SACRAMENTOS (Institución)
Instituir un Sacramento (v. esta palabra) significa asociar a un rito sensible la virtud de producir la gracia que significa.
Cristo, que tenía, como Dios, poder absoluto e independiente (potestas auctoritatis) de difundir en pobres elementos materiales la fuerza de causar la gracia, obtuvo del Padre, como Hombre, en vista de los méritos adquiridos en su Pasión, un dominio tan grande sobre la gracia, que fue constituido dispensador de todos los bienes sobrenaturales. Revestido con tal poder (potestas excellentiae), el Redentor era libre de transmitir la gracia inmediatamente o por medio de ritos sensibles. La Revelación atestigua que, aun conservando el poder de influir en las almas de modos extraordinarios y en consonancia con su infinita sabiduría (non enim alligavit gratiam suam Sacramentis), escogió el segundo camino. En efecto, la Escritura y la Tradición describen la intervención directa de Jesucristo al ordenar en su Iglesia el uso de los diversos ritos, que comunican la gracia: Bautismo (Jo. 3, 5; Mt. 28, 19); Confirmación (Hechos 8, 14; 19, 6); Eucaristía (Jo. 6, 1-72; Mt. 26, 26-29; Mc. 14, 22-25; Lc. 22, 15-20; I Cor. 11, 23-25); Penitencia (Jo. 20, 21-23); Extremaunción (Jac. 5, 13-15); Orden (Lc. 22, 19; 1 Cor. 11, 26); Matrimonio (Mt. 19, 4-9; Efes. 5, 20-32).
Estos testimonios críticamente comprobados y consolidados por las afirmaciones de los más antiguos escritores eclesiásticos, no sólo muestran que es injustificado el repudio que los innovadores del s. XVI hicieron de cinco Sacramentos, sino que ponen también al desnudo el prejuicio de aquellos protestantes liberales que suscriben las siguientes afirmaciones de Harnack: «No existe para nosotros espectáculo más triste que estas transformaciones de la religión cristiana y que lo que era en su origen la adoración de Dios en espíritu y verdad se haya venido a convertir en el culto de los signos. Para destruir esta forma de religión se hizo crucificar Jesucristo, y he aquí que resucita bajo la capa de su nombre y de su autoridad» (Esencia del cristianismo).
El Evangelio, en cambio, nos dice que Cristo, ajeno al pensamiento iconoclasta de destruir los ritos y los signos religiosos, se ha sometido voluntariamente a la muerte, para transformarlos de infirma et egena elementa en principios fecundos de resurrección y de vida. Basada en documentos del N. T. y de los Padres, la Iglesia, aun dejando libre la discusión sobre el modo, ha definido solemnemente, en el Conc. de Trento, el hecho según el cual Jesucristo instituyó todos los Sacramentos hoy en uso (DB, 844).
Bibliografía
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R. Belarmino, , Venetiis, 1590;
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G. Van den Eynde, , Roma-Lovaina, 1930 (importante). * S. Th. S., t. IV, Madrid, 1951.