Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

BÁAL

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(Hebr. ba‘al, ba‘alah, ba‘alim, 65Aacadio, bēlu, «señor, amo».) De suyo es el nombre de un dios no definido; es, por antonomasia, nombre propio de una divinidad que personifica los fenómenos naturales como la fecundidad, la vegetación, la lluvia, el viento, las mieses, etc. Lo emplean los cananeos (El- Amarna ) y casi todos los semitas, y tiene como equivalente el de Dumuzi entre los sumerios, Tammuz en los textos acádicos (cf. Ez. 8, 14), Tešub entre los jeteos y los jórreos, Osiris en Egipto, Adonis en el mundo grecolatino (adón es sinónimo de Baal), Hadad entre los árameos, etc. En Ugarit, Baal, identificado con Hadad, es hijo de Dagan y tiene como contrafigura a Mot, en cuyas manos fué muerto. A la muerte del asesino resucita Baal. Las dos divinidades tal vez representen un ciclo anual y no sabático.

Son numerosos los epítetos de Baal, como expresiones locales del culto: Baal-meón, «Baal del refugio» (Núm. 32, 28); Baal-támár, «Baal de palmar» (Jue. 20, 33); Baalzebhúb, «Baal de las moscas» (II Re. 1, 2 s.; 6, 16, juego de palabras sobre Baal-zebul, «Baal el príncipe); Baal-saphón, «Baal del Norte» (Ez. 14, 2. 9; Núm. 23, 7,*cf. los textos asirios y ugaríticos); Baal-markod, «Baal de la danza»; Baal-marpé, «Baal de la curación»; Baalberith, «Baal de la alianza»; Baal-Hasor (II Sam. 13, 23), y Baal-Peor (Núm. 25, 3, 5; Os. 10, 10). En el A. T. llámase Baalim a las divinidades cananeas (Jue. 2, 11; 3, 7; I Sam. 7, 4; etc.).

El culto de Baal, severamente prohibido por la religión oficial, se entromete en el pueblo israelita desde su entrada en Canán hasta el destierro. En tiempo de los Jueces, Gedeón derriba un altar de Baal, lo que le merece el título de Jerub-ba‘al (Jue. 6, 32 = el que lucha contra Baal; etimología popular, en vez de «Baal muge»). La veneración de los Baalim, creciente en proporción con el progreso de la religión popular (v.), se nota en el tiempo de los reyes: Baal es adorado en las terrazas de 65Blas casas (Jer. 32, 39; II Re. 23, 12; Sof. 1, 5), de la misma manera que a Adonis se le invoca sobre los tejados (Aristófanes, Lisistrata, 389 y siguientes); tiene templos (I Re. 16, 32; II Re. 10, 21-27), tiene bamóth (Jer. 19, 5; 32; 35) y hammánim (altares para los perfumes, u obeliscos, o símbolos solares, cf. I Par. 14, 4; 34, 7. 4; Lev. 26, 30; Ez. 6, 4. 6) y recibe sacrificios humanos (II Re. 23, 10; 16, 3; Jer. 7, 31; 19, 5). Contra semejante culto lucharon los profetas. Reinando Ajab (II Re. 3, 2), yerno de Ithobaal de Tiro, asciende a 450 el número de sacerdotes de Baal, a quienes se opone Elías (I Re. 17; 18, 16 ss.). Promovido nuevamente por Ocozías (I Re. 22, 54), el culto de Baal es hostigado por Joram (II Re. 3, 2) y arrancado de raíz por Jehú (ibid. 10, 18-28); introducido en Jerusalén por Atalia (II Re. 11, 18), es abolido por Joás (II Par. 23, 17); honrado de nuevo por Ajaz y Manasés, es combatido por Ezequías y Josías (II Re. 18, 4; 21, 3; 23, 4 ss.).

Los sacerdotes de Baal actúan hasta el destierro (Jer. 7, 9. 14 ss.). La frecuencia con que aparece Baal en la nomenclatura palestinense es una prueba de la difusión de su culto. La Biblia intenta a veces borrar su nombre, sustituyendo Baal por bóšet, «vergüenza», de donde proviene Isbóset, Yerubbóset, Mefibóset en vez de Isbaal, etc. Lagrange, Études sur les religions sémitiques, París 1905, p. 83 ss. W. Baudissin, Kyrios, III, 89-97 (según los Hebr.) y passim. O. Eissfeldt, Baal Zaphon, Zeus Casios, Halle 1932. L H. Vincent, Le Baal Cananéen de Beisan et sa parédre, en RB, 37 (1928) 512-43. R. Dussaud, Le vrai nom de Baal, en RHR, 113 (1936) 5- 20. E. Dhorme, La religion des Hébreux nomades. Bruxelles 1937, pp. 321- 32. J. Pedersen, Israel. Its life and culture, Londres 1947, p. 503 y passim. A. Capelrud, Baal in the Ras Shamra texts, Copenhagen 1952. * I. Enciso, Baal el dios de las lluvias, en Ecc. (1945) 209.

Bibliografía

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