VIÑA-VID
La vid, llamada ghefen en hebreo ( sóreq = vid preciosa) y ἄμπελος en griego, es mencionada por primera vez en Gén. 9, 20, a propósito de la actividad agrícola de Noé .
Según había predicho Jacob (Gén. 49, 11), Palestina fue la tierra en que la vid recibió un cultivo muy intenso (Dt. 6, 11; 8, 8; 33, 28, etcétera), lo cual explica lo mucho que se emplean la viña y la vid en parangones, parábolas y alegorías, así en el Antiguo como en el Nuevo Testamento . Sin pretender agotar todos los textos, puede, en general, advertirse lo siguiente: a) En el Antiguo Testamento la viña es la imagen del pueblo elegido (Is. 5, 7); esta vid ha sido transportada por Dios de Egipto y la ha plantado en una tierra fértil después de haber arrojado de allí a siete naciones, y la ha prodigado afectuosísimos cuidados (Sal. 80, 9-11); ella, en cambio, en vez de producir una uva aromática produjo abrojos (Is. 5, 1-7) y se convirtió en sarmiento degenerado (Jer. 2, 21) o quedó reducida a leña seca, que no puede servir más que para el fuego (Ez. 15, 2-7); por eso permitió el Señor que de su viña se cortasen incluso los racimos de rebusco que, según Lev. 19, 10, debían respetarse y reservarse para los pobres (Jer. 6, 9), e incluso que se viera devastada por langostas (Jl. 1, 6-12), y por bestias feroces y abandonada al ludibrio de las gentes (Sal. 80, 13 s.). Tanto se usaba esta alegoría, que, según testimonio de Flavio 596AJosefo ( Bell. 5, 4; Ant. XV, 11, 3), en el vestíbulo del Templo de Jerusalén se veían suspendidas, como motivo de ornamentación, gruesas vides de oro con racimos colosales. b) En el Nuevo Testamento, si prescindimos del hecho de que en la parábola de los operarios (Mt. 20, 1-16) la viña es siempre imagen del pueblo elegido, incluso en cuanto es figura (tipo) del nuevo pueblo (la Iglesia ), la alegoría se ve un tanto retocada.
Así, en la parábola (según otros, alegoría) de los pérfidos viñadores (Mt. 21, 33-45), la vid se presenta como figura del reino de Dios (en el Antiguo Testamento concretado en la teocracia hebrea), o sea de los beneficios mesiánicos con que el Señor quería llevar a los hombres a la salvación: beneficios de que se verán privados los judíos y que se traspasarán a los paganos que se hallan mejor dispuestos para apreciarlos y sacarles el jugo (Orígenes, Fonck, Plummer, Vosté).
Igualmente en la bellísima alegoría (según otros, parábola) de Jn. 15, 1-9 (que es fundamento teológico de la doctrina del Cuerpo místico ), ya no figura la vid, ni el pueblo elegido, ni sus privilegios mesiánicos, sino el Mesías y sus discípulos (el tronco y los sarmientos: Jn. 15, 5: Yo soy la verdadera vid, vosotros los sarmientos) en el sentido de que, así como el sarmiento que no está unido a la vid no puede producir fruto, así también, quien no está unido a Jesús por medio de la gracia, no puede producir frutos de vida eterna; y el que permanece desgajado del tronco ( Cristo ) es echado afuera, lo mismo que el sarmiento seco es recogido y echado al fuego (ruina eterna). La alegoría de la vid aparece con frecuencia en las pinturas de las catacumbas representando unas veces al Redentor, otras la Eucaristía . Según Marucchi tal vez sea ésta la alegoría más antigua, que no había impresionado a la imaginación de los primeros cristianos menos que la parábola del buen Pastor. Hállase la vid incluso en las pinturas sepulcrales paganas, pero con significado funerario, ya que la vendimia era figura del fin de la vida.
Bibliografía
E. Levesque, Vigne , en DB , V, cols. 2422- 32. J.-M. Vosté, Parabolae selectae D. N. J. C. , I, Roma-París 1933, pp. 339-372;
II, ibid., pp. 818- 38. O. Marucchi, Manuale d'archeologia cristiana , Roma 1933, pp. 281 s.