ADORACIÓN
Palabra derivada del latín adorare (LXX y N. T. προσκυνεῖν = T. M. hištahāwāh , forma hitpael de la raíz šāḥāh ). Expresa el acto de poner en tierra las dos rodillas e inclinar la cabeza hasta la tierra ante la persona a quien se dirige el homenaje, besándole los pies o simplemente tocando el suelo con la frente. Es el acto máximo de veneración para un oriental, distinto de otros actos de veneración menos absolutos, como son la simple genuflexión o la moderada inclinación del cuerpo. Este acto, sumamente corriente en todo el oriente de ayer y de hoy (Egipto, Asiria, Persia) está en consonancia con el carácter ceremonioso de los orientales. La ad oración tiene en la Biblia un significado religioso y profano, y por tanto tiene una acepción más amplia que la adoración entendida en el sentido teológico, exclusivamente religiosa (acto de culto externo tributado a Dios o a las criaturas teniendo en cuenta la especial relación de ellas con Dios). Antiguo Testamento. La adoración con significado religioso se tributa a Yavé (Gén. 24, 26-48; Éx. 20, 5, etc.). Muchas veces se sobreentiende el término de adoración.
Con significado profano, impuesto por la urbanidad oriental, se tributa a soberanos como David (II Sam. 9, 6-8; 14, 22-23) o también a hombres, si no insignes por la dignidad, al menos objeto de una veneración especial, como los tres visitantes desconocidos (Gén. 18, 2) honrados por Abraham; el suegro, Jetró, honrado por Moisés (Éx. 18, 7); Jonatán, hijo de Saúl, reverenciado tres veces por David (I Sam. 20, 41); Esaú, reverenciado siete veces por su hermano Jacob (Gén. 33, 3). Entre el acto religioso y el acto de urbanidad no existe más que una identidad material, y difieren grandemente bajo el aspecto formal o intencional.
En el Nuevo Testamento son bastante comunes los dos aspectos, religioso y profano, que se encuentran en el Antiguo: a) La adoración va dirigida ante todo a Dios (Mt. 4, 20; Lc. 4, 8; Jn. 4, 21 s.; I Cor. 14, 25; Ap. 4, 10, etc.). Es el reconocimiento del poder supremo, de la infinita 14Amajestad de Dios. b) La adoración que se dirige a Jesucristo durante su vida mortal no siempre ha de considerarse como un manifiesto reconocimiento de la Divinidad, puesto que hubo progreso hacia una fe plena en Jesús, Mesías y verdadero Dios. El homenaje que los magos orientales tributan al Niño Jesús cuando se postran ( προσκυνεῖν ) ante él, no implica necesariamente un reconocimiento de la divinidad (Mt. 2, 2, 8, 11; J. Lagrange, S. Mt. , pp. 24-31).
El leproso se postra ( προσκυνεῖν , Mt. 8, 2 = πεσὼν ἐπὶ πρόσωπον , Lc. 5, 12) para exteriorizar su veneración por el Cristo taumaturgo. Jairo implora la curación de su hija moribunda con el acostumbrado gesto reverencial ( προσκυνεῖν , Mt. 9, 18). A los apóstoles los vemos postrados en la barca a los pies de Jesús que ha caminado sobre las aguas, ha calmado la tempestad (Mt. 14, 33), manifestando un reconocimiento confuso ( υἱὸς θεοῦ sin artículo) de su Divinidad (Lagrange, S. Mt. , p. 297). El endemoniado geraseno se postra bajo el influjo demoníaco reconociendo el origen divino de Cristo (Mc. 5, 6 s.), lo mismo que la confesión de Pedro (Mt. 16, 16).
La madre de Santiago y de Juan subraya con la adoración su vehemente deseo de ver a sus dos hijos en la gloria de un reino terreno (Mt. 20, 20).
El ciego de nacimiento, recobrada la luz de los ojos, acompaña a su acto de fe con la adoración, que en este caso traspasa los límites de una simple finalidad obsequiosa (Jn. 9, 38). Contienen un reconocimiento abiertamente consciente de la divinidad de Jesús la adoración de las mujeres que regresan del Sepulcro después de la Resurrección (Mt. 28, 9), y las adoraciones de los Apóstoles en Galilea (Mt. 28, 17) y después de la Ascensión (Lc. 24, 52). Y principalísimamente en los Actos y en las epístolas de San Pablo se manifiesta y se tributa a Jesús una adoración plena, como al Padre (cf., por ej., Flp. 2, 5-11; Act. 7, 55 ss., 59 s.). c) También como acto de reverencia civil (Mt. 18, 26); pero cuando en estos actos se mezcla alguna intención religiosa, o aunque sólo exista el peligro de una valoración religiosa, el cristiano reacciona (Act. 10, 25 s.).
En el Ap. se prohíbe la postración hecha en homenaje a las criaturas, como reacción contra el culto divino que se tributaba a los emperadores con la adoración (Ap. 19, 10; 22, 8). A un acto en sí lícito y que se ha divulgado tanto, sólo puede ponérsele el veto cuando lo inspira un intento de polémica. [A. R.]
Bibliografía
S. Many, en DB , I, col. 233- 38. F. 14BZorell, Lex. Graecum N. T. , París 1931, col. 1943 s. S. Loesch, Deitas Jesus und antike Apotheose , Rottenburg 1933.