PROTOEVANGELIO
La primera noticia de la salvación mesiánica, que Dios comunicó a nuestros primeros padres inmediatamente después de la culpa.
El demonio había intentado hacer del hombre un seguidor suyo en la lucha contra Dios. Pero su intento quedó frustrado. Dios establece desde aquel momento una lucha sin tregua, no ya una simple enemistad, entre Satanás y el género humano. Éste (la descendencia de la mujer) alcanzará una victoria completa y decisiva, mediante el futuro Redentor, con quien estará íntimamente unida la Inmaculada, nuestra Corredentora (Gén. 3, 15). «Pongo perpetua enemistad (dice Dios a la mujer) entre tu linaje y el suyo. Éste te aplastará la cabeza, y pondrás asechanzas a su calcañal.» «La descendencia de la mujer vencerá al demonio del mismo modo que el hombre aplasta la cabeza de una serpiente.
El linaje de la mujer es todo el género humano, pero principalmente el Salvador, Jesucristo , la cabeza de toda la humanidad (Col. 1, 15-18), quien batió al demonio por su propia virtud, mientras los otros lo hicieron en virtud de él. Este versículo contiene, por consiguiente, la primera noticia del futuro Redentor. »Al triunfo del Redentor va asociada su Madre, la gran Mujer, contrapuesta por él a Eva» (A. Vaccari). Los mismos argumentos que nos permiten ver aquí tan palpablemente preanunciado al divino Redentor, evocan la presencia de Aquella que actuará en íntima y directa unión con Él para derrotar a Satanás : de Aquella que por singular privilegio tendrá la perfecta enemistad juntamente con el divino Redentor.
Tales argumentos aparecerán cada vez más claros en la revelación sucesiva y en su realización en todo el Nuevo Testamento, según la unánime tradición judía y cristiana. Y la enemistad apenas iniciada entonces entre los poderes del infierno y nuestros primeros padres (en el texto: entre Satán y Eva, la madre de todos los vivientes), seguirá perpetuándose, mientras luzca el sol sobre las desgracias humanas; y la última enemiga, la muerte (fruto del pecado), será derrotada cuando la Redención de Cristo haya extendido sus efectos incluso a nuestro cuerpo, mediante la resurrección final (Rom. 8; I Cor. 15, 26).
En virtud de esta especialísima e indivisible asociación, María Santísima aparece al lado del 484BRedentor en el primer anuncio, lo mismo que después en la profecía de Is. 7, 14 y en su realización (Lc. 1, 26-38 y junto a la Cruz). El Redentor y María Santísima están igualmente incluidos en el «linaje de Eva», conforme al sentido literal eminente entendido con la luz de la revelación sucesiva. Así como la traducción griega de Gén. 3, 15 al poner αὐτός (= esta descendencia: σπέρμα neutro) en vez del neutro ofrece una prueba evidente de que se trata de una interpretación mesiánica (= él, es decir, el Mesías , te aplastará la cabeza) refiriéndose al «linaje de la mujer», de igual modo la lección de la Vulgata «ipsa» en vez del «ipsum» reclamado por el contexto, es un testimonio de la presencia de Nuestra Señora en la tradición al lado del Redentor, incluidas en el mismo «linaje de la mujer». Nos hallamos en presencia de la primera profecía, que es sumamente genérica. Las especificaciones irán viniendo lentamente y mucho más adelante. Aquella victoria del género humano solemnemente pronosticada, abarcaba toda la historia de la humanidad desde los albores hasta lo que será su ocaso.
Pero en la mente divina estaba presente de un modo muy especial el Redentor, centro efectivo de la creación, Cabeza de toda la humanidad, al que está sometida toda creatura, y también aquella creatura soberana, excelsa, que habrá de ser su Madre y Cooperadora. La tradición patrística, que hizo suya y desarrolló la idea de la íntima unión de María Santísima con el Redentor y su efectiva cooperación a la obra redentora del Mesías (explícitamente afirmadas en el Evangelio), poniendo en evidencia la relación que media entre la realización y el primer anuncio, está particularmente representada en Justino, Dial. 100; Ireneo, Adv. haer. III, 22, 4; Tertuliano, De carne Christi , 17; Efrén, Hymni , 4, 1; Agustín, De Agone chr. , 22, 24 (cf. Ench. Patr. nn. 141. 224.358.715.1578). Es la misma doctrina católica en las dos bulas: Ineffabilis de Pío IX y Munificentissimus Deus (1 nov. 1950) de Pío XII.
Bibliografía
A. Bea, De Pentateucho , 2.ª ed., Roma 1933, pp. 199-203. Id., La S. Scrittura «ultimo fondamento» del domma dell’Assunzione , en La Civiltà Cattolica , 2 dic. 1950, pp. 547-61. F. Ceuppens, Quaestiones selectae ex historia primaeva , 2.ª ed., Torino 1948, pp. 85-223. Id., De Mariologia Bíblica , 2.ª ed., ibid. 1951, pp. 1- 17. F. Spadafora, Ancora sul Protevangelo , en Divus Thomas , 55 (1952) 223- 27. Id., La S. Scrittura e l’Immacolata , en Rivista Bíblica , 2 (1954), 1- 9. A. Vaccari, La S. Bibbia , I, Firenze 1943, p. 69 s.