DILUVIO
Castigo divino para destruir la humanidad pecadora. Es el tema de un largo relato del Génesis (6, 1-9, 17). En una breve perícope de introducción (6, 1-8) se describe la causa del diluvio. La maldad 155Ade los hombres había llegado a tal grado, que Dios se arrepintió de haberlos creado. Como causa principal se asigna la relación carnal entre los «hijos de Dios» y los «hijos de los hombres» (ibid. 6, 2). Lo insólito de la primera frase dio ocasión a la opinión de que se trataba de inmoralidad practicada entre Ángeles y mujeres. La noción imperfecta que se tenía de la naturaleza de los seres espirituales justifica semejante interpretación por parte de los hebreos (Libro de Enoc, de los Jubileos, Testamento de los doce Patriarcas, Filón, Josefo) y de algunos Padre s de la Iglesia (Justino, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Ireneo, Cipriano). Ahora solo tiene lugar esta opinión entre escritores racionalistas, que consideran esta perícope como residuo de antiguas leyendas mitológicas politeístas, y por algún católico (cf. J. Chaine, Le livre de la Genése, París 1949, páginas 101-104) que ve en ella una adaptación simplicista de los antiguos hebreos.
La opinión común — especialmente entre los católicos— entiende en la expresión «hijos de Dios» los descendientes de Set y de otros patriarcas recomendables por la piedad, frente a las mujeres de la estirpe de Caín. En la destrucción general solo se salva Noé con su familia compuesta de ocho personas (cf. I Pe. 3, 20; II Pe. 2, 5). Recibe éste el aviso de Dios para que construya una gran arca, una especie de flotante (de unos 150 m. de longitud por 25 de latitud y 15 de altura aproximadamente). Entraron en ella la familia de Noé con dos animales de cada especie (6, 19; pero según 7, 2 debían ser siete los animales de las especies puras y dos de las impuras). Siete días después vino el diluvio, y las aguas cubrieron las montañas más altas de Armenia, sobre las cuales se elevaron hasta la altura de 15 codos (como unos 7,50 m.). La inundación duró siete meses, y al fin el arca se posó sobre las mencionadas montañas. Para comprobar la desaparición de las aguas Noé soltó primeramente un cuervo, y luego dos veces una paloma. La segunda vez la paloma no volvio al arca. Entonces Noé esperó siete días más, y luego salió del arca.
El Patriarca ofreció un solemne sacrificio a Dios, que lo bendijo, a él y a sus hijos, y les aseguró que la tierra no se volvería a ver jamás envuelta en una catástrofe como ésta. Reconócese comúnmente que para la narración del diluvio Moisés fusionó dos fuentes afines (6, 5-8: 7, 1-5. 7. 10. 12; 16. 22-23; 8, 3. 6-13. 20-22: 9, 18 s. y 6, 9-21; 7, 6. 11. 13 ss. 21, 24; 8, 1-5, 13-19; 9, 1-17 con ligeras diferencias según los diferentes exegetas). 155BAcerca de las relaciones entre el diluvio y las narraciones babilónicas, v. Génesis. Nótanse mayores semejanzas con la epopeya de Gilgames, descubierta en doce tablillas cuneiformes en 1872 en la biblioteca de Asurbanipal.
En la tablilla undécima se narra el diluvio, del que solo se salva Ut-napištim con los suyos, por ser el predilecto de Ea, dios del mar. Son múltiples las semejanzas que median entre ambos relatos. Tras el aviso de un dios, Ut-napištim se construye una enorme zátara, semejante a la de Noé, e ingresa en ella con su familia y con los animales. Cerciórase del fin del diluvio enviando tres aves (una paloma, una golondrina y un cuervo), y ofrece un sacrificio en la cima de uno de los montes sobre el que se había posado la zátara.
Pero son notables también las divergencias: dimensiones del arca, el número de las personas que se salvan; la destrucción de la humanidad se produce por muchos elementos de la naturaleza (tempestad, vientos, agua, fuego, etc.); y principalmente el motivo del diluvio y la figura pueril, la naturaleza caprichosa de las divinidades. Admítese generalmente que los dos relatos se refieren a una misma tradición primitiva pero con características muy diversas que denotan la irreductible diferencia entre el puro monoteísmo hebreo y el politeísmo mitológico de Babilonia. Pero probablemente se trata de relatos enteramente diferentes. El diluvio aconteció por el año 100.000 a. de J. C., en los albores de la humanidad, en tanto que en los relatos babilónicos se trata de una inundación local (A. Parrot). No tienen de común o afín más que la forma literaria. Los antiguos admitían que el diluvio había inundado toda la tierra, acabando con todos los hombres, salvo la familia de Noé. Ahora hay muy pocos que sostengan la universalidad geográfica tal como se desprende de las expresiones enfáticas del texto y que tropieza con no pocas dificultades de orden físico y zoológico.
Pero que el diluvio envolviera a todos los hombres (cf. además del relato del Génesis, Sab. 10, 4; 14, 6; Eclo. 44, 17 s.; Mt. 24, 37 s.; II Pe. 3, 5 ss.; I Pe. 3, 20) se echa fácilmente de ver si se recurre a los orígenes de la humanidad. Hay, no obstante, algunos que sostienen que la universalidad fue relativa también para los hombres, por más que no les sea fácil el dar una explicación de los pasajes citados ni tengan serios motivos para semejante interpretación. [A. P.]
Bibliografía
A. Bea, Institutiones biblicae, vol. II. De Pentateuco, Roma 1933, pp. 168-80. F. Ceuppens, De historia primaeva, Roma 1934, pp. 225-156A376. P. Heinisch, Problemi di storia primordiale bíblica, trad. ital., Brescia 1950, pp. 133-64.
Gomà, El autor de la causa del diluvio en los apócrifos judíos, en EstB, III (1943) 1.