CULTURA FÍSICA
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1. Naturaleza. - La cultura física o corporal es la actividad humana que tiene por objeto tener sano, robusto y fuerte el cuerpo, para perfeccionarlo bajo el aspecto físico. La c. del cuerpo y el cuidado normal del cuerpo son dos conceptos tan semejantes que muchas veces no es fácil determinar si ciertos actos pertenecen a la una o a la otra. El cuidado comprende todo lo que es necesario siempre y para todos, o en circunstancias especiales, para conservar la vida y la salud, para evitar enfermedades y curarlas, para corregir defectos, etc. El término cultura sirve más bien para indicar todo lo que sobrepasa este mínimo: el mejoramiento del cuerpo, ya sano y normal, bajo el aspecto físico. Son formas de la cultura corporal el deporte, la gimnasia y el baño.
2. Moralidad. - La moral con respecto a la cultura del cuerpo se rige por el principio de que el cuerpo es una parte esencial del hombre, pero sólo una parte y no precisamente la principal. La parte principal es el alma. En virtud de este principio la moral católica condena dos extremos: el uno es el punto de vista de los herejes como los maniqueos, que consideraban la c. corporal como obra del diablo y todo lo que se hace por el cuerpo como un daño del alma. El cuerpoes criatura de Dios y por lo tanto es de suyo bueno; el alma unida al cuerpo para form ar un solo ser (el hombre), depende en sus operaciones, aun las más espirituales, del estado del cuerpo. El otro extremo comprende una escala de excesos. Ante todo la moral condena el culto del cuerpo como efecto de una mentalidad que busca el perfecciona miento del cuerpo como el bien sumo a que todo debe subordinarse y sacrificarse.
Además condena la manera de organizar y practicar la c. del cuerpo sin tener en cuenta los Intereses naturales y sobrenaturales del alma, es decir, que no da a los hombres y especialmente a los jóvenes tiempo y oportunidad para cultivar el espíritu y especialmente la vida sobrenatural.
Es de lam entar la costumbre de organizar demostraciones o ejercicios deportivos que ocupan una gran parte del domingo, sobre todo de la mañana, de manera que los participantes o asistentes no pueden asistir, si no es con graves dificultades, o se les distrae de su obligación de asistir a la Sta. Misa. El deporte y otros actos de c. corporal, cuando se ejercitan con moderación y a modo de diversión, no están prohibidos en domingo. Pero conviene no olvidar que el domingo es y debe ser el dfa del Señor y que, por lo tanto, se ha de reservar mucho más a la c. del alma que a la del cuerpo. Es un gravísimo abuso social perm itir, promover o favorecer el que el domingo se convierta para el pueblo en el día del deporte, en el cual se reserva tan sólo medía hora al culto divino, y esto con prisas y puramente por evitar el pecado grave. Una justa c. corporal es un provecho también para el alma, porque exige del hombre energías y sacrificios. En efecto, muchos la descuidan no porque den preferencia a la c. del espíritu, sino porque no tienen coraje para vencer su pereza y afrontar los sacrificios que lleva consigo una verdadera y provechosa c. del cuerpo.
En general, y sobre todo para los jóvenes, es preferible la c. del cuerpo indirecta, que es aquella que no mira directamente al cuerpo, sino que busca otros fin es: la di«versión, un puesto honroso o un premio en las competiciones deportivas, etc. En algunas ramas del deporte, especialmente en gimnasia, exige la ley moral que no hagan juntos los mismos ejercicios individuos de diverso sexo; que las jóvenes no hagan ejercicios exhibicionistas y que los hagan siempre bajo la dirección de personas del mismo sexo. Aunque no se puede rechazar el uso de ropas convenientes al deporte que se practica, con todo es necesario también aquí observar las normas de la decencia y de la moral cristiana. Se han de evitar, por lo tanto, el desnudismo y exhibicionismo innecesarios a los fines del deporte y nocivos bajo «tros aspectos. Ben.
Bibliografía
Monchanin, Santé, sagesse, sainteté. Médecine et éducation, I, Lyon
R. Biot, Il corpo e l’anima, Brescia, 1948 A. de Castro Albarrán, Concepto pagano y concepto cristiano de nuestro cuerpo, Salamanca. 1942.