ITALIA
Escribía Jerónimo Savonarola, hablando de la devoción de I. a la Virgen: «¿Qué país te dio nunca culto más cariñoso y más digno, te erigió templos más suntuosos, te cantó con más dulces armonías, te pintó con más bello rostro, te ofreció más nobles regalos?» Así ha sido, así es y así será. Baste simplemente advertir que I. tiene la gloria de guardar en Loreto la santa casita de Nazaret, de la cual dijo Pío IX, en la bula pontificia del 26 de agosto de 1852: «Entre todos los templos consagrados a la Madre de Dios (...) hay uno que ocupa el primer puesto y brilla con luz incomparable: la venerable y augustisima casa de Loreto. Consagrada pot» los misterios divinos, esclarecida por milagros sin cuento, honrada por el concurso y por la afluencia de los pueblos, extiende ampliamente por el universo católico la gloria de su nombre.D El culto de María en las difereates regiónes de I. Indicio elocuente de la intensidad del culto mariano en I. es el número imponente de toponímicos marianos: hay más de 2.000 (Cf. Imbrighi, v. bibl.).
Para tener una idea clara y exacta de la difusión del culto mariano en las diferentes regiónes de I. es necesario tener presente la época de la difusión del cristianismo en aquellas mismas regiónes. Según Lanzoni (Le Diocesi d’ltallá dalle origini al principio del sec., VII [a. 604], Faenza 1927, pp. 1059 ss.), en los albores del s. VII había en la allá I. 53 (o 57) diócesis. De éstas aparecen, en el s. IV, Rímini, Rávena, Faenza, Imola, Claterna (?), Bolonia, M 6 den a, Parma, Piacenza, Tortona, Génova, Porec, Aqu’ileya, Concordía, Altino, Padua, Brescia, Verona, Trento, Milln, Como, Pavía, Bdrgamo, Vercelli, No vara, Turín. Las otras se encuentran en el v, en el vi y alguna tambiln en el VII; hay, sin embargo, razones para creer que la mayor parte existieron ya en el s. IV. Son anteriores al s. IV Rávena (o mejor, Classe), Aqu’ileya, Milln y Porec. Respecto a la I. medía, baja e insular, según resulta de los documentos, se contaban en los primeros siglos 197 (o 214?) diócesis, y, por lo mismo, cerca del culdruplo de la alta I.: todas con territorio restángido, excepto las de la Tuscia Annonaria. Solamente el Lacio y Campania contaban con 44 (47?). En el s.
IV aparecen Porto, Ostia, Mentana, Palestina, Tivoli, Tres Tabernae, Terracina, Capua, Nápoles. Cales (Calvi), Pozzuoli, Nola, Nursia, Benevento, Arpi, Cañosa, y otras, en general, en Apulia y en Calabria; Potenza, etc.; Espoleto, Gubbio; Civitavecchia, Forum Clodii; Chiusi, Florencia, Luca, Pisa y, probablemente, Siena y Bolonia; Siracusa, Cagliari, etc. Todas las demás no aparecieron hasta los siglos v y vi; pero tenemos poderosos motivos para creer que se remontan, en su mayor parte, al s. vi, más bien a su primera mitad. Al mismo s. vi, por razones particulares, se adjudican las diócesis de Mentana, Albaño, Fondi, Formia, Atella, Cuma, Miseno, Aveluno; Brindis; Cures, Forum Novum, Amitemum, Corfinio, Sulmona; Ancona, Osimo, Tolentino, Cluentum vicus; Otricoli, Nami, Tcrni, Foligno, Forumílaminii, Tadino, Fossombrone, Faño, Pesaro, Sarsina; Lorium, Blera, Ferentum, Falerii, Arezzo; Taormi na, Catania, Agrigento, Libaeum en Sicilia; Forum Traiani y Tunes en Cerdeiia; Mariana en Cdrcega. No pocas fueron las diócesis en I. medía, baja e insular en el s. iu, especialmente en (as cercanias de Roma. Es, sin embargo, difácil especificar cudles serían.
Varias razones nos Uevan a creer que, en los ss. i y n, el cristianismo no cstuvo muy desarrollado en I. Es necesario tencr bien presenlcs todos estos detallcs de tiempos y lugares, tanto para tencr nn hito conductor en el cual buscar el desarrollo y la difusión del culto mariano en I., como para evitar poner en juego —como ha sucedido muchas veces— santuarios y inonumentos marianos erigidos en tiempos y lugares inverosimiles. porque son incompatibles con los datos suministrados por documentos que nos ofrecen la garantfa de una suficiente certeza histórica. 1) En la /. medía, baja e insular. Comenzando por el Lacio (v. Roma) se destacan los hechos siguientes, desgraciadamente muy fragmentarios. En Cave, no lejos de Palestina, se venera una Virgen que una inscripción descubierta en el s. XVII nos presenta como pintada en el 615. En Castel de Leva es célebre, como centro de intenso movimiento mariano, el santuario de N.ª S.» del Divino' Amor. La antiquísima ciudad de Sutri conserva aún una original iglesita de tres naves, que en su origen sería una tumba etrusca, dedicada a la cVirgen del Partos. Allí debieron de juntarse los primeros fieles con su pastor.
La basílica catedral que la siguió, erigióa en el 908, fue dedi cada a Santa María de la Victoria; en 1170, habiendo sido ampliada y adornada por el obispo Alberto, era dedicada por lnocencio III en persona a la Asunción (Cf. NispiLandi, C., Storia delVantichissima Citta di Sutri, Roma 1887, pp. 564-565).
También en la vecina Nepi era dedicada a la Asunción la basílica catedral, construida en el s. vi sobre un templo pagano (todavía existente). Es digno de notarse el original y antiquisimo santuario de Nuestra Señora «ad Rupes» de Castel S. Elias, cerca de Nepi. La célebre abadía imperial de Farfa, cuyo origen —según una antigua leyenda— cst£ uni de a la intervención de la Madre de Dios, era distinguida desde el 970 con el título de Monasterium S. Maríae quod dicitur Farfara (Cf. Schuster, I., L'imperialc Abbazia di Farfa, Roma 1921). Frascati, a finales del s. ix, poseía una iglesia dedicada a la Virgen. En Genazzaño, célebre por el santuario de la Virgen del Buen Consejo, la veneración a la Virgen existía ya en el s. v. La antigua iglesia, abandonada, habría quedado reedificada en 1447, cuándo fue llevado milagrosamente a Genazzaño el cuadro de la Virgen de Scutari.
En Tivoli, en la iglesia de Santa María la Mayor, se venera una antigua imagen cubierta con un manto adornado de pequeiias cruces griegas. No lejos de Tivoli, cerca de Poli, esta el antiquisimo santuario de la Mentorella (quizd del s. IV), que en clro tiempo atraia a tantos pcregrinos como atrae hoy Loreto (Cf. Kircher, Historia Eustachio-Mariana, Roma 1865). En Montecasíno, a fines del s. VIIi, vemos al abad Teodemaro levantar en S. Germán una originalisima iglesia bajo el título de Madonna dellc cinque Torri. Es significativa la inscripción que se lee en la torre central: cSublatis tenebris, quia per te mundus habere lumen promeruit et sanctissima Mater [bem celsa tibi ideirco consurgunt templa per oret merito totis coleris celebcrrima terris.n También el abad Mansone (986-96) erigía en honor de la Virgen una iglesia que luego embellecid con pinturas. Del Lacio (tanto el Latium vetus como el Latium adíactum), pasemos a la Cam pania. Nápoles llega a contar hasta un centenar de iglesias dedicadas a María, algunas de las cuales se remontarian a los primeros siglos del cristianismo (Galante, Guida a Napoli). En las catacumbas de S. Jenaro y en las de S.
Gaudioso hay dos pinturas de la Virgen atribuidas genei»almente al s. ix. En la basílica de Santa Restátuta, en la quinta capilla de la derecha, está el subteri»dneo de Santa-María-a-Principio, así llamada porque se remontaria a los tiempos apóstolicos y porque una tradición constante la señala como la primera erigióa en Nápoles en honor de María. La imagen que allí se venera actualmcnte no va más all£ del s. xnr, pero es muy proba ble que sustituyera a una imagen mucho más anti glia, quizd —como alguno crce— del s.
VII. También a Santa María in Cosmedin se la quisiera hacer remontar a los primeros siglos cristianos. Santa María la Mayor habría sido construida en el 524 sobre las ruinas de un templo de Diana: fue después reconstruida por los Mfnimos en 1653. También la basílica mayor de S. Agnello habría reemplazado a una pequeha capilla consagrada en el s. vi a la Virgen. Pero después de la supuesta aparición de S. Agnello sobre un arco iris de siete círculos, la iglesia tomó el nombre de «Santa María de los siete cielos». El santuario de Santa María de Donna Regina se remonta al s. VIIi. La iglesia de Santa María in Piaz za se remontarfa —según algunos— al s. IV.
El santuario de Santa María de Piedigrotta, erigido sobre las ruinas de un templo pagano, existía ciertamente antes de 1207. El 8 de octubre de 1353 la Virgen se aparece a un mismo tiempo a tres personas, exhortdndolas a construir una iglesia más grande al lado de la que ya existía. Al excavar los cimientos, se hallO la imagen de madera de la Virgen que aun hoy se venera en el altar mayor, del s. xn. Salerno se gloria de un santuario dedicado a María a finales del s. VIIj, según parece desprenderse de la historia de Arigiso II, duque de Benevento, que murió en el 785 y que fue sepultado en la sobredicha iglesia (Cf. Pertz, Script ores, III, 481 y 520). La crónica de Salerno sehala en Amalfi, en el 837, la existencia de una iglesia dedicada a la Virgen (ibid., 504). La imagen de la Virgen de cabeza de oso, que se vefa en otro tiempo sobre los muros de Santa María dell’Ognara, se remonta, por lo menos, al s. vi. El célebre santuario de Montevergine, en el Aveluno, habría sido fundado en 1119 sobre las ruinas de un templo de Cibeles. La tan venerada imagen de María no parece anterior al s. xn.
Las Puglias y Calabria abundan en antiguas iglesias de María, y se necesitarfa mucho tiempo para hacer su reseha (Cf. Anto nio da Stigliano, O. F. M. Cap., Jl culto di María SS. nolle Puglie, en «L»Italia Francescanao, 30 [1955] pp. 234-241; Donnarumma, V., O. Min., Cosenza Mariana, 1951, 220 pp.). Pasemos, pues, a la Sicilia. Si se hubiera de prestar fe a la ley end a o a tradiciónes muy tardías y sospechosas, Sicilia habría estado poblada de santuarios marianos, levantados con inateriales de antiguos templos paganos, ya en los tiempos apostólicos. Mas los datos ciertos están bien lejos de apoyar semejantes aspiraciones. No se puede negar, sin embargo, que Sicilia comenzó a tributar muy tempraño elocuentes testimonies de veneratíon a María. Mesina —según Gumppenberg— habría llegado a contar cuarenta y siete imágenes milagrosas de la Virgen. Palermo —siempre según Gumppenberg— habría contado once. Son intcrcsantes las huellas de la piedad mariana de los reyes de Sicilia. La basílica de Santa María la Pinta o de la Anunciación, derruida en 1648, habría sido cons truida por Belisario en el 535.
Es también intcresantísima la iglesia de Santa María del Almirante, así llamada por el gran almi rante Jorge de Antíoqufa que la fund O. Fue consagrada en 1113, pero no quedó terminada hasta 1143, por el rey Ruggero. En uno de los bellos mosaicos que la adornan se representa a la Virgen en actituel de recibir el modelo de la iglesia de manos de Gui llermo II, que vestfa la indumentaria real. En otra está representada bajo el aspecto de matron a veneranda, y en el fondo se leen los dos versos siguientes: Sponsa tuae prolis, o Stella puerpera solis, — pro cunctis ora, sed plus pro rege lahora. Otro cuadro en mosaico representa al almirante Jorge postrado a los pies de la Virgen, la cual intercede ante su divino Hijo por el fundador de la iglesia, y tiene en la mano un rollo desenvuelto en el que se lee, en griego, la inscripción siguiente: «Jorge, el primero de los príncipes, ha erigido para mí este edificio desde sus cimientos. jOh Hijo mio, presérvalo de todo mal; td sólo tienes el poder para ello, pues cres Dios! b También el santuario y la imagen de la Madonna delVlmperlata se remontan al s. xn y se deben a la liberalidad y piedad marianas del canciller de Guillermo, rey de Sicilia.
En Piazza Armerina, en un suntuoso edi ficio que domina la ciudad, se venera la imagen de la Virgen, pintada en la bandera del conde Ruggero cuándo librd a Sicilia del yugo de los sarracenos. El mismo conde habría erigido en Ravenosa, en el monte Sarraceno, una iglesia a la Virgen, por la ayuda obtenida de Ella durante una batalla. En Trapani es célebre el santuario de la Virgen milagrosa, llamada de Trapani, cuya imagen de mdrmol blanco fue csculpida hacia medíados del s. xin.
También Cerderla, lo mismo que Sicilia, hace alarde de una historia mariana. En el s. vnr, los guerreros sardos consiguen exterminal- a los sarracenos con la ayuda de a Dios Nuestro Señor y de Su Madre la Virgen María». Dos jueces, al aceptar el compromiso de su cargo, van a emitir el juramento al altar de Santa María in Ardara. Leónor de Arborea, al extender su célebre «Carta de Logu», la consagra para honra de Dios omnipotente y de su gloriosa Virgen Señora Santa María, mientras los pocos soldados sardos consiguen rechazar en 1793 a los númerosos soldados franceses, teniendo en la mano el rosario junto con el fusil.
El número de sus santuarios marianos, con el de Bonaria a la cabeza, han hecho de ala isla de Cerdefia... todo un monumento de tierna devoción a María» (Lippi, La Madre di Dio e la Sardegna). 2) En la allá /. Es digna de considera tíon. antes que otra alguna, la ciudad de Milán, cuyo primer obispo del que hay noticia cierta, fue un tal Anatalón, a ultimos del s. H y comienzos del s. m (Cf. Lanzoni, op. cit., pp. 1010-1111). Las persecuciones de los tres primeros siglos desterraron, incluso en Milán, lo mismo el culto cristiano que el mariano, en las casas y en las iglesias de los palacios privados cedidos para uso del culto divino y que llevaban el nombre del donante (por ejemplo, la basílica de Filippo o Faustoniana, que parece haber sido la primera catedral milanesa). Apenas publicado el edicto de Milán (13 de junio de] 313), los milaneses levantaron una igle sia a la Madre del verdadero Dios justamente en el centro de la ciudad, en medio de su plaza mayor, iglesia que en tiempos de S. Ambrosio se llamaba arin ciglesianueva». Milán juntamente con Lombardía recibio un recio impulso hacia el culto mariano por parte de S. Ambrosio (v.) durante los 22 años de su gobierno pastoral.
En la igle sia de S. Nazario, hizo erigir una pilastra en forma de edicula e hizo pintar en ella a la Virgen con el Niño en los brazos. Esta imagen se hizo después célebre por un prodigio singular. Se quiere atribuir también a S. Ambrosio el origen del santuario de la Virgen en el monte Varense, como trofeo de victorias sobre los arrianos. Esta tradición está relatada en un catálogo ms. de los arzobispos de Milán, anteriores al s. xt, que se conservan en la Ambrosiana. Posteriormente se erigió, en sólo Milin, una docena de templos marianos —por limitarnos a los principales— comenzando por la catedral, la cual era construida en 1386. a causa de un voto hecho por Juan Galeazzo Visconti, y precisamente en el centro de la plaza mayor, sobre las ruinas de la primera iglesia dedicada a María inmedíatamente después del edicto constantiniano, y luego destruida por Atila en el 452 y reedificada nada menos que cuatro veces. Allí concurrieron aristocracia y pueblo, clero y laicos, arte y ciencia, y fue dedicada a la Natividad de María: aMaríae nascenti». A la catedral sigue, en orden de celebridad, el santuario de María en S. Celso. La imagen de María, que S.
Ambrosio mandó pintar allí, había sido protegida por una reja y cubierta con un velo blanco. El 30 de diciembre de 1485, mientras hacia estragos una epidemia homicida, al final de la mása celebrada por el sacerdote Juan Pedro Porro, y en presencia de cerca de 300 per sonas, se vio a la Virgen sacar el brazo izquierdo fuera de la reja removiendo el velo que la cubria; llena de belleza y esplendor, se la vio abrir los brazos y después replegarlos ante su pecho. Expansiones de alegría y de Ilanto saludaron el gran prodigio, debidamente autenticado por la autoridad eclesidstica. Pocos años después, en 1493, se conStruia un magnifico santuario. Un milagro semejante ocurrid en el más mo santuario, el 13 y 14 de julio de 1620. A una imagen de María, pintada en el muro junto a la entrada al lado izquierdo, con los Santos Nazario y Cclso a los lados y protegida por cristales, se la vio durante todo el día abrir y cerrar los ojos, alzando y bajando los prirpados y dejando correr de los ojos algunas ldgrimas. El rumor producido por el hecho y, sobre todo, las númerosas curaciones que se obraron, hicieron de aquella iglcsia el primer santuario de la ciudad.
Son también dignos de mención el santuario de Santa María de las Gracias erigido por los Dominicos en 1465; las antiqufsimas iglesias de Santa María Beltr«de (del 800 aproximadamente), de Santa María Podone (del 871, restaurada por el cardenal Federico Borromeo en 1627) y de Santa María en S. Sdtiro, fundada sobre un templo de Jtipiter en el 876. Entre los santuarios marianos del arzobispado milands pueden mencionarse el del Santo Monte de Varese, que se remonta al s. v; el de N.ª S.ª de los Milagros de Saronno, erigido en 1460; el de la Virgen de las Ldgrimas en Treviglio (de 1522), así llamado porque se la vio llorar y sudar sangre; el de Corbetta (de 1555), debido a un milagro muy singular. Digna de particular mención es también la Dolorosa de Rho que en el 1583 derramó ldgrimas de sangre, milagro comprobado por S. Carlos Borromeo. Dando una rápida ojeada a las otras diócesis de Lombardía, se puede decir que casí no hay ciudad que no tenga uno o más santuarios marianos, algunos de ellos muy antiguos.
Son bien conocidos los santuarios de Tiraño, Caravaggio y el de la Dolorosa de Borgo, Santa Catalina en Bdrgamo. célebre por el hecho de haberse visto brillar una estrella el domingo, 18 de agosto de 1602, sobre aquella imagen pintada en la pared. Con Lombardía rivaliza en honrar a María el Piamonte. Eslo se debe, inicialmente, a S. Eusebio, obispo de Vercelli (283-371) y a S. Maximo, obispo de Turín (380-466). La leyenda hace remontar a San Eusebio las primeras imágenes de la Virgen en Piamonte, cuales son la de Oropa y de Crea, imágenes que habría traido consigo del Oriente, en donde había estado exiliado. De todos modos es cierto que S. Eusebio fue singularmente devoto de María. S. Maximo extendid el culto de la Virgen en Turín y en toda la región augustana. De las tres iglesias que formaban la antigua catedral de Turín, dl dedicd una a María con el título de Sancta María de Domno, que era la iglesia cuyo culto él celebraba. A él se atribuye también la fundacion de la igle sia de Sancta María de Platca, dedicada después a la Asunción, y la devota imagen de la Consolata, que dio después origen al célebre santuario.
Después del año mil, el culto mariano en Piamonte tomó gran auge, debido especialmente al rey Arduino, Marquds de Ivrea, el cual —como narra Pingoreio en su Augusta Taurinorum — después de tantas victorias se hizo monje de Fructaria, y en una visión en que se le apareció la Virgen recibió de Ella la orden de erigirle tres templos: uno en el monte de Crea (o Creta), en Moncalvo, otro en Turín, en el antiguo priorato de S. Andrés, que había de recibir el título de Consolata, y un tercero en Belmonte, en el Canavese, sobre Valperga, bajo el título de la Natividad de María. De este modo surgen contempordneamente, en 1016, los tics sobredichos santuarios (Cf, Bardezzaño, Hist. Ecclcs., fol. 171; Thesadero, Epist. an notata, 160. Cronaca Fruttuaria, an. 1016). Muy avanzado ya el medievo, extraordinarias apariciones y hechos estrepitosos contribuyeron grandemente a acrecentar la devoción de los piamonteses a María. El B. Tomás de Cantimprd (1202-1280), en su Donum universale de Apibus, narra cómo se apareció la Virgen, en el s.
XIII, en Turín con su divino Hijo, circundada de siete globos de fuego a guisa de fulgidas estrellas, a un fraile dominico y luego a toda la comunióad religiosa hasta tres veces, lo que dio origen at santuario de N. A S.ª de las Gracias. En el siglo siguiente, y precisando más, el 29 de diciembre de 1336, la Virgen se aparece a la campesina Egidía Mai his de Brg, la cual, perseguida por malintencionados, se había refugiado, invocando su ayuda, tras una pilastra en la que estaba pin tada una imagen suya. Allí dio a luz a su hijo, que la Virgen vistid y deposit «5 en un zarzal que floreció al instante. Y desde aquel año en adelante, hasta hoy, aquel zar zal sigue echando flores, incluso durante el invierno. Así surgió el santuario de N.ª S. B de las Flores. No menos ruidoso es el milagro acaecido en Re, en el Valle Vigezzo, el 29 de abril de 1494.
Un tal Xuan Zuccone de Londrago, encolerizado por haber perdido en el juego, lanzd una piedra contra la imagen de María, pintada en la fachada de la iglesia parroquial, con el Hijo en el rcgazo, y al momento se vio salir de la imagen sangre viva. £(milagro conlinud durante 20 días, en presencia de todo el pueblo y de las autoridades civiles y religiosas, las cuales extendieron en seguida una escritura publica notarial. Andlogos milagros dieron origen al santuario de Cannobio (en 1522) y al de Savigliano (en 1613). No hay diócesis del resto del Piamonte que no se jacte de varios santuarios marianos, iglesias, altares o capillas dedicadas a María. Sólo en Piamonte se cuentan unos sesenta trofeos marianos (Cf. Colombeio, I Santuari della Verginc in Piemonte, Salestana, Turín 1896). En sólo Turín, la ciudad de la Consolata y de la Auxiliadora, donde en 1898 fue celebrado el segundo Congreso Naciónal Mariano, se cuentan no menos de 22 iglesias parroquiales dedicadas a María bajo títulos diversos. sin contar otras iglesias menores y oratorios marianos. En todo el arzobispado turinense, los templos dedicados a la Virgen son 219 (Cf. Frignani, L., Annuario del?Arcidiocesi di To rino, 1960).
Los Saboya tuvieron una particular devoción a María. Amadeo VI instituyó el año 1366 en honor a la Virgen la Orden de los Caballeros y Guerreros ligados por el vfnculo del amor, o del Collar de Sabo ya. llamada de la Anunciación. La insignia de la orden era un collar formado de nudos, de lazos de amor y de rosas. que tenía grabada la palabra fert (del latfn ferre = llevar). para significar que el caballero llevaba el vinculo de la lealtad jurada a María. Los caballeros de la orden eran quince, en memoría de los quince misterios del rosasío, del cual cada uno rezaba una parte convenida en favor de la orden. En 1383, Ama deo VI confirmd el carricter religioso de la orden y los estatutos anteriormente dictados para ella. Hizo también construir la cartuja de Pedro Chfltel, en Burgey, en donde quince padres debfan rezar por los Caballeros del Collar, así vivos como difuntos. El color azul de la bandera saboyana se lo sugirid a Amadeo VI el man to azul de la Virgen. Invitado por el Pontífice a la Cruzada para la liberación de Constantinopla, fue erigióarigióarigióal único entre los pnneipes cristianos que respondió a la angustíosa llamada del Papa.
Constrenido entonces a afrontar por sf sólo aquella diffeil empresa, Ama deo VI acudid a María, y después de haber hecho armar un buen número de galeras venecianas, genovesas y marsellcsas reunióas en Venecia, se embarco, izando en la nave almirante su bandera azul, con la imagen de la Anunciacion en el centra de un campo sembi'ado de estrellas de ora. Habiendo tornado a Gallipoli por asalto, marchd contra Constantinopla, y desbaratd a los btilgaros que habían hecho ya prisionero al emperador. Firmada la paz, el conde Verde tuvo acogidas triunfales en Constantinopla. Desde entonces en adelante el color azul quedd siempre como color de la casa de Saboya. La orden caballeresca de la Anunciación fue muy cara también a los descendientes de Amadeo VI. Amadeo VII, en 1409, renovó sus estatutos, que se habían perdido; en 1434 los aumentd y perfecciond. Car los III, Duque de Saboya, en 1518 dio otros nuevos y redujo el collar a un trenzado de 15 rasas, alternando blancas con granate: las rosas blancas eran símbolo de los misterios gozosos y gloriosos, y las granate lo eran de los misterios dolorosos.
Colgd después al collar un medallón representative de la Anunciación, y afiadid otros cinco ca balleros a los misterios dolorosos, en honor de las cinco llagas de N. S. Cristo. Manuel Filiberto, en 1570, después de la victoria de S. Quintfn, ennoblecid aún más la orden de los caballeros de la Anunciación reservdndola a los nobles y a aquellos que no hubieran sido nunca sospechosos de herejía, de vileza o de traición. En virtud del collar, los caballeros se convertfan ipso facto en miembros del Senado, exentos de tributos, con derecho a subsidios pecuniarios en caso de verdadera necesidad. A los veinte caballeros añadió también el soberaño, declaróndolo supremo maestro de ellos, y después también el príncipe heredero. Otro gran devoto de María fue erigióarigióarigióal príncipe Eugenio de Saboya. También dl como su glorioso abuelo el conde Verde, acostumbraba a hacer ondear en el campo de batalla el estandarte de María que dl llamaba «su celeste alládan. Fue dl quien desbaratd al ejército turco en Hungrfa, el 5 de agosto de 1716, fiesta de la Virgen de las Nieves, mientras en Roma todo el pueblo súplicaba a la celestial Aliada con oraciones, rosarios y procesiones.
Fue estrepitosa la victoria que el mismo prfncipe, Eugenio de Saboya, alcanzd en 1706. Turín, la ciudad real, estaba amenazada por ochenta mil soldados franceses. Ochenta mil contra diez mil. «Sin embargo —escribe Carlos Botta—, tan prodigiosa era su resistencia que, entre los asedíados, corria la voz de haber allí en Turín una fuerza invisible, una potencia divina, que vencfa todo vaño esfuerzo.» Este poder invisible y divino —observa el mismo historiador— era la Virgen, a quien todas las tardes, al añochecer, invocaban las tropas de Victor Amadeo II arrodilladas en la plaza S. Car los. Fue entonces cuándo el prfncipe Euge nio intcrvino como de improviso sobre las colinas de Superga y desbaratd al adversario; y mientras su prime Amadeo cumplfa allí, al día siguiente, el voto, colocando la primera piedra de la imponente basílica Mariana, disenada por Iuvara, el prfncipe iba a colocar a los pies de la Consolata los laureles del nuevo triunfo (Cf. Botta, Storia d‘Italia, c. XXXV). Es enternecedora la historia de la Virgen del Rocciamelone, santuario situado a 3537 metros.
Bonifacio Rotario, marques de Asti, habiendo caíao en poder de unos lad rones mahometaños, yendo en peregrinación a Je rusalem prometió a la Virgen un recuerdo imperecedero sobre la cumbre de los Alpes occidentales, si lograba recuperar la libertad y regresar a su patria. El 1 de septiembre de 1358 subfa al Rocciamelone, y en la viva roca granftica excavaba una capillita poniendo allí un artfstico trfptico ett bronce representative de la Virgen con el Niño. Y a sus lados S. Jorge y otro santo que está poniendo las manos sobre el marquds Bonifacio arrodillado. La capillita roquefia se convirtió bien pronto en meta de númerosas peregrinaciones por parte de las poblaciones de los valles circundantes: se reunfan en la catedral de Susa, en otro tiempo abadía de S. Justo, y después ascendían por el Rocciamelone. En tiempos más cercaños a nosotros, por iniciativa del profesor Ghirardi, con la aprobación de León XIII y la cooperación de 10 edntimos aportados por ciento cincuenta mil niños, el 20 de agosto de 1899, se erigió junto a la tosca capilla de Rotario en las alturas del Rocciamelone una colosal estatua de bronce de Nuestra Señora que extiende los brazos sobre I.
El triptico de Rotario se conserva hoy en la catedral de Susa, y todos los años lo llevan millares de peregrinos procesionalmente a la cima de Rocciame lone, hasta la estatua de la Guardíana de los Alpes, de la Reina de las nieves, cercaño al monumento de los ciento cincuenta mil niños de I. La Liguria, con Génova a la cabeza, no ha ido, en realidad, a la zaga de ninguna otra región de I. en el culto a María. A fina les del cuarto y quinto siglo de la era cristiana ya eran nueve las parroquias que habían sido dedicadas a María. Luego surgfa en Génova, a finales del 660, la basílica de Santa María de Castello dedicada a María Gloriosa, en el mismo lugar en que había surgióo el primer templo cristiano erigido probablemente sobre las ruinas del templo de Juno (Cf. Bianchi, P., O. P., en «Mater Dei», 1931, VI; id., Culto di María in Li guria, en «Rivisla Mariana Mater Dei». a. 1933, fasc. 2; Cervetto, L. A., II culto di María in Génova e in Liguria, en aSetúmana Religiosa» de Génova, a. 1890, n. 49; Corsanego, C., Citta di María, en «María e lTtallá», pp. 33-39) (v. bibl.). El Capitular de Ludovico II, del año 856, prescribía como fiestas de precepto la Asunción y la Anunciación.
Y en la Bula Pontificia, con la que Inocencio II elevaba en.1133 la sede de Génova a la dignidad arzobispal, se concedía que el arzobispo pudiese vestir el palio, signo de su nueva dignidad, en las tres fiestas de María: «in tribus festivitatibus Beatac Maríae Virginis». La sola ciudad de Génova, antes del reciente anexionamiento de los pueblos limitrofes, llegó a contar hasta 73 iglesias dedicadas a María, de las que permanecen aún 48, cuatro de las cuales son parroquiales. La actitud de Génova frente a la Inmaculada concepción es única per su antigiledad y por su ardor. Fue una de las primeras ciudades, en Occidente, en celebrar su fiesta litúrgica. A finales del s. xii, como consta en un Colectario de 1313, solia rezarse allí en la catedral la oración in con ccptíone beatae Maríae. El arzobispo Pileo de Marini introducía en 1410 (21 años antes del Concilio de Basíiea) la solemnidad de la concepción en el CaUlogo de las fiestas. Cuando Génova, junto con Francia y el resto de I., se ve duramente atacada por la pestc en 1450, el Doge y los ancianos, reuniós en la catedral, hacian voto de oelebrar todos los años, con particular so lemnidad, la fiesta de la Inmaculada.
Cincuenta años después, en 1500, durante otra devastadora epidemia, la Inmaculada ve desfilar ante si a toda la ciudad, y en medio de la multitud súplicante estaban allí también —según una piadosa tradición— Cristóbal Colón y Santa Catalina Fieschi Adorno. La misma escena se repitid ochenta años después, en 1580, cuándo la peste llegó a segar en Liguria ochenta mil vidas humanas. El 22 de mayo de aquel año, el Doge Nicolás Doria reunió a toda la ciudad, senadores y pueblo, ante la Virgen y, juntamente con el arzobispo Cipriano Pallavicini, jurd solemnemente construir una capilla a la Inmaculada en la nueva iglesia de S. Pedro in Banchi, y trasladarse todos los años, el 8 de diciembre, procesionalmente, con todas las autoridades de la república, a aquel templo, para asístir a las sagradas funciones. Desde aquel aiio en adelante la fiesta de la Inmaculada fue declarada de precep to. No exageraba Pío IX cuándo dijo: «Génova tiene el primer puesto en el mundo en honrar a la Inmaculada.» Es asímismo notable la devoción a N.»- S.ª de la Piedad y del Socorro, vencrada en la catedral desde el s. XV, y coronada por el cabildo vaticaño en 1683.
Tal devoción dio origen a la antigua cCompañía de N.ª S. A del Socorro» contra infideles, cuyos estatutos fueron aprobados en 1742. Esta eelebre Compañía escribió p£ginas de oro en la historia de la Génova mariana, logrando dispersal» a los corsarios levantinos que infestaban nuestros mares, rescatar muchos esclavos y col gar a los lados del altar de María las banderas algerinas, gloriosos trofeos de sus victorias. Corria el año 1746. Génova era cruelmente hollada por soldados extranjeros. Los mismos vencidos eran vilmente forzados por los vencedores a transportar a los puestos de ataque la pesada artilleria. Un general genovds, renegando de la patria, pasa al servicio del enemigo, se aduefia de la Ciudad y le impone condiciones imposibles, exigiendo el despojo completo de la patria traicionada. Queda el recurso de la oración. En el santuario de Oregina, el P. Cslndido dei Marchesi Giusso, guardikn del convento anexo, oraba ardientemente a los pies de María. Se asoma a la ventana y ve sobre su Génova como un nuevo sol: en medio de 6\ ve a la Inmaculada que con su pie aplasta a la serpiente infernal cuya boca vomitaba llamas contra la ciudad.
A los pies de la Virgen está Santa Catalina de Génova que la súplica. Dc repente se siente tranqu’ilo. De la ciudad se lcvantd un subito y clamoroso resonar de todas las campanas. Y mientras aparecía María en el cielo, como señal de protección, el famoso jovencito de Portoria, Juan Baut. Perazzo, llamado comtinmente Balilla, al grito de ejViva María!», había lanzado la primera piedra contra el odíado austriaco. La ciudad entera se insurrecciond: cada ciudadaño era un soldado, cada soldado un leon. Expulsados por la furia del pueblo fuera de las murallas, los austriacos se habían reunió en los valles de Polcevera en espera de refuerzos. Pero el ejtixito enemigo, envuelto por la furia de la muchedumbre, se vio forzado a abandonar el campo por un providencial temporal (Storia del Santuario di N. S. della Guardía ml monte Figogna). HI 25 de marzo siguiente, fiesta de la Anunciacion, la ciudad toda se congregaba en la catedral de S. Lorenzo para cumplir su veto a María.
Fueron tambitii acunados escudos de oro con la efigie de María y con la inscripción: Et rege eosJ «jGobitinalos!...» En aquel día memorable, la imagen de María, con la inscripción «Et rege eosU, ondeO sobre la bandera de la torre ducal y sobre el astil mayor de la «Capitana». Dos bellísimas imágenes de María, una en Porta Bisagna y otra en Porta Lantema, lie van la inscripción: «Génova, ciudad de María.» El asantuario principal de la tierra de Ligurian —según lo calificO Benedicto XV— es el de N. x S.» de la Guardía, en el monte Figogna, erigido en 1490 luego de la aparición de la Virgen a un pobre campesino. También la republica de Veneto fue desde la evángelizatíon y sigue siendo devotisima de María. Basta echar una ojeada a sus principaís ciudades. Comencemos por Ve necia. Se cuenta que después de la toma de Aqu’ileya (452), los tribunos Ario y Rustico fundaron una iglesia de admirable belleza en honor de María, cuándo la desdichada población corria a refugiarse en todas las ciudades vecinas. Esta iglesia fue restaurada en 1008 (Cf. Pertz. Scriptorcs, VIII, 37). También en la basílica de S.
Marcos se registran hasta 15 imágenes de la Madre de Dios, aparte de algunos bajorrelieves y mosaicos. La Nicopeia (aVirgen de la Victo rian), venerada allí en un espldndido altar de plata y de mrirmol, erigido por el Doge Juan Bembo, es una de las mris célebres Virgenes de Europa. Después del cuerpo de S. Marcos, los venecianos consideran a esta Virgen como su más preciosa reliquia. Se cree que fue traida a Venecia de Constantinopla, después de la conquista de esta ciudad, y que era aquella misma imagen que los emperadores, al partir para las expediciones militates, so Kan tomar consigo, por lo que era llamada da Capitana de las legionesn, «la invenciblen, ala indomableo, puesto que jamás había caido en poder de los birbaros, y por ultimo Nicopeia, o sea, distribuidora de la victoria. En el 718, habidndose present ado los sarracenos con grandes fuerzas sobre los muros de Constantinopla, los habitantes, abatidos, llevaron en procesión a la Nicopeia y la ciudad se vio salva. La imagen es llevada en procesión por los venecianos en las grandes solemnidades y en las calamidades públicas, como en la gran peste del s. XVII.
Habiendo comenzado a manifestarse la peste en la isla vecina, el Senado hizo voto de erigir en ella un magnifico templo a su gran protectora si la libraba de la peste. Por este motivo fue llevada a la isla el 21 de noviembre de 1631, con una pompa extraordinaria, y luego de nuevo vuelta a S. Marcos. Así surgió el imponente y rico santuario de Santa María de la Salud, en el borde del Canal Grande, no muy lejos de S. Marcos. Partiendo de Venecia, se formd en la región vdneta una verdadera guirnalda de santuarios marianos. Descuella incontrastable, como meta de peregrinaciones, el santuario-basílica de Monteberico, servido en su culto por los Siervos de María, y cuyo origen se debe a las apariciones de la Virgen a la piadosa Vicenta, en el curso de una devastadora peste, el 7 de marzo de 1426 y el 2 de agosto de 1428. Es sugestiva la larga teoria de los 166 pdrticos con 15 arcadas, que sirven de acceso al santuario. Otros santuarios florecientes de la región véneta son el de Udine (N.ª S.ª de las Gracias). el de Lonigo, etc. También la catedral de Muraño, del s. x. estaba dedicada a María.
Y la catedral de Verona, que se remonta a la época lom bard a, era llamada Santa María Mairico lave, Santa María in Orgaño. En la Romaria, se jacta de una justa primacia en el culto mariano la antigua ciudad de Rávena, cuya iglesia se remonta a principios del s. in y quizi más atras (Cf. Lanzoni, op. c/7., I, p. 738). En el s. vi, la ciudad de Rávena era capital de Occidente. Tiene varias iglesias antiguas dedicadas a María (del s. ix). El obispo S. Eclesio, después de haber acompafiado al Papa Juan I a Constantinopla en el 526, construyó en Rávena la iglesia de Santa María la Mayor. Opas iglesias antiqufsimas son: la de Santa María in-coelos-eo, de la que el primer de cument que se posee se remonta al 981 (Cf. Tabri, Le sacre memorie di Ravenna antica, 1664, p. 243), Santa María in Domo Ferrata (del 894), Santa María in Foris o in Foro, Santa María delle Mura o in Posterula, Santa María in Orto o in Hortale, Santa María di Palazzolo, Santa María Robuola, etc. Es digna de especial mención la iglesia de Santa María in Porto, por la imagen veneradtsima y popularisima de la Madonna del Porto. Bolonia hace ostentación de uno de los más famosos santuarios de I.: el santuario de la Virgen de S.
Lucas. Una graciosa leyenda (tenida por muchos como historia) cuenta que sobre la cumbre del monte de la Guardía se establecfa en 1160 un pequefio eremitorio en el que vivfan santamentc dos hermanas bolofiesas, Azolina y Beatriz Guezi. Un día vieron presentarse a un peregrino griego, un tal Eteocle Kimnia, proveniente de Constantinopla, que llevaba consigo, de la iglesia de Santa Sofia, una imagen de María bajo la cual se leía: «Este cuadro, pintado por manos de S. Lucas, debe ser colocado en la iglesia de S. Lucas en el monte de la Guardía.» El ermitaño, llegado a Roma, se encontrd con un noble boloñés (un tal Pascipovero) por el que pudo saber finalmente dónde se hallaba el lugar al que estaba destinada aquella imagen. En tomo de la sagrada imagen se erigió una riquisima capilla, la cual, en 1741, cedid el puesto al artfstico y armonioso templo actual. Un maravilloso $oportal de cerca de 3 km., con 666 arcos, disenado por el P. Sassi, servita, sirve de acceso al célebre santuario.
TambiSn Ferrara se gloria de poseer antiqufsimos templos marianos, por ej.: Santa María di Bocche, que —como consta por un document antiquisimo descubierto en 1737— se remonta al tiempo del emperador Mauricio Tiberio y del Papa Pelagio; Santa María Guado o in Vado, erigido en 1115; Santa María Nuova, reedificado en 1182 con el título de Santa María de las Nieves; Santa María de la Consolación, del s. xii. A finales del s. ix, Parma tenía un templo levantado a la Madre de Dios, según cantó Donizone en la vida de la condesa Matilde: Maius ibi templum Maríae nomine fertur, — in quo plebs tota Christum Parmensis adorat. Entre muchos otros santuarios de la región emiliana recordemos el de la sMadonna de la Ghiaran, de Reggio Emilia. 3) En la I. central. Toscana no es inferior a ninguna región respecto del culto de María. Cuando Florencia proclamaba, en tiempo de Savonarola, a María por cReina de los florentinosa, al lado de Cristo Rey y Señor del condado, no hacia más que sellar una larga serie de actos henchidos de piedad mariana. A finales del s. VIII se levant un templo a María.
La iglesia de Santa María la Mayor, erigióa —como ha aseverado alguno— en el 300, existía indudablemente en el 1000. Esta iglesia fue convertida en el s. xu en las proporciones que tiene aún actualmente. La iglesia de Santa María sobre el Arno se habría fundado —según Richa— bajo el obispo Julio, el cual murió en 1181. Florencia solía comenzar en la Edad Medía los estatutos de sus leyes con las palabras: Ad honorem et reverentiam et laudem Omnipotcntis Dei et gloriosae Virginis Maríae. Así comienza el Estatuto del Podestá de 1325, editado por Caggese, Roma 1921. Es interesante por su antigüedad y por su gran popularidad el santuario de la Virgen de la Impruneta.
Debe su origen a una antigua iglesia llamada Santa María in Pineta, a cinco kilómetros de Flo rencia, que se remonta al s. xi. La inscripción que se Ice sobre la fachada dice que fue consagrada en 1054 por Humberto, cardenal de Selva Canáida. El gobierno de Florencia, en las circunstancias más críticas (pestilencias, sequías, carestías, devastaciones militares, etc.), acostumbraba a recurrir con fe a la Virgen de la Impruneta, cuya imagen era llevada solemnemente en procesión por las calles de la ciudad.
Desde la peste de 1348 a la de 1448 y 1663, fue llevada unas cincuenta veces. Mas el espíritu mariano de Florencia ha palpitado y palpita siempre, especialmente en el célebre santuario-basílica de la Anunciación, erigido en el s. xiu por iniciativa de los Siete SS. Fundadores de la Orden de los Siervos de María. Según la antigua tradición el sorprendente rostro de la Virgen habría sido pintado por una mano angélica. El esplendor secular de sus prodigios, la dignidad con que de continuo se celebra su culto, le han conferido una celebridad mundial. También Santa María del Fiore, Santa María Novella, etc., cantan a los siglos el amor de Florencia por su Reina. Livorno —que en el siglo pasado inauguraba la serie de los Congresos Marianos— ostenta el santuario de Montenegro, situado a cinco kilómetros de la ciudad. Su imagen llegó prodigiosamente —según la leyenda— de la isla Lubea en 1345, y, al llegar al torrente Ardenza, encargó a un pastorcillo que la llevara a la colina.
En recuerdo de la liberación de la peste de 1630, la Oficina de Sanidad Livornense comenzó a fijar en los buques que partían de su puerto una patente sobre la que estaba impresa la imagen de N.ª S.ª de Montenegro con la inscripción: «Liburneae sanitatis tutelar (= Protectora de la salud de Livorno). En 1920, la Santa Liga mariana ofreció al santuario esa artística joya cual es la lámpara de la Paz, en forma de una antigua galera livor nense, con la inscripción: aProtege, oh Virgen, a la Gente Ítala.a Luca tiene el antiguo santuario de Santa María forisportam, del cual los archivos suministran documentos de finales del 788. Pisa, que en sus armas, en sus banderas, en sus naves y en sus monedas escribía: «Protege, Virgo, Pisas», erigía en el s. xi a la Virgen su catedral de Santa María la Mayor (con sus cien imágenes de la Virgen), donde se venera una de las más célebres imágenes de Toscana bajo el título de ((Madonna di sotto gli organi». Cuando Car los VIII restituyO a los pisanos la libertad, sustrayendolos al yugo de Florencia, los pisanos llevaron procesionalmente a su Señora a la ciudadela y declararon a María protectora y soberana de su ciudad (Cf.
Notizie sulla miracolosa immagine di María Santa-di-sotto-gli organ!, Pisa 1834). La antigua y gloriosa república de Siena ha eternizado en el arte y en sus monedas el nombre de Vetus Civitas Virginis, con el cual la misma Virgen —según la suave le yenda— quiso nombrarla al jovencito Ansaño de los Anicios, cuándo le mandó llevar a Siena la luz del evángelio. La misma leyenda añade que las últimas palabras pronunciadas por Ansaño, mientras los verdugos se preparaban para cortarle la cabeza, en las orillas del Arbia, fueron: a j Siena es de María!» La célebre catedral de Siena fue erigióarigióarigióarigióa sobre las ruinas de la parroquia románica de Santa María. A Santa María de la Escalera fue dedicado el célebre hospital de Siena. Otros santuarios marianos de cierta celebridad surgen en Arezzo, en Pistoya, etc. La verde Umbria se siente orgullosa por el célebre santuario franciscaño de Santa María de los Ángeles de Asís. El Oratorio primitivo se llamaba Santa María de los Ángeles. Fue después llamado Santa María de los Ángeles, «porque los Ángeles —como asegura S. Buenaventura— lo visitaron mu» a menudo D. S.
Francisco lo restaurO, y dejó dicho a los suyos: cTodo lo que aquí pidáis con fervor os será concedido, puesto que este lugar es santo y María lo ama con especial predilección.» Hoy el Oratorio pri mitivo —la Porciúncula— está cubierto por la grandiosa basílica patriarcal, sobre la cual se yergue ala bella cúpula de Vignola» y es meta de númerosas peregrinaciones especialmente el 2 de agosto, fiesta de «Perdón de Asís». Entre los santuarios de Umbria, son también dignos de mención: Santa María de Tránsito, en la Ciudad del Castillo; la capilla de la Santa Imagen, en la cátedra de Espoleto, donada a la ciudad por Federico Barbarroja en 1195, veneradísima no sólo por los de Espoleto, sino también por las poblaciones circunvecinas.
También el santuario de N.ª S.ª de la Estrella, en Espoleto, goza de cierta celebridad. En esta rápida reseña aparece evidente cómo María e I. son dos nombres inseparables. No sin razón el protestante Edgard Quinet llamó a la Virgen «la dulce Casteliana de la cual toda Italia está enamorada» (en la ob. Les revolutíons dltalie, publicada en 1848).
Epílogo luminoso de la historia mariana de I. y, al mismo tiempo, punto de partida para una nueva y más fúlgida era mariana para nuestra patria, es la solemnísima consagración de la misma al Inmaculado Corazón de María, hecha en Catania el 13 de septiembre de 1959 en la clausura del imponente Congreso Eucarístico Nacional. Este acto había sido precedido de una visita, rica en fe y en obras, de la veneranda imagen de N.ª S.ª de Fátima a través de la nación italiana (v. Il viaggio delle meraviglie, Padua 1960). En recuerdo de tan solemne consagración se colocaba en Trieste la primera piedra de un suntuoso templo dedicado a María, «Madre y Reina de I.» (v. también Literatura, Arte). BIBL.: Varl collaborator!, Maria e l’Italia. S. A. L. E. S. 119431 146 pp.; iMmucm. G.. María di Nazareth nella toponomastica italiana, Roma [1954] 102 dp.; Salvini. A,, O. S. B.. Santunri Maríani d'Italia. VI cd., telli, La Madonna e V Italia. La storia d' Italia allá luce della uta Castellana, Ed. S. E. I.
R., Roma, 269 páginas; Vari collaborator!. / mille Sett tit art d’ltnlia illustrati (1.200 samuarios descritos «ilusirados. 300 saiituarios menores citodos; 2.500 ilustraciones. 20 pinturas en colores fuera del texto), Asociación Santuarios Marianos, Roma 1060, 972 pp.