ADORACIÓN
Índice interno:
1. Noción ·
2. Objeto · 3. Necesidad ·
4. Pecados contrarios ·
1. Noción La a., en el sentido teológico de la palabra, equivale al culto de latría (v. Culto ) y significa el reconocimiento formal de Dios como Supremo Señor, y de nuestra dependencia absoluta de Él. Puede ser interna o externa: la a. externa se tiene cuando el reconocimiento de la supremacía de Dios se manifiesta en un gesto expresivo del cuerpo. Como la a. interna o mental es el alma de la externa, esta última no tiene sentido, sino en cuanto se deriva de la primera o sirve para incrementarla. Todo acto de culto externo hacia Dios (véase Culto ) constituye un acto de a., pero el sacrificio, esto es, la manifestación de los sentimientos de sumisión propia mediante la oblación a Dios de una cosa sensible en reconocimiento de su supremo dominio es la a. en el sentido más riguroso. En lo que respecta a los demás actos, la a. externa se puede hacer de diversas maneras: postrándose, arrodillándose, inclinando el cuerpo, etc. Conviene notar, sin embargo, que ninguno de estos gestos es por su naturaleza un acto de latría: se hace tal o por la intención de quien lo pone o por determinación de la Iglesia.
En el rito latino tienen esta significación la postración, genuflexión con una o dos rodillas, la inclinación del cuerpo y la inclinación profunda de la cabeza aunque no cuando se hacen ante personas vivientes. En cambio, la forma antigua de a., consistente en besar la mano volviéndola después hacia el objeto venerado ha caído totalmente en desuso, fuera del uso popular en algunas regiones donde es una simple muestra de veneración.
2. Objeto La a. se reserva únicamente a Dios. Por consiguiente, puede prestarse tan sólo a la Sma. Trinidad, a cada una de las Personas Divinas, a Cristo Nuestro Señor, incluso bajo las especies sacramentales (canon 1265, § 1). Se debe también a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor, por estar sustancialmente unida a su divinidad y a cada una de sus partes (Sdo. Corazón). A las reliquias de la Sta. Cruz y a todas las demás reliquias que nos recuerdan al Salvador, a sus imágenes, lo mismo que a las de la Sma. Trinidad y al Crucifijo se les debe una a. relativa (v. Culto ), en cuanto que ésta se dirige a la persona representada. 3. Necesidad La a. es la expresión de una de las más profundas relaciones de la criatura espiritual, la relación con su Creador que invade todo su ser. Por esto responde a las más íntimas necesidades de su naturaleza y es, después de los actos de las tres virtudes teologales, su máximo perfeccionamiento. De aquí se sigue su necesidad inderogable (de la cual hablamos más ampliamente en las palabras Culto y Religión ). El culto de a. encuentra su coronación en el culto social o público, cuya expresión más perfecta es la liturgia, que a su vez culmina en el sacrificio.
El único sacrificio verdadero es el de la Cruz, renovado en la Sta. Misa (v.). De aquí la necesidad de que todos los miembros de la Iglesia participen en el sacrificio de la Misa.
4. Pecados contrarios Fáltase a la a. o rehusando adorar a Dios (v. Irreligión ), o adorando personas u objetos distintos de Dios (v. Idolatría ). De cuanto va dicho se sigue con evidencia la extrema gravedad de estos pecados. Pal.
Bibliografía
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