Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

PATER NOSTER

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(Mt. 6, 9-13; Lc. 11, 2-4); la oración que enseñó Jesús a sus discípulos. Las recensiones de Mt. y Lc. no sólo ofrecen diferencias parciales, sino que incluso parecen haber sido enseñadas por Cristo en diferentes circunstancias históricas. Mt. la pone en el sermón de la montaña, Lc. más tarde y fuera de este discurso. Parece más probable 450Bque Mt., conforme a su manera de ordenar los hechos y los discursos de Cristo, la trasladase al sermón de la montaña, a lo cual se prestaba el hecho de que ya en él se hablaba de la oración (6, 5-8). Es tradicional distinguir siete peticiones según el texto de Mt., que es el que entró en la liturgia ya en los primeros tiempos (cf. Didaqué, 8, 2 con una doxología añadida, no evangélica, pero admitida incluso en algunos códices del Evangelio ). En realidad la sexta y la séptima podrían reducirse a una sola. Pero Lc. omite la tercera y la séptima, según el texto crítico, pues en algunos códices se dan fácilmente los saltos de un evangelista a otro.

Lc. nos ha conservado mejor la circunstancia histórica (después del episodio de Betania ) y pone por delante la petición de los discípulos (11, 1), que deseaban tener una enseñanza respecto de la oración, a semejanza de la que había dado Juan Bautista . Las tres primeras peticiones tienen por objeto más directo la gloria de Dios ; las cuatro últimas se refieren a las necesidades del hombre. En las tres primeras, de carácter más abiertamente hebreo y evangélico, se pide el reino de Dios (tema central de la predicación sinóptica) bajo tres diferentes formas, que vienen a ser una expresión del deseo de propagación del reino de Dios, con tres fórmulas casi equivalentes. En la triple invocación reconocemos a Dios como Padre, Rey y Señor supremo de la humanidad, y al mismo tiempo queremos colaborar para que se convierta en realidad esa triple prerrogativa. «Santificado sea tu nombre», es decir, que sea bendecido, estimado como santo por todas partes; y diciendo «nombre» por «persona», según el uso semita, rogamos que Dios sea conocido y amado de todos.

En la segunda petición, «venga a nosotros tu reino», deseamos que la soberanía de Dios se extienda por todas partes con la verdadera unión de los hombres en la justicia y en la paz. En la tercera, «hágase tu voluntad», queremos para los hombres la misma prontitud con que en el cielo ejecutan los ángeles el beneplácito divino. Las cuatro últimas están erizadas de dificultades exegéticas. En la cuarta pedimos el pan ἐπιούσιον, que la Vulgata ha traducido en Lucas por «quotidianum» y en Mateo por «supersubstantialem» —que quizá sería mejor traducir por «necesario para subsistir»—, en tanto que otros han traducido por «del día siguiente», y otros han pensado en el «451Asupersubstantialem» de San Jerónimo como alusión a la Eucaristía . La quinta invocación reclama de Cristo un comentario más amplio, que se nos ha conservado en Mt. (v. 14-15) después de la misma fórmula. Las peticiones sexta y séptima, íntimamente relacionadas entre sí, tienen la expresión ambigua ἀπὸ τοῦ πονηροῦ, que si se entiende en género neutro pide la liberación de todos los males (cf. Didaqué 10, 5), y si en masculino el vernos libres del diablo o del maligno (cf. Mt. 13, 19.38; I Jn. 5, 18-19).

El Amén del texto latino (que falta en el griego) es una añadidura introducida en la Vulgata por el uso litúrgico. Así entendida la oración dominical, es un «compendio de celestial doctrina» (San Cipriano, De orat. dominica : PL 4, 535-562) y una síntesis o «breviario de todo el Evangelio » (Tertuliano, De orat. ; PL 1, 1255); oración por excelencia del cristianismo, modelo de toda oración.

Bibliografía

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