VISIÓN (beatífica)
Es el fin sobrenatural al cual ha querido Dios destinar gratuitamente al hombre, elevándole con la gracia a una actividad proporcionada a aquel fin. La visión beatífica consiste en la contemplación inmediata, intuitiva, de la divina esencia, de la cual se hace capaz el entendimiento humano por la «luz de la gloria» y que es una virtud sobrenatural infundida por Dios en los bienaventurados en proporción al grado de gracia santificante que ellos poseen en el momento de su muerte.
Esta visión, término supremo de toda la economía sobrenatural, se halla enunciada claramente en la Sda. Escritura: «Ahora vemos (a Dios) como en un espejo y entonces lo veremos cara a cara. Ahora le conozco en parte, entonces le conoceré como Él me conoce a mí» (I Cor. 13, 12). De esta última frase se deduce que la visión beatífica es una participación de la ciencia de Dios. S. Juan (I Ep. 3, 2) dice también: «Le veremos (a Dios) como es».
Aunque en el orden natural es imposible, esta visión no repugna en el orden sobrenatural, porque el objeto adecuado de nuestro conocimiento es el ser, y Dios, como ser, aunque sea trascendente, no es extraño a este objeto; por lo que el entendimiento humano puede ser elevado por virtud divina hasta alcanzar la esencia de Dios. Sin embargo, por su natural limitación no podrá agotar toda la inteligibilidad de su esencia. Los teólogos dicen que los bienaventurados ven a Dios «totum sed non totaliter» y, además, que lo ven en diversos grados de intensidad, según la luz de la gloria proporcionada a la gracia. Sin embargo, todos son igualmente felices, porque cada uno ve cuanto puede.
El objeto primario de la visión intuitiva es Dios en su unidad y trinidad y en sus atributos; el objeto secundario son las cosas creadas que se ven en la esencia divina en cuanto son efecto e imitación suya. Los Palamitas (de Greg. Palamas, † 1359, Arzob. cismático de Tesalónica) distinguían en Dios la esencia y la potencia, sosteniendo que los bienaventurados verían sólo una potencia divina, que es el esplendor increado que bañó a Cristo en el Tabor, de donde se les llama también Taboritas.
La doctrina de la Iglesia sobre la visión beatífica ha sido definida en la Constitución Benedictus Deus de Benedicto XII (DB, 530) y en los Conc. Vienense y Florentino (DB, 475, 693). Cfr. Bienaventuranza. Luz de la gloria.
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 12;
J. B. Terrien, , Madrid, 1943;
A. Sartori, , Turín, 1927;
A. Piolanti, , Roma, 1950, p. 79 ss.;
«Intuitive (vision)», en DTC. S. M. Ramírez, , Madrid, 1942;
J. M. Alonso, «Estudios de Teología positiva en torno a la visión beata», 16 (1950), 35-36 y 19 (1951), 29-71.