EXPERIENCIA RELIGIOSA
Puede definirse en general como el conjunto de las impresiones psicológicas relativas al nacimiento o desarrollo de la religión en la conciencia y en la vida del hombre. Entendida de esta manera, la experiencia religiosa no es más que la religión íntimamente vivida y sentida en las diversas fases de su desarrollo en todo sujeto religioso, y no tiene nada de heterodoxo.
Toda conciencia cristiana vive día a día el drama de su fe y de sus relaciones con Dios, en quien cree y a quien ama, y por medio del ejercicio ascético puede llegar, con ayuda de la gracia y de los carismas celestiales, a la esfera de la vida mística, en que la experiencia religiosa se manifiesta intensamente en los fenómenos que acompañan la unión y el contacto con Dios (v. Éxtasis).
Pero el término experiencia religiosa ha tomado en los últimos tiempos un significado específico en ciertas corrientes de filosofía religiosa, como el Pragmatismo y el Modernismo, en abierta contradicción con la doctrina católica. El americano W. James es el autor y divulgador principal de toda una complicada teoría en torno a la experiencia religiosa (cfr. su obra Varieties of religious experience, 1902). Estudia el hecho religioso principalmente como un fenómeno psicológico individual, en que el sentimiento, brotando de la subconsciencia, tiene el predominio sobre las funciones de la inteligencia.
Esta experiencia psicológica tiene por objeto no propiamente un Dios distinto personalmente del hombre, sino lo divino, sentido vagamente, como algo que trasciende al hombre, pero que es inmanente en él, hacia lo cual el alma se mueve con sentimientos de amor o de temor, de gozo o de tristeza. Toda religión se reduce esencialmente, según James, a esta experiencia, por lo cual no existe una religión más verdadera que otra, puesto que todas son expresión de aquella experiencia.
Esta teoría tiene sus raíces en el Luteranismo, que rebajaba la razón y la fe como acto intelectivo para afirmala fe fiducial y el sentimiento; esta tendencia fue justificada más tarde por el Kantismo, que rebajó el valor de la razón (Agnosticismo) y recurrió a la voluntad y a la fe para la certeza religiosa. A la teoría de James ha contribuido también la teoría sentimental de Schleiermacher († 1889), discípulo de Kant, que fue seguido por Ritschl († 1889), el cual, aun admitiendo el hecho histórico de la religión cristiana basada documentalmente sobre la Sda. Escritura, somete sin embargo al control (juicio del valor) del sentimiento o experiencia religiosa todas las verdades cristianas, incluida la divinidad de Jesucristo. Divulgó estas ideas A. Sabatier († 1901); Le Roy la adornó con la fascinante filosofía de Bergson. El modernismo ha adoptado esta corriente psicológico-inmanentista sin reserva ninguna, poniendo en peligro los fundamentos de la doctrina católica.
En realidad, la experiencia religiosa, elevada por sistema a criterio de conocimiento y de vida ético-religiosa, abre el camino a todas las aberraciones de que es capaz el sentimiento ciego, individual, subconsciente, no disciplinado por la luz y la fuerza de la razón, y reduce la religión a un capricho psicológico, negando junto con la dignidad del entendimiento la personalidad de Dios, el hecho histórico de la Revelación y todos los hechos externos religiosos que se imponen a la conciencia y no se derivan de ella.
La Iglesia ha condenado esta tendencia rechazando el Luteranismo (Conc. de Trento), el Molinosismo y el Modernismo (Encíclica Pascendi). (V. todas estas palabras.)
Bibliografía
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