MISERICORDIA (Obras de)
1. Naturaleza. - La m. es afín a la compasión, de la cual se distingue sin embargo porque en esta última se acentúa el concepto del sentimiento, mientras que en la m. a este sentimiento va unida la voluntad de socorrer, que es el elemento esencial de la m. Son obras de m. aquellas con que se realiza la voluntad de socorrer a las necesidades del prójimo. Nuestra misma naturaleza nos inclina al ejercicio de la m.: la ley de la m., sin embargo, se había oscurecido de tal modo antes de la venida del Salvador que algunos filósofos paganos consideraban el hecho de ser misericordiosos como un vicio. Fue Cristo quien volvió a su honor el ejercicio de la m.
2. Distinción. - Como las necesidades del prójimo pueden ser corporales y espirituales, divídense las obras de misericordia en corporales y espirituales. Basándose en datos de la Sda. Escritura la tradición cristiana catalogó estas prácticas en la doble serie de las siete obras de m. corporales y espirituales. En el Evangelio de San Mateo (25, 35 ss.) se señalan los modos de ayudar al prójimo en sus necesidades materiales. Los cuatro primeros se refieren a las necesidades corporales de primera necesidad: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, hospedar al peregrino (o sea, procurar alojamiento a los que no tienen casa);
los dos siguientes se refieren a otras indigencias: visitar a los enfermos (esto es, consolarles y darles la ayuda que necesitan), y visitar (consolar y ayudar) o rescatar a los encarcelados. La última obra de m. corporal ha sido tomada del libro de Tobías (6, 12): enterrar a los muertos. Entre las siete obras de m. espiritual (Luc., 17, 3; Rom., 12, 12 ss.; Gál., 6, 1 ss.; Col., 4, 2; I Tes., 5, 14 ss.; II Tes., 3, 15; Sant., 5, 19 ss.) dos se refieren a las necesidades del entendimiento: enseñar al que no sabe, dar consejo al que lo necesita; otras tienen por objeto necesidades que se refieren más directamente a la parte afectiva del alma: consolar al afligido, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir con paciencia las molestias del prójimo. La serie se cierra con una obra de m. con la cual podemos y debemos acudir en auxilio de todos: rogar a Dios por los vivos y los muertos. 3. Efectos. - El Señor declara bienaventurados a los misericordiosos, porque encontrarán m. ante Dios (Mat., 5, 7) y antepone la m. al sacrificio ofrecido a Dios (Mat., 12, 7); de los crueles de corazón dice en cambio que juegan con la clemencia divina (Marc., 4, 24). Man.
Bibliografía
Bibliografía
A. Sertillanges, La philosophie morale de St. Thomas d’Aquin, París, 1922, p. 359-373
E. Janvier, Esposizione della morale cattolica, I, Torino, 1936, p. 109-126, 131-148 XIV, Torino, 1939, p. 179-189.