EXPIACIÓN (Día de la)
El 10 del séptimo mes (TiSri, sept.-oct.), cinco días antes de la fiesta de los Tabernáculos (v.) era el día solemne («el gran día») de la expiación de los pecados (Lev. 16, 1-34; 23, 26-32; Núm. 29, 7-11). Prescribíase un severo ayuno y el descanso sabatino. En el Templo actuaba únicamente el Sumo Sacerdote, con simples vestiduras sacerdotales de lino, y por única vez en todo el año, entraba en el Sancta Sanctorum. El Sumo Sacerdote, después de haber matado un becerro como sacrificio de corrección (Vulg. «pro peccato»), por sus pecados, por los de su familia y de los sacerdotes, los cuales él confesaba imponiendo las manos sobre la víctima, entraba en el Santuario con un incensario de oro y.carbones tomados del altar de los holocaustos, y allí quemaba incienso, de cuyo perfume se llenaba el ambiente. Vuelto al atrio y habiendo tomado la sangre del becerro sacrificado, entraba nuevamente en el Santísimo y rociaba con la sangre la cobertura del arca de la alianza y siete veces el suelo. Saliendo afuera inmolaba los dos machos cabríos destinados al sacrificio de corrección y, otra vez en el Santísimo, repetía la aspersión con la sangre del macho cabrío.
Luego, en el Santuario, asperjaba la tienda con la sangre del becerro, y mezclando esta sangre con la del macho cabrío untaba con ella las esquinas del altar de los perfumes y asperjaba siete veces lo restante del altar. Fuera del Santuario, en el atrio, repetía la misma función con el altar de los holocaustos, sobre el cual derramaba finalmente lo restante de la sangre. Luego confesaba sobre el otro macho cabrío todos los pecados del pueblo, y los trasladaba simbólicamente al animal, que era enviado al desierto. «Un macho cabrío para Yavé y otro para Azazel» (Lev. 16, 8). Los rabinos y muchos modernos entienden por «macho cabrío destinado a Azazel» un demonio del desierto. Mas todas las versiones antiguas consideran a Azazel como un adjetivo (Vulg. «caper emisarius») = «macho cabrío destinado a alejarse», de cez-= macho cabrío, y el verbo, cazal = irse (A. Médebielle, A. Clamer). Seguían algunas lecturas sobre la fiesta, oraciones; el sumo sacerdote, poniéndose las 205Bvestiduras sacerdotales, inmolaba otros dos carneros en holocausto y el resto de los sacrificios de costumbre; luego despedía al pueblo bendiciéndolo.
La fiesta de la expiación devolvía a Israel su carácter de pueblo santo mediante el perdón y la purificación de todos sus pecados que habían sido cometidos durante el año y que habían quedado sin reparación. Con esto se aseguraba de las bendiciones prometidas. Con el perdón se aseguraba a todos (sacerdotes, levitas, pueblo y santuario) la santidad que de ellos exigía Yavé. Los textos religiosos asirio-babilonios acerca de la celebración de la fiesta con ocasión del año nuevo (Dhorme, en RAss, 1911, 46-63), el uso antiguo de volcar los pecados y las impurezas religiosas sobre animales y sobre hombres, confirman la antigüedad de esta fiesta mosaica, conservada íntegramente en el Pentateuco samaritano. Ezequiel (45, 17-25) no hace mención de ella (lo mismo que omite la de Pentecostés), ya que nada había que añadir a su simbolismo tan perfecto.
El día de la expiación, en el cual se reconciliaba Israel con su Dios, puede considerarse como el Viernes Santo del Antiguo Testamento, y era un verdadero tipo del nuevo viernes, en el que nuestro Sumo Sacerdote, Jesucristo, consumó con su sangre la gran expiación definitiva, zanjó los pecados de la humanidad, reconciliándola con Dios (Heb. 9, 7-11 ss.; 15- 28). Es tan perfecta la coincidencia entre la imagen y la realidad, que así como en el día de la expiación se quemaba la carne de la víctima expiatoria fuera del campamento (Lev. 16, 27), así también el Salvador murió fuera de Jerusalén (Heb. 13, 11 s.). [F. S.]
Bibliografía
A. Médebielle, Expiation, en DBs, III, col. 61-68. A. Clamer, La Ste. Bible (ed. Pirot, 2), París 1940, pp. 121- 32. E. Kalt, Archeologia bíblica, 4.ª ed., Torino 1944, p. 169 s. P. Heinisch, Teología del Vecchio Testamento (S. Bibbia, S. Garofalo), Torino 1950, pp. 225 s.