Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

HUNGRÍA

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H., convertida al cristianismo hacia el año 1000 por su primer rey apostólico y mariano S. Esteban, veneró inmediatamente a la Virgen como su gran Señora y Protectora: «Magna Domina et Patrona Hungarorum». Se cree que el rey dio inmediatamente a toda la nación magiar un tinte mariano, de modo que la devoción a María ha sido siempre considerada como la nota característica de los húngaros. El mismo rey fundó la iglesia de N.a S.a de Alba Real, colocó la propia corona a los pies de la Virgen, proclamándola Soberana de su reino, y luego renovó esta solemne coronación poco, antes de morir. En el recinto fortificado de todos los castillos se hallaban capillitas iluminadas por la luz de muchas lámparas de bronce o de plata maciza, que ardían de continuo, de noche y de día, delante de la imagen de María. La misma imagen llevaban los príncipes palatinos en los combates, y le alzaban un oratorio en su tienda.

También el santo rey Ladislao combatía con el rosario envuelto en el brazo o en l«espada. Incluso en la bandera nacional se hallaba la imagen de María.

Francisco Rákoczi II, aliado de Luis XIV, hizo poner en la bandera esta inscripción: «Matre monstrante viam, Deo duce, pro patria et libértate vivere aut mori». La imagen de la Virgen se hallaba también frecuentemente en l«espada de los soldados húngaros. Escritores húngaros y extranjeros, católicos y acatólicos, están de acuerdo —según ha demostrado el servita húngaro León Szaicz— en reconocer que H. es de una manera enteramente peculiar el «Reino de María»». Como tal se la proclama incluso en los diplomas de sus reyes, como, por ej., en el de Béla IV, del año 1252, en el que se dice de María: «Quae nostra, et regni nostri est Domina et Patrona»; y en el de 1259, en el que asimismo se lee: «Quae nostri regni specialis extitit Domina et Patrona». Las mismas expresiones se leen en un diploma de Esteban V, de 1272, y de Segismundo, rey de Hungría en 1064. Las monedas de oro y de plata, junto a la imagen de la Virgen, llevan la inscripción: «Patrona Regni Hungariae».

La aley pública» de H. del año 1550, en el art. 48, establecía «que la majestad regia no debe en manera alguna permitir que las antiguas insignias del reino de H. sean cambiadas o abolidas: cuiden, por el contrario, que en el reverso de cualesquiera medallas y monedas se ponga la imagen de la B. V. María, según la antigua costumbre de H., etc.». Este antiguo uso lo observaron hasta los príncipes acatólicos de Transilvania (Juan Segismundo Szápolyai, Esteban Bocskai y Gabriel Bethlen), como nos atestiguan muchas de sus medallas. Las mismas banderas de los húngaros debían llevar por un lado el escudo de H. y por el otro la imagen de la Virgen, según se estableció en la dieta de 1741. En las Letanías Lauretanas, después de las otras invocaciones, los húngaros añaden, desde tiempo inmemorial, la de «Patrona Regni Hungariae». La misma invocación se encuentra en los iconos, en los cantos y en las oraciones. Varios obispados y más de cincuenta abadías o conventos húngaros llevan el nombre de la a Magna Domina».

El último gran caballero húngaro, Juan Hunyadi (t 1456), se dirigió a Buda con un cortejo triunfal después de la campaña de los Balcanes, y en la iglesia de la Virgen depuso ante su altar los trofeos de sus victorias. El rey Matías Corvino, su hijo, hizo grabar en su escudo —que se conserva en la armería imperial de Viena— la siguiente inscripción: «Alma Dei Genitrix María, interpella pro Rege Mathia». Leopoldo I se dirigió, en 1687, con sus dos hijos, después de la toma de Buda, al santuario de María-Völgy y renovó la consagración de H. a la Virgen. En 1699, el domingo dentro de la octava de la asunción, después de haber recibido la sagrada comunión, pronunciaba el voto siguiente, en la catedral de S. Esteban: aEste reino que me ha sido dado por vuestro potente derecho, yo lo ofrezco y lo consagro a vuestra admirable Madre, a lla Reina y Soberana de H.» El absolutismo de José II (a fines del s. xviii) enfrió mucho el culto mariano en H. Contra tal resfriamiento reaccionó enérgicamente el servita húngaro León Szaicz.

Francisco I, antes de ser coronado por rey de H., hacía erigir una capilla a la Virgen con la inscripción: «En honor de la Patrona de H.» Son lugares de peregrinación en H., Ma- ría-Gyüd, Vac, María-Vólgy, María-Radna, María-Pocs (donde Nuestra Señora lloró durante un mes), Csiksomlyo, Sásvár. A la desaparición de la dominación turca, se contaban en H. más de cien santuarios ma- rianos. El célebre santuario de Chestochowa, en Polonia, fue fundado en el s. xiv por dos monjes paulistas de «María Nostra» en U. Las florecientes congregaciones marianas suman en H., en los últimos años, 170 masculinas y 180 femeninas. BIBL.: Mihalyi, G.. O. Praem., Szms Mária az Ujszovetseghcn, Roma 1954, 248 p p. N agyfalusy. L.. S. J.. Le cuite de ¡a Sainte Vierge en Hongrte, en Du Manoir, IV. 1956, pp. 643-CCO; DAm, S., O. F. M., María, a Patrona Hungariae«, en «María e la Chiesn Ccl Silenzioa, Roma 1957, pp. 111-114; lo.. Mysteria vitae B. V. Marine prout in poputt hungariel píetate mor ¡busque repraesentanlur, en «Alma Soda Christi». IX, pp. 106-129; Csorba, T., Kult Maryiny na Vegr- rech Ce! culto mariano en H.), en «Homo Dei», 26 (1957) pp. 938-941 ; N eves, M. D as, uRtgmim marta- m im o.

A devocño da Hungría a Nofsa Scnhoia. en <ltincrarium», 3 (1957) pp. 33-54. I

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