos portugueses, Deles al ideal de su fe, y algunos también hostiles, han cantado alabanzas a María en inspiradas estrofas. Son dignos de mention Antero de Quental (1842-1891), Augusto Gil (1873-1929), Go mes Leal (1849-1821) y Antonio Nobre (1867-1950), de quien prescntamos esta perla: ®Señora de veinte siglos de edad — y, sin embargo, perenne flor de juventud.» Las célebres apariciones de Fatima (v.) favorecieron también el reflorecimiento de la literatura mariana.
Entre los poetas contemporíoeos se distinguen: Correira d'Oliveira, Augusto de Santa Rita, autor del Poema de Fatima; Alfonso Lopes Vieira, autor del oratorio Fatima (con musica de Ruy Coelho); el sacerdote-poeta Moreira das Neves, autor del poema Las siete palabras de Nuestra Señora (Lisboa 1938). Entre los prosistas sobresale Antero Figueiredo con su libro sobre Fitima. Entre los poetas del Brasil son dignos de mcnción los nombres de Alfonso Celso, autor de prunorosos sonetos con el titulo de Mes del Rosario; Alfonso Guimaraes, autor de los sonetos Septenario de los do • lores de Nuestra Señora\ Antonio Tomás y Durval de Morais. BIBL.:
1. Textos: Pinto. A., Parnaso Maríano. e'-umbra 1926; Moreira. A., Canctonetro da Vlrgem, I'tino 1926; De Moura. L. G., Mauno P'loriicgto Mariano (Camptuas) 1949. ICsttulios: Pina, A.. Sossa Senhora na poesla t»>rfuvuc.\a, en «Mcnsapciro de María». mayo-scpt. de 1940; Cortez Pinto, A., A presetted da Virzem na hteralnra portngnesa, en «FAiima Altar do inunclon, ], no. H5-2KR; Dolce Li-ao. M.. Noi re-Dante dans la 1 1 US future portugaise. en Du Manoir. TI. pp. 239»272.
6. Literatura alemana. María ha side siempre fuente poderosa de poesía, aunque de diferentes valores, para los poetas alemanes. 1) Edad Media. En el s. ix hallamos dos trabajos en lengua alemana de escaso valor literario: la Heliland, de autor andnuno, parifrasis podtica del evangelio, y el evangelio en verso del alsaciano Otfried, dondc la Santísima Virgen ocupa un lugar bien destacado. En el s. xt existe un Marienlob o elogio de María. Bastante m&s rico se presenta el s. xii, en el que encontramos, entre otras, una Marienleben, que es la primera vida de María escrita en versos alemanes por el sacerdote Werner, en 1172, y Marienlieder (Cantos mariaños), poema de un sacerdote andnuno, en el cual se compara a María con el cielo, con la tierra y con la luna. Ella es un jardin cerrado, el irbol de la vida, la Vid verdadera, el altar santo, etc. En el s. xiii, poetas y másticos, oradores y escritores de imásteriosi), narradores de milagros, etc., ensalzan su belleza, su poder, su maternal másericordia.
Son notables los dos trabajos mariaños del poeta Conrado de Wurzburg, o sea, un comentario portico del Avemarta (de 40 estrofas de 17 versos, cada una de las cuales comienza con las palabras Ave María ) y la Fragua de oro, una especie de poema diddctico, de un estilo cuajado de imágenes. De singular importancia en este siglo son: las Rheinisches Ma rienlob y la Marienleich de Walther von der Vogel-weide († 1230). Los siglos xiv y xv se nos presentan mris bien pobres, a excepción de algunas bellas páginas en prosa de los grandes másticos Eckart, Tauler y Enrique Suson. Entre los cantos compuestos en honor de María son dignos de mención los de Pedro von Arberg, Conrado von QueinCurte y Pedro von Dresden. 2) Edad Modenia. En el s. xvr el másmo Lutero, que acusaba a los catdlicos de venerar en demásia a la Virgen, más a\in, de adorarla, dedicaba a María cantos de ele gante forma, aun hoy en boga. En uno de ellos cantaba: «Ella me es querida, la preciosa sierva, — y no puedo olvidarla.
A Ella se ríodan honor, alabanzas, pureza, — Ella tiene dominio sobre mi cora zdn... — Ella quiere darme la alegría — con su fiel amor para conmigo. — Ella desea sentarse junto a mi — y colmar todos más deseosx (Cf. Zoff, O., A Ite deutsche Maricnlieder, Weimar 1913, p. 66). No pocos poetas protestantes lo imitaron en ensalzar a María. En el s. xvii compusieron himnos en honor de María: Juan Schleffler, llamado Angelas Silesius (1624-1677), con algunos epigramás; el capuchino Prokop von Templin (1609-1680), y el agustino descalzo Abraham de Santa Clara (1644-1709) (v.). Para Silesio, María es «otro mundo» (PdIcrío chdrubique, trad, de Plard, E., Aubier, París 1946, IV, 42). Silesio —lo másmo que Eckart— ve en María, Madre de Dios, el tipo del alma mfstica: «Yo debo ser María y dar a luz a Dios — si quiero que me dd la eterna felicidad (I, 24). — Si tu alma es esclava, y pura como María, — debe al instante sentirse grdvida de Dios (II, 104). — Di, oh Scuora reverenciada, i» qud se debid el haber sido elegida — para concebir y dar a luz a Dios? — £No fue acaso la humildad? — Dinos si no es cierto.
Que yo también en la tierra pueda llegar a ser esclava, esposa y madre de Dios (III, 3).» En el s. xvm tenemos a Gottlieb Klopstok (1724-1803) con su célebre poema dpico La Mesiada, donde se habla —muy humanamente— de María en el Calvario; Wolfango Goethe (1749-1832) con el cFaustoa, en el que pone en labios de la arrepentida Margarita la más hermosa plegaria alemana a la Virgen Dolorosa (Cf. Pazzaglia, L., O. S. M., La Madonna nel a Faust», en «Ragg. Mar.», 1949, pp. 75-80), y Federico Leopoldo von Hardenberg, llamado «Novalisx> (1772-1801), el cual (protestantc con sentimientos catdlicos) quisiera que el hombre recurriese a María como a su propia madre, se tornase nifto y así trajese el cielo a la tierra. 3) Edad Contentporfine.a. En el s. XIX son dignos de mención los poetas catdlicos Brentano, Eichcndorff, Weber, y los acatdlicos Schendorf y Heine.
Clemente Brentano (1778-1842) con sus Romanzas del Rosario, llamadas el Fausto catdlico: «Un poema... —asi nos describe 61 másmo el argumento— en el cual un gran pecado hereditario, que se extiende a travds de vaiias generaciones y que data de la dpoca de la vida de Jestis, se libra por medio del rezo del Rosario catdlico.» José von Eichendorff (1788-1857) es autor de varias poesías, entre las cuales figura la titulada Nostalgia de María, donde pinta a la humilde virgencita de Nazaret, primero deseando un vestido azul tachonado de estrellas, como el firmamento, y luego un niilo blanco y Colorado como las flores del jardin. Y ahora tiene ya todo: tiene el vestido con las estrellas, y tiene el Nino, a quien Ella levanta sobre el ldbrcgo mundo, el cual, todo radiante de luz, grita eternamente: i& casa, a casa! Federico Guillermo Weber (1813-1894), en sus Flores Maríanas (Marienbliiten), ofrece a la Virgen un hermoso ramillete de frescas flores. También cant<5 a la Virgen Max von Schenkendorf, que, como Novalis, era de sentimientos catdlicos.
Enrique Heine (1797-1854) es famoso por su emocionante balada La peregríoación a Kevclaer, en la que narra la historia de un joven de Colonia que, a rafz de la muerte de su prometida, enfermd del corazón. Su madre lo Uevd en peregríoación al célebre santuario mariano de Kevelaer para impetrar de la Virgen la cura de la enfermedad del corazón. Segura de alcanzar la gracia, lleva consigo, como exvoto, un hermoso corazón de cera. Madre e hijo juntos en el santuario oran con fervor y cuelgan el ex voto, y van luego a acostarse. Durante la noche la Virgen se inclina sobre la almohada del enfermo, pasa la mano por el corazón, sonriente, y desaparece. A la maflana siguiente la madre entra en la habitación de su hijo y encuentra su corazón en estado de reposo: había dejado de latir: el joven novio se había unido a la joven amada. La madre no derrama ni una sola l£grima, junta sus maños y da las gracias a María. En el s. xx se nota un rico renacer de la poesfa mariana, no sólo en el campo catd lico, sino aun en el protestante, cada vez más atrafdo por el encanto de María, de la «más sublime personificación de la invisible grandcza femeniñas (como se expresa el protestante Foester).
Sin embargo, para los poetas acatdlicos María es, cuando más, un puro sfmbolo, sin valor dogmdtico alguno Tal es la Virgen en los versos de Otón zur Unde, Carlos R&ttger, Rodolfo Paulsen, Ro berto Janeck, Isabel Hahn, Enrique Bockemtlhl, etc. Gritos y gemidos cspontdneos y sinceros a la Virgen bella y másericordiosa, refugio de los pecadores, se reflejan en los versos de Hermann Hesse, Félix Braun, Al berto Lorentz, Pedro Wiemar, Comelio Ebertz, Cristián Jensen, etc. Son tambten notables los versos de Isabel Hahn sobre la eterna Se flora. Entre los muchos poetas catdlicos recordaremos, de modo especial, al convertido Reinhard Juan Sorge con su poema, en 12 cantos, Madre de los cielos, y al gran poeta Rainer María Rilke (1875-1926), que nació y murio como catdlico, pero que vivid alejado de todo vfnculo teconfesionah, con sus Plegarias de las jdvenes a María y, especial mente, con su Vida de María (Marten leben), escrita en 1913, compuesta de 15 poesfas que describen las 15 príocipales gestas de su vida (Cf. Guardini, R., Zu Rainer María Rilkes Deutung dcs Daseins, Uebcrlieferung mid A lift rag, II, p. 16, Franke, Berna 1946; Fabro, C., La aVita della Madonna b, del poeta R. M.
Rilke, en aCitta di vita>, 14 (1959) pp. 291-302; Errante, V., tradujo al italiano, de las obras de Rilke: Liricbe, IV Ed., Sansoni, Firenze 1947. BIBL.:
1. TexJos: Wackeanaoel. Phil., Das Deut sche Kirchentied, 5 vote., Leipzig 1864-1870; BockeMUEHL, K.. Die modeme Maiiendichtung. L. KlOQ. Gotha 1928; Guardini, R.. Der RosenUrtmz unserer lichen Frau. Wilrzburjr. Wcrkbondver’ac: Weinrich. F. Der Rosenkranz von Anno 1942, Verlag Kem per; FaLTZ, M., Dichtcr und Stinger im Dictate der Trdsterío der BetrUbten, Luxemburg 1952.
2. Es/udlo.%: Maurío. C. A.. La Vterse dans la littihantre allemande, 2 vo)s.. Imprimerie de )a Chnriie, Montpellier 1933 y 1937 (abarca hacia la Edad Media); Id.. Les chants mariats (Marientieder), Mont pellier 1927; Lorson, P.. S. J.. Notre-Dame dans la literature de la (angtte allemande. en Du Manoir, II, PP. 67-93; Hosle, J.. María en la lileralura alentana. en eJEnc. Mar. Thootticos», pp. 654-61.
7. Literal urn inglesa. I) Edad Media. Predomina una literatura de sabor bfblico y littirgico, como, por ej., nna inscripción del s. xnr, grabada debajo tie una cstatua: «El ejdrcito de los dngeles — y todas las cosas santas — repiten a una y cantan — que sois fuente de la vida.» Guillermo de Shorehatn (de la mitad del s. xiv) cantaba: a Vos de Nod, oh María, sois la paloma — que llevó (al mundo) el ramito de olivo — seflal de paz entre Dios y los hombres...» Chaucer, el mayor poeta medieval (1340-1400), en una de sus baladas cnsalza a la Estrella del mar: ((As tro de los astros con tus rayos claios — Estrella del mar que gufas a los maríoos...» El poeta Juan Watton (1430), en la poesfa El espejo de María, desarrolla el paralelismo Eva-María. María se halla siempre presente en el drama medieval inglds (Cf. Wolpers, Th., Geschichte der englischen Marienlyrik im M. A., en «Anglian, 79 [1950] pp. 3-88). 2) Edad Moderna. En el s. xvi, Enrique Constable (t 1613) compuso una poesfa sobre la Asunción; Tomás Lodge (f 1625) y Juan Beaumont (f 1627) escribieron otra sobre la Inmaculada Conception; Ben John son (t 1637) hizo una parifrasis a las letanfas lauretanas.
Pero todos ellos fueron superados, en el s. xvii, por el convertido Ricardo Crashaw (l6137-1649). 3) Edad Coniempordnea. En el s. xix, con el renacimiento catdlico en Inglaterra, da comienzo también el renacimiento de la literatura mariana. Byron (1788-1824), en el canto tercero de su Don Juan, tiene los inspirados versos de la famosa A ve Marta del pinar de Ravena. Entre otros muchos que se podrfan citar hasten los nombres de Longfellow (Cf. Daley, B., La place de la Vierge dans rauvre de Longfellow, en «La Revue dominicaine®, 55 [1949] pp. 67-77), del convertido y jesuita Hopkins (1844-1883) y del otro convertido Chesterton (1874-1936). Francisco Tompson, en la oda My Lady Tyrannes cnsalza el universal dominio de María. La mejor lfrica mariana de Ge rardo Manley Hopkins (Cf. Poesie di G. M. Hopkins, trad, y pref. de A. Guidi, Guanda Edit., s. d.) es indudablemente la titulada La B. Vergine paragonata all'aria che respiriamo. Despuds de varias y sugestivas comparaciones, termina: «Seas Tu, por tanto, Tú, oh Madre querida, — mi atmásfera, el mundo más feliz — al que retornc sin hallar pecado® (Cf. Pazzaglia, L., O. S.
M., Hopkins, poeta della primavera, en «Maríanum», 11 [1949] pp. 339-343); Corr, G., O. S. M., Our Lady’s praise in Gerald ManUy Hopkins, en aClergy rev.», 33 [1950] pp. 289-94). De Chesterton baste citar el verso «And She grows young as the world grows old® (The Towers of Time): oCuanto más se envejece el mundo más se rejuvenece María» (Cf. Keane, J., O. S. M., The Mariology of G. K. Chesterton’s Poetry, en «Maríanumi), 14, 1952, pp. 81-109).
8. Literalura ht'mgara. Desde los albores de su historia María aparece siempre como la «Patrona de Hungria», y Hungria se presenta siempre como el «Reino de María». 1) Edad Media. En los ss. xn, xm y xiv los poetas hungaros ensalzan a la Virgen en lengua latina. Las primeras composiciones en hríogaro son, cuando más, traducciones de himnos latinos. • En el s. xv la literatura hiingara cornpone una de las más bellas plegarias diiigidas a la Virgen, una plegaria que se remonta a la dpoca de la trdgica ocupación de Hungria por los turcos, y que se conserva en un ms. hiingaro de 1451. 2) Edad Moderna. A comienzos del siglo xvi Andris Vdsdrhely ofrecia un edntico a la Virgen (1508), que debid de hacerse popular, pues se encuentra en dos manuscritos (el Codex Peer y Tewrewk ) y aun hoy se canta con ligeras modificaciones. La edad de oro de la poesfa hiingara tuvo lugar en los ss. xvii y xvm. En una colección de Cantus catholici de 1651, y reeditada en 1764, hay 280 cdnticos, entre los cuales hay dos auténticas perlas marianas del s. xvm: a [Oh Madre nuestra bienaventurada! y ¿Dónde estás, Estrella brill ante de los hungaros?» En ellos se pide para Hungria el retorno del «Reino mariaños.
Otros cantos mariaños de elegante forma se hallan en otras colecciones del másmo s. xviir. A dstos podemos juntar la Corona de rosas (1690) de Esteban Gyongydsi y las elegantes composiciones de Ladislao Amadé, Francisco Faludi, S. J., Miguel Bozoky, etcetera. 3) Edad Contempordnea. El mayor poe ta religioso y mariano del s. xix es el sacerdote Gedeón Mindszenty (1829-1877), y es considerada como la mejor de sus poesías la que lleva el titulo: La estatua que habla. A 61 se acercan el jesuita Coloman Rosty (1832-1905) el cisterciense Alan Kalocsay (1862-1906), Julio Rudnyinszky (1858-1915), etcetera. En nuestro siglo descuella, por sus cantos mariaños, Ladislao Mécs, al que podemos juntar Géza Gárdonyi, Luis Horsanyi y muchos otros. BIBL.:
1. Textos: Rupp, C., OVinni marlatd utixheresl, Annuario del Ginnasio Caitolico, Kcrzsthely 1889; Barth a, G., I eantici ca/fotict iiKghcresi flno at sec. XVtJJ, en cRivista cattolicai, 1901; Pinter, E., Storia della letteratura ungherese, 8 vo)s.. colección y poetas.
2. Estudios: Csavossy, L., S. J., La Vlerge Marie dans la Littfraturc Hongrotsc, en Du Mnnoir, II, páginas 141-161.
9. Literatura polaca. Polonia aparece como nation en el s. x. 1) Edad Media. La literatura polaca nace cantando a la a Madre de Dios» (Bogurodzica): un himno que es el primer mo nument o literario de la lengua polaca, compuesto por un autor desconocido hacia fines del s. xiii y declarado en seguida himno na tional, muy en boga basta el s. xvi. En los ss. xrv y xv la poesía religiosa por laca, y de un modo especial la poesía mariana, alcanzd un extraordinario florecimiento. Merecen especial mention: El llanto de la Madre de Dios.junto a la cruz, poesía de varias estrofas; el Canto de la Anunciación del Maestro Mateo; la Corona de ro sas a la Virgen (imp. en Cracovia en 1531). 2) Edad Moderna. En el s. xvi comienza a languidecer la poesía mariana. Son excep tion el convertido Szarzynski (1550-1581), autor de un clisico Soneto a María, en el que ensalza a la Virgen que aplasta la cabeza de la serpiente, y Miaskowski con sus Cantos a la Virgen María. En la prosa se distingue Pedro Skarga (1536-1612), autor de excelentes Sermones para la fiesta de Nuestra Seh ora.
En el s. xvii cantaron a la Virgen los poe tas BartolomO Zunorowicz (1597-1673), autor de los Himnos para las fiestas solemnes de la Virgen de las madres y de la Madre de las vlrgenes, la Santísima Virgen María, y Vespasiano Kochowski (1633-1700) con su Refugio a la corona polaca de Nuestra Señora, En el s. xvin mejoraban en Polonia las diferentes clases de poesfa mariana, la «Academia Maríana» fundada en Varsovia, en 1751, por el arzobispo Mons. José Zaluski (v. Acadcmias marianas ) y los Sodales mariani, defensores Maríae de los Confederados de Bar (1768-1772). 3) Edad ContemporAnea. En el s. xix, y, más pardcularmentc, del 1827 al 1855, se registra un verdadero perfodo de oro en la literatura polaca mariana. Predominan, en este período, los nombres de Adán Mickiewicz (1798-1851) (Cf. Kallenbach, J., Adam Mickiewicz, Varsovia 1933), el cual, como escribid Tretiak, acantd el nombre de María con las m£s hermosas palabras que jamás existieron en la lengua polaca»; Segismundo Krasinski (1812-1859), el cantor de la «mujer» del Apocalipsis (e. xii), y Ju lio Slowacki (1809-1894), enamorado también 61 —como Krasinski— de la amujer» del cap. XII del Apocalipsis.
Al lado de estos tres grandes, florecieron también otros cantores mariaños de menor categorfa. A fi nes del s. xix y príocipios del xx descuella la figura de Sienkiewicz (1846»1916), autor del Quo vadis? y glorificador de María en novelas histdricas. En nuestro siglo, especialmente a partir del año 1918, que marca la liberación de Polonia, abundan pro si st as y poetas que cantan a porffa a María, tales como Sofia Kossak-Szczucka, Adalberto Bak (Cf. Podrdzny, J., La poesie mariale polonaise dans la ddcade 1939-1949, en «Alma Socia Christi», IX, pp. 130-143). BIBL.: Tretiak. G.. La Virgen en In pocsta polaca. Cracovia 1904: Jodbou, T., Pocsla mariana polaca, NicpokalanOw 1949; Rosinska, B.. Noire-Dame dans ta poisle populaire polonaise, en Du Manoir. II. páginas 215-238; Piekut. S., La Vi men en la literatura polaca, en eEnc. Mar. Theotdcosi, pp. 698-70?.
10. Literatura neerlandesa. Comienza esta literatura en la segúnda mitad del s. xii, y tambiin en el la se ensalza con entusiasmo a María.
i) Edad Media. En toda esta edad, comenzando con Veldeke (s. xii), puede deoirsc que no hay poeta neerlandés que no lintla su homenaje a María. En el s. xiii, dos mfsticas, Beatriz de Na zaret (1200-1266) y la másteriosa Hadewijel ensalzan a María como ejemplar del vei dadero amor que le ha merecióo llegar ser la Madre de Dios y de los hombres. E este másmo siglo, el monje Martin de Toi hout invoca con vivos acentos la proteccid de la Virgen en el tremendo dfa del juicic para que lo salve. En su Vida del Seno> a cuya lado se halla frecuentemente Maru Martin de Torhout nos la describe asu»Y comiese, ya bebiese, o hiciese otra cosa cual quiera, sus ojos segufan a todas partes a s Nino.» También Santiago Maerlant (haci 1230-1295), el célebre poeta neerlandls, ofrc ce un gran tributo de homenaje a la Virger tanto en sus novelas como en sus pocsia: Un tal Juan Praet dedica 5.000 versos a er salzar a la Virgen por medio del simbolh mo de las flores y de las letras del nombr de María. En la segúnda mitad del s. xiv, la liters tura neerlandesa produce tres dramas mi riaños (Esmoreit t Gloriant y Lancellotto d Dinamarca) que son los más antiguos ejeir plares del teatro novelesco.
No faltan tanr poco acrdsticos sobre el Ave María y 1 Salve Regina, como ha hecho el poeta Jua de Hulst. El célebre mfstico neerlandés B. Juan Runsbroec nos ha dejado pdgina magnfficas sobre Nuestra Señora. En el s. xv notamos una rica fioracid de la poesfa lfrica popular. Son frecuentc los llamados Misterios, entre los cuales ha dos series de siete másterios sobre los sict gozos de María destánados a representars todos los años, a partir de 1448, en la plaz mayor de Bruselas. Hacia fines del s. xv hi bfa también másterios sobre los siete dole res de María. Entre los lfricos predomina Cornelio Everaert, A. De Rovere y An Bijns de Amberes. 2) Edad Moderna. A príocipios del s. X' surge una obra de arte dramitico de autc desconocido, con el tftulo de María de N mega (Mariken van Nienwghen), donde.< pone de manifiesto el triunfo de la graci; con la Virgen como Medianera, sobre < pecado y el demonio. A pesar del infiuj de la reforma, se destacan entre los car tores de María el sacerdote Justo de Ha duyn (1582-1641); Benito de Haeften, O. S. B., G. Nakatenus, S. J., cantor de los siete dolores, Andr. Poirters, S. J. (1605-1674), Samuel Theodor, el sac.
Salpaert van der Wiele (1579-1630) y Joost Van den Wondel (1587-1679), el más grande poeta holandés (convertido por Nuestra Señora, que después fue su Musa), Miguel Swaen (1654-1707), etc. 3) Edad Contempordnea. No existe apenas poeta neerlandbs católico que no haya contribuido con el tributo de su homenaje a María. Mencionaremos, entre otros muchos, a los sacerdotcs Schaepman (1844-1905), Gui do Gezelle (1830-1899), A. Cuppens, A. Walgrawe, J. De Voght, los jesuitas E. Fleerackers y
L. Reypens, M. Braums, el franciscano Hil Tans, autor de un centenar de sonetos mariaños, Aug. Van Cauwelaert, con sus Cantos a María, M. Gilliams, con su Vida de María, Gabr. Smit, con su coleccibn de Alabanzas a María, I. Walkenier, Santiago Schreurs, etc. Aun entre los hermaños separados no faltan los cantores de María, como P.
C. Boutens, H. Swarth, Ananias Salomons, Enrique Roland Hoist-Van der Schalck, etc. Entre los prosistas es digno de mencibn Fel Timmersmans, con su ro mance El Nino Jesus en Flandcs, y con el másterio Y ddnde se pard la estrella. BIBL.:
1. Textos: Alfonso della Madrb dm Dolori. O. C. D., María nella voesia neerlandese, Contrai 1942.
2. Estudlox: Da Vooht, I., María nella Letlerntura neerlandese del Medloevo; Mifrlo,
1. Van, S. J., Marie dans la Littiralurc uiertandaise, en Du Manoir. II, pp. 197-214.
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