Diccionario Bíblico

Francesco Vattioni

HEBREO (Idioma)

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Pertenece al grupo semítico del noroeste. Su historia está íntimamente unida con la Biblia, mas no queda agotada con ésta, ya que nuestra Biblia hebrea solo representa una fase del hebreo, la transmitida por los masoretas. Por eso, para desarrollar tal historia hay que recurrir también a fuentes extrabíblicas, e incluso bíblicas pero extramasoréticas, y a las lenguas afines. Las fuentes extrabíblicas son muy escasas por lo que se refiere a la antigüedad, pues se reducen a unos pocos textos de cierta extensión. Son dignos de notarse el calendario de Gezer, la eeeeeestela de Mesa (en lengua moabita, bastante cercana al hebreo), la inscripción de Siloé, las cartas de Laquis y las inscripciones en las ostraca s. Hoy han adquirido notable importancia los textos hebreos antemasoréticos así bíblicos como extrabíblicos hallados poco ha junto al mar Muerto, en los cuales, con sus matres lectionis, tenemos una gran tradición que se aparta de la masorética en diversos puntos y puede ser incluso más autorizada.

Hay también una gran tendencia a utilizar alguno de los llamados ketib, transmitidos en el texto masorético, como testimonio de una tradición más antigua que los masoretas y no aceptada ya por ellos. Las lenguas cercanas son principalmente: la lengua de Mari (y.) (respecto de la cual asegura Albright que tiene un vocabulario y construcciones gramaticales mucho más próximas al hebreo que las correspondientes del ugarítico; cf. JBL 58 [1939] 101; otros, en cambio, hablan con más reserva); el ugarítico (v.): el 248Afenicio (hoy enriquecido, para su fase más antigua, por las inscripciones de Karatepe); el dialecto de Ia’udi (Siria septentrional), conocido solamente a través de dos inscripciones (cf. J. Friedrich, Phonizisch-Punische Grammatik, Roma 1951, p. 153); el árabe, que ha conservado la vocalización primitiva de un modo bastante perfecto; el arameo, etc. El hebreo es llamado en la Biblia lenguaje de Canán (Is. 19, 18), y en realidad no es más que la lengua cananea que los hebreos hallaron a su entrada en Palestina y ellos transformaron lentamente y asimilaron.

Esta lengua cananea, que representa el protohebreo, es conocida en parte por las glosas cananeas que están insertas en las cartas de El-Amarna, escritas en lengua acádica por príncipes fenicios y palestinos a los faraones Amenofis III y IV (s. xv a. de J. C.). Gracias al uso que se hace de los signos cuneiformes, que pueden representar también las vocales, nos es dado poder conocer hasta la vocalización de las palabras cananeas. Mencionemos siquiera: 1) la transformación de á en ó, fenómeno típicamente cananeo y luego hebreo (el fenicio conserva la á, mas no es constante en reproducir la nueva vocal: cf. Friedrich, op. cit. 79; el árabe y el arameo conservan á); 2) la contracción de ai en e; así se verifica también en hebreo; 3) la contracción de aw en ó, y lo mismo en hebreo; 4) la u breve primitiva se conserva en sílaba en que el hebreo la convierte en o media. Para un estudio de este cananeo tienen capital importancia los artículos de Dhorme, La langue de Canaan (RB, 1913-1914), y el volumen de Z. Harris, Development of the Canaanite Dialects, New Haven 1939.

La asimilación y transformación del cananeo por parte de los advenedizos hebreos hubo de proceder por grados, con lentitud y con documentadas diferencias dialectales. La Biblia misma nos recuerda la diferencia de pronunciación del Sin (Jue. 12, 6). Por las ostracas se sabe que año en el norte se decía sat(t), en el sur sana(h); vino, en el norte jin, en el sur jajin (cf. CBQ, 1954, 28). El alfabeto usado por los hebreos hasta el fin del cautiverio fue el fenicio, conocido hasta pocos años ha en ambiente hebreo únicamente en textos extrabíblicos (inscripciones de Mesa y Siloé y en los sellos — escritura lapidaria y por eso más rígida y angulada —, así como también en inscripciones en ostracas, escritura con tinta, por lo que tenía que ser más cursiva y mórbida). El tránsito al alfabeto cuadrado no se dio sino de modo lento después del cautiverio (San Jerónimo afirma demasiado 248Bcategóricamente que fue Esdras quien introdujo el nuevo modo de escribir). Hasta hace poco tiempo no se conocían textos bíblicos en caracteres fenicios. Los hallazgos del mar Muerto nos han proporcionado fragmentos del Levítico en caracteres antiguos.

No son muchos los elementos que poseemos para tratar del desarrollo del hebreo. Es cosa sabida que nuestra Biblia es el resultado de un retoque que obedeció a planes concebidos por los masoretas. A la primera lectura de nuestra Biblia puede darse uno cuenta inmediatamente de que es demasiado uniforme la lengua en una serie de escritos pertenecientes a épocas de un período de un milenio, cuando menos. Y sobre todo en lo que atañe a las vocales, que suelen ser el elemento más fluctuante en una lengua, especialmente en las semíticas, obsérvase una constancia y uniformidad extraordinaria. Y en esto es en lo que la intervención de los masoretas llegó a un grado sumo imponiendo su sistema de vocales. En cuanto a la morfología, a la sintaxis y al lexicón, la intervención niveladora fue muy inferior. La edad de oro de la lengua y literatura hebreas es la que media entre el s. ix y el iv antes de J. C. aproximadamente. A este período pertenecen los pocos textos hebreos extrabíblicos escritos cuando la lengua todavía era viva; dichos textos no difieren más que en pequeños matices (en la eeeeeestela de Mesa) de la lengua de los libros sagrados del mismo periodo.

He aquí ahora siquiera algunas características de esta lengua: Fonética. Ya nos hemos referido antes a ella. Morfología: 1) la existencia del artículo ha, desconocido en el ugarítico, en el acádico y en el arameo; 2) la desinencia im en el plural masculino, como en el ugarítico y en el fenicio, mientras que el arameo y el árabe (y el mismo moabita de la eeeeestela de Mesa) tienen ín. Sintaxis: el típico uso de los tiempos invertidos, en virtud del cual en una narración de acontecimientos pasados se comienza normalmente por una forma verbal equivalente a nuestro pasado y se continúa con formas que aparentemente son futuros precedidos de Wa, pero con sentido de pasado, añadiendo la idea de sucesión entre las diversas acciones. Asimismo, para la narración de un hecho futuro se comienza con un futuro y se continúa con una forma aparentemente de pasado, precedida de We. Este uso es característico únicamente del hebreo clásico o clasicista, hasta el punto de poderse decir que es decadente o aramaizante 249Ael lenguaje hebreo que evita esta particularidad sintáctica. La lengua árabe y la aramea no conocen este uso; en las lenguas afines se encuentran indicios (para el ugarítico, cf.

Gordon, Ugaritic Handbook, 9, 2, Roma 1947; para el fenicio — pero solo en el perfecto invertido—, cf. Friedrich, op. cit., 266). Con la deportación a Babilonia sufrió una terrible sacudida toda la vida nacional, y entre las consecuencias hay que reconocer el progresivo abandono del hebreo como lengua hablada, sustituida por el arameo, que incluso ejerció un notable influjo en las composiciones literarias hebreas de esta época. Abandonadas las formas clásicas de los tiempos invertidos, se prefiere anteponer el complemento de cosa a su verbo, etc. Pero la lengua hebrea sigue siendo la lengua de las reuniones cultas y de las escuelas cuya actividad se concentra por entero, como es sabido, en el texto bíblico. Más aun: siempre que quieren componer escritos de índole más elevada recurren a la lengua hebrea y tratan de imitar la lengua bíblica clásica. Así en hebreo están los textos religiosos y jurídicos hallados junto al mar Muerto, pertenecientes a los siglos i a. de J. C. y i después de J. C.

En hebreo está la famosa colección de los escritos que contienen el código jurídico moral de Israel: la Misna y la Tosefta (tradiciones no conservadas en la Misna), que se remontan a los primeros siglos después de Jesucristo. Es grande, no obstante, la diferencia entre la lengua de estos últimos escritos y la de los manuscritos del mar Muerto. En realidad, el hebreo de los manuscritos es aun el hebreo clásico, mientras que el de la Misna es el hebreo rabínico, que admite nuevas palabras, nuevas expresiones, nuevas formas morfológicas, e introduce muchas extranjeras (del griego, del latín, del persa, del árabe, del arameo). (Cf. K. Albrecht, Neuhebräische Grammatik auf Grund der Misna, München 1913). [F. V.]

Bibliografía

H. Bauer y P. Leander, Historische Grammatik der Hebräischen Sprache, Halle 1922. W. Baumgartner, Was wir heute von der hebräischen Sprache und ihrer Geschichte wissen, en Anthropos, 35-36 (1941-1942), 593-616. P. Joüon, Grammaire de l’hébreu biblique, 2.ª ed., Roma 1947.

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