TEMPLO de Jerusalén
Único lugar destinado al culto oficial de Yavé, desde los tiempos de Salomón, conforme a la ley bíblica de la centralización del culto. La construcción (I Re. 6-8; II Crón. 3-4; Jer. 5 2; Ez. 40-42). Habíalo proyectado ya David, pero fue Salomón quien lo realizó, al cabo de siete años de trabajo, juntamente con el palacio real, mediante la colaboración de Hiram de Tiro, que aportó 575Amaterial y operarios especializados. El lugar elegido fue la prolongación septentrional del m ontículo Ofel, donde estaba emplazada la antigua Jerusalén, y que ya había sido consagrada por tradiciones sagradas, ya que en él estaba la era de Orna, el jebuseo, donde se había realizado una teofanía y donde David había erigido un altar (II Sam. 24, 16-25; II Par. 3,1).
Comenzando por la entrada colocada en el este, el templo (de 33 m. de longitud por II de latitud y 16’60 de altu ra) presentaba los tres recintos siguientes: el «vestíbulo» (hebr. ’ü lám: 5’50 m. por 11 por 16’50); el «aula» (hebr. k e k a l; cf. súm ero E -G A L «casa grande», y el acadio Skallu «palacio»), llamado también «santo» (22 m. por 11 por 16*50); finalmente la «celia» (hebr. debir), llamada también «santísimo» (hebr. qodes qodasim, superlativo; servilmente = santo de los santos), de forma perfectamente cúbica (11 m. de lado). A los lados noroeste y sur de este edificio había adjunta otra construcción en tres plantas, cada una de las cuales m edía 2 ’75 m. de altura y contenía 30 cámaras, pero su anchura iba en aumento de abajo arrib a, de suerte que la pared de la «casa», que sostenía por el interior las tres plantas, ascendía con entrantes formand o tres gradas. En la parte superior del tercer plano, en el m u ro de la «casa», se abrían algunas ventanas para iluminar el vestíbulo y el «santo». Solamente el «santísimo» estaba desprovisto de ventanas y quedaba totalmente oscuro.
Los tres recintos del interior, que se iban elevando gradualmente, probablemente por medio de un as gradas colocadas en la entrada del segundo recinto y del tercero, estaban separados por d o s paredes de madera de cedro, provistas de una puerta cuadrang la r entre el vestíbulo y el «santo», y de puerta pentagonal entre el «santo» y el «santísimo», y estaban revestidos de madera de cedro, menos el pavimento, que era de madera de ciprés. En sus paredes iban tallados querubines, flores y palm eras, y decoraciones en o r o.. En el «santo» el altar de oro para los perfumes, la m esa de cedro cubierta de oro para los panes de la presentación o proposición y 10 candelabros de o ro. En el «santísimo» estaba solamente el arca, que había sido allí trasladada desde el tabernáculo (v.) que le precedio, y a los dos lados del arca dos querubines (y.), esculpidos en madera de olivo silvestre cubierto de oro, de 5’50 m. de alto, con dos alas extendidas, de 2’75 m. de longitud cada una. En el «santísimo», misteriosa- TEMPLO de 575BJerusalén mente oscuro y particularmente sagrado, solamente entraba el sumo sacerdote en el día de la expiación.
A am bos lados del vestíbulo se erguían dos colum nas de bronce, libres de peso, huecas en todo su interior, de 9'90 m. de altura, con la circunferencla de 6’60 m, el diám etro de unos 2 m etros, y el espesor del bronce de 10 c m.; estaban coronadas con un capitel de bronce de 2’75 m. de alto, en forma de taza, con decoción de flor de loto y de granadas; se les dio los nombres simbólicos de Jaquín (Jakin «es estable» y Boaz (Be’oz «en fuerza»).
El espacio descubierto que mediaba entre la «casa» y la cerca m ural colocada en derredor por tres lados, constituía el atrio (hebr. hásér) interior del T em plo, distinto del exterior, más bajo y más am plio, que incluso com prendía dentro de sí el palacio real y el altar de los holocaustos (Ez. 43, 13-17), el mar de bronce, que era un enorm e pilón hemisférico con capacidad para 787 H l, apoyado sobre 12 bueyes de bronce, agrupados de tres en tres, que contenía el agua para las abluciones, transportada mediante 10 grandes conchas m ontadas en unos carritos con ruedas. • Como los templos súm eroacadlos en cuya idea se inspira (L. H. Vincent, De ¡a Tour de Babel au Temple, en RB. 1946 403-40), e l Tem - plo de Salomón es la morada exclusiva e inviolable de Dios en medio de su pueblo, y su construcción está regulada por una especial revelación divina (cf. Cilindro A. de J u de a: en RB, 55 1948 403-37).
Pero arquitectónicamente es una derivación fenicia, ya que ofrece grandísima afinidad con el templo fenicio de Tell Tainat, descubierto en 1936. A parte el genérico sim bolism o cósm ico, en lo que es una reproducción en pequeño del templo celestial (cf. Sab. 9.8; Ex. 25, 9.40; Heb. 8,.1-5; 9, 23.24; 12; 22), y, a su vez, m odelo, con sus tres partes, de las tres partes de que se com pone el cosm os: («santísimo»), tierra («santo») y mundo subterráneo («mar de b ro n ce»; acadio apsü) (Fl. Josefo, A nt. III, 6, 4; 7, 7; Filón, De vita Mosis, III, 4 ss.) para significar la dom inación cósm ica de Yavé, se atribuyen significados simbólicos particulares a varlos elementos, pero cuyo valor es muy discutible y en todo caso indem ostrable. Templo de Zorobabel (I Esd. 3-6; Ag. 2, 2. 10).
La reconstrucción del Templo de Jerusalén, com pletamente destruido en el 586 a. de J. C. por N abucodonosor, fue una de las más vivas preocupaciones de los hebreos repatriados de la cautividad. El nuevo Templo, llevado a término en el 516 a. de J. C „ tras 576Aoposiciones y serias dificultades, y al que la subsiguiente tradición judía llamó el «segundo Templo», reproducía las líneas principales y la disposición del templo de Salomón fEsd. 6, 3 ss.), pero era evidentemente inferior a éste en plan de suntuosidad y riqueza de materiales, como consecuencia de la escasez de m edios.
Al faltar el arca de la alianza, que había sido destruida en 586 (en II Mac. 2, 1 ss. se relata la leyenda popular sobre el ocuitam iento del arca en el monte Nebo por orden del profeta Jeremías) el «santísimo» quedó vacío (cf. Misnah. Yoma V, 2; Fl. Josefo, Bell. V, 5, 5), y vacío lo halló Pompeyo Magno cuando entró allí como conquistador en el año 63 a. de J. C. (Tácito, Hist. V, 9).
En el «santo» estaban el altar de los panes de la presentación y un candelabro de oro con siete brazos en vez de los diez candelabros precedentes (I Mac. 1, 21; 4, 49, 5 1; Fl. Josefo, Contra Apionem. 1, 22). Fué despojado y profanado por A ntíoco, y luego restaurado por los m acabeos. Templo de Herodes el Grande (Fl. Josefo, A nt. XV, 2; Bell V, 5). El mezquino Templo segundo fue renovado por Herodes, quien con ello quiso granjearse la sim patía de los judíos de paso que hacía ostentación del gusto helénico por las construcciones ediles.
Después de haber eludido la desconfianza de los fariseos y acum ulado una enorme cantidad de materiales, fue llevada a feliz término, en nueve años y medio, la construcción iniciada en el 19 a. de J. C, si bien los trabajos de detalle se pro - longaron hasta el 62 desp. de J. C. (cf. Jn. 2, 20). En la tradición judía el templo de Herodes fue siempre considerado como «el segundo Templo», ya que figuraba como embellecim iento del reconstruido en el 516 a. de J. C. y nunca se había interrum pido el servicio litúrgico. Conservóse el organismo de Salomón; pero las construcciones de los alrededores recibieron mayor elevación y notables m odificaciones. La explanada que rodeaba a la «casa» se dobló en lo ancho por medio de construcciones inferiores practicadas en las faldas del m ontículo, y en esta explanada se edificaron o i;o s tres atrlos ascendentes desde la periferla hacia el Templo.
El atrio más exterior, accesible a todos y por eso llamado «de los gentiles», se extendía hasta una bajada de piedra que señalaba el límite hasta donde se perm itía el acceso a los paganos, y llevaba letreros en griego y en latín amenazando y conm inando con pena de muerte al pagano que osara traspasarlos. Uno de esos letreros se halló en 1871. Los dos lados exteriores, oriental y occidental, estaban constituidos por dos suntuosos 576Bpó rticos. El oriental, que daba al valle del Cedrón, y que era llamado impropiamente «pórtico de Salomón», fue frecuentado por Jesucristo y los apostóles (Jn. 10, 2 3; Act. 3, 11; 5, 12). El meridional, que iba del valle del Cedrón al del Tiropeón, y se llamaba «pórtico real», ostentaba una suntuosidad regla en sus 162 colum nas, en cuádruple fila, coronadas con elegantes capiteles corintios. Más avanzado y elevado aparecía el «atrio interior», cercado de fuertes paredones y sólo accesible a los jud ío s: tenía las dos divisiones de «atrio de las mujeres» y «atrio de los israelitas». Más avanzado aún estaba el «atrio de los sacerdotes», donde se hallaba el altar de los holocaustos,y por último, el Templo con sus tres tradicionales recintos.
En el ángulo noroeste, en el lugar donde antes se hallaba el Arca (biráh, βάρις) se construyó la inexpugnable fortaleza Antonla (Act. 21, 32-40), en cuyo patio, llamado en griego Lithostrotos, a causa del em pedrado, y en arameo G abbatha (Jn. 19, 13) por razón de su nivel más elevado, fue donde se erigió el tribunal móvil (βῆμα) para el proceso civil de Jesucristo ante Pilato (Mat. 27, 2 ss.). Muy poco tiempo después de acabarse la construcción, el 10 del mes de Loos (6 ó 29-30 de agosto) del año 70 desp. de J. C. fue incendiado el Templo de Herodes, que ya no volvió a ser reconstruido, pues la probable tentativa de reconstrucción que se dio durante la insurrección de Simón Bar Kozeba, en los años 132-135, se vio interrumpida por intervención de los romanos.
Bibliografía
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