DESCENDIMIENTO de Jesús a los Infiernos
También Jesucristo, apenas hubo muerto, se fue con su alma humana, sustancialmente unida a la divinidad, al lugar adonde iban todas las almas separadas de los justos del A. T., y que la Biblia llama unas veces se’ol, otras infiernos, otras paraíso, otras seno de Abraham; y, ya en época cristiana, limbo de los Padre s (Símbolo apostólico, s. iv; Concilio Lateranense IV de 1215; Denz. 429). Jesús llevó a los justos la «alegre nueva» de la Redención (I Pe. 3, 18 ss.; 4, 5 s.). Entonces tuvo lugar el juicio para los pecadores y la consiguiente separación absoluta entre los fieles y los pecadores.
Para los fieles se acabó el estado de separación total de Dios que se había iniciado con su muerte ; para los pecadores esa separación se hizo definitiva, comenzando para ellos el infierno (Dan. 12, 2 s. 12; v. Muerte). Los justos, empezando por Adán, comenzaron a gozar de la visión intuitiva de Dios con la consiguiente felicidad y subieron al cielo con Cristo glorioso en el día de la Resurrección (v. Ascensión). Hállanse también referencias al descendimiento de Jesucristo a los infiernos en Rom. 10, 7; Col. 1, 18.
Los apócrifos (Actos de Tomás, Evangelio de Nicodemus , Odas de Salomón, Oráculos sibilinos, etc.) y diferentes escritores eclesiásticos inspirados en ellos (Melitón de Sardis, Orígenes, San Cirilo de Jerusalén, etc.) se complacieron en dramatizar el hecho adornándolo con varios pormenores, como el haberse resquebrajado puertas y entablado una verdadera lucha (entre Jesús y sus ángeles por una parte y el diablo y los demonios por la otra), que se terminó con la derrota del diablo y fue seguida de la liberación de los antiguos creyentes que pasan desfilando por delante del 149BRedentor: Adán y Eva, Abel, Abraham, los profetas hasta San José y San Juan Bautista. Los patrocinadores de la Religionsgeschichtliche Schule relacionaron, con suma ligereza, la narración bíblica con los diferentes mitos de descendimiento de algún héroe o divinidad al reino de los muertos, frecuentes en las antiguas religiones: babilónica, egipcia, grecorromana (Schweitzer, Gunkel, Kroll).
Pero fuera de la semejanza exclusivamente externa del tema, no aparece ninguna otra en parte alguna que presente la idea bíblica de la eterna bienaventuranza que el Redentor trajo a las almas de los justos, como el mismo Kroll reconoce. [L.V.-F. S.] [L. V.-F. S.]
Bibliografía
A. Vito, en VD, 7 (1927), 111-118
138-44
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