Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

BIENAVENTURANZAS (Las)

Recursos

1. Las bienaventuranzas en general Las b. son obras recomendadas de una manera especial por el Señor en el Sermón de la Montaña. Estas obras se llaman bienaventuranzas porque Jesús llama bienaventurados a aquellos que las practican, y porque dan una como pregustación de la bienaventuranza celestial. San Lucas (6, 20 ss.) refiere solamente las b. que Jesús, al bajar del monte, propuso a las turbas: son cuatro, opuestas directamente a los bienes aparentes que muchos buscan. San Mateo (5, 1 ss.), por el contrario, hace mención de las b. que el Salvador propuso en la montaña a sus discípulos, mejor preparados que las turbas: son ocho, y entre ellas hay algunas que se refieren más directamente a la perfección.

2. Relación de las bienaventuranzas Las tres primeras b. tienen por objeto extirpar los principales motivos que nos arrastran al pecado e impiden nuestra unión con Dios. Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos : el deseo y la posesión de los bienes creados impiden fácilmente la perfección; el Señor inculca el desprendimiento interno de las cosas materiales e incluso de algunos bienes inmateriales, como son nuestras cualidades intelectuales, nuestros conocimientos, la estima y afecto que otros nos demuestran. Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra : el hombre, estimándose superior a los demás, es con facilidad duro con ellos; Cristo recomienda la mansedumbre: no una mansedumbre consecuencia de una timidez natural, sino que brote de una profunda humildad y de un sincero amor a Dios y al prójimo, y sea perfectamente conciliable con una gran fuerza de voluntad.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados : la sed de placeres, aunque éstos no sean ilícitos, nos arrastra a la tierra; el Señor proclama bienaventurados a aquellos que sufren física o moralmente, sin quejarse, y sin murmurar y rebelarse, como también a aquellos que espontáneamente se privan de lo que les daría placer, y que lloran los pecados propios y los pecados de los demás. Las dos siguientes b. se refieren más directamente a la parte positiva de la vida espiritual. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán hartos : aquí la palabra justicia significa todo lo que da gloria a Dios y Jesús alaba a aquellos que no sólo se conforman con la ley divina, sino que en medio de las tribulaciones y de la aridez espiritual sienten la necesidad ardiente de glorificar a Dios y de verle glorificado por los demás. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia : la perfección no se alcanza sin las obras de misericordia corporales y espirituales y el divino Salvador alaba a aquellos que practican estas obras.

A estas b. el Señor hace seguir otras dos que disponen de una manera especial a la contemplación de Dios y de las cosas divinas. Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios : la limpieza o pureza de corazón puede significar la inmunidad del pecado, la rectitud de intención, el desprendimiento de las cosas creadas; en sentido estricto se entiende como inmunidad de todo afecto sensual por las criaturas: esta inmunidad, junto con la castidad defendida por ella, dispone de un modo muy particular a las relaciones íntimas con Dios y es recomendada especialmente por Jesús. Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios : el Divino Salvador, con estas palabras, proclama bienaventurados a aquellos que no viven en una febril agitación y que conservan la tranquilidad de espíritu incluso en medio de los sufrimientos y dificultades y a aquellos que perdonan de corazón y prontamente las ofensas recibidas.

Jesús termina con una bienaventuranza que en cierto modo rubrica las precedentes: Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos : el cumplimiento del deber y la fidelidad al Señor puede atraernos el odio de los malos; Cristo tiene una palabra de particular alabanza a aquellos que han de sufrir por haber obrado bien.

3. Práctica La práctica de las b., en toda su integridad, es necesaria para alcanzar la perfección. Esta práctica requiere especiales luces e inspiraciones del Espíritu Santo: las b. evangélicas están unidas con los dones del Espíritu Santo, como ya lo probó San Agustín. Man.

Bibliografía

A. Gardeil, Béatitudes évangéliques , en DTC , II, 515-517
D. Buzy, Béatitudes , en DS , I, 1298-1310
A. Meynard, La vida espiritual , Barcelona, 1908, n. 198-199
A. Arbighini, La trilogia morale: le beatitudini illustrate dai Santi , Torino, 1938
R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior , Buenos Aires, 1944, p. 187, 237, 787
F. Soiron, Die Bergpredigt Jesu , Freiburg, 1941
E. Sella, Las bienaventuranzas de Jesús , Barcelona, 1955 J.
G. Arintero, Los frutos del Espíritu Santo y las bienaventuranzas , en Vida Sobrenatural , 30 (1935), 254-339
G. Chevrot, Las Bienaventuranzas , Madrid, 1956
P. Asensio, Las Bienaventuranzas , Bilbao, 1959.

Voces relacionadas

Internas

Externas