Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

BIBLIA

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I. Importancia de la Biblia para la Mariología. Pío XII, en el radiomensaje «Inter complures» al II Congreso Internacional Mariológico-Mariano de Roma (24 de octubre de 1954). después de haber puesto de relieve la necesidad que tiene todo mariólogo, al desarrollar su cometido, de «tener muy en cuenta las dos fuentes de la doctrina católica, es decir, las Sagradas Escrituras y la tradición», hablando de la Sagrada Escritura, dice: aLas Sa gradas Escrituras nos dicen muchas y esclarecidas cosas de la beatísima Virgen, tanto en los libros del Viejo como del Nuevo Testamento; más aun, en ellas expresamente aseveran los excelentísimos oficios y dones de aquélla, es decir, su maternidad virginal, su incorrupta santidad, y la imagen de la Virgen casí se dibuja y perfila con vivos colores» (Cf. Doctrina Pontificia, IV, Documentos marianos [BAC], Madrid 1954, p. 828). Según algunos protestantes, la B. sería «la tumba» de la «superstición mariana» (Cf. Alameda, S., La Virgen..., p. 42, v. bibl.) y, de un modo particular, de la llamada «Mariología» (v.).

Y, en efecto, para combatir la idea católica, protestantes y racionalistas apelan de continuo a la B., interpretada, naturalmente, según sus principios. De aquí la importancia de un estudio diligente y profundo de los lugares marianos de la B. Pero además de este escollo apologético, el estudio de los lugares bíblicos marianos se impone también por el hecho de que la B. es «el alma de la teologfa» (León XIII, Encfclica cProvidentissimus Deus», Cf. ASS 26 [1893-94] p. 282-83). De lo cual se sigue que el verdadero progreso de la Mariolo gfa está en relación con el verdadero pro greso del estudio de los lugares marianos de la Sagrada Escritura. II. Lugares marianos de la B.

1. Luga res marianos del A. T. Hablan de María de un modo directo y explícito, los lugares siguientes: 1) el llamado protoevangelio {Gen. 3, 15), en el que se predice su singular misión de Madre del Redentor y asociada al mismo en la lucha (las enemistades des) contra la serpiente infernal y en el pleno triunfo sobre ella; 2) la profecía de Isaías sobre la Virgen-Madre del Emma nuel (Is, 7, 14); la profecía de Miqueas en tomo a Aquella cue adarfa a luz en Belén» (Miq. 5, 2, 3). A estas tres sobredichas pro- BIBLIOGRAFlA MARIANA fecias algunos exegetas, fundaclos en buenos argumentos, anaden la profccia de Jeremias en torno a la «mujer que rodeard al varón* (Jer. 31, 22).

A estos lugares marianos directos y explícitos, hay que afiadir olios dos lugares indirectos e implicitos, a saber: 1) el capi'tulo 8 de los Proverbios y el cap. 24 del Eclesidstico, donde directa y explicitamente,.en sentido pleno, se habla de Crislo, Sabiduria encarnada, inconcebible sin Aquella en la que se encarnd y, por consiguiente, predestánada, juntamente con £1, antes que todas las demás puras criaturas; 2) la esposa del Cantar de los Can tares, en sentido parcial y singular (como el miembro más eminente de la Iglesia) en su fntima relación con Dios. A estos lugares interpretados en sentido literal, suelen anadirse otros interpretados en sentido tipico o es pi ritual, es decir, varias figuras y varios tipos de Maria, como Eva, Ester, Judit, etc.; el area de la alianza, el area de Nod, etc. Sin embargo, en ninguna de estas figuras —si se excepttfa Eva, autdntica figura de Maria (v.)— se puede ver con certeza la razón de tipo (v. Profectas marianos). 2, Lugares marianos del N. T. Son: I) la Anunciacion (Lc. 1, 26-29); la Visita tion y el clntico a Magnificat* (Lc. 1, 3980); 3) el desposorio con S. José (Mt.

I, 20-24; 4) el parto virginal en Belén (Lc. 2. 1-21); 5) la presentation de Cristo en el templo, la pitrificación de María Santísima y la profecta del santo anciano Simeón (Lc. 2, 22-38); 6) la adoración de los Magos (Mt. 2, 1-12); 7) la huida a Egipto (Mt. 2, 13-23); 8) el hallazgo del Nifio Je sus en el templo de Jerusalén (Lc. 2, 41-52); 9) la sumisión de Jesús a Maria y a José (Lc. 2, 51); 10) la impetración del primer milagro en las bodas de Cand (Jn. 2, 1-11); II) Nuestra Señora durante la vida publica de Cristo (Mt. 12, 46-50); 12) Maria proclamada ebienaventurada* por una mujer andnima del pueblo (Lc. 2, 27-28); 13) Ma ria en el Calvario, al pie de la Cruz (Jn. 19, 25-27); 14) Maria presente en el Cendculo en el dia de Pentecostds (Heck. 1, 14); 15) la gloria de la Virgen en el cielo (Ap. 12). Aun- que hay que tener en cuenta que algunos exegetas —pocos— se resisten todavía a ver en la Mujer del Apocalipsis a la Virgen Santísima (por ejemplo, Ceuppens, op. cit., pp. 202-209) (v. Anunciación, Visitación, Cand). BIBL.: Alameda. S.. O. S. B., La Virgen en la Dlbiia y en la Primitive Ig/esia, ed.

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