CANÁN
Con el nombre de Canán la Biblia se refiere a Palestina , la tierra prometida por Dios a los hebreos y conquistada por éstos después de su salida de Egipto. Con un significado más limitado, bajo la forma Kinahhi (Kinahni) en las tablillas de El-Amarna designa la parte meridional de la costa de Fenicia con la parte del interior a ella inmediata, y este significado se le atribuye también a algunos 93Bpasajes bíblicos (II Sam. 24, 7; Is. 23, 11, etc.). El nombre gentilicio «cananeos» significaba para los hebreos todos los pueblos que hallaron hasta llegar a la tierra de Canán, que eran diferentes por su índole y por su importancia, pero coincidían en su fisonomía semítica, y pudieron ser llamados cananeos en globo en virtud del poderoso influjo que sobre todos ellos ejerció el elemento fenicio-cananeo; así como también fueron llamados amorreos (Gén. 15, 16; Jue. 6, 10) a causa de la intensa infiltración amorrea procedente de las regiones transjordánicas. Historia. Los pueblos de Canán son varios, y de diferentes orígenes.
Algunas representaciones egipcias de las primeras dinastías que se dispersaron por el litoral fenicio, y las recientes excavaciones de Bethsan, Beth Jerah y Magedo demuestran la presencia de cananeos en Palestina en el principio del tercer milenio. En los comienzos del segundo milenio se advierten otras influencias étnicas con la llegada de los amorreos (v.). Como unos dos siglos más adelante interrúmpese bruscamente la vida de Palestina con el paso de los hiksos (s. xvi). Canán da nuevamente señales de vida por el hecho' de que Egipto toma otra vez en ella la primacía, de la que no se desposeerá hasta el período de El-Amarna. Hay otros pueblos, además de los amorreos, que hacen sentir allí su influencia: los jeteos, que no son semitas, y se establecieron en Asia en los comienzos del segundo milenio; los jórreos, que se establecen en la Mesopotamia septentrional. Palestina, dividida en diminutos estados regidos por gobernantes colocados y vigilados por Egipto, se convierte en teatro de luchas por los intereses particulares opuestos de aquellos pueblos. En el período de El-Amarna se desencadena en Canán una gran revuelta contra Egipto.
Un príncipe de Amurru, Abdasirta, inicia un movimiento nacionalista antiegipcio con la ayuda de patrullas armadas compuestas por los llamados Habiru; y luego en tiempo de Aziru, hijo de Abdasirta, tal movimiento consigue arrancar toda la región palestinense del dominio egipcio. En esta circunstancia fue cuando se llevó a cabo la invasión de los hebreos (v. Cronología). Ramsés II (1299-1226) intentará más adelante volver a adueñarse de Palestina, repitiendo el antiguo fraccionamiento en diminutos estados, pero la restauración no tendrá más que una breve duración. Una oleada de «pueblos del mar», entre los cuales hay que contar probablemente a los filisteos, atacan a Egipto por tierra y por mar, y, aunque fueron rechazados, lograron establecerse en la costa palestinense. 94ALa conquista hebrea no fue fácil ni breve. Ciudades como Guezer, Jebús, Dor, Magedo, Bethsan resistirán por mucho tiempo y entablarán relaciones con los hebreos, en cuya cultura y religión ejercerán su influencia, y cuya existencia llegarán a poner en peligro. Las guerras dirigidas primero por Barac y Débora y luego por David, eliminarán definitivamente de la historia la influencia cananea.
Pero se conservó aún el nombre de «cananeos», con el que siguieron llamándose durante muchos siglos los fenicios, especialmente en las colonias. Cultura. Ciertas huellas de industria paleolítica y neolítica atestiguan que se dio una amplia evolución anterior a la época del bronce (2500 a. de J. C.), que es cuando aparecen los semitas con la aportación de un gran desarrollo cultural y social. Su organización consistía en pequeñas ciudades-estados bajo la soberanía egipcia, y frecuentemente estaban en lucha entre sí o en rebelión contra Egipto. Los cananeos se distinguen por las fortificaciones de sus ciudades, que son prueba de una estrategia notablemente progresista. Con el favor de su posición geográfica Canán asimiló elementos de las culturas egipcia, egea, jetea, jorrea y mesopotámica. Su gusto artístico es elevado en la finísima elab oración de sellos, joyas ornamentales, utensilios domásticos, armas.
Los descubrimientos de Dunand acusan la existencia de inscripciones pictográficas en Palestina y Siria, que se remontan al fin del cuarto milenio, y el empleo de la escritura hacia fines del tercer milenio, para lo cual se sirven los cananeos de un sistema alfabético lineal y de un sistema cuneiforme (Ugarit) para la lengua cananea, el cuneiforme acádico (cartas de ElAmama para la correspondencia diplomática). Ciertas glosas explicativas de algunas cartas de El-Amarna conservan incluso la lengua cananea, dialecto de aquella lengua semítica del norte que se hablaba en Palestina ya en los comienzos del tercer milenio. Religión. Los descubrimientos de Ras-Shamra han dado a conocer también las líneas fundamentales de la religión feniciocananea. ’El es dios supremo, figura indeterminada a quien se asocia ’Aserah. ‘El tiene por hijo y suplantador a Baal (señor, amo) que sin determinaciones, como ocurre muchas veces en las lenguas ugaríticas, designa al Dios nacional de los fenicio-cananeos: Hadad, señor del Cielo, del temporal y de la fertilidad, considerado posteriormente como hijo de Dagon.
Pero muchas veces el nombre genérico de Baal se especifica con la designación del lugar o de otro ser del cual se dice ser señor: así Bazal 94BTamar (Jue. 20, 33), Baal Berith (Jue. 8, 33), Baal Zebul (II Re. 1, 2). El plural Baalim significa frecuentemente en la Biblia (Os. 2, 18; Jue. 10, 6; I Sam. 7, 3, etc.) la personificación y divinización de las fuerzas de la naturaleza. Muchas veces se presenta como consorte de Baal a su hermana zAnath, otras veces es Aserah y Athtart (Astarte, hebr. Aštoreth), dioses que frecuentemente funden con cAnath sus funciones y a veces también sus nombres. Es característica la fluidez en la religión cananea: divinidades como 'Aserah y Astarte se revisten de aspectos contrastantes, pues presiden al mismo tiempo en la guerra y en la actividad sexual, en la destrucción y en la vida. En representaciones egipcias Astarte aparece como guerrera, y en la epopeya de Baal-cAnath es representada como fanática sanguinaria. Por lo que atañe al sexo, las dos diosas ofrecen los caracteres de la fascinación y de la fecundidad, y se las representa respectivamente bajo las figuras del lirio y de la serpiente.
Numerosísimas «placas de Astarte», halladas en las excavaciones, cuyo arte tal vez se deba a influencias babilónicas (Ištar), presentan a «la santa» en actitudes rebosantes de sensualidad. Así, pues, el culto de la fecundidad es el centro de la religión cananea. Otras divinidades: RaSap (Hab. 3, 5) y Shalim, dioses de la peste y de la salud, respectivamente, que después fueron fusionados en una misma divinidad. Los principales mitos cananeos son: la unión de Baal con *Anath y la lucha entre Baal y Aserah, consorte de >El, cuyos hijos quiere matar Baal, que resulta ser el muerto en la lucha, y con cuya muerte cesa la vida de la naturaleza. Anath en su lucha contra el dios de la muerte, Mot, devuelve la vida a Baal, quien por simpatía devuelve la vida a la naturaleza. Los cananeos unían un rico culto a tal religión. En sus sacrificios aparecen animales de todo género. En cuanto al uso de sacrificios humanos en el segundo milenio, ni siquiera las excavaciones de Ugarit han proporcionado datos absolutamente ciertos.
Mas consta de cierto que en época posterior estuvieron en uso tales sacrificios, ya que la Biblia estigmatiza severamente su difusión en el mismo Israel (Jer. 7, 31; 19, 4; Ez. 15, 21; 23, 37; etc.). Un aspecto muy crudo de tal culto fue la prostitución sagrada, tanto de hombres como de mujeres. El culto se practicaba en las alturas (Bamóth), donde había unas stelas de piedra (Massebhóth) o troncos de madera Gaseróth) clavados en la tierra con artificiosas disposiciones, que representaban a las divinidades (v. Altura). Relaciones con los hebreos. Aparte la 95Acuestión todavía sin resolver acerca de las relaciones entre hebreos y habirues, los primeros contratos entre los hebreos y los cananeos, según la Biblia (Gén. 12. 13. 15. 17. 26.), se remontan a los Patriarcas. A Ábraham y sus descendientes prometió Dios la tierra de Canán (Gén. 12, 1-8; 13, 15 etc.; 15, 18), y en efecto se la concedio muchos siglos después a Josué (Jos. 13, 6) que llevó a cabo su conquista. Las vicisitudes de tal conquista (cf. Jos., Jue, y parte de I-II Sam.) se extienden desde el s. xvi en adelante.
Probablemente los hebreos sorprendieron a los cananeos en su más bajo nivel moral y religioso, lo cual explica la fuerte reacción hebrea que contribuyó a velar por la pureza del Yaveísmo. La arqueología prueba claramente que inmediatamente después de la conquista ninguna influencia pagana hizo mella en la vida religiosomoral de los hebreos en los centros más organizados. Pero no fue así más adelante, cuando se entablaron verdaderas relaciones entre los conquistadores y los vencidos, cuando se establecieron relaciones de industria y comercio incluso con los fenicios, especialmente en el tiempo de los Reyes. La influencia religiosomoral sobre los hebreos fue entonces poderosa y provocó la fuerte reacción de los Profetas (v. Religión popular). Además de la influencia negativa, se dio la positiva, que no solo se manifestó en el comercio y en la industria, sino también, al menos así parece, en ciertos elementos externos del culto, como la música del Templo y hasta la arquitectura del mismo. [Gi D.]
Bibliografía
H. Vincent, Canaan d’après l’exploration récente, París 1907. A. Barrois, Canaan, en DBs, I, col. 997-1021. A. Bea, La Palestina preisraelitica. Storia, popoli, cultura, en Biblica, 24 (1943) 231-60. Id., Canaan et Cananei, en Enc. Catt. It., III, col. 564-72. G. Rinaldi, Ras-Shamra e l’Antico Testamento, en RivB, 1 (1953) 227-41.