RUBÉN
Primogénito de Jacob y de Lía, primer padre de la tribu de su nombre. El hebr. Re’úbhen se interpreta —con etimología popular— como equivalente a «(El Señor) ha visto mi aflicción» (Gén. 29, 32). Menciónase a Rubén en el episodio de las mandrágoras (Ibid. 30, 14). Posteriormente fué privado del derecho de primogenitura (Ibid. 49, 3 s.; I Par. 5, 1), por haber tenido la osadía de cometer un incesto (Gén. 35, 22) con Bala, esclava de Raquel, la cual había dado a Jacob algunos hijos. En la historia de José aparece aún como primogénito. Aunque compartía con sus hermanos la aversión al perseguido, hace cuanto puede por impedir el fratricidio (Ibid. 37, 1 s.). Intentaba incluso impedir la venta que se realizó sin él saberlo y contra la cual expresó repetidas protestas (Ibid. 37, 29; 42, 22). José le devolvió la cortesía reteniendo como rehén a Simeón (Ibid. 42, 24), mientras que a él le señaló el primer puesto en la mesa (Ibid. 43, 33). Bajó con sus cuatro hijos a Egipto (Ibid. 46, 9), donde murió (I Par. 5, 3-10). La tribu de Rubén tuvo una parte muy secundaria en la historia hebrea.
Se hace mención expresa del reducido número de sus hijos (Dt. 33, 6), y al mismo tiempo se afirma que se dedicaba al pastoreo (Núm. 32, 1; I Par. 5, 9). A los rubenitas y a la tribu de Gad se les concede, a petición de ellos mismos, la Transjordania como más a propósito para el 517Bpasto, pero con la obligación de cooperar con los otros en la conquista de Palestina (Ibid. 32, 1-38; Dt. 3, 12; 4, 43). Los límites de la tribu no están precisados con exactitud. Se desprende de varias referencias (Núm. 32, 37 s.; Jos. 13, 15-23) que se extendía por el norte desde el Arnón hasta Hesebón, o sea que, de un modo general, ocupaba la mitad de la costa septentrional del mar Muerto y se extendía hacia el oriente hasta el desierto sirioarábigo. Por el norte limitaba con la tribu de Gad, y por el sur con los moabitas. Antes de emprender la conquista de la Cisjordania, Josué reclama de los rubenitas el cumplimiento de su compromiso (Jos. 1, 12-15); y respondieron (Jos. 22, 6; 22, 9 s.).
Su aislamiento les indujo a erigir —de acuerdo con los gaditas y la media tribu de Manasés— una estela en honor de Yavé, cuyo significado explicaron satisfactoriamente, y era el de expresar su pertenencia al resto de Israel, permaneciendo todos ligados a la alianza del Sinaí (Ibid. 22, 10 ss.). En el cántico de Débora se ridiculiza la indiferencia y el abandono de la tribu que se siente pagada de sus pastos (Jue. 5, 15 s.). Más adelante se menciona una lucha de ella contra los agarenos (I Par. 5, 19). No tardaron los rubenitas en fusionarse con los gaditas y en desaparecer, prácticamente, como grupo étnico independiente, y los sobrevivientes hubieron de resignarse a llevar una vida errante de beduinos. Ya en el tiempo de Saúl y de David (I Sam. 13, 7; II Sam. 24, 5) ha dejado de figurar el distrito de los rubenitas en Transjordania. En la misma estela de Mesa sólo se habla de Gad ocupando el territorio que está al norte del Arnón. Los pocos recuerdos personales que de todo el grupo conservó la tradición hebrea son los que se refieren al progenitor y a Datán y Abirón, promotores de la rebelión contra Moisés y Arón, juntamente con el levita Coré (Núm. 16, 1 ss.).
Bibliografía
A. Clamer, Nombres ( La Sainte Bible , ed. Pirot, 2), París 1940, p. 445 ss. F. Spadafora, Collettivismo e Individualismo nel Vecchio Testamento , Rovigo 1953, pp. 206-210.