GRACIA (sacramental)
Es un don sobrenatural, que cada uno de los Sacramentos añade a la gracia santificante. (V. esta palabra.)
Discuten los teólogos sobre la naturaleza íntima de este additamentum que dan los Sacramentos a la gracia común. Algunos antiguos opinan que es un hábito sobrenatural realmente distinto de la gracia santificante (Paludano, Capréolo); otros muchos sostienen en cambio que es simple derecho a ayudas especiales de la gracia actual que se obtienen en el momento oportuno (Cayetano, Suárez, Soto, Lugo); finalmente la mayoría con Juan de Sto. Tomás y los Salmanticenses defienden que es una modificación accidental y robustecimiento de la gracia santificante.
Sin meternos en una crítica demasiado detallada podemos observar que las tres opiniones referidas, si bien no son intrínsecamente falsas, parecen sin embargo pecar de unilateralidad, porque si cada una de ellas ilustra un aspecto real del problema, ninguna lo abarca en su conjunto.
Aceptando por lo tanto el fondo bueno de las diversas sentencias y completándolo con otros puntos de vista, que entran en el cuadro que esbozó brevemente Sto. Tomás (Sum. Theol., III, q. 62, a. 2), juzgamos que la gracia sacramental es una orientación nueva de todo el organismo sobrenatural hacia el fin a que tiende cada uno de los Sacramentos.
El organismo sobrenatural está constituido por la gracia santificante (para el alma), por las virtudes y dones del Espíritu Santo (que afectan a las potencias del alma) y por los impulsos de la gracia actual (que corresponden a mociones naturales); la gracia sacramental alcanza a todas estas partes del organismo y las adapta al fin particular de cada Sacramento, por lo que modifica y robustece la gracia santificante, aumenta y perfecciona las virtudes y los dones que están en armonía con el fin particular del Sacramento, como la Fe en el Bautismo y la Caridad en la Eucaristía, y ahonda finalmente las raíces de un derecho constante a recibir en el momento oportuno todas aquellas ayudas de la gracia actual que excitan, acompañan y conducen a buen fin los actos sobrenaturales, con cuya repetición alcanza el fiel el fin próximo del Sacramento y el fin último de su salvación.
De esta suerte la gracia sacramental del Bautismo da al fiel la orientación de hijo de Dios, la de la Confirmación dispone al adolescente a combatir en defensa de la fe; en cambio, la gracia de la Penitencia y de la Extremaunción imprimen en el alma una actitud de humilde arrepentimiento; el Orden y el Matrimonio perfeccionan el alma de los ministros de Dios y de los esposos, dirigiéndola y dándole fortaleza para llevar a cabo felizmente su difícil misión respectiva: regir, santificar e instruir a los fieles y engendrar y educar dentro de una mutua concordia los nuevos hijos de la Iglesia de Dios.
La Eucaristía perfecciona todas estas orientaciones, las unifica dirigiéndolas, bajo el impulso de la caridad, hacia la meta última de todo el orden sobrenatural: la unión con Dios en Cristo veladamente en la tierra y cara a cara, más tarde, en la visión beatífica (v. Comunión).
Bibliografía
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Salmanticenses, , tr. 22;
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