Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

GÉNEROS literarios

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Son los diferentes modos de presentar el pensamiento bajo múltiples formas literarias. Toda estilística describe las notas características y presenta las normas que regulan la composición y la interpretación de los múltiples géneros existentes en literatura. Juntamente con la forma está interesado en ellos el mismo intento y el mismo pensamiento del escritor. «La forma estará caracterizada por el empleo de un determinado vocabulario o determinado estilo. Imagínese un tratado de medicina, de astronomía, o un escrito polémico, o una apología. Se escribirá en verso o en prosa (p. ej., una oda, una lírica, una novela, un romance); se empleará un lenguaje directo o figurado, y en este último caso serán posibles muy varios procedimientos: la parábola, la alegoría, la fábula, etc. »Es evidente que la elección de la forma implica ya el fondo, que con ella está íntimamente ligado. El autor elegirá tal o cual género de narración, según el fin que se propone, según la capacidad y el gusto del público a quien se dirige.

Según que se proponga instruir, convencer o recrear, así elegirá la exposición didáctica, la discusión apologética o la novela y el romance. «Cualquiera ve que semejante elección domina todo el trabajo del escritor y revela a los lecto-» res el objeto formal del libro; el grado de afirmación con que propone las diferentes partes; si tiene o no intención de proponernos su pen¿ samiento como enseñanza verídica. -El género literario de una obra es, pues, como la clave que le da tonalidad y nos hace posible entenderla» (P. Benoit). Por consiguiente, el fijar el 230Agénero o los géneros literarios (pues nada impide que el autor pueda emplear diversos géneros para un mismo libro) es el presupuesto necesario para una recta exégesis. Todo esto vale también para los Libros Sagrados. Aclarados los conceptos de inspiración y de revelación; reconocida definitivamente la aportación llena de personalidad del hagiógrafo en la composición del libro, es lo más natural que el escritor sagrado pudiera elegir de entre los géneros literarios en uso en su tiempo el que mejor se aviniera con su propósito.

Ya en la antigüedad se reconocieron diferentes géneros literarios en las partes didácticas y proféticas de la Biblia. En la poesía hallamos salmos o himnos: la lamentación (qinah); Am. 5, 2; Ez. 19, 1-14: Larri. 1. 2. 4; el epitalamio: Sal. 45 (44); cf. Cant.; en los escritos didácticos: el masal o sentencia, llamado sapiencial (cf. Prov.); el enigma (hidah); Jue. 14, 12-18; Eclo. 25, 10; Prov. 6, 16-19; 30, 15-31: la fábula: Jue. 9, 8; la parábola: II Sarn. 12, 1-4; Is. 5, 1-5; las parábolas en los Evangelios. Dentro del mismo género profético: acción y visión simbólicas cf. especialmente Ez. Dan. Zac.; metáforas audaces: Ez. 32: Mt. 24, 29 ss.; Apocalipsis (v.). Mas cuando se trata de narración histórica se presenta delicada la determinación de los géneros literarios; y en esto consistía la esencia de la cuestión bíblica (v. Inspiración). La existencia de los mismos, que fue vislumbrada por el genio del P. M. J. Lagrange desde el 1896 y ss. en varios artículos de la Revue Biblique, está fuera de discusión según lo confirma cada día mejor el conocimiento de las literaturas de los antiguos semitas.

En realidad, los escritos que se presentan como narraciones históricas pueden clasificarse en múltiples categorías, según los lazos más o menos estrechos con que están ligados con la verdad histórica propiamente dicha. La forma narrativa histórica puede ser un simple ropaje literario para una enseñanza doctrinal (v. Jonás); puede contener historia y ficción o embellecimiento artístico (v. Tobías; Ester; Judit ). Incluso cuando se trata de narración histórica en sentido riguroso, hay que tener en cuenta el modo peculiar de componer en uso entre los semitas: son históricos los hechos, pero no son referidos con la exactitud científica de los detalles que exigen los modernos. Para los antiguos la historia era un arte, en tanto que para los modernos es sobre todo una ciencia.

Así, p. ej., en las genealogías los semitas se permiten pasar por alto eslabones intermedios limitándose a veces a los nombres 230Bmás notables; en los discursos directos dan con fidelidad las ideas, mientras que la expresión y la forma corre a cargo de ellos; recogen todo lo que se ha escrito sobre un personaje o sobre un acontecimiento, poniendo unos al lado de los otros los diferentes documentos sin hacer mención explícita de ellos (v. Citas explícitas). El cometido de la crítica y de la exégesis, sobre todo para el Antiguo Testamento, consiste precisamente en descubrir y determinar, con la prudencia y el tacto necesarios, los géneros literarios elegidos por tal autor, en un fragmento dado, y precisar el grado de historicidad. Debe tenerse presente que la historiografía israelita ocupa un puesto aparte y aventaja con mucho a todas las de los antiguos semitas, como lo reconocen eximios historiadores y arqueólogos acatólicos (E. Meyer: R. Kittel: W. Albright: The Arch. of Palest. 1932, 128: C. Gordon, etc.). Puede en cierto modo aproximarse a ella la de los jéteos (cf. los Anales de Murifilií, II, h. 1353-1325: la Apología de HattuSil, h. 1295-1260; A. Bea, en Bíblica, 25 [1944] 250-53).

La razón profunda de tal superioridad está en el hecho único entre todas las religiones del Antiguo Oriente de que el Yaveísmo es una religión histórica (A. Robert, en DBs, IV. col. 23): las verdades religiosas enseñadas en la Biblia se concretan en acontecimientos que son como sólidas bases de las mismas (C. Charlier, La lecture chrét. de la Bible, 2.a ed. Maredsous 1951, p. 258). Trátase, además, de dogmas fundamentales de la doctrina cristiana, como, p. ej., los contenidos en los primeros cc. del Génesis. En 1905 la Pontificia Comisión Bíblica (EB. n. 161), aun admitiendo el principio de los géneros literarios, se muestra muy reservada. Efectivamente, a las geniales fórmulaciones de Lagrange, no siempre seguían aplicaciones igualmente felices y positivamente fundadas, en tanto que el modernismo hablaba expresamente de mitos, de errores en la Biblia, y llegaba hasta la negación de lo sobrenatural y a rechazar a la Iglesia. La Comisión recomendaba gran moderación en la aplicación de los principios sobredichos, exigiendo para cada caso argumentos sólidos y entera sumisión a las decisiones de la Iglesia.

Buscar estos argumentos con seriedad científica integral, con docilidad a las decisiones, a las directrices del magisterio auténtico, ha sido el cometido de los exegetas católicos en estos últimos cuarenta años.

Tal cometido fue sancionado por la suprema autoridad en la Encíclica Divino Afflante Spiritu (1943): ««Lo que aquellos antiguos autores quisieron significar no 231Ase determina por las solas leyes de la gramática o de la filología, ni por el solo contexto del discurso, sino que es preciso que el intérprete vuelva, por decirlo así, a aquellos remotos siglos del Oriente, y con la ayuda de la historia, de la arqueología, de la etnología y otras disciplinas, discierna distintamente qué géneros literarios, como dicen, quisieron emplear, y de hecho emplearon los escritores de aquella vetusta edad, pues no siempre empleaban las mismas formas y los mismos modos de decir que hoy usamos nosotros, sino más bien aquellos que entre los hombres de sus tiempos y lugares estaban en uso.

«También entre los autores sagrados, como entre los demás de la antigüedad, se hallan ciertas artes de exponer y de narrar, ciertos idiotismos, propios sobre todo de las lenguas semitas, las llamadas aproximaciones, y ciertos modos de hablar hiperbólicos; más aun: a veces hasta paradojas, con las cuales más firmemente se graban las cosas en la mente, lo cual nada es de admirar para quien rectamente sienta acerca de la inspiración bíblica.

«No hay modo alguno de decir del que entre los antiguos, principalmente los orientales, solía servirse el humano lenguaje para expresar las ideas, que sea ajeno a los Libros Sagrados, siempre a condición de que el empleado no repugne a la santidad de Dios ni a la verdad de las cosas» (EB, n. 558 s.). Algunos resultados aparecen hoy ya adquiridos, p. ej., respecto de los libros ya mencionados: Jon., Tob., Est., Jdt. Todas las dificultades esgrimidas contra la inerrancia bíblica, apoyándose en ciertos pormenores inexactos que la crítica histórica advertía en las narraciones de tales libros, se desvanecen con la sola recta definición de sus géneros literarios (v. Inspiración).

En cambio no se ha llegado a una conclusión cierta para la val oración crítico-exegética de los once primeros capítulos del Génesis. A ese respecto he aquí lo que precisa la Encíclica Humani Generis (1950): «Del mismo modo que en las ciencias biológicas y antropológicas, hay algunos que también en las históricas traspasan audazmente los límites y las cautelas establecidas por la Iglesia. «De un modo particular es deplorable el modo extraordinariamente libre de intérpretes de los libros del Antiguo Testamento: y los fautores de esa tendencia, para defender su causa, invocan indebidamente la carta que no ha mucho tiempo envió la Comisión para los Estudios Bíblicos al Arzobispo de París (16 de en. de 1948). Esta carta advierte claramente que los once 231Bprimeros capítulos del Génesis, aunque propiamente no concuerden con el método histórico usado por los eximios historiadores grecolatinos y modernos, no obstante pertenecen al género histórico en un sentido verdadero, que los exegetas han de investigar y precisar, y que los mismos capítulos, en estilo sencillo y figurado, acomodado a la mente del pueblo poco culto, contienen las verdades principales y fundamentales en que se apoya nuestra propia salvación, y también una descripción popular del origen del género humano y del pueblo elegido. «Mas si los antiguos hagiógrafos tomaron algo de las tradiciones populares (lo cual puede ciertamente concederse), nunca hay que olvidar que ellos obraron así ayudados del soplo de la divina inspiración, que los hacía inmunes de todo error al elegir y juzgar aquellos documentos. Empero lo que se insertó en la Sagrada Escritura, sacado de las narraciones populares, en modo alguno debe compararse con las narraciones mitológicas y otras semejantes, las cuales más proceden de una vaga imaginación que de aquel amor a la simplicidad que tanto resplandece aun en los libros del Antiguo Testamento, hasta el punto de que nuestros hagiógrafos deben ser tenidos como superiores a los antiguos escritores profanos» (EB, n. 618).

En la voz Génesis se ofrece una postura exegética que responde mejor a tales directivas. Finalmente es muy discutible la formulación de «epopeya religiosa», de «ópera teológica» que se aplica al libro de las «Crónicas» (I-II Par.), sobre todo reconociendo que los libros Esd.-Neh. son del mismo autor, forman parte de una misma obra y pertenecen al género histórico estrictamente dicho. En realidad, todos cuantos proponen para Par. el sobredicho género se ven obligados a ello en virtud de su adhesión al esquema de composición literaria del Pentateuco; si Par. es del género estrictamente histórico, caen por tierra los argumentos aducidos para remitir al período posterior a la cautividad la legislación sacerdotal (H. Cazelles, en Bíblica 35 [1954] 290). Pero en crítica histórica es una pura contradicción el admitir la excelencia de las fuentes en que el autor apoya su relato, para deducir la conclusión de que no es atendible, que no es verídico nada de cuanto el autor afirma (v. Paralipómenos). Como advierte la Encíclica Divino Afflante Spiritu, hacia el fin, respecto de muchos puntos sigue en pie la discusión; el progreso de los estudios, que ya ha llevado a felices y definitivas soluciones de problemas que habían estado debatiéndose y estaban sin resolver no hace más 232Aque unos decenios, impulsa a seguir intensamente en el trabajo emprendido con tantos vuelos. [F. S.] Encicl. Divino afflante Spiritu, en AAS, 35 (1943), 297-326. Lettera della Pont. Comm. Biblica al Card. Suhard, en AAS, 40 (1948), 45-58. Encicl. Humani generis, en AAS, 42 (1950), 575-77. L. De Witte, Vene. Div. Affl. Sp. et les genres littéraires, en Collectanea Mechliniensia, 14 (1940-44), 375-88. J. Levie, en NRTh, 68 (1946), 785-89. E. Galbiati, I generi letterari secondo il P. Lagrange e la «Div. Affl. Sp.», en SC, 75 (1947), 177-86, 282-92. P. Synave - P. Benoit, La prophétie (S. Thomas, Somme Théol.), París 1947, pp. 366-71. A. Robert - A. Tricot, Initiation biblique, 2.ª ed., París 1948, pp. 24-27, 255-334. Teófilo de Orbiso, La exégesis bíblica coadyuvada por el estudio de las formas literarias de la antigüedad, en EstB, 8 (1949), 185-211, 309-325. A. Robert, en DBs, V, col. 405-421. G. M. Perrella, Introduzione generale alla S. Bibbia, 2.ª ed., Roma 1952, p. 92 ss. L. Arnaldich, Historicidad de los once primeros capítulos del Génesis, según los últimos documentos eclesiásticos, Madrid 1952, pp. 145-83. E. Galbiati - A. Piazza, Pagine difficili della Bibbia, A. T., 3.ª ed., Milano 1954.

Bibliografía

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