Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

AYUNO

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Lev. 16,29 (y 23, 27. 32; Núm. 29, 7) prescribe para el gran día del perdón o expiación (el 10 del 7.° mes, tišri, sept.-oct.) abstenerse del trabajo, «afligirse, mortificarse» (Vulg. = afligetis animas vestras; nefeš = persona), expresión que siempre lleva consigo el significado de ayuno. No se trata, pues, de una simple privación de alimentos, sino de 63Bmortificar todo aquello que pueda halagar y satisfacer el orgullo: es una expresión del sentido interior de penitencia; finalidad moral y religiosa. La oración es inseparable del ayuno (Tob. 12, 8), al cual deben acompañar igualmente las obras de justicia y de misericordia (cf. Jer. 14, 12; Is. 58, 3. 7; Zac. 7, 2-7). La tradición judaica llama al día de. la expiación «el ayuno» (Act. 27, 9) o «fiesta del ayuno». Es el único día de ayuno prescrito por la Ley, y duraba desde el ocaso del día 9 hasta el ocaso del día 10 (Lev. 23, 32), cuando apenas se veían tres estrellas, según la precisión de los rábinos (cf. Tertuliano, De jejunio, 16: PL 2, 977). Era un ayuno riguroso durante el cual las prescripciones rabínicas prohibían tocar alimento, beber, ungirse, llevar calzado, usar del matrimonio (Jómá, 8).

De Núm. 30, 14 se desprende la existencia de ayunos practicados espontáneamente.

El ayuno se convirtió para Israel en un medio muy usado para aplacar a Dios. Hay ayunos públicos extraordinarios: por culpas generales (I Sam. 7, 6; Jer. 36, 9; Joel 1, 12-2, 17 etc.); antes de emprender una guerra (Jue. 20, 26; II Mac. 13, 72); para librarse de una calamidad pública (Jdt. 4, 8. 12; Est. 4, 3. 16 etc.; cf. Jn. 3, 5 ss.); a Ja muerte de un rey (1 Sam. 31, 13). Ayunos particulares: David a la muerte de Saúl: II Sam. 1, 12; para implorar la curación de un recién nacido: II Sam. 12, 16. 21 ss. Frecuentemente viene en los Salmos como expresión de penitencia o para implorar la ayuda divina: 69, 11; 109, 24 (Vulg. 68. 108). Sara para librarse del demonio (Tob. 3, 10); Ester (14, 2) para alcanzar la liberación, Daniel (9, 3) la restauración de Israel.

Por voto (Tob. 7, 10; Act. 23, 21; etc.). Durante la cautividad impusiéronse ayunos en recuerdo de las desgracias nacionales; Zac. 7, 2- 5; 8. 19 habla del ayuno en el 4.°,'5.°, 7.° y 10.° mes por el cese del sacrificio; por la ruina del Templo; por la muerte de Godolías; por el asedio y la destrucción de Jerusalén (cf. San Jerónimo, In Zac. 2, 8; PL 25, 1475). El Sanedrín imponía ayunos de tres días, siempre que tardase en llegar la lluvia en los meses de oct.-nov. y nov.-dic. Las sinagogas prescribían ayunos locales (cf. los tratados Joma y Taaníth). Son célebres los ayunos de Moisés y de Elías durante cuarenta días (Éx. 24, 18; I Re. 19, 8).

Los fariseos más celosos ayunaban los lunes y los jueves en memoria del principio y del fin del ayuno de Moisés en el Sinaí (cf. Lc. 18, 12; Taanith 2, 9). El divino Redentor comenzó su vida pública con un ayuno de cuarenta días (Mt. 4, 2; Mc. 1, 13; Lc. 4, 1) que la Iglesia honra con el ayuno de Cuaresma. 64AEn sus enseñanzas reproduce las enérgicas llamadas de Is. 58, 3-7; Jer. 14, 12; Zac. 7, 2-7 por la falta de las disposiciones necesarias para que el ayuno sea grato a Dios.

El de los fariseos no es el que se prescribe en el A. T., ya que va dominado por el espíritu de ostentación, siendo así que el ayuno debe ser la expresión del arrepentimiento (Eclo. 34, 26), mortificación de la soberbia (Lc. 18, 12), e ir acompañado de la oración y de obras de misericordia. Cuando se ayuna debe eliminarse la exteriorización, (Mí. 6, 16 s.).

Ni el ayuno ni otra práctica alguna exterior valen nada sin aquel espíritu nuevo que es el fermento traído por Jesucristo para la transformación de la humanidad (Mt. 9,. 14-17; Mc. 2, 18 ss.; Lc. 5, 33 ss.). La práctica del ayuno fué familiar a los primeros cristianos (Act. 13, 2 s.; 14, 22; I Cor. 9, 27; II Cor. 6,. 5; 11, 27). La crítica del texto excluye de Mt. 17, 21 la cláusula «esta especie de demonios etc.» que se lee en Mc. 9, 29, donde a su vez 64Bexcluye las palabras καὶ νηστεία «y con el ayuno» (Buzy-Pirot). [F. S.]

Bibliografía

A. Lesêtre, en DB, III, col. 1528- 32. H. L. Strack-P. Billerbeck, Kommentar zum N. T. aus Talmud und Midrasch, IV, Mónaco 1928,. pp. 74-114. A. Clamer, Lévitique (La Ste. Bible, ed. Pirot, 2), París 1940, pp. 130-73. D. Buzy y L. Pirot (Ibid. 9), Ibíd. 1946, pp. 231-507. * E. González Vila, Ayunos y tentaciones de N. S. J. en el desierto, en CB (1952), abr. 55.

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