Diccionario Bíblico

Armando Rolla

BELÉN

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(Hebr. Béth-lehem «casa de pan» o mejor «casa del dios Lahamu», cf. acadio: bit-ilu-laham). Ciudad de la tribu de Judá, a 8 km al sur de Jerusalén, sobre dos colinas a 777 m. sobre el nivel del Mediterráneo y a 1.267 m. sobre el mar Muerto. Se hace mención de ella en las cartas de El- Amarna (290, 16 ed. J. A. Knudtzon) como de una ciudad de los contornos de Urusalim (Jerusalem).

En la Biblia lleva el sobrenombre de Efrata por hallarse comprendida en una de las regiones habitadas por la parentela efratea, constituida por los tres hijos de Jur, hijo de Caleb (I Par. 2, 51-54; 4-4). Aunque algunos consideran la identificación de los dos términos como una glosa de Gén. 35, 19; 48, 7, la identificación es segura, como fundada en el contexto y en el paralelismo (Rut. 1, 1 s.; 4, 11 y Mi. 5, 2). Otra denominación más frecuente es la de «Belén de Judá» (Jue. 17, 7. 9; 19, 1.18; Rut. 1, 1-2; I Sam. 17, 12; Mt. 2, 1. 5. 6) para distinguirla de Belén de la tribu de Zabulón (Jos. 19, 15). En Belén fue sepultada Raquel, esposa de Jacob (Gén. 35, 19; 48, 7); allí se desarrolló el suave idilio de Rut y Booz en el tiempo de los Jueces.

De Belén era el joven levita que.se instaló en las montañas de Efraím, en la casa de Mica, transformada en santuario para la imagen de plata de Yavé (Jue. 17, 1-13). También era de Belén la esposa del levita de Efraím, cuyo cadáver corló el marido en pedazos después del suplicio de que fue objeto por parte de los habitantes de Gueba (Jue. 19). La fama de Belén en la antigüedad proviene del hecho de haber sido la patria de David (Rut. 4, 17-22); aquí nació y fue ungido por Samuel como rey (I Sam. 16, 1. 4; 17, 12. 15). Aunque fue ocu pada por los filisteos, continuamente en guerrillas con David (II Sam. 23, 14 ss.; II Par. 11, 16 ss.), no estuvo mucho tiempo en poder de ellos. Aparece más adelante entre las ciudades fortificadas por Roboam (II Par. 11, 6) y entre las localidades repobladas después de la cautividad (Esd. 2, 21; Neh. 7, 26). En Belén, reducida a una pequeña aldea, proféticamente contemplada como el más pequeño distrito palestinense (Mi. 5, 2 ss.), fue donde nació Jesucristo (Mt. 2, 1.5 ss.; Lc. 2, 4. 15; Jn. 7, 42).

La primitiva tradición cristiana muestra el lugar del nacimiento en una gruta 74Bsituada al lado de la ciudad (Protoevangelio de Santiago 78, 5: Orígenes, Contra Celso 1, 51). El emperador Constantino consagró de nuevo la cuna del Redentor, que había sido profanada por Adriano con la implantación del culto de Adonis-Tammuz (San Jerónimo, Epist. 58, 3; San Paulino, Epist. 31, 3), dejándola incluida en un santuario octogonal, anexo a una espléndida basílica de cinco naves con un atrio de cuatro pórticos (Eusebio, De laudibus Constant., III, 41-43), construida en el 333 y explorada arqueológicamente en los años 1932- 34. Después de la devastación samaritana del 525 desp. de J. C. el edificio fue retocado por el emperador Justiniano; sustituyó el edificio octogonal por una nave transversal cerrada con dos ábsides semicirculares, desplazó unos metros más hacia el oeste la fachada interna y añadió el nártex. Las decoraciones medievales de las paredes con mosaicos y de las columnas con pinturas, casi enteramente desaparecidas, más los posteriores retoques, rompieron la armonía primitiva de este sagrado lugar donde el Verbo divino se mostró como hombre entre los hombres. [A. R.]

Bibliografía

F. M. Abel, Géographie de la Palestine, II, París 1938, p. 276. B. Bagatti. Gli antichi edifici sacri di Betlemme, Gerusalemme 1952.

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