Diccionario de Teología Moral

Ludovico Bender, O.P. (Ben.)

ENFERMO

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La moral se ocupa del e. bajo diversos aspectos:

1. Deberes del mismo e. - Las enfermedades con sus sufrimientos y dolores son consecuencia del pecado. La fe cristiana nos hace considerar los sufrimientos físicos como un medio preciosísimo para expiar nuestros pecados y los ajenos en virtud de la Comunión de los Santos. Los sufrimientos aceptados y soportados con sumisión a la santa voluntad de Dios nos hacen conformes con Nuestro Señor, Hijo de Dios, que voluntariamente se hizo hombre para sufrir y ofrecer de este modo a la divina justicia la satisfacción más justa por todos los pecados de los hombres. Un gran error bastante común en los que sufren es el de considerar los dolores propios como un signo del poco amor de Dios para con ellos. Si esta consideración fuese justa Dios habría amado a su propio Hijo y a la Stma. Virgen menos que a ningún otro hombre: consecuencia evidentemente falsa. Las enfermedades y sufrimientos son efecto de la benevolencia de Dios para con nosotros. Para el e. no sólo es lícito, sino aun obligatorio, procurarse la curación si es posible. El hecho de estar enfermo no prueba que Dios quiera que esté uno permanentemente en este estado.

Pero si el e. no logra librarse de su enfermedad y sufrimientos debe entonces aceptarlos y pedir al Señor fuerza para poder sufrir con resignación, con paciencia y hasta con alegría. Las fuentes de esta fuerza son: la fe, la oración, la meditación de la pasión de Jesús, el uso frecuente de los sacramentos y finalmente la viva persuasión de que con sus sufrimientos puede el hombre hacerse más útil para la sociedad y para la Iglesia, atrayendo la bendición y la gracia de Dios especialmente para la conversión de los pecadores. En muchos países existen pías uniones para los enfermos bajo el nombre de Apostolado de los Enfermos. El fin de estas uniones es inducir a los enfermos a ofrecer sus sufrimientos, soportados con paciencia cristiana, a Dios por el bien de la Iglesia y del mundo, e impedir así que tales valores queden sin fruto y se pierdan. Los medios para el ejercicio de este apostolado son las instrucciones y las exhortaciones, por medio de cartas o a través de una revista, los retiros, los triduos y las conferencias para los enfermos en la Iglesia o por radio. La Iglesia católica dedica una atención especial a los enfermos.

El misal contiene una misa votiva para los enfermos y el ritual una bendición especial que pueden pedir y obtener de cualquier sacerdote.

2. Deberes para con los enfermos. - Teniendo presentes las palabras del Divino Maestro: Estuve enfermo y me visitaste, los cristianos han considerado siempre el cuidado de los enfermos pobres como un deber especial de la religión y de la caridad cristiana. La Iglesia ha favorecido y aprobado siempre las cofradías de fieles cuyo fin es la construcción y mantenimiento de los hospitales y el cuidado de los enfermos. Son muchas las congregaciones religiosas masculinas y femeninas que tienen por fin el cuidado de los enfermos. Todos los cristianos, y de un modo especial los sacerdotes y los parientes de los enfermos, tienen deberes de caridad para con éstos, que son tanto más urgentes cuanto más dolorosa es la enfermedad o más duradera. (Los deberes de los médicos y enfermeros, v. en sus respectivas voces.) Una visita, una conversación agradable, una palabra de aliento y consuelo, una buena lectura, un pequeño regalo son delicadezas que los enfermos aprecian mucho y les consuelan y alivian. El que ha estado e. conoce bien el beneficio de estas obras de caridad.

Los parientes y demás personas de la casa a quienes toca el cuidado del e. deben cumplir este deber con caridad, delicadeza, buen humor, prontitud, aun cuando esto resulte difícil por la duración de la enfermedad o porque el e. no es siempre un ejemplo de paciencia. Conviene evitar escrupulosamente todo cuanto pudiera dar impresión al e. de que es una carga poco grata. Esto no es cosa fácil, por lo que no sólo el e., sino también quienes cuidan de él, necesitan la virtud y fuerza que dan la fe y el uso de los sacramentos. Los visitantes ofenden a veces al e. con medidas de prudencia inoportunas, manifestando miedo por el enfermo o repugnancia por su enfermedad, lo cual es una falta de caridad. El sacerdote y en primer lugar el párroco tienen un deber especial para con los enfermos. La enfermedad hace al hombre más propenso a pensar en el bien de su alma y es muy a menudo un medio de la divina Providencia para salvar las almas. El sacerdote debe aprovechar esta ocasión y por lo tanto no debe esperar al último momento, sino que conviene que se acerque al enfermo apenas comience a parecer serio el caso, ganando así su amistad para facilitar su benéfico ministerio.

Los parientes, por lo tanto, están obligados a hacer saber cuanto antes al sacerdote que hay un e. en su casa.

3. Enfermedad, causa excusante de la ley. - La enfermedad es una de las causas de excusa o de dispensa de las leyes eclesiásticas. La enfermedad, aun bajo la forma de simple debilidad, excusa de las leyes de la abstinencia y ayuno (v.). Una enfermedad, aunque no sea grave, puede excusar de la asistencia a la Sta. Misa en días de precepto. Anteriormente el e. que llevaba en cama un mes sin esperanza de curación pronta podía comulgar una o dos veces por semana aunque hubiera tomado bebidas o comida a modo de bebida. Esta disposición del canon 868, § 2, fue benignamente ampliada por el papa Pío X II en la constitución Christus Dominus y más todavía por el motu proprio Sacram Communionem de 19 marzo 1957, al permitir a los enfermos, aunque no guarden cama, tomar sin límite de tiempo cualquier bebida no alcohólica y cualquier medicina, líquida o sólida, aunque contenga alcohol, siempre que se trate de verdadera medicina, prescrita por el médico o reconocida comúnmente como remedio eficaz de la enfermedad. En cuanto a las facultades que competen al confesor en peligro de muerte, v. esta voz y Caso urgente. Ben.

Bibliografía

Bianchi Franca, Cura infirmorum, Vicenza, s. d.
D. Iorio, La Comunione agli infermi, Roma, 1931
R. Biot, Al servicio de la persona humana , Bilbao, 1953
S. García López, Gesù per chi soffre, Roma, 1942.

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