PROTOEVANGELIO
Se designa con este término el primer anuncio de la Redención contenido en Gen. 3, 15. Después del pecado de la primera pareja humana, Dios juzga y condena a los culpables, y vuelto a la serpiente tentadora, le dice: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu semilla y la suya; ella quebrantará tu cabeza, mientras tú pones asechanzas a su calcañar».
«La mujer» no es Eva en persona, porque ya ha sido derrotada por Satanás; podría ser Eva en cuanto representa todo el sexo femenino, del cual es progenitora y único ejemplar. «La semilla» indica la descendencia; pero el vaticinio de victoria se cumple solamente en Cristo, que, en cuanto Hombre, pertenece a la descendencia de Eva, porque todos los demás hombres no pueden, si no es con la gracia, que Él mereció, triunfar del enemigo. Por consiguiente «la mujer» —determinada en hebreo por el artículo— es María, que por haber sido la única criatura concebida sin pecado original es la única mujer que puede decir que nunca cedió en la lucha con la serpiente. Como «la semilla» de Satanás indica también a los hombres malos dominados y seducidos por él (Jo. 8, 41-44), en la descendencia de la mujer del vaticinio se puede ver también a los fieles participantes de la victoria de Cristo. La «enemistad» se resuelve por parte de Satanás en un atentado ineficaz y por parte de Cristo en un triunfo definitivo.
La Vulgata (v. esta pal.) al traducir «ipsa conteret caput tuum» pone en primer plano a la mujer, mientras que el texto original del vaticinio, pone de relieve la victoria de la descendencia de la mujer, es decir de Cristo. Las antiguas versiones latinas traducían «ipse» o «ipsum», refiriéndose evidentemente al germen, que había de nacer de la mujer, y el mismo autor de la Vulgata, S. Jerónimo, sabe que ésta es la traducción exacta, pero en obsequio a la interpretación tradicional, que veía en la mujer a la Virgen, prefirió el femenino ella. El argumento bíblico en favor de la Inmaculada Concepción no está tomado de las palabras «ella quebrantará tu cabeza», sino de la «enemistad» implacable, que pone entre la mujer y la serpiente. En la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus (1 Nov. 1950) sobre el dogma de la Asunción, el Papa recuerda especialmente que desde el s. II los Santos Padres presentan a la Sma. Virgen como una nueva Eva, estrechamente unida al nuevo Adán, aunque sujeta a él, en aquella lucha contra el enemigo infernal, que, como se anuncia en el Protoevangelio, había de concluir con la victoria absoluta sobre el pecado y la muerte.
Bibliografía
F. de Ambroggi, , en «Scuola Cattolica», 1932, I, pp. 277-288;
F. Ceuppens, , Roma, 1932;
F. de Ambroggi, , en «Scuola Cattolica», 1949, pp. 227-230. * Alastruey, , Madrid, 1947.