PRENSA
1. importancia. - Siendo un medio de comunicación de las ideas que penetra por todas partes en forma de libros de cualquier dimensión, de periódicos, revistas, folletos, carteles, etc., la p. constituye hoy día uno de los medios más eficaces de apostolado y de propaganda religiosa y por otra parte uno de los canales más propicios por los que se nutre la incredulidad y la inmoralidad. La p., especialmente la periodística, tiene la enorme potencia de formar y dirigir la opinión pública y posee una fuerza decisiva en casí todos los ramos de la vida social. De aquí su excepcional valor y su gran responsabilidad. 2. Libertad de p. - La libertad de palabra y por lo tanto de p. es uno de los derechos naturales y fundamentales de la persona humana, derecho que encuentra sin embargo sus límites en el objeto de la obra impresa y en las circunstancias de su publicación. Con respecto al objeto la libertad vale solamente para lo que es verdadero (o al menos discutible) y honesto; lo falso y lo inmoral no tienen ningún derecho de existencia y mucho menos de propaganda. Más aún, debe ser suprimido positivamente, porque a gran parte de los lectores les faltaría el juicio necesario para distinguir la verdad del sofisma y la fuerza moral necesaria para resistir a la tentación de las lecturas perversas ( Syllabus, n. 79; León X III, Enc. Libertas, 20 junio 1888).
Sólo para evitar daños mayores se puede tolerar la publicación de ideas falsas e inmorales. Y por esta razón en el caso práctico la Libertad de p. se toma a menudo como una tolerancia, un permiso de lo que de suyo puede ser malo, a la vista de un bien mayor. El bien mayor sería evitar el peligro de despotismo por parte de una autoridad humana como es el Estado. Con respecto a las circunstancias de la publicación la Libertad de p. es legítimamente limitada por justas Consideraciones de prudencia y de oportunidad. Por estas razones es lícita y a menudo recomendable una censura (v.) previa o prohibición posterior por parte de la autoridad, sea civil o eclesiástica. Así obra la Iglesia, mientras que el Estado, en régimen democrático, por la citada preocupación de evitar el peligro de despotismo (a menudo excesiva y artificiosamente alimentada), rehuye semejantes providencias, excepto en períodos de emergencia. Esto no se puede decir que sea totalmente y siempre oportuno y favorable para la tutela de las buenas costumbres.
4. N o t a s m o r a l e s. - La p. mala (libros y revistas) es uno de los principales medios de corrupción. El apostolado de la buena prensa debe constituir una de las principales actividades en el campo católico de nuestros días, combatiendo la p. mala y promoviendo la buena económica y cujturalmente. Los periódicos católicos deben ponerse al servicio de la verdad y de la Moralidad, posponiendo a este deber cualquier consideración de provechos económicos.
Autores y editores de libros y escritos peligrosos cometen un pecado de escándalo y participan además en todos los pecados que se cometen por causa de estos libros, al menos en cuanto son vagamente previstos. Escribir en periódicos y revistas que de ordinario ofenden a la religión y las buenas costumbres es una cooperación, justificable solamente por graves y proporcionadas razones; el CIC lo prohíbe expresamente si no es por una causa justa según el juicio del Obispo (can. 1386, § 2). V. también Biblioteca, C ooperación, Lecturas, Escandalo, T ip ó gra fo. Dam.
Bibliografía
Bibliografía
L. Guicohnct, II clero e la stampa, Udine, 1916
A. Vermeersch, La tolérance. París, 1912 A. P a g a no, Sul fondamento e sui limiti della libertà giuridica di manifestazione del pensiero, Tivoli, 1927 V. de C a b í a, La libertà di stampa, Roma, 1949.