Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

VISITACIÓN

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Con este término se ha solido significar la visita hecha por María a su prima Santa Isabel, esposa de Zacarías y madre del Bautista. I. La V. en el evangelio. En la narración que hace S. Lucas (Lc. 1, 39-56) se pueden distinguir tres etapas: el viaje, el encuentro y la estancia.

1. El viaje. 1) «En aquellos mismos días...», es decir, en uno de los días que siguieron a la anunciación (v.). El viaje, por consiguiente, no fue en el mismo «día» de la anunciación, sino «en aquellos mismos días», o sea, algunos días después. No se sabe si lo emprendió sola o acompañada. 2) «María se puso en camino...», o sea, emprendió un viaje. Lo que la movió a dejar la serena y tranquila paz de la humilde casita de Nazaret para emprender aquel largo y fastidioso viaje fue, sin duda, un misterio de humildad y de caridad: congratularse con su prima por la singular gracia recibida de Dios y prestarle sus devotos servicios. 3) «Y fue con presteza...» Esta presteza que, a primera vista, parece contrastar con la fisonomía moral de la Virgen, era determinada por la caridad, la cual daba alas a sus pies. 4) «Fue... a la región montañosa.» Esta región se alzaba al sur de Jerusalén y alcanzaba su punto culminante hacia Hebrón. «En una ciudad de Judea»: esta ciudad —según la opinión de más crédito— es Ain-Karim o San Juan de la Montaña (Cf. Bagatti, B., Il Santuario della Visitazione ad Ain-Karim [Montana Judaeae], Jerusalén 1948; Olivan, A., Maria nella sua terra, Milán 1948, pp. 55-63).

2. El encuentro. 1) «Entró en la casa de Zacarías...»: el encuentro tuvo lugar, por tanto, en casa, en el lugar donde más tarde se levantó la iglesia de la V. 2) «...Y saludó a Isabel...» Nótese la humildad de María. Es Ella, la reina, la que saluda la primera; es la madre de Dios la que saluda la primera a la madre de un hombre. La fórmula que se usaba para el saludo era ésta: «Schalom lack» (= «¡La paz sea contigo!»). 3) «Y sucedió que...»: es una manera de decir que prepara la revelación de una cosa sublime para despertar la atención del lector. La voz de María fue el vehículo de todas las gracias que el Verbo Encarnado, viviente físicamente en María, y por María, derramaría sobre aquella familia, o sea, la plenitud del Espíritu Santo en Isabel (la cual conoció la divina maternidad de María) y la santificación del Bautista. 4) «...Y María dijo: “Magníficat...”» (v. Magníficat).

3. La estancia. 1) «Permaneció con ella cerca de tres meses»: probablemente hasta el nacimiento del Bautista. Aquellos tres meses fueron para Isabel y para su familia de incalculable fortuna. 2) «Y se volvió a su casa», es decir, a Nazaret, después de haber participado en el gozo de los parientes por el nacimiento del Precursor. II. La V. en la teología. No pocos teólogos han visto en la V. un caso típico de la causalidad física instrumental de María en la santificación del Bautista, dado que tuvo lugar mediante «la voz» de María (Cf. Roschini, G., De natura influxus B. M. Virginis in applicatione Redemptionis, en «Maria et Ecclesia», II, pp. 261-266; v. también «Mediación» de María). III. La V. en la liturgia. El episodio de la V. entró por primera vez en la liturgia en el s. vi, celebrándose entonces en el viernes de las témporas de adviento, como preparación a Navidad (Cf. Klauser, Th., Das römische Capitulare Evangeliorum, I, Münster en W. 1935). En la iglesia griega, a partir del emperador Marciano (450-57), se celebraba el 2 de julio una fiesta mariana (¿de la deposición, del velo, del escapulario de María?) no bien precisada (Cf. Löw, en «Enc. Catt.», XII, col. 1500). En Occidente, S.

Buenaventura, en el Capítulo General de Pisa de 1263, hacía introducir en toda la orden de los Menores la fiesta de la V. en fecha del 2 de julio. Juan Jenstein (1388-96), arzobispo de Praga, fijó dicha fiesta para el 28 de abril y compuso para ella un oficio versificado. Urbano II, en 1389, deliberó sobre la extensión de la fiesta de la V. a toda la Iglesia en el 2 de julio, e hizo también preparar por medio del cardenal Adán Easton un oficio rimado. Pero murió antes de que se publicasen los relativos documentos, por lo que su deseo lo realizó su sucesor Bonifacio IX el 9 de noviembre de 1389, con la bula «Superni benignitas conditoris» (Bull. Rom., ed. Turín, IV, pp. 602-604). En el concilio de Florencia, la fiesta de la V. era acogida por los patriarcados siro, maronita y copto. S. Pío V abolió en su reforma los diferentes oficios y misas en uso para esta fiesta en varios lugares, y adoptó, «mutatis mutandis», el oficio de la Natividad de María. Clemente VIII, en 1602, daba al oficio de la V. la forma que tiene actualmente.

Pío IX, en memoria del cese de la república romana, acaecido el 2 de julio de 1849, por un decreto del 3 de mayo de 1850, elevaba la fiesta de la V. a rito doble de II clase, rito que ha conservado hasta nuestros días. BIBL.: Nilles, N., Kalend. utriusque Ecclesiae Orient. et Occ., 2 vols., Innsbruck 1896, passim; Campana, E., Maria nel culto cattolico, I, Turín 1933, pp. 278-88.

IV. La V. en la iconografía. La más antigua representación de la V. se remonta al s. vi y se halla en una piececita de marfil del trono del obispo Maximiano de Ravena. No figura allí todavía el tradicional abrazo de María a Isabel. Esto se halla por primera vez (que sepamos) en una miniatura del s. xi conservada en la Biblioteca Nacional de París. En el candelero de la catedral de Gaeta, del s. xii, a la escena de la V. asiste un ángel. Posteriormente se añaden dos doncellas, una a las espaldas de María y otra a las de Isabel. Esta representación se encuentra por primera vez en los esmaltes del altar portátil de Elisberto, entre 1150 y 1160. En 1300 se representa solamente a la doncella que sigue a la Virgen, como, por ej., en la V. de Andrés de Pontedera, de Tadeo Gaddi, etc.

En la época del Renacimiento se comenzó a representar a Santa Isabel arrodillada delante de María (por ej., Della Robbia, Ghirlandaio, etc.). Hacia 1500, las dos tradicionales doncellas son sustituidas por un festivo cortejo (por ej., Ghirlandaio en la capilla mayor de Santa María Novella en Florencia). Pinturicchio (un fresco del departamento Borja, de 1497) representa a la Virgen acompañada de S. José. Algunas veces se representa también Zacarías. En el lienzo de Víctor Carpaccio (en el Museo de Venecia) la escena de la V. se desarrolla en una plaza. Baldung Grien, en el altar de Friburgo, a los pies de las dos madres representa dos perritos (símbolo de la fecundidad) jugando. BIBL.: Wehr, W., en «Enc. Catt.», XII, col. 1501-1502.

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