OCEANÍA
Los primeros exploradores católicos del continente australiano, españoles y portugueses, acompanados de religiosos en calidad de capellanes, dejaron vestágios de su paso en muchas denominaciones marianas (Santa María, la Asunción, Puerto de la Visitación de la Virgen, etc.) dadas a las nuevas tierras por ellos descubiertas. Así, por ej., el explorador Mendaña daba el nombre de «Bahía de la Madre de Dios» a Tatuama, en la Polinesia, donde tomaba tierra el 28 de julio de 1595. Los misioneros que, en el s. XIX, iniciaron la evangelización de O. fueron devotos entusiastas de María: los Padres de los Sagrados Corazones de Jesús y de María (Picpusiaños), los Maristas, los Hermanitos de María, los Misioneros del S. Corazón, los Padres del Verbo Divino, los Padres de las Misiones extranjeras de Milén, los Benedictinos, los Dominicos, los Redentoristas, los Pasionistas, los Jesuitas, los Carmelitas, los Maríanistas, los Oblatos de María Inmaculada, los Agustinos, los Franciscaños, los Palotinos, los Capuchinos, los Padres de Mill-Hill, los Siervos de María, etcetera.
Y no deben olvidarse las numerosas congregaciones religiosas femeninas, comenzando por las de «Nuestra Señora de la Merced», venida de Irlanda en 1850, cuya casa madre, en Auckland, lleva el título de «Monte Santa María» y cuya primera fundación, en Wellington, tiene el nombre de «Santa María». Todas las congregaciones religiosas femeninas fundadas en O. tienen por título el nombre de María, o sea: las «Hermanas de María», las Hermanas de la «Pequeña Compañía de Marías, las «Hijas de María Inmaculada», las «Pequenas Hijas de María», las «Hermanas de N.ª S.ª Auxilio de los Cristiañoss y las «Hermanas de Nazaret». Los Padres de Picpus fueron los primeros en entrar en O., en 1826, y tienen por lema: a Ad Jesum per Maríam». Fueron los apóstoles de la «Virgen de la Paz», venerada en Picpus, y a Ella dedicaron la primera Iglesia de las islas Hawai. A los Picpusiaños siguieron en 1836 los Maristas, a los que asignO Gregorio XVI la O. occidental, reservando la oriental para los Picpusiaños.
Los primeros misioneros maristas que se dirigieron a la evangelización de O. se embarcaron en el puerto del Havre, el 24 de diciembre de 1836, cantando el «Ave, María Stella» (Cf. «Rivista dell’Esposizione Missionaria Vaticana», 1 [1924] p. 286). El Venerable Colin, su fundador, antes de que abandonasen la marianfsiraa Lyon, les dio la siguiente orden: «Apresuraos siempre a poneros bajo la protección de María y a consagrarle cada una de las islas adonde lleguéis, dejando una medalla o una imagen de esta Reina del cielo en señal del dominio que Ella tiene sobre la isla y de la consagración que vosotros le hagáis.» Esta orden fue siempre escrupulosamente ejecutada. Así hicieron, por ej., en Wallis, en Futuna, etc. En 1845 Mons. Espalle, apenas hubo llegado a los lfmites de su jurisdicción, hizo que se le entregase una medalla de Nuestra Señora, y la arrojó al mar, a fin de que tomase posesión de su Vicariato. Asesinado por los indfgenas, su sucesor Mons.'CoIlomb repetfa el mismo gesto. Apenas llegados a Nueva Zelanda, el primer pensamiento de los misioneros maristas fue el consagrar aquel inmenso país a la augusta Madre de Dios. El Vicario Apostdlico de la O. occidental, Mons.
Pompallier, puso la difícil misión bajo el patrocinio de María Santísima Asunta. Dio el nombre de «Santa María» a la primera estación misionera fundada en Papakawan, convertida después en sede del Vicariato Apostdlico. Mons. Pompallier tomaba posesión de su sede inaugurando un monumento a Nuestra Señora, que fue proclamada por «Reina de Nueva Zelanda». El obispo de Wallis consagraba, en 1850, su Vicariato de la O. central al Corazón Inmaculado de María. S. Pedro Chanel, protomártir de la O., tan pronto como llegó, después de un afto de viajes, a la isla de Futuna, consagró toda aquella isla a la «Reina de las misiones». Picpusiaños y Maristas, mal acogidos por los indígenas (por ej., en Tahíti y en Tonga), antes de retirarse grabaron en los árboles el nombre de María, en seríal de confiada esperanza, y clavaron alii sus medallas. Los Padres de las misiones extranjeras de Milán iniciaron, hacia medíados del s. xdc, la cristianización de la Melanesia consagrando a María Inmaculada su misión de Woodlark y de Rook. Los Padres Misioneros del Sagrado Corazón, hacia finales del s. XIX, iniciaban la evangelización de la Melanesia septentrional y de la Micronesia.
La Nueva Guinea, ala isla de la mala gente», fue bañada y fecundada por los sudores apostólicos del siervo de Dios Mons. Enrique Venus, Vic. Ap., el cual, en el día de su primera misa, se ofrecía como aesclavo de María Santísima para ser víctima del Sagrado Corazón de Jesús», prometiendo a la Virgen hacerlo atodo por Ella, con Ella y en Ella, a fin de hacerlo todo en JesQs, por Jesús y con Jesús». Movido de ardiente pasión filial, consiguid introducir entre los salvajes convertidos la costumbre de saludarse diciendo: a \ Ave, María!» Los Padres Benedictinos deben la salvación de su monasterio de Nueva Nursia a una intervención milagrosa de N.ª S.ª del Buen Consejo (copia de la de Genazzano, donada por el». Vicente Pallotti) alii venerada. En 1874 un violento incendio invadid su monasterio. Los monjes tomaron la imagen de la Virgen y la llevaron en procesión: las llamas, impulsadas por un viento contrario, cambiaron inmedíatamente de dirección y se extinguieron. Los indígenas, imprestonados por este hecho, se dispusieron a aceptar la semilla evangdlica. La devoción de los evangelizadores de O. se manifestá de muchos modos.
Hay obispos que toman para su escudo lemás mariaños, como dstos: «Duce María» (Mons. Fox), «Sub tuum praesidium» (Mons. Broyer), «Juxta crucem tecum stare» (Mons. Bertreux), alter para tutum» (Mons. Coleman), aln Deo salutari meo» (Mons, Me Gurie), etc. Goletas, barcas, lanchas, etc., reciben el nombre de María: «N.ª S.ª de la Paz» (P. Bachelot); «Santa María» (Mons. Pompallier, primer Vic. Ap. de la O. occidental); a Estrella de la mafiana» (Mons. Bataillon). La «Sociedad de la O.», organizada para el transporte de misioneros por el Pacífico, daba a sus naves los nombres de «Estrella del mar», a Area de la alianza». ejEs tan bello —decia el P. Borjon— sentirse en el mar sobre un buque que lleva el nombre de María!» Otra seríal de la marianidad de O. son los innumerables lugares consagrados a María con los nombres de Belén, Nazaret, Inmaculada Concepción (meta de peregrinaciones), Natividad, N.ª S.ª de los Dolores, etc. En 1887 los Maristas erigian una gran estatua de la Inmaculada en el cabo Meketepun, que domina el mar. Es vivisima la devoción a las medallas de Nuestra Señora en las islas de O.: son esas medallas como el signo distintivo de los católicos.
En vez de pedir una amedalla», los indígenas piden «una María». Otro signo distintivo de los católicos de O. es la corona del Rosario: no se contentan con llevarlo en la mano, sino que lo ponen también como collar, en torno al cuello, e incluso entre los cabellos. La corona del Rosario, con sus misterios, ha servido a muchos misioneros de medio para exponer a los indígenas la religión cristiana. Al ver al misionero pasar las cuentas del Rosario, los indfgenas lo Cretan en comunicación con la divinidad y escuchaban con atención. Es tan comun la corona del Rosario, que algunos llegaron a definir la religión católica como a la religión de la coronas. Mataafa, rey de Samoa, que se convirtid al cristianismo a finales del s. XIX, fue devotísimo del Rosario. Con 6\ en la mano salvd su ejdrcito avanzando sólo contra el enemigo.
Su tfo, Mataafa Tuituia, era de tal manera entusiasta del rezo del Rosario, que todos los días, poco después de medíanoche, acostumbraba a despertar a todos sus stibditos para que lo rezasen, lo cual no era del agrado de todos, y por eso no siempre respondían todos a sus «Avemarfas»; entonces dl, con un bastonazo, despertaba a los dormilones, y al misionero que intentaba echar un poco de agua en la llama de su celo poco discreto, respondía el anciano diciendo: «Tenga paciencia: a aquellos a quienes hoy pego, ayer los mataba.» En 1844, con ocasión del primer Sinodo Provincial de Sidney, era elegida como Patrona principal de Australia y de Nueva Zelanda la Virgen «Auxilio de los cristianos», cuya fiesta se celebra el 24 de mayo. Al primer seminario indfgena —el de Lano, en la isla de Wallis— se le dio en 1847 el nombre de a Seminario del Corazón Inmaculado de Marías. De 2.328 Iglesias que hay actualmente en Australia, 438 están dedicadas a María Centre éstas esté la catedral de Sidney y la de Tasmania); y de 887 parroquias, 181 tienen título mariano. En Nueva Zelanda, de 449 Iglesias, 99 están dedicadas a Nuestra Se~ nora, y de 179 parroquias, 39 llevan título mariano.
Es vivfsima la devoción a N.ª S.ª de Loreto, a la Virgen de la Salette, a N.ª S. tt de Lourdes y a la de Fatima. BIBL.: Roschini, G.. Marlotogta, vol. IV, ed. 2. m. Roma 1948, pp. 282-283; O’Reilly, P., S. M.. La divotion d fa Salnte Vierge en O., en Du Manoir. V, París 1958, pp. 485-492; Mulcahy. M.. S. M.. Le culte marlal en Nouvelle-ZHand, ibid., pp. 497-505.