Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

IGLESIA

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El tema «María y la I.», con la consiguiente aproximación de la mariología a la eclesiología (una y otra en curso de progresivo desarrollo, especialmente desde 1930), es lo que más ha cautivado en nuestros tiempos la atención y la reflexión de los teólogos. Así la mariología ha aportado nuevas luces a la eclesiología y la eclesiología a la mariología. Parece que el primero que trató tan sugestivo tema fue Mons. J. E. Laurent (vicario apostólico de Luxemburgo, 1804-1883) en sus seis conferencias sobre aMaría y la I.» (Mystères de la sainte Vierge, mère de Dieu, trad, del alemán, Bruselas 1857). De él dependen Scheeben y muchos otros que se unieron a él. En 1934 el P. H. Rondet, S. J., inauguraba — así puede decirse— con su estudio La place de la très Sainte Vierge dans l’Église (v. «Bull. Soc. Franç, Et. Mar.», 1937-1938, pp. 210 ss.) la serie de las mo» nografias que se fueron sucediendo sobre las relaciones que ligan a María con la I. y viceversa. Nos limitaremos a hacer alusión a las publicadas en Alemania, como las de Koester (Die Magd des Herrn, I ed. 1947, II ed. 1954), Semmelroth (Urkild der Kirche, I ed. WOrzburg 1950, If ed. 1954), A. Mueller (María-Ecclesta.

Die Einheit Marías mid der Kirche, I ed. Freib. Schweiz 1951, II ed. 1955), Feckes (en un apéndice a la obra Das Mysterium der heiligen Kirche, 1936, pp. 264-278), Schmaus (mariología, pp. 247291), Rahner (María und die Kirche, Innsbruck 1951), etc. (v. Fernández, D., C. M. F., María y la Iglesia en la moderna bibliografia alemana, en aEst. Mar.», 18 [1957] pp. 55107). Siguiendo el ejemplo de los mariólogos alemanes, la aSoc. Franç- Et. Mar.» dedicaba a las relaciones entre María y la I. las reuniónes anuales de 1951, 1952 y 1953. Tales relaciones se publicatíon en tres volúmenes bajo el título de Marie et VEglise (v. Crisóstomo de Pamplona, O. F. M. Cap., María y la Iglesia en la moderna bibliografia francesa, en «Est. Mar.», pp. 109-125). La Sociedad Mariológica Española, siguiendo el ejemplo de la alemana y de la francesa, estudíaba el tema en la reunión anual de 1950 y publicaba sus estudios en «Est Mar.», 18 (1957), 405 pp. Como remate de los precedentes estudios, la Academia Mariana Internacional elegia en 1958 el tema María y la I. como objeto del Congreso Mariano Internacional de Lourdes. Si el tema es de lo más sugestivo, no es menos vasto, complicado y escabroso.

Así no han llegado todavía a un perfecto acuerdo los mariólogos, y en los diferentes modos de ver ciertos puntos, incluso fundamentales, existen algunas divergencias. He aquí un esquema que nos permite abarcar con una simple ojeada toda la amplitud del tema: María y la Iglesia pueden ser consideradas: en las fuentcs: en la elahoracion tcológica:

1. Magisterio Eel.

2. S. Escritura 3. tradición considerando las rclaciones existentes entre María y la Iglesia en general en particular ordinarias: extraordinarias: 1. con la Je- 1. apariciones rarquia 2. con los Sa- 2. milagros cramentos 3. con la vida de la I. I. María y la /. en las fuentes.

1. En el magisterio eclesiástico ordmario. Desde Gregorio XVI hasta Pío XII han sido varios los documentos del magisterio eclesiástico ordinario que han puesto en evidencia las relaciones que medían entre María y la I. 1) Gregorio XVI. Quadrio, después de una diligente resefla de varios documentos, llegó a la siguiente conclusion: «En el cuadro de la medíación universal subrayd la especial y continua protectíon de María a la I. católica, al Romano Pontífice y a su ciudad episcopal, especialmente contra la herejía, contra los asaltos de los enemigos o cualquiera otra calamidad. Por esta razón reconoce en María el título de «Auxiliadora de la Iglesia. No trató de las otras relaciones que unen a María con la I.» (v. Qua drio, G., Linsegnamento mariano del Papa Gregorio XVI. en «Salestanum», 20 [1958] pp. 542-561). 2) Pío IX, en sus diferentes documentos marianos, dio especial importancia a la medíación social de la Inmaculada para con la I. considerada como cuerpo visible y so cial.

Semejante medíatíon social se explica de un modo particular: 1) cintercediendo de continuo por todo el pueblo cristiano» (Aloe, sinter graves», del 1.º de diciembre de 1864, en aPii IX Acta, I, p. 594); 2) en la defensa del pueblo cristiano; 3) en la lucha victoriosa contra las herejías de todos los tiempos y contra los asaltos de las fuerzas infemales; 4) en la especial asístencia a la Cabeza visible de la I. y a la Sede Apostólica contra todos sus enemigos. Pío IX, en fin, subraya la distinción y la trascendencia de la Viigen sobre la 1., estando Ella ainter Christum et Ecclcsiam» (Carta Enc. «Ubi primum», del 2 de febrero de 1849, en «Pii IX Acta», I, 1, p. 164; v. Quadrio, G., L’lmmacolata e la C. nelVinsegnamento di Pío IX, en «Virgo Immaculata», XIII, 1957, pp. 1-24). 3) León

XIII. Su enseñanza sobre el tema que nos ocupa es bastante rica en elementos doctrinales y ha influido no poco en los documentos posteriores del magisterio eclestistico.

Del atento examen de los diferentes documentos, Quadrio dedujo las siguientes conclusiones: «María, como cooperadora del Hijo en la obra de la redención, ha colahorado eficazmente con el mismo divino Fundador en la constitución de la I., de la cual es con verdad llamada madre.» — a María, como Medíadom de la I. ante el único divino Medíador, ha sido desde los comienzos y es todavía ahora propagadora de la I. y de la fe católica en el mundo; tutora de la ortodoxia contra todas las herejías, contra las cuales cs luchadora invencible; autora y restanradora de la unióad ecles&stica contra todas las divisiónes,» — a María, cual potentisima auxiliadora de la I., ha sido y será siempre su invencible baluarte en los peligros y en las calamidades que la amenazan, con particular solicitud para con el Romano Pontífice.» — «María, por su singular posición de medíadora entre Cristo y la I., es, sin duda alguna, lo mismo que nosotros, miembro de la I., pero un miembro supereminente y del todo singular.» — uAunque León XIII no tratO direclamente la cuestión del paralelismo entre María y la I., hay, sin embargo, en su doctrina mariana elementos seguros sobre los que se funda dicho paralelismo, desarrollado por Pío XII.

Tales son: la comrin maternidad de María y de la I. para con los místicos miembros de Cristo; la comtin másión de dispensar a los hombres los tesoros de la redención; un poder, en cierto sentido, comtin, aunque no idOntico, de magisterio y de dominio» (v. Quadrio, G., Lc relaiioni ira María e la C. nelC insegnamento di Leóne XIIl, L c., p. 641). 4) S. Pío

X. En sus diferentes documen ts, este pontifice pone muy bien de relieve la misteriosa contributíon de María: 1) en el origen o constitutíon de la I., místico cuerpo de Cristo, del cual, en cuánto Cabcza, es verdadera mad re; 2) en el desarrol)o o crecimiento interior del cuerpo místico por medio de la gracia de la cual es principal dispensadora para cada uno de los miembros; 3) en la expansion exterior de la I. medíante la difusión de la fe cristiana por todos los pueblos y la incorporatíon de UkIos a la I.; 4) en la defensa de la orto doxia de la fe contra todas las herejías, espccinlmente las de los tiempos modernos; s» en las luchas y en los peligros del pueblo cristiano; 6) en la especial protectíon prestada por María a la Cabeza visible de la I., Iiarlicularmente en los momentos mOs difii ih».s.

María Santísima es el «Auxilio de los i iislinnos» (v. Quadrio, G., La medíazione unitilc di María SS. nel magistero di V Pío X, en «Problemi scelti di teología contemporanea», Analecta Gregoriana, vc lumen 68, Roma 1954, pp. 361-381). 5) Benedicto XV. En algunos de sus de cumentos, hablando de la medíatíon de Mn ria en la distributíon de las gracias, t Pontífice subraya el aspecto «social» o «ecl«sial» de tal medíatíon, en virtud de la cue María aparece como poderosisima e incar sable «auxiliadora» de la I. en su origei en su expansion y en su defensa contra lc enemigos. Ella suscita, difunde y proteg a las Ordenes y congregaciones religiose (v.

Quadrio, G., María Medíatrice e l C hies a nell’insegnamento del Papa Bern decto XV, en cSalestanum», 20 [1958] pi ginas 562-595). 6) Pío XL De los diferentes documcntc marianos de este pontifice se deduce que M i ria, medíadora y mad re espiritual de tode los hombres, es también, de manera esp«cial, medíadora y madre espiritual de la católica, cuerpo místico de Cristo, y, pc tanto, interviene en la fundación, en 1 expansion y en la santificación de la 1. en la defensa de la unióad de la másm contra los cismas y de la ortodoxia contt los errores; en la victoriosa lucha conti sus enemigos y en la particular proteccid del Pontífice Romano. Hace resaltar, en ft el carlcter decididamente eclesiolOgico y p; pal del título oAuxilium Christianorum (v. Quadrio, G., La medíazione sociale «María SS. e nel magistero di Pío XI, en «& iestanum», 17 [1955] pp. 472-493). 7) Pío XII. El aPapa mariano» por ai tonomasía, en sus mriltiples documentos m; riaños, subrayO con insistencia el aspect social de la medíatíon mariana, presentand a la Virgen Santísima como madre, sober: na, maestra y protectora de la I.

Coopci a la afundación de su cuerpo social» (En Mystici Corporis Christb, A AS 35 [194 p. 204) en sus tres fases sucesivas: el ci mienzo, con la predicación evangOlica; perfeccionamiento, entre los tormentos «la cruz; la promulgación, en el día de Pei tecostOs (ibid., pp. 204-208). A la fundaciC de la I. ha seguido una ininterrumpida así tencia de María en la vida y en la expat sión de la misma (ibid., p. 248). «ElIa, pai con el místico cuerpo de Cristo, nacióo d Corazon desgarrado de nuestro Salvador, tuvo aquella misma maternal solicitud y primorosa caridad con la que en la cuna cuidd y nutrid con su leche al Niño Jesús» (ibid.). Ella esld presente con su ayuda en las luchas y en los peligros del pueblo cristiano, como especialisima protectora de la Cabeza visible de la I. Por lo cual. «todo el mundo invoca a esta mad re divina como auxilio de los cristianos» (Disc, del 31 de enero de 1940 a un grupo de nuevos esposos y de Hijas de María. Cf. aL’Osservatore Rom.», 1.º de febrero de 1940) (v. Quadrio, G., La medíazione socialc di María SS. nel magistcro di Pío XII, en L’Ausiliatrice della Chiesa e del Papa», Turín 1953, pp. 91-125).

Pío XII pone, además, de relieve la clara diferencia que se da entre la cooperación de María y la de la I. a la redención del género humano. Ante todo distingue claramente las dos fases de la redención, o sea, la operatíon de la redención (la llamada redención a objetiva») y la aplicación de la misma a los individuos (la llamada redención esubjetivao). Así, por ej., en la enc. Mystici Corporis Christie dice que «por ella [la victoria de la cruz] Cristo acrecentd hasta lo infinito el tesoro de las gracias (redención obj.), que en la gloria del cielo distribuye sin interrupción entre sus miembros mortales (redención subj.) (AAS 35 [1943] 206; v. también: ibid., pp. 206-207; 213; enc. aMedíator Dei et hominum», AAS 39 [1947] pp. 522; 549; 550-551). El mismo Pontífice pone de relieve, en segundo lugar, la parte de Crislo, de la I. y de María en la redención.

Por lo que se refiere a Cristo, el Pontífice ensefia que él es el Redentor del género humano: «Desde el primer instante de la encarnación, el Hijo del Eterno Padre colmó la naturaleza humana, a la que él se había unióo sustancialmente, de la plenitud del Espíritu Santo, para hacer de ella un instrumento apto de la divinidad en la obra sangrienta de la redención» (enc. «Mystici Cor poris Christi», AAS 35 [1943] pp. 206-207). él es tel Medíador dnico de gracia y de verdad entre su Padre celestial y el género humano» (enc. «Haurietis aquas», AAS 48 [1956] p. 310). él es «el Autor de aquella maravillosa armonia entre la justicia divina y la divina másericordía que constituye el misterio de nuestra salvación, el cual trasciende todo lo creado» (ibid., pp. 321-322). La I. [es decir, el conjunto de los cristianos pertenecientes tanto a la jerarquía como al pueblo fiel] nacióa adel coslado del Salvador, en la cruz, cual nueva Eva, madre de todos los vivientes (Cf.

Gén. 3, 20)» (Mystici Corporis Christi», 1. c., p. 205), es la wdispensadora de la sangre de la redención» (tHaurietis aquas», 1. c., p. 333). «Muriendo en la cruz, él [el Redentor] comunied a su I., sin contributíon alguna de su parte [nihil ea conferentc ], el inmenso te soro de la redención. En cambio, cuándo se trata de la distribución de semejante tesoro, no sólo comparte con su Esposa inmaculada la obra de la santificación de las almas, sino que quiere que 6$tas nazean, por así decir, de su propia obra» († Mystici Cor poris Christi», 1. c., p. 213). Ensefia, pues, Pío XII claramente que la Iglesia tno participa en lo más minimo» en la llamada redención cobjetiva», y que toda la acción de la I. se limita a la llamada redención «subjetiva», o sea, a la aplicación de los frutos de la redención. Y es en esto precisamente en lo que se distingue María Santísima —según Pío XII— del resto de la I., puesto que Ella, y sólo Ella, fue la generosa asociada del Divirio Redentor (aMunificentissimus Deus»: Cf.

AAS 42 [1950] p. 788) en el mismo memento en que el Hijo su Redentor llevaba a cabo la llamada redención objetiva; por lo cual, «aun siendo verdad que también la Beatisima Virgen, como nosotros, es miembro de la I., no lo es menos que Ella cs un miembro del todo singular [cmembrum plane singulare»] del místico cuerpo de Cristo» (Radiomensaje del 24 de octubre de 1954 al Congreso Mariológico Intemacional: Cf. AAS 46 [1954] p. 199). Ha aclarado, pues, Pío XII en muchos lugares la asociación y la cooperación de María Santísima a la llamada redención objetiva (v. Medíadora), además de su co operación a la llamada redención subjetiva (propia de la I.) (v. Pilote, G.-R., La coope ratíon de Marie et de VEglise d la rJdemptíon selon les cnscignements de Sa Sainietd Pie XII, en «María et Ecclestan, IV, páginas 483-523).

2. En la Sagrada Escritura. Los text os que, según los teólogos, sirven de fundamento para las relaciones entre María y la I. son: Gén. 3, 15; Jn. 2, 1-11; 19, 25; Ap. 12, 1 ss.: son textos íntimamente entrelazados. De ellos, tomados en su primer significado, se deduce que María, por ser madre ffsica de Cristo, es su asociada en la obra de la salvación de la humanidad, y también madre espiritual de la Iglesia. Esta es la idea de fondo contenida en dichos textos bíblicos. Esta maternidad espiritual de María para con la I. sirve de base a las principales analogías que nos permiten relacionar a María con la I., en analoga visión, es decir, la I. puede Ilamarse madre espiritual a imi tatíon de María y en dependencia de María; victoriosa adversaria de Satands a imitatíon de María y en dependencia de María; destinada a la gloria celestial a imitatíon de María y en dependencia de María. Según Bouyer (v. bibl.), los temas bíblicos relativos a María, esto es, a la madre del Mesías, a la esposa del Señor y a la Sabidurfa divina, son, al mismo tiempo, temas eclesiolOgicos (Le Trdne.... p. 14, v. bibl.). BIBL.: Braun, F. M., O. P.. Mane et VEnUse (Vavr&s VEcrilure Sainte. en (Bull. Soc. Mar. Franc. Hi.

Mnr.». 10 (1947; pp. 1-21; Pfinador. M.. C. M. F.. I'.xtudio wntetico-conwarativo de los textos escrlturls ft cos que fundamental} las re'aaones entre María y la Iglesia, en «Est. Mar.», 18 (1957) pp. 127-155: Bouvf.r. L., Le Trdne de la S’agesse. Esxal sur la signifi catíon dtt culte niarial. Par/s 1957; Fitssinkcmper. R., SS. CC., Das Verhdltnis der Kirche zu María geiniiss deni Schriftttttttn des hi. Johannes, en -María et Ecclesiu». 30 (1959) pp. 1-38: K as si so. A.. O. S B.. Der heiigcxchlchfllche Ort Man ms lit der Kirche nach A /»/«12, ibid., pp. 39-60; Sh-ualifri. F.. S. J., María et Ecdesta in Avocalyvsi XII, ibid., pp. él- 7 9.

3. En la tradición. El primero en repre sent a r a la I. en Eva (en el paralelismo Eva-María) fue erigióarigióarigióal autor de la II Carta de «lemcnte. Este, seguido después por Tertuliano (en el De anima 43, 10, ed. Waszink, Amsterdam 1947, p. 60), es el primero que «pone la idea de que Cristo es «el Hombre» v la I. cs «la mujer», aludiendo a Gdn. 1, 27, v a NL Pablo (£/. 5, 31-32). En efecto, teen el Gdn,: «Fecit Deus hominem m.tsetiInin et feminam.» Y en S. Pablo: aSacramentum hoc magnum est, ego autem dico in Christo et in Ecclestaa (Ef. 5, 31-32). La I. aquí está. represents da en Eva, y a título de esposa. Así, pues, además del para lelismo Eva-María, surge también el parale lismo Eva-I. En su origen ambos paralelis» mos se hallan claramente separados: María, acogiendo la palabra de salvación, toma la parte que correspondía a Eva antes de la caída; la I., sacada del costado del nuevc Adán (Jn. 2, 21 paralelo a Jn. 19, 34), toma la parte que correspondía a Eva antes de la caída, convirtióndose en «la ayuda» de Adán al que era semejante (Gdn. 2, 18) y medíante él, en la madre de lodos los vf vientes (Gdn. 3, 20).

Pero pronto se uner ambos paralelismos Eva-María y Eva-I.: María, lo mismo que la L, se convertird según enseña S. Epifanio (h. el. 377), en e Panarion (78, 88, PG 42, 728), en la «madr«de los vivientes» (como se insinria enigmd ticamente en Gdn. 3, 19); y sólo en e s. xii se convertird en ala ayuda semejant a 01» (Gdn. 2, 18). Al final de este desarrolh se unen el paralelismo Eva-María y el Eva-I y la I., en su obra de salvación (opuesta a I: obra de ruina de Eva) aparecerd sistemdtica mente unióa a María y subordinada a El If María aparece como anillo de conjunciO entre Cristo y su cuerpo místico, que e la I. Los escritores del s. xii expresan co imágenes concretas los diversos aspectos d la actíon medíanera de María. La más c«lebre de estas imágenes es la del acueducu atribuida a S. Bernardo. Cristo cs la fuent de agua viva que debe dar de beber a la y a sus miembros; pero esta agua no llcg a ellos más que por un acucducto, Mari; Cristo es el asob de justicia, la I. es 1 tluna» que recibe de El toda su luz; per no la recibe directamente, sino indirect; mente, a través de María, la amujer veslic del sob con la «luna» bajo los pics.

I medíatíon mariana se desarrolla, pues, p; ralelamente a la medíatíon de la I. Tode estos bosquejos se encuentran ya «en gc men» en los primeros Padres y se derivr todos de la misma rafz: Eva-María (v Hay que decir, sin embargo, que el paral lismo Eva-I. (que es una idea antigua en doctrina patrfstica) no ocupO jamás un pue to de primer piano entre los padres. Elios no identificaban del todo (como pretenden algunos autores alemanes) a María con la

I. Según los padres, la I. es una imitación o reflejo de los privilegios marianos. De la simple analogía establecida por los padres entre María y la I., no se puede deducir que según ellos la I. sea corredentora, madre, virgen, etc., como lo es María, sino de un modo rauy diverse, como lo es también María. Y por lo que se refiere a los escritores laúnos medievales, estamos muy lejos de hallamos ante una doctrina comiin y universal. La idea de María, prototipo de la I., no sólo no constituye el tema central de la mariología medieval (como han pretendido algunos mariélogos alemanes), sino que ni siquiera constituye una de las mayores preocupaciones.

Esta idea fue reconocida, en el correr del tiempo, como «esencialmente teológicas, como una idea que ofrecla la ventaja de plantear, bajo nuevos aspectos, los viejos problemas mariológicos. Quedaba, por consiguiente, para la teología especulativa y si stem 3 tic a la tárea de determinar las relaciones precisas entre María y la

I. Para los escritores laúnos medievales la Virgen es el prototipo o figura de la I. en sus cualidades fundamentals de «esposa», «madre» y avirgen». Segiin dichos escritores, María es, además, la aportío praecipua Ecclestae», aeminentissimum meinbrumi», el alazos o acuello» que une a Cristo con la

I. BIBL.: CoATHAr.CM. H„ S. J.. Le paralltúsme entre la Vlerge et I'Eglise dam la tradición la tine iusqu'd la fin du XII» sitde, Apud Aedes TJniversiiatis Grenorianae. Roma 1054 (presentada como tesis doctoral en teología en 1039); Holstein. H., S. I.. Marie et VEglise ehez let Pires antdniciens. en»Bull. Soc. Franc. Et. Mar.». IX (1951) pp. 11-25; MOller. A.. VUnUi de I'Eglise et de la Sainte Vierge chcz let Fires des IV» et V» slides. ihi'd.. pp. 27-38; FreMaud, G.. O. S. B.. Marie et VEglise d'apris lex li turgies laúnes du VII» au XI» slid., ibid.. pp. 39-58: turnip H..

C. S. Sp..

Marie et VEglise du Vinirable Bide d S a'nt Albert le Grand, ibid., pp. 59-143; Sou(. F. dg. S. J.. María y la Tglcsia en los Padres Orien tates, en Mar.». 18 (1057) pp. 169-186: So laño. J.. S. J., María r la Iglesia en los Padres Occi dentals, ibid., pp. 187-206; Palma. M. María y la Jglesta según Juan de Segovía y Juan de Torque.ntada. ibid., ibid., pp. 207-230; Llopart. Sr.. O. S. B.. MaríaEcclesta. Observaifones In amumentum luxta Paires vraeephestnos. en «María et Ecclesta». 3 (1959) prtginas 81-108; KrOger. P., María und die Kirche in der atteren sytischr.n Viitertitcratur, ibid., pp. 109-136; Sbr L. G.. S. B. B., María und die Kirche bei den gricchiscJten Vaetern seit Cyril von Alexandrien. Ibid., pp. 137-162; Huhn. J., María est typus Ecclestae se cundum Patres, imprimás secundum S. Ambrosium et S. Augustinum, ibid., pp. 163-199; Dietz., J.. O. E. S. A., María und die Kirche nach dem hi. Augustinus. Ibid., pp. 200-239; Riedinoler. H.. María und die Kirche in den Maríanischen hohelted-Kommentaren des Mitielaliers, ibid., pp. 241-289; Spilkcr. R.. O. S. B.. María-Kirche nach dem hohefledkommcntar des Ku pertus von Deutz, ibid.. pp. 291-317; Fries. A..

C. SS. R..

Des Albcrtus Magnus gedanken fiber MaríaKirche, ibid., pp. 319-374; Bautiucco, !»., De María et Ecclesta apud Dionysium Carthusianum, ibid.. pdgiii as 375-388; Brosch. J., María als bilrt und giied der Kirche nach der lehre der deutschen iheologen des

19. Jahruuderts vor M. J. Schceben, ibid.. pp. 469-518; Sebastián. W., O. F. M.. La cooperatíon de Marie et de VEglise ii la redemptíon selon lex PC res de rEglise, en «María ei Ecclesta». IV, pp. 35-66. II. María y la /. en la clahoración teo Idgica. Basados en datos bíblicos positivos y tradiciónales, y a la luz del magisterio de la I., los mariólogos han procurado precisar las relaciones de analogía entre María y la I., considerando así el fundamento como el desarrollo de dicha analogía.

1. El fundamento de tales relaciones, es decir, de la analogía entre María y la I., se basa, según el P. NicolAs, en dos cosas: 1) en la posibilidad de considerar, tanto a la una como a la otra, como criaturas sobrenaturales; 2) en el hecho de que, tanto la una como la otra, están ordenadas al Verbo Encamado en cuánto tal, ordenación que las define en su ser sobrenatural y de la que se derivan sus atributos y propiedades (v. Introductíon d nos travaux sur la Vierge ei I'Eglise, en «Bull. Soc. Fran?. Et. Mar.» [1951] p. 4). Aunque miembro de la I., María es «anterior» a la

I. Ella, a diferencia de los personajes del A. T., pertenece a la I. como miembro en el que se resume toda la I., en el momento de la anunciación, de manera que la I. cristiana precede de Ella, de esta primera a cristiana». Por lo tanto, María es anterior a la I. y la precede; «illa [María] praecedit, haec [la I.] sequitur» (Serlo de Savigny, Scrmo in Assumpt., I, ed. Tissier, p. 115; en Barré, Marie et VEglise du Ve nerable Bède d S. Albert le Grand, en «Bull. Soc. Fran?. Et. Mar.», 1951, p. 92).

En efecto, María precede a la I. en la relación que contrajo con el Verbo Encarnado.

Ella no es un miembro comiin de la I., que participe de una relación comiin, por muy privilegiada que sea, con Cristo. Est£ unióa al Verbo Encarnado con una relación de verdadera y piopia maternidad, y por tanto de un modo del todo particular, único, propio de Ella sola, de modo que lleva consigo una maternidad de naturaleza en relación con las relaciones de gracia que unen a todo el resto de la I. con Cristo. Asl, plies, mientras María estiS constituida en su ser sobrenatural (en su personalidad) por su relación de maternidad divina, la 1. en cambio esti constituida en su ser sobrenatural (en su personalidad) por medio de la gracia. Esa misma gracia que la Virgen tiene con plenitud (superior a la gracia de toda la I.), no la recibe, como todos los demás, a trav£s de la I., sino que la recibe directamente de Cristo (en vista de la divina maternidad, que es la razón de su preservación de la culpa y la medida de la gracia).

Por tanto, mientras María, por razón de su maternidad divina (de esa especial y singular relación con el Verbo Encama de), pertenece al orden hipostdtico (al orden de Cristo), la I., en cambio, pertenece al orden de la gracia (es decir, el orden de la I., el de todos los otros miembros de la I.). No depende, pues, de la I. el que María sea esencialmente lo que es. Más que dentro de la I., Ella está en la cdspide de la misma, y trasciende, por tanto, a todos los demás miembros de la I.

2. Desarrollo de la analogía, es decir, del paralelismo entre los atiibutos de María y los de la I. Se pueden cstablecer estos principios: a los principaís atributos y másicrios de María corresponden análogos atri butos y misterios de la 1., de manera que María es el prototipo de la I. 1) Misterio María, misterio la I., por ser ambas criaturas sobrenaturales; 2) Santa e inmaculada María, santa e inmaculada la I.; 3) Madre María (madre del Cristo total, madre flsica de la Cabeza y madre espiritual de los miembros), madre la I. (madre espirilttal de los miembros de Cristo); A) Madre-Virgen María y madre-virgen la I., ambas fecundadas por el Esplritu Sanlo; "») Esposa de Cristo María (en la regeiH-rieion de la humanidad) y esposa de Ciisio la I. (en la regeneración sobrenatural de cada uno de los miembros de la I.). Junto con estas semejanzas se tienen en cuenta también las desemejanzas. Se trata, en efecto, de analogía (y por tanto de semejanza unióa a desemejanza) y no de univocidad.

La 1. no puede Uamarse en sentido verdadero y propio madre de Cristo como María; María, además, tuvo parte activa en la llamada redención objetiva; mientras que la I. (junto con María) tiene una parte activa solamente en la llamada redención subjetiva, o sea, en la aplicación de la redención a cada uno de los hombres. (Recuérdense las ensefianzas de Pío XII.) III. Relaciones entre María y la /. en general. Estas relaciones pueden reducirse a tres: madre de la I., reina de la I. y medíadora entre Cristo y la L 1) María, ante todo, es verdadera madre espiritual de la I. El Verbo Encarnado en el momento mismo de su encarnación atrajo a si a todo el género humano y se constituyó en cabeza suya, precisamente en cuánto Dios-Hombre; por tanto, nos redimid en cuánto hombre con actos de valor infinito, por ser actos procedentes de una persona divina. Según esto, María es verdadera madre (ffsica) de Cristo nuestra Cabeza, ya que Ella hizo posibles los actos y funciones capitales de Cristo.

Ahora tdngase en cuenta que, como madre del cuerpo místico, María esti adornada de una gracia y de una santidad únicas, y es amada de Dios por ser madre de su Hijo encarnado, y madre de la cabeza del cuerpo místico. Pero además de madre (ffsicamente) de la cabeza del cuerpo místico, María es también madre (espiritual) de los miembros del cuerpo místico de Cristo, y por tanto es verdadera madre espiritual de la I. 2) María es también a reina» de la I., a causa de la primaefa y del dominio que tiene sobre ella. 3) María es, en fin, «medíadora» entre Cristo y la I., uinter Christum et Ecclestamn (S. Bernardo, citado, como hemos ya dicho, por Plo IX, eiUbi primum» del 2 de febrero de 1849), en el sentido de que todo lo que va encaminado a la I. pasa, por libre dispensación divina, a través de María. Por todo lo cual vemos que no se puede, en modo alguno, identificar a Mar/a con la I. (como querfa A.

Muller) reduciendo la misma gracia de la maternidad divina al orden comtin de la gracia, de manera que entre la maternidad de María (en lo que se refiere a Cristo y a los cristianos) y la maternidad de la I. (en lo que se refiere a los cristianos) no habría ningnna diferencia especifica o esencial. María, según Milller, no sería más que ala perfección absoluta de la I., de la incorporación a Cristo y de la cooperación materna del hombre con Dios en la obra de la salvación». María estl ligada a Cristo con una relación del todo diferente (única, singularfsima) de aquella con la cual está ligada a la I. con todos sus otros miembros: la relación de verdadera y propia maternidad, por haberlo engendrado en sentido propio y verdadero. Y si se dice, a veces, que tambitii la I. es madre de Cristo (y por consiguiente ligada a El por una relación de maternidad), no se dice en un sentido propio, sino sólo metafdrico, figurado. Esta maternidad espiritual de la I. esti fundada precisamente en la maternidad física y propia de María. María, considerada bajo un aspecto, se asemeja más a Cristo que a la I.; mienlras que, bajo otro aspecto, se asemeja más a la I. que a Cristo.

María naturalmente forma parte de la I., pero está también por encima de la I. En efecto, si se considera a la I. como cuerpo místico de Cristo, del que Cristo es la cabeza, y por tanto si se considera como la que saca de Cristo su unióad, su vida, su ser sobrenatural, María, sin duda, forma parte de la

I. Si, en cambio, se la considera en cuánto que transmite a la I., místico cuerpo de Cristo, la vida de Cristo cabeza, entonces se halla enire Cristo y la I., o sea, pertenece a la T., pero es también distinta de el la. Suponiendo, pues, que María pertenece a la I., los mariólogos tuvieron cuidado de investigar el puesto de María en la misma, sin Uegar a tin a un acuerdo: para algunos María en el cuerpo místico de Cristo sería una especie de acabeza secundaría» (expresión contradictoria); para otros, en cambio, sería el «corazón» (G., mariología, III, II ed,, Roma 1948, pp. 349-367). En resumen: conviene evitar los dos extremos opuestos: el de ensalzar a María al nivel de Cristo (por exceso) o el de rebajarla al nivel de todas las demás criaturas (por defecto).

IV. Relacioncs entre María y la 1. en particular.

Estas relaciones pueden conside rate subdivididas en dos clases: ordinarias y extraordinarias: 1) Relaciones ordinarias. Podemos considerar tres cosas: 1) la jerarquía o sacerdocio (v, Orden sacro y María); 2) los sacramentos (v. Sacramentos y María); 3) la vida de la I. y cada uno de sus miembros (v. Medíacidtt, naturaleza de la cooperación de María Santísima en la aplicación de los frutos de la redención). María colahora en la consolidación y propagación de la I. (v. Misiones y María) y en la preservación de la misma de todo error (v. Fenton, C., De Maiia eiusque munere in fide catholica tuenda propagandaque iuxta scripta Sum morum Pontificum a Gregorio XVI ad Pium XII, en tMaría et Ecclesta», 2, 1959, pp. 297-327).

2. Relaciones extraordinarias. Se verifican de dos maneras: 1) con las apariciones de María (v. Apariciones); 2) con muchos milagros obrados por Ella en todo tiempo y en todo lugar (v. Milagros y María). BIBL.: Una bibliOErafia completa sobre el tema María y la t. nos la da Laurentin. R.. en «Et. Mar.». 9 (1951) pp. 145-152; 11 (1953) pp. 170-171. Tcnemos además: Lamirande. E., O. M. I.. Cooperatíon de Marie et de l‘Egl(se d la redemptíon. Introductíon ge nerate d'apris lea theologians contemporams, en a María et Ecclesta». IV. pp. 1-34; Guindon, H. M.. S. M. M.. Cooperatíon de Marie et de I'Eg Use dans I applicatíon del fruits de la redemptíon, ibid., pp. 421-443; Ttu?or£t. P. E.. Cooperatíon de Marie et de I'Eglise a la re demptíon. Consequences pour la pieti. ib(d., páginas 445-466; Canziani, L. M.. María SS. e la Chiesa. Ed. Ancora. MilAn 1959. 254 pp.

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