CULTO
completo
1. Noción. - Es clásica la siguiente definición del c.: una señal de sumisión a la reconocida superioridad ajena (nota submissionis ad agnitam excellentiam alterius J. Es el reconocimiento de la superioridad ajena basada en nuestra dependencia en relación con esa persona superior, y no simplemente el reconocimiento de las excelencias y cualidades ajenas (honor, alabanza). De donde el verdadero acto de c. es el que reconoce la superioridad ajena mediante la manifestación de la sumisión propia. De aquí se deduce claramente que el c. religioso es una realización de la virtud de la religión (v.) que inclina al hombre a reconocer su total dependencia de Dios fundada en su supremo dominio como primer principio y último fin.
2. Divisiones. - El c., según las diversas especies de superioridad que trata de honrar, se puede dividir en varias categorías, esencialmente diversas entre sí. El c. civil considera a los hombres que nos son superiores a causa de nuestra dependencia natural (padres, superiores, gobernantes, patria) y es un acto de la llamada virtud de la piedad (v.). El c. religioso considera a Dios, supremo Señor, y a las personas y cosas que tienen especial relación con Él. Si se limita a la sola relación natural creatura-Creador, es c. religioso natural. En cambio, si se dirige a Dios, autor del orden sobrenatural, es c. religioso sobrenatural, en el cual además del elemento de la servidumbre entra también el elemento de la filiación (Dios es Señor y Padre). El c. religioso se dirige a Dios y le tributa el honor que únicamente corresponde a su incomunicable superioridad de Creador, y es c. de adoración (v.) o latría (c. lautréutico), o se dirige a los Santos en razón de su santidad y del puesto que ocupan en el Cuerpo Místico de Cristo, y es c. de veneración o dulía. Un c. especial corresponde a la Sma.
Virgen, no sólo por causa de su eminente santidad, sino sobre todo por causa del puesto eminente que tiene en el orden de los seres, por ser la Madre de Dios. Este c. se designa con el nombre de hiperdulia. Muchos teólogos modernos, por razones análogas (eminente santidad y relación con la persona de N. S. Jesucristo), defienden un c. especial para San José y lo designan con el nombre de protodulía. El c. es absoluto si se dirige a la persona. Si se detiene en las cosas que tienen una relación especial con la persona venerada (imagen, cosa perteneciente a ella, despojos mortales) es c. relativo. Fuera de estas divisiones esenciales hay algunas otras que se refieren más bien al modo de realizar el c. Según las facultades que lo realizan se distingue el c. interno del c. externo. El interno se limita sólo a las facultades Internas, especialmente las espirituales (entendimiento y voluntad), el externo se realiza con actos de las facultades externas y del cuerpo. Puede ser público (hecho oficialmente en nombre de la comunidad religiosa) o privado (individual o de grupos que no representan la comunidad religiosa como tal: can. 1256).
El c. público puede, sin embargo» desaVrollarse privadamente (sin la asistencia de la comunidad religiosa o sin su participación directa). El sacerdote, p. ej., que celebra la Sta. Misa con sólo el acólito o reza el breviario él solo realiza un acto de c. público. El c. público en cuanto se refiere a la administración de los sacramentos y de los sacramentales organizada por la Iglesia en un conjunto de actos de c. es la liturgia (v.), pero hay también algunas maneras extralitúrgicas de realizar el c. público (p. ej.vbendición con el Santísimo).
3. Actos. - Los actos propios del c. interno son: la devoción (v.), con la cual la voluntad se pone al servicio de Dios, y la oración (v.), con la que sometemos nuestra inteligencia a Dios. Los actos de c. externo humillan nuestro cuerpo (adoración) o nuestras cosas (sacrificio, oblación, voto), ante Él. Finalmente, podemos honrar la superioridad divina testimoniando nuestra dependencia en el empleo respetuoso de las cosas que Dios ha puesto al servicio de nuestra santificación (Sacramentos y Liturgia), y del mismo nombre divino con el juram ento (v.), con el conjuro (v.) y con la alabanza que es la manifestación externa de la oración (véase Liturgia, Oración). 4. Necesidad. - La necesidad del c. nace lógicamente de la necesidad de la virtud de la religión (v.). Una dificultad especial determinada más bien por una mentalidad hlperespiritualista e hlperindividualista suelen poner algunos contra el c. externo y público. Se llega a aducir el texto del Evangelio de San Juan (4, 23), que sin embargo sólo habla de la índole espiritual de la nueva ley, como se comprueba abundantemente por la conducta de N.
S. y de la Iglesia primitiva que observaron siempre el c. público y externo, judaico o cristiano '(Eucaristía, Sacramentos). La necesidad de este c. por lo demás está tan profundamente ligada con la naturaleza humana, la cual aun en su ser sensitivo, corporal y social depende enteramente de Dios y no puede por otra parte vivir sin manifestar externamente sus sentimientos interiores, que aun entre los mismos protestantes el movimiento litúrgico que pretende precisamente un c. externo y público va ganando cada vez más terreno. Es evidente que el c. externo debe ser siempre una manifestación, sincera de una actitud religiosa e interna, pero por otra parte si se así mismo sirve maravillosamente para excitar una sincera piedad. P al.
Bibliografía
F. Suárez, D e v irtu te religionis, tr. I I. 2 Sto. Tomás, Sum. Theol., II-II, q. 81, 103
F. Cabrol, Culte chrétien, en DAFC, I, 832-851
A. Chollet, Culte en général, en DTC, III. 2404-2427
F. Tillmann, Die katholische Sittenlehre, Düsseldorf, 1935, p. 192-203 I.
B. Umberg, De religioso cultu relativo, en Periódica de re m orali, 30 (1941), 172-192
R. Guardini, El espíritu de la Liturgia , Barcelona, 1936 Odo Casel, El misterio del culto cristiano, San Sebastián, 1653.