LEVITAS
Nombre patronímico ( lewijjim , en el singular léwí , como el primer padre de la tribu: arameo léwáj , plur. enf. lewāje’ ) de la tribu de los descendientes de Leví (v.), llamados frecuentemente bené Léwí , «hijos de Leví», la cual tuvo la vocación y la investidura exclusiva del servicio del culto. Se distinguió por su fidelidad a Yavé dando muerte , por orden de Moisés , a 3.000 adoradores del becerro de oro (Éx. 32, 25-29), por lo que fueron muy alabados en la bendición de Moisés (Dt. 33, 8 ss.; cf. Mal. 2 ss.). Yavé destinó la tribu de Leví al servicio del santuario y del altar; se reservó para sí los levitas en lugar de los primogénitos (Núm. 3, 12.41; 8, 16; 18, 6), y a ellos reservó el ejercicio del culto. Así, pues, el título de «levita» significó el oficio más que la tribu. Los tres hijos de Leví dieron origen a tres ramas de levitas: los gersonitas, los caatitas y los meraritas (Éx. 6, 16-19; Núm. 3, 17-37), a quienes se encomendaron tres diversas categorías de mansiones para el culto (Núm. 4, 1-49). La familia de Arón, descendiente de Caat, proveyó de sacerdotes; los demás de la tribu eran ayudantes de los sacerdotes (Núm. 3, 6; 18, 2).
Muchos críticos han sacado la errónea conclusión de que todos los levitas podían ejercer el sacerdocio, basándose en la expresión «los sacerdotes levitas» (Dt. 17, 9; 18, 1) y en las narraciones de Jue. 17- 18.
358ALos levitas subalternos del culto eran iniciados en su oficio sagrado mediante ciertos ritos de purificación y de presentación a Yavé, como ofrenda de la asamblea de Israel, ritos que sólo correspondían a los preparatorios de la consagración de los sacerdotes (Núm. 8, 5-22): segregación «de en medio de los hijos de Israel», aspersión con agua lustral, rasura de todo cabello del cutis, lavado de la ropa, ofrenda de dos terneros presentados por los levitas, «uno en holocausto y otro en sacrificio por el pecado; y finalmente el rito de destinarlo al ministerio sagrado: delante del altar los israelitas (representados por los ancianos) imponen las manos a los levitas en prueba de solidaridad que equivalía a sustitución.
Los levitas iniciaban el servicio en el lugar sagrado a la edad de 30 años (Núm. 4, 3.23.30-35.39.43.47; I Par. 23, 3) o a los 25 (Núm. 8, 24); desde el tiempo de David a los 20 años (I Par. 23, 24.27; Esd. 3, 8), y se retiraban (así en todas las épocas) pasados los 50 años. David, siguiendo el consejo de los profetas Gad y Natán (II Par. 29, 25), los dividió en cuatro clases u órdenes (I Par. 15, 16-27; 23, 3 ss.; 25-26), a los que señaló las mansiones de cantores (I Par. 16, 4 s.), escribas y jueces, porteros o guardianes, vigilantes o tesoreros.
Después de la cautividad Nehemías reorganizó el servicio levítico (Neh. 13, 30). «Habiendo sido entregados enteramente a Arón y a sus hijos, de en medio de los hijos de Israel, para que desempeñen el oficio de los hijos de Israel en el tabernáculo de la reunión» (Núm. 8, 19), su oficio consistía esencialmente en prestar ayuda a los sacerdotes en todo lo que se refería al ministerio sagrado. Tenían cuidado del sagrado tabernáculo y de sus utensilios, lo custodiaban y lo preparaban (Núm. 1, 50-53; 4, 1-49; 7, 5-9).
Luego se les encomendó la custodia del Templo y los diferentes trabajos adjuntos, además del canto, las frituras y la cocción de los panes (v. de presentación) (I Par. 9, 14, 34); cantaban y tañían mientras los sacerdotes ofrecían los sacrificios (II Par. 29, 25-30). Juntamente con los sacerdotes instruían al pueblo en la ley (Neh. 8, 7) y tomaban parte en las funciones judiciales (I Par. 26, 29; II Par. 19, 8).
Los textos sagrados no hablan de vestiduras especiales de los levitas; solamente dicen que usaban vestidos de lino. A ellos pertenecían los diezmos de todos los productos y de los rebaños (Lev. 27, 30-33; Núm. 18, 21-32; Heb. 7, 5). Debía invitárseles a los banquetes sacrificiales (Dt. 12, 12; 14, 27); estaban libres de impuestos (Esd. 7, 24) y del servicio militar (358BFl. Josefo, Ant. III, 12, 4). Excluíase a los mutilados y deformes. En la división de la tierra de Canán se destinaron a los levitas las 48 ciudades llamadas levíticas. Conforme había ordenado Moisés (Núm. 35, 1-8), no recibieron, como las otras tribus, una parte del territorio, «porque su porción era Dios» (Núm. 18, 20; Dt. 18, 2).
Pero se sustrajeron 48 ciudades de las otras tribus (Jos. 21, 39; I Par. 6, 54-81) con los correspondientes distritos (2.000 codos desde las murallas). De entre ellas destináronse trece para los sacerdotes en las tribus de Judá y de Simeón (Hebrón, Lobna, Jeter, Estemo, Holón, Dabir, Ain, Jeta, Anatot, Almón). Hebrón y otras cinco ciudades levíticas eran, además, ciudades de refugio. Después del cisma del reino septentrional (928 a. de J. C.) muchos levitas del norte se trasladaron al reino de Judá, y principalmente a Jerusalén (II Par. 11, 13 ss.). Fueron relativamente pocos los que volvieron de la cautividad de Babilonia (Esd. 2, 40; 8, 15). Con la destrucción de Jerusalén (70 desp. de J. C.) los levitas desaparecen en cuanto casta dedicada al culto.
Según la imaginaria teoría que lanzó Wellhausen hace unos 80 años, y que hoy es acogida por los católicos que «se ponen al día», la diferencia entre el personal superior y el inferior del culto, o sea entre sacerdotes y levitas, fué introducida con la reforma del rey Josías en el año 622 a. de J. C., cuando forzó a los sacerdotes de los santuarios altos ( bamoth ) a trasladarse a Jerusalén, pero sin admitirlos al servicio del Templo (II Re. 23, 8-9); a Ezequiel se le atribuye el haberlos destinado, durante la cautividad, a ayudar al sacerdocio de Jerusalén (Ez. 44, 4-31), y esta nueva disposición sería la base del código penal» ( Priesterkodex ) en los cuatro primeros libros del Pentateuco, que el cronista introdujo en su historia del tiempo anterior a la cautividad: jamás existió una tribu de Leví, y si existió se extinguió rápidamente.
Pero esto está en contradicción con el hecho de que incluso los libros anteriores a la cautividad conocen a los levitas al lado de los sacerdotes. Pudo darse el caso, en los siglos más antiguos, de que algunas personas no pertenecientes a la tribu de Leví estuviesen circunstancialmente encargadas del servicio del culto, y que por lo mismo fuesen consideradas como levitas. Tal fué el caso de Samuel (I Sam. 2, 11) y tal vez el de Josué (Éx. 33, 11). Refiriéndose al nombre sudarábigo lawi’u («sacerdote»), femenino lawi’at , hallado por J. Euting entre las inscripciones descubiertas 359Aen las excavaciones de Hla, F.
Hommel (1893), y luego Mordtmann, Sayce y otros críticos han afirmado que primitivamente lewí designaba el oficio sacerdotal y a un hombre con su estirpe. Mas lewí en hebreo está muy lejos de significar «sacerdote», y nunca aparece la expresión «el lewí de Yavé», mientras que en las inscripciones aludidas se lee «el sacerdote ( lawi’u ) de Wadd». Por otra parte, en Israel nunca se admitió personal femenino en el culto. Mas como Leví significa etimológicamente «unido, adherido» (el verbo lwh en el nifal = «adherirse» a alguien; Is. 56, 3.6; Sal. 83, 9), tal nombre acabó por significar la función: llámase a los levitas «asociados» ( illawu ) a Arón, sumo sacerdote (Núm. 18, 2), Pero es errónea la deducción que hacen muchos críticos diciendo que Leví no fué primitivamente nombre personal ni patronímico sino un calificativo que expresaba la función de «agregado» a una institución cultual. W. Baudissin, que traduce levi’jim por «adjuntos a la escolta del arca» ( Gesch. des alttest. Priestertums , Leipzig 1889, p. 72), apoyándose en Núm. 18, 2.4, afirma que los levitas, desde el punto en que son «agregados» a los sacerdotes, no están destinados al culto por su nacimiento ( Ibid. p. 50), pero ese mismo texto bíblico lo desmiente, puesto que Dios presenta los levitas a Arón como «hermanos suyos», la tribu de Leví, la raza de Arón».
Para P. de la Garde ( Orientalia , II, Gotha 1880, p. 20), a quien sigue E. Renán ( Histoire du peuple d’Israel , I, París 1887, p. 149), los levitas son los egipcios que «se unieron» a los israelitas que emigraban (Éx. 12, 38; Núm. 11, 4), pero esta hipótesis arbitraria desconoce la susceptibilidad nacional de Israel, que jamás habría encomendado a extranjeros el alto ministerio del culto. Las «novedades» que hoy se están propugnando en torno a la organización del culto en el Israel típico están todas contenidas en la vasta obra de W. Baudissin.
Por las antiguas enumeraciones de las tribus, por la bendición de Jacob (Gén. 49, 5-7), confirmada por la de Moisés (Dt. 33, 8-11), es históricamente innegable que los levitas ya antes de su consagración al servicio del culto constituían una tribu descendiente del tercer hijo de Jacob. [A. Rom.]
Bibliografía
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