Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

BOLIVIA

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Dos episodios revelan las predilecciones de Maria por Bolivia y por su evangelización. Se cuenta que el P. F. de Chaves, O. P., después de haber evangelizado a algunos indios del Perd, se dirigid a B., a los Andes de Cochamba, con un hermano converso, para evangelizar a los Lecos. Recorrido un pequefio trozo de camino, se vio de pronto completamenie rodeado de algunos indigenas. Tras la consiguiente sensación de terror, oyd con sorpresa contar a aquellos indios cómo habían visto a una Señora de singular belleza, vestida de bianco, la cual les había dicho que fueran en busca de un extranjero que venia y que le escucharan. Doce de ellos lo acompafia- ron hasta la aldea, donde fueron bautizados. Ynoes menos gracioso el cpisodio acaecióo en 1756 al franciscano Fray Miguel Jerdnimo de la Pena. Hallandose en el pueblo de Tarird, donde vivia el cacique, viendo las buenas disposiciones de dste, lo instruyd en la fe. El cacique manifestá entonces el deseo de ver a un Dios tan grande y a su Madre. El misionero le presents un cuadro de Nuestra Señora con el Niilo. El cacique se postrd delante de 61 pidiendo favores.

Levantándose buscó un bastón y se lo dio a Nuestra Señora, diciéndole que Ella sería la Capitana de todo su pueblo y que quería tenerla en su campamento. Fue erigido un templo a la Virgen, y, una vez terminado, más de doce caciques, con sus familias, se establecieion en el naciente pueblo de Tarird. En 1854, con ocasión de la definición domdtica de la Inmaculada Concepción, se organizd una solemne procesión: el misionero Uevaba un estandarte azul y bianco con la inscripción: cPatrona titular de Tarird.» Le segutan 400 hombres llevando arcos y flechas, además de un coro de 100 nifios catecdmenos. El B. Roque Gonzdlez de Santa Cruz, el Ven. P. Lizardi y el P. Cristdbal de Men doza, protomártires de B., llevaban siempre con ellos una efigie de Nuestra Señora llamada «la Conquistadora», y sc Servian de Ella para atraer a los salvajes a la fe católica. Con el constante deseo de llevar al mas al Hijo por medio de la Madre, los misioneros de B. solfan dar nombres marianos a los pueblos, villorrios y aldeas por ellos fundados, como, por ejemplo, Con cepcion, Madre de Dios, Asunción, etc. La capital misma de B. fue puesta bajo el patronato de «N.ª S * de la Paz» (La Paz).

En 1887 se pedfa al Presidente de B. la autorización para ofreecr una bandera nacional a LcOn XIII y otra a N a S.ª de Lour des de Francia. Ambas banderas debian lle var por un lado el escudo nacional y por el otro a N * S * del Carmen, Patrona de B. La ceremonia oficial de la entrega se efectuó en Lourdes, el 30 de mayo de 1888. Los principales santuarios marianos de B. son: N.ª S.ª de Copacabana (v.), que es el principal; N.ª S.ª de la Paz; N.ª S.ª del Socorro de La Paz; N.ª S.ª de Hapumalla de La Paz; N.ª S.ª de la Natividad en el barrio de Chirca; N.ª S.ª del Socavón en la ciudad de Oruro; N.ª S.ª de Arami; N a S.ª de la Candelaria de Potosí; N.ª S.ª de Guadalupe de Chuquisaca (el santuario más cdlebre después de Copacabana); Nuestra Señora de Lourdes de Sucre. Son dignas de mention las manifestaciones folklóricas que se celebran en el santuario de la Natividad de Chuquisaca y en el de Oruro. En el santuario de Chuquisaca, durante los dias y las noches que preceden y siguen a la fiesta de Nuestra Señora (el 8 de diciembre), un grupo de mujeres mes tizo pasan las horas cantando himnos a la Virgen.

Un cortejo, compuesto en su mayoria de indios, preccdido de un tropel de mestizos, con acompafiamiento de petardos y otros estampidos, ofrecen a su aMamitay» (= Señora) una enorme cantidad de velas para uso del santuario, muchas de las cuales esUn adornadas y pintadas con vivos colores. Son mucho más singulares todavía las manifestaciones que se tienen en carnaval, y que comienzan el sdbado precedente a la dominica de quincuagésima), según una antigua tradición, en el santuario de Oruro. Las diversas compañías carnavalescas, vestidas folklóricamente, van a saludar oficialmente a Nuestra Señora. Se juntan en el extremo de la ciudad, cada una con su pandilla, y después, en cortejo, desfilan por la ciudad y se dirigen al santuario. Lot primeros en avanzar son los diablos, hombres disfrazados, que van dando grande; saltos, emitiendo aullidos y agitando en h mano derecha una serpiente escamosa. Si gue la parada de los Tobas, que lucha coi lanzas, la de los Incas, etc. Llegados a 1 explanada del santuario, entran una con* pafifa tras otra, al son de la banda.

Todc se postran ante Nuestra Señora cantandi Entonces los cdiablos» se quitan el disfr? y cantan: «Hemos venido del infierno, no otros tus hijos diablos, a pedir tu protección, Señora Santa del Socavón.» Oti tanto hacen, una después de otra, todas l compañías y, al salir, retroceden. para i dar la espalda a Nuestra Señora. Al dta sigutentc, dominica de quincuagésima, una de las compañías, oye una misa solemne y toma parte en la procesión con la imagen de Nuestra Señora. Todas las compañías danzan en torno a la Virgen, al son de la propia banda. El lunes siguiente las diversas companias tienen varias representaciones (Cf. Polo, D., O. S. M., I diavoli alia Madonna del Socavón, en aLe missioni dei Servi di Maria», a. 1955, pp. 38-40). BIBL.: Vargas Ugarte, R.. S. J.. Ulstoria del culto de María en Iberoamérica y de tus imageries y saninarios m(h celebrados, 2.* ed., Buenos Aires, con abundantc bililiograffa, pp. 815-818; Varoas, B., El culto de la Asunción de la Saniishna Virgen María en B., en cAcias del Congrcso Asundonfsiico Fran* ciscano de América Latina*, Buenos Aires 1949, pA* Binas 145-155; Ohoza Dencr, T.. La devotion nwrtale en D., en Du Manoir. V, París 1958. pp. 353-362.

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