ASIRIOS
Pueblo que fijó el centro de su residencia en las márgenes del medio Tigris, aproximadamente en torno al curso del Zab superior e inferior, en un intervalo de tiempo que media entre el comienzo del segundo milenio y el s. VII a. de J. C. No consta claramente el origen de los asirios; Gén. 10, 22 cuenta a Asur entre los descendientes de Sem (cf. Gén. 10, 11), y la lengua de los asirios es evidentemente semítica. Más de 3.000 tablillas cuneiformes acádicas, que contienen cartas comerciales y contratos, descubiertas en Kültepe (tablas de Capadocia, s. XIX a. de J. C.) dan testimonio de la intensa actividad de los asirios durante un período de doscientos años, y nos proporcionan nombres de reyes asirios, como Sargón I (h. 1840-1800) y Puzur-Asur, independientes de Ur. También las excavaciones de Mari han revelado que en los tiempos de Hammurabí, Shamši-Addu I de Asiria capitanea una coalición de pueblos, logrando penetrar en el Eufrates medio, gobernar en Mari durante unos veinte años, representado en su hijo Jasmah-Addu, constituir un reino desde el Eufrates medio hasta los montes Zagros, erigir una eeeestela en el Líbano y cobrar tributos de los príncipes del Elam y del país de Tulki S.
ShamSi-Addu se llama «rey del universo» como quinientos años antes Sargón de Acad. A partir del s. XVIII comienza a oscurecerse la historia de los asirios a causa de la ocupación de los mitannos y de los jórreos, cuya influencia aparece en las tablillas de Nuzu y de Arrafa (Kerkuk). Cuando los jórreos y, los mitannos fueron vencidos por los jeteos, los asirios se levantaron con Assur-nadin-ahhe (1399- 1390) recobrando su primitiva grandeza con Assur-Uballit I (1362-1327). Aquí comienza el imperio asirio medio, que deja leyes caracterizadas por una gran energía sobre el estatuto de la mujer, sobre la propiedad rural y sobre los delitos comerciales, y que llaman la atención por el contenido de tradiciones comunes con el Código de la Alianza de los hebreos. Enlil-nirari I (1326-1317) se moviliza contra los estados meridionales y conquista a Kurigalzu a la altura de Bagdad. Sus sucesores consolidan el imperio hasta que Tukulti-Ninurta I (1242-1206) domina a Babilonia, se lanza sobre el Asia Menor y crea en Assur la capital de un 62Aimperio que tiene por súbditos a Sumer y Acad, Sippar y Babilonia, Dilmun y Meluhha.
Hállanse debilitados los asirios durante unos ochenta años (1206-1127), que, sin duda, coinciden con el período en que los jeteos tienen el dominio sobre los pueblos del mar. Teglatfalasar (1114-1076) realza la prosperidad de los asirios con un imperio desde el golfo Pérsico hasta el Mediterráneo. Después de su muerte los árameos usurpan el trono de Babilonia, con lo que los asirios comienzan su rápida decadencia. Sus sucesores, de los que sólo se conocen los nombres, están desprovistos de poder. Salmanasar II (1028-1017) traslada la capital a Nínive. Solamente Assurdan II (934-921) tiene éxitos contra los árameos. Con Adad-nirari II (911-891) comienza el nuevo imperio asirio (911-605). Assurnasirpal II (885-859) traslada la capital de Nínive a Kalak (II Re. 17, 6; 18, 5), se gloría de haber bañado sus armas en el Mediterráneo y siembra la alarma entre los pueblos de Palestina .
Ajab de Israel establece alianza con Benhadad II de Damasco (I Re. 20, 31-34), pero en Qarqar (854-53) pierde dos mil carros y diez mil infantes en la batalla contra los asirios de Salmanasar III (859- 824), quien en el 841, después de haber derrotado a Jazael de Fenicia, cuenta entre sus tributarios al mismo Jehú, sucesor de Omri en el reino de Israel. Shamši-Adad V (823-809) es famoso por haberse desposado con Semiramis, la legendaria princesa de Babilonia. Teglatfalasar III (745-727), a quien la Biblia conoce también con el nombre de Pūl (II Re. 15, 19; cf. I Par. 5, 26), recibido en Babilonia, derrota a los uránicos (II Re. 18, 34), y en 738 recibe el tributo de los reyes sirios, entre los cuales figuran Rasín de Damasco y Menajen de Samaria (II Re. 15, 37; 16, 5-9; II Par. 28, 5 ss.; Is. 7,1 ss.).
En 734 se lanza contra los reyes siriopalestinenses, de nuevo rebeldes, ataca a Gezer, Ascalón y Gaza, donde recibe la legación de Ajaz, rey de Judá, que implora auxilio contra Rasín y Pecaj de Israel (II Re. 16, 7; Is. 7); devasta a Israel y lleva sus habitantes a Asiria (II Re. 15, 29; I Par. 5, 6. 26): sirviéndose del partido asirófilo, nombra a Oseas al morirse Pecaj y recibe un tributo de diez talentos de oro (II Re. 15, 30): conquista y devasta a Damasco, da muerte a Rasín y deporta la población a Quir (II Re. 16, 9). En Damasco recibe a Ajaz de Judá (II Re. 16, 10). Salmanasar V (727-722) emprende una primera campaña contra Oseas de Samaria (II Re. 7, 17), que probablemente está en relación con el asedio de Tiro (725), según testimonio de Flavio Josefo. En 724 (II Re. 17, 5 s.) tiene cercada durante 62Btres años a Samaría, que cae (721) bajo el impulso de Sargón (722-705), el cual deporta sus habitantes (II Re. 18, 9 ss.; 17, 24 ss.) y traslada a Palestina colonos asirios. Merodac-Baladán II, campeón de la independencia de Babilonia (II Re. 20, 12 ss.), se adueña de Babilonia y busca aliados en occidente (Is. 39).
Senaquerib (705-681) somete el Elam y Babilonia (702) y se lanza contra Palestina (701): ataca a Sidón, conquista muchas fortalezas, derrota a los egipcios en Elteque (cf. Jos. 19, 44; 21, 23), saquea a Palestina, cerca a Ezequías, de quien recibe treinta talentos de oro y ochocientos de plata (v. Senaquerib). Los documentos asirios son incompletos y celan el jaque mate de Senaquerib, quien en 699 destruyó a Babilonia y fué muerto por sus dos hijos mayores. Sucédele Asarhaddón (680- 669) que reconstruye a Babilonia y conquista a Egipto (671). Entre sus tributarios figura Manasés de Judá (II Re. 21, 3). Assurbanipal (668- 625) regresa a Egipto victoriosamente en 667, y en 663 saquea brutalmente a Tebas (v. Nah. 3, 8). Sus sucesores asisten al desmoronamiento del imperio asirio, que queda concluido con la caída de Nínive (612) bajo la acción de los medos y de los babilonios. Asiria es símbolo de la opresión (Os. 11,5; Is. 52, 4; 11, 11); Nínive, la ciudad prodigiosa (Gén. 10, 11; Jon. 1, 2; 3, 3; 4, 11; Nah. 2, 9). Su ruina es tomada en consideración por Sof. 2, 13, 15; Nah. 2, 12 ss.; 3, 4 ss.
Más tarde, cuando Nabucodonosor amenace a Jerusalén, Yavé reclamará el castigo de Nínive (Jer. 50, 18). La religión de los asirios tiene afinidad con la de los babilonios. No obstante Asur está en el vértice del panteón. [F. V.]
Bibliografía
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