Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

ALEMANIA

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El culto a María se desarrolló en A. como en todas partes, juntamente con la predicación del Evangelio. Más aún: fue fruto del Evangelio. En consecuencia, lo vemos florecer primeramente en la A. del sur (Danubio) y en las regiones de la parte del Rin (Tréveris), lo cual se demuestra con documentos y monumentos (biblias, sarcófagos, vidrieras) que se remontan hasta los siglos IV, V y VI. María fue representada especialmente como «la Virgen». Entre las fiestas de María que se celebraban en los siete primeros siglos figuraban la de la Asunción y la del 18 de enero. Según la leyenda, ya en el s. I existieron en A. iglesias dedicadas a la Virgen. Según la historia, las primeras iglesias marianas se remontan a los siglos IV y V. En el s. IX veneraban a María como patrona las diócesis de Basilea, Maguncia, Espira y Estrasburgo, cuyas catedrales a Ella estaban dedicadas. La catedral de Augsburgo (Baviera), del siglo VIII, está dedicada a María. El Santuario Nacional de Baviera, el de Altötting (v.), se remonta al s. IX. En las abadías benedictinas muchas iglesias contribuyeron eficazmente a la difusión de la devoción mariana en A.

Hacia el 800 se celebraban en A. las fiestas de la Purificación (2 de febrero), de la Anunciación (25 de marzo), de la Asunción (15 de agosto) y de la Natividad (8 de septiembre). Muchos usos paganos fueron imitados y transformados, por ejemplo, la procesión en honor de la Virgen. La literatura alemana comienza a ocuparse de la Virgen en los ss. VIII y IX. Son dignos de notarse Alcuino, Rábano, Aimón de Halberstadt, Estrabón. En la iconografía nos hallamos frecuentemente con la Virgen, principalmente en los altares. Del s. X al XIII florece una verdadera literatura mariana compuesta por alguna vida de la Virgen, muchas leyendas, relatos de apariciones, etc. Ruperto de Deutz ensalza de un modo admirable a la Virgen en su comentario al Cantar de los Cantares. En la primera mitad del s. XII son conocidísimas las predicaciones marianas de Honorio de Autun (tal vez nacido en A.) y de Godofredo de Admont. Los benedictinos y las escuelas de las catedrales fueron verdaderos apóstoles de la devoción mariana. Florece de un modo particular la poesía. La célebre antífona «Salve Regina» nació en A., compuesta, según la opinión más común y más probable, por el monje benedictino Herman Contracto.

Los títulos que más frecuentemente se dan a María son los de Reina, Emperatriz, Emperatriz de las Reinas, de los Ángeles, Señora, etc. Un himno del s. XII canta así: «Oh Señora del universo, Emperatriz de los Santos, sé ayuda para tus hijos y en el cielo medianera.» El conocidísimo himno «Ave maris Stella» y la bendición «Nos cum prole pia» estaban muy extendidos por A. en el s. XII. La arquitectura alemana ofreció a la Virgen durante este período (ss. X-XIII) una larga serie de basílicas, que son las más hermosas de A. Surgieron asimismo muchos lugares de peregrinaciones a la Virgen. La misma iconografía es exuberante, especialmente en ilustrar la vida de María. Durante este período los monjes cistercienses y los canónigos regulares premonstratenses (S. Norberto fue alemán) fueron unos poderosos factores de la difusión del culto mariano, sea mediante sus iglesias (con mucha frecuencia santuarios marianos), sea a través de su apostolado. En los siglos XIII y XIV ejercieron gran influencia las nuevas órdenes religiosas, franciscanos, dominicos (S. Alberto Magno, el B. Giordano, etc.) y los siervos de María.

Llegó a ser muy floreciente la veneración al Santísimo Nombre de María; hubo rosarios de diversas formas. El «Ave María» tuvo entonces el período de su máximo desarrollo. El «Stabat Mater» fue traducido al alemán ya en el s. XIV. Los carmelitas propagaron muchísimo el escapulario del Carmen. Al lado de muchas cofradías A. vio fundarse la orden de caballería de los «Hermanos Hospitalarios de la Santísima Virgen», más conocidos con el título de «Caballeros Teutones». Las múltiples apariciones y visiones marianas, como las de Santa Isabel de Schönau, de Santa Gertrudis la Magna, de Santa Matilde, contribuyeron no poco a la popularidad del culto mariano en A. Y no hay que olvidar las diferentes reliquias de Nuestra Señora tan aptas para fomentar la devoción a María. Aparte las cuatro principales fiestas de María, a las que ya nos hemos referido, comienzan a celebrarse la Presentación en el Templo (en Tréveris en 1385), y la Visitación, que ya en 1244 fue impuesta como fiesta de precepto. Durante este período estuvo muy extendido en A. el oficio de Nuestra Señora. En la iconografía prevaleció el estilo gótico, resultando de ahí que con mucha frecuencia aparece la Virgen representada con el manto.

Dedícanse a María iglesias, ciudades, monasterios, calles y plazas. En la segunda mitad de la Edad Media florece en A. la devoción a la Dolorosa, de la que hallamos bellas secuencias y numerosas imágenes en algunos santuarios (Schönau, en Baviera) y cofradías. Por este tiempo se fijó en A. el número de los siete dolores principales. Se ve asimismo aparecer el nombre de María en las inscripciones de las campanas. Las leyendas marianas toman esplendor y cantan de modo patético el poder y la bondad de María. Las mismas predicaciones sobre la Virgen resultan cada vez más frecuentes y más bellas. El Rosario con su correspondiente cofradía adquiere un considerable desarrollo, no sólo en el aspecto de la devoción, sino también en el artístico. El culto mariano había alcanzado este admirable florecimiento cuando se desplomó sobre él el ciclón protestante del s. XVI, el cual, no obstante, y sea dicho en honor de la verdad, no logró destruirlo del todo. Después de la guerra de los Treinta Años, el culto mariano comenzó de nuevo a florecer en la A. del Sur.

Tras esta rápida ojeada general sobre el origen y desarrollo del culto mariano en A., no estará de más una mirada un poco más detallada por las diferentes regiones alemanas para poder darnos cuenta de las diversas manifestaciones particulares del culto tributado a María. Comencemos por Baviera, la región germana más devota de María. «Rem, regem, regimen, regionem, religionem—Praesta tu Bavaris, Virgo beata tuis!» («Concede a tus bávaros, oh bienaventurada Virgen, la hacienda, el rey, el régimen, la región y la religión»). Estos versos de Jacobo Balde se hallan esculpidos, con ciertas modificaciones en la forma, en la columna dedicada a María en Munich de Baviera. Van dirigidos al alma mariana de todo el pueblo de Baviera. María es la «patrona Bavariae». Los santuarios marianos de Baviera son innumerables. Haremos aquí referencia a los más importantes (v. Rohault de Fleury, La Vierge, t. II, pp. 472-82, París 1878). En Allersdorf (Passau) hay una capilla dedicada a la Madre de Dios que se remonta al reinado de S. Enrique Emperador († 1024), y se debe a Babón, conde de Abensberg.

En Andechs la imagen de la Virgen Santísima (venerada en el monasterio fundado por Otón, uno de los condes de Andechs en 1132) es célebre por los millares de milagros que ha obrado. En Augsburgo el culto de la Virgen se remonta al siglo IX, según se desprende de un documento del 895 (Cf. Pertz, Scriptores, XXI, 382). Venéranse en esta ciudad cuatro imágenes milagrosas. La más famosa es la de Ulrico, que en el 955 protegió a la ciudad contra los asaltos de los húngaros. En Bamberga, uno de los más antiguos recuerdos del culto mariano es el elogio del obispo Otón de Bamberga, apóstol de la ciudad y de la Pomerania. El poeta que escribía en el 910, se recomienda a María y recuerda todos los santuarios por él construidos en su honor, a título de implorar su auxilio en favor de ellos. El emperador S. Enrique construyó allí un templo dedicado a la Madre de Dios. En Hannover es célebre la catedral de Hildesheim, a 62 km. de Hannover. Cuenta una graciosa leyenda que el hijo de Carlomagno, Ludovico, se detuvo allí para orar durante una cacería y mandó colocar sobre un árbol la imagen de María que siempre llevaba consigo.

Acabada la oración, se fue juntamente con su capellán, el cual se olvidó de tomar la imagen, de la que se acordó cuando se disponía a celebrar. Se volvió entonces atrás para recuperarla. Pero tropezó con la extraña sorpresa de que no lograba desprenderla del árbol. Cuando el emperador se enteró del hecho mandó construir allí mismo una iglesia en honor de María. El obispo Eggchard de Hildesheim decía así en el año 1000: «Yo no me considero como obispo, sino como siervo de María, y me esforzaré por ser útil a este santo lugar con todos los medios que estén a mi alcance» (Cf. Rohault de Fleury, op. cit., t. II, p. 483). Sobre el lago de Constanza, en Reichenau, el abad obispo Heiton consagró en el 816 una basílica en honor de María, y en el 825 el monasterio de Reichenau fue también consagrado a María. Tampoco en Prusia faltan los elocuentes vestigios primitivos del culto mariano. Es célebre el santuario de Aquisgrán, cuyo origen se pierde en la oscuridad de los tiempos. Con toda probabilidad se remonta al tiempo de los carolingios.

En una inscripción de 1676 se lee lo siguiente: «Haec Mariae effigies, quae toto est orbe celebris—ultra bis quatuor saecula culta in Aquis.» Entre los numerosos peregrinos del santuario de Aquisgrán es digno de especial mención Herman Contracto, el autor de la Salve Regina, según sentencia comúnmente aceptada. Las imágenes milagrosas más veneradas en A. son cinco: la de Kevelaer; la de Altötting (v.); la «Bella María» de Baviera, de 1519; la Virgen del Buen Socorro de Passau, de 1516, y la «Bella María» o «la Madre tres veces admirable» de Ingolstadt (copia de la Virgen de Santa María la Mayor de Roma, ejecutada en 1569 por orden de S. Francisco de Borja). Los santuarios marianos en A., entre mayores y menores, son unos 300.

Bibliografía

Beissel, St., Geschichte der Verehrung Marias in Deutschland während des Mittelalters, Freiburg i. Br. 1909 Hillig, Fr., S. J., Blije Mariaverering, en «Standaard van Maria», 25 (1949) pp. 255-258
Straeter, P., S. J., La dévotion mariale dans les Pays de langue allemande, en Du Manoir, IV, pp. 523-543
Boer, L., Madones d’Allemagne. Images vénérées dans les principaux pèlerinages, ibid., pp. 537-593, con amplia bibliografía.

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