Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

ISLAMISMO

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El fundador del Islam (= a band on o, es decir, ciego abandono en la voluntad de Dios) Cue Mahoma, nacióo en la Meca entre el año 570 y el 580 d. de J. C. Hacia 610-612 se sitria su «vocacións, o sea, que comienza a predicar las ideas fundamentales de su acredos, siguiendo una orden que se supone recibióa de un mensajero divino (el Ángel Gabriel), y que están contenidas en las asuraso (=capitulos) del Corán. A causa de la fuerte oposicion que hallo en la Meca, Mahoma hubo de trasladarse a Medina, donde tuvo completa aceptación y donde murió el 8 de junio del 632. El Corán (= declamación, recitación) más que como libro de Mahoma es considerado por los musulmanes como obra divina, o sea, tin libro dictado por el mismo Dios, por medio del Ángel Gabriel, sin concurso alguno humane. Esta revelación Cue escrita en una atablao de la que se cree que está aconservada en el cielo». Siguese de ahi, por tanto, que todas las palabras del Corán proceden directamente de Dios y por lo mismo excluyen toda clase de error. Siguese de ahi también que todo cuánto se dice de María en el Corán es para los musulmanes (unos 400 millones) objeto de fe en sentido riguroso.

La Hadith, en cambio, ts un libro que contiene la tradición o el conjunto de los relatos que se remonta a Mahoma o a inmedíaciones. El Corán es sustancialmente obra de Mahoma, pero la redacción actual es pos terior a su muerte y se debe a su secretario, quien recogid todo cuánto del sagrado libro estaba ya escrito o retenido en la memoría y lo ordenó en «suras». Lo que Mahoma y sus contemporáneos afirman de María en el Corán (no menos que en 36 pasajes), no tanto procede de los evangelios canónicos como de los escritos apdetifos (particularmente del Protoevangclio de Santiago) y de las tradiciónes oralcs (judiocristianas). Los capitulos o csuras» que hablan más explícitamente de María son el 3.°, el 4.°, el 5.°, el 19.°, el 21.° y el 23.° En ellos se encuentran no pocos elementos relativos a la vida y a los misterios de la Virgen.

1. La familia de María. De ella se trata en la «sura» tercera, cuyo ti'tulo es e Familia de Imram». Esta «sura» es considerada como sagrada en tan alto grado que, según los esciitores drabes, Mahoma prometió a los suyos que la leyeran el vievnes (el día festivo) los mayores premios, como son la asístencia de Dios y de los ángeles hasta la puesta del sol (según Zamchascer) y la liberación de la cárcel infernal (segrtn Beidar). En el versiculo 33 se habla de la elec tíon de la familia de María en estos tOrminos: «Ciertamente Dios eligid a Adán y a Nod y a la familia de Abraham y. a la fa milia de Imram por encima de los mundo» (es decir, por encima de todas las criaturas del mundo). Según Mahoma, el padre de María habría de llamarse a Imram» (confundiendo tal vez a María con María hermana de Moisés, hija de Imram).

En el versiculo siguiente introduce a la mujer de Imram (Mahoma desconocc el nombre de Ana) pidiendo descendencia al Seiior y obteniendo la gracia de ser madre de Cristo: «La mujer de Imram dijo: “Oh Señor mío, es cierto que te he ofrecióo lo que hay en mi seno, con el fin de que se dedique al culto, halldndose libre de todo otro cuidado”.n El Cordin prosigue diciendo (vers. 36): «Cuando la dio a luz (la madre de María) dijo: “Oh Señor mío: ciertamente he dado a luz una hembra (y Dios muy bien sabía lo que ella había dado a luz), y el varón no es como la hembra”» (o sea, que, según los comentaristas musulmanes, no puede ejercer las funciones sacerdolales). El gran historiador musulman Ibu Kaldoun (+ 1406) conoce el verdadero nombre del padre de María (Joaquín) y los musulmanes se hallan también de acuerdo respecto del nombre de la madre de la Virgen (Ana), considerada por ellos como hermana carnal de Isabel (esposa de Zacarfas y madre de Juan Bau tista).

2. La Inmaculada Concepción de María. Según el Corán, a María no fue vfetima del pecado original. Entre los musulmanes el pecado original no se contrae en el momento de la concepción (en el mismo instante en que el alma es creada e infundida al cuerpo), sino en el momento del nacimiento. El recien nacióo es herido por Satands, y por eso lanza un grito. Este grito es el signo con el que el recién nacióo manifiesta su espanto al sentirse presa de SatanSs. Y María no lanzd ese grito en su nacimien to: señal de que Satands no pudo haceiia su presa: Todo hijo de Adán recien nacióo es tocado por Satands —dice el Corán —, salvo el hijo de María y su madre: puesto que Dios pone entre ellos y Satands un velo, de tal manera que el contacto de Sa tands para en el velo y no les alcanza a ellos por ninguna parte. Además de que nos fue contado que ni el uno ni la otra cometieron jamás pecado, como hacen por desgracia los otros hijos de Adán» (Hadith). El Corán pone en labios del padre de la Virgen, antes de su nacimiento, estas palabras: «Y yo la pongo, junto con su des cendencia, bajo tu protectíon, contra Satands el apedreado» (el maldilo) (Sura III, 34).

Parece como un eco del Protoevángelio {Gén. 3, 15) vaticinando la enemistad victoriosa de la «mujer» y de su dinaje» (su posteridad) sobre la serpiente infernal (Sa tands). Solos María y Jesús han estado inmunes de esta clase de mancha (Cf. Goudard, La Vicrge Marie dans TI slam et le Corán, en «Etudes», 101 [1904] p. 642). Hay que tener presente que la doctrina sobrt la absoluta pureza de la Madre del Redentor estaba muy divulgada en los centros cristianos orientales, especialmente sirfacos, del s. VII, centros con los cuales Mahoma tuvo, sin duda, relación (Cf. Carra de Vaux, La doctrine de 1‘Islam, París 1909, p. 98). En las palabras del Cordin aparece evidente la alusión al singular privilcgio de la inmunióad de toda culpa, aun de la original.

3. El nacimiento de María. Luego que la esposa de Imram hubo dado a luz a María, Mahoma pone en sus labios estas palabras: oY cuándo la hubo puesto en el mundo, ella [la madre de María] dijo: Se fior, yo he puesto en el mundo: juna hija! — Y Dios sabía bien lo que ella había puesto en el mundo» (Sitra III, 33). Quizes esperaba tener un niño que (en virtud de su consagración a Dios) hubiera podido de dicate al servicio del templo. De este modo ha sido interpretado el contratiempo de la madre de María por la mayor parte de los comentadores.

4. El nombre de Maryann. Mahoma pone también en labios de la madre de la Virgen estas palabras: «Y yo le he puesto el nombre: Maryam.» Sobre el significado de este nombre no están de acuerdo los comentadores. Significa ala piadosa», «la devotas, «la siervas, etc. (Cf. Abd-El-Jalil, La vie de Marie, pp. 193-194, v. bibl.).

5. La infancia y la juventud de María. A continuación del voto o consagración hecho por la madre de María, Dios recibió y aceptd la oferta: aY su Señor —dice el Corán — la acogid con agrado y la hizo crecer agradable a él...» (Sura III, 34). Zacarfas la tomó a su cargo (Sura III, 37). «Todas las veces que Zacarfas se presentaba a Ella, en el santuario, hallaba junto a Ella provisiones; y él le preguntd: “«,De ddnde provienen?” Y Ella respondió: “De Dios”; porque Dios provee sin medida a sus amados» (Sura III, 36). A Zacarfas parece que se refiere también este extracto del Corán: «Y td no estabas en medio de ellos cuándo echaban a pajas (a suertes) (para saber) quién de ellos tomarfa el cuidado de Marías (Sura III, 39). Los comentarios acerca de estos textos son los más disparatados (Cf. At» Tabari [f 922], Tafsir [Commentario del Coraño], Cairo 1901-1903, III, pp. 148-153). El Corán no da indicación alguna de la vida que María llevaba en el templo (Cf. AbdEl-Jalil, La vie..., pp. 194-197). Solamente hay un texto en el cual María es invitada a la oración: «Oh María —se dice allí—, s 6 devota con tu Señor, post rate con los que se inclinan» (Sura III, 42).

Tampoco dice nada el Corán sobre las relaciones existentes entre María y S. losé. Las tradiciónes musulmanas sobre esto se hacen eco parcial de los evangelios así canónicos como apócrifos (Abd-El-Jalil, La vie..., pp. 196-198). El porte y la conversación de losi con María ante el inefable misterio de la maternidad virginal aparcce lleno de finfsima dell’cadeza y encantadora frescura, en una p&gina de At-Tabari (Taf sir, XVI, p. 43).

6. La Anunciacion.

El Corán, en la Sura tcrcera, refiere que mien Iras María iba un día a sacar el agua, clos Ángeles le dijeron: Dios te ha escogido; te ha reservado pura; te ha elegido entre todas las mujeres del universos: aOh María, si devota con tu Señor, y addrale y arrodfllate con sus adoradores.» Después de haber narrado que los ángeles se disputaron quién de entre ellos debfa ser el guardían de María y de que echaron a suertes para ver a quién tocarfa tan dulce y glorioso ministerio, continúa exponiendo su coloquio con María con estos acentos: aOh María, el Dios verdadero anuncia que de ti procederd el Verbo; su nombre sera Cristo Jesús, Hijo de María, ilustre en este mundo y en el siglo futuro, y entre aquellos que se acercan a Dios, y hablard a los hombres en la niñez y cuándo está entrado en años, y será hombre de bien.» Ella respondió: aSeñor mío, £cdmo tendrd yo descendencia si no me ha tocado hombre alguno?» Dijo el ángel: «De la misma manera que Dios crea lo que quiere, cuándo ha decretado una cosa, dice a la cosa: hdgase, y se hará.» El ángel después continúa hablando de las gracias que Dios concedera al Cristo, que naccrd de la Virgen, que será muy semejante a Adán y que será Ilamado «el nuevo Adán», porque tuvo de comun con él el no haber sido engendrado como los otros hombres, sino por virtud del Creador.

También en la Sura XIX, que tiene por título La Sura de Maryam, cuenta el Corán la Anunciación en los versfeulos 15-21.

7. La Visit acton. Nada se dice de este eplsodio en el Corán. Se encucntra, sin em bargo, en los comentarios al mismo. En estos se refiere el encuentro de María con Isabel, con circunstancias no precisadas. María habría sido la primera en revelar el secreto de su estado. Luego Isabel revela a María su secreto y añade: «Advierto que el que se lialla en mi seno se postra ante el que está en el tuyo» (Cf. At-Tabari, Tafsir,

8. El nacimiento de Jesús. En los ver sfeulos 22-25 de la Sura XIX (la de María) se narra brevemente el nacimiento de Cris to. aY td —así dice Dios a Mahoma— menciona a María en el Libro (el Corán). refiriendo cudndo se apartd de su familia. a la parte del Oriente, esto es, [la parte oriental del templo]. Cuenta, además, que en cierto momento María fue asaltada por los dolores del parto, al lado de una palmera, se vio sobrecogida de una angustia moral tan fuerte [en previsión de las falsas acusaciones de pecado que levantarlan sus parientes] que le hicieron desear la muerte.

Dios entonces le dio la consolación sensible y milagrosa, haciendo que se le dirigiese la palabra [del ángel o del mismo Jesús, según los comentadores], Le manda sacudir el tronco de la palmera para hacer caer algunos datiles; hace brotar junto a la palmera una fuente de agua e invita a María a regocijarse y a guardar silencio ante los hombres.i Después que bubo dado a luz a Cristo, y su parentela, como habla previsto, quedd escandalizada de ello, Mahoma hace hablar milagrosamente al mismo Niño para disculpar a su Madre: oCiertamente —dice— soy el siervo de Dios: a ml me entregd el Libro [del evángelio] y me constituyd profeta. Y me hizo bendito en dondequiera que está y me encomendó la oración y la limosna para mientras viva. Y me hizo piadoso para con mi madre, y no me hizo desgraciado y soberbio. Y la paz esii sobre ml en el día en que nacl, y en el día en que muera, y en el día en que resucite viviente. Este es Jesús, hijo de María, palabras de verdaún (vv. 29-32).

9. La perpetua virginidad de María. El Corán tiene cuidado de ponerla en particular relieve. Llama a María ala virgen», «la puiao por excelencia, ala que custodía su virginidad». Cristo es su Hijo, pero es del Esplritu de Dios. Es cosa muy extrafla si se tiene presente que el islamismo no hace estima alguna del ideal de la virginidad.

10. La dignidad de la Madre de Cristo. El Corán reconoce a Cristo, «Hijo de Ma rlas, como al Mestas, como a la Palabra (el Verbo) de Dios, como al cnvíado de Dios, como a Aquel que es a del esplritu» de Dios; pero no admite la divinidad de Cristo y, por consiguiente, la divina maternidad de María. Los musulmancs, en efecto, no admiten el misterio de la Tri nidad, por lo que acusan a los cristianos de politeistas. Es sintomótico, a tal respecto. el verslculo 116 de la Sura V: «Dijo Dios: Oh Jesús, hijo de Maryam, fuiste tvi quien dijiste a los hombres: “Tomadme a ml y a mi madre como dos divinidades en lugar del Dios único.” El respondió: “j Gloria a ti! Yo no podrd decir lo que para ml no es verdad. No les predico otra cosa, sino lo que tii me ordenaste, esto es: jAdorad a Dios, SeAor mlo y vuestro!...”a Parece esto como un eco de la poldmica de S. Epifanio contra los coliridianos (v.) de Arabia, la región de Mahoma. Esto no obstante, Mahoma y sus seguidores nutrieron la más alta estima tanto de Cristo como de María.

En la Sura XXI, v. 91, se hallan puestas en labios de Dios estás palabras: «Y soplamos en Ella nuestro Esplritu, y la pusimos a Ella y al Hijo de Ella como portento para todos los $iglos.» Este riltimo coloquio se repite y se amplla en la Sura XXIII, v. 52: «»Y pusi mos al Hijo de María y a su Madre como portento, y acogimos al uno y a la otra en el lugar sublime, donde hay tranqu’ilidad y fuente de agua pura.» La Virgen es para los musulmanes la aSayda», o sea, el»Ama», la aSeñora», la verdadera Reina del cielo. Está por encima de las mujeres del «Profeta» Mahoma. As! éste dijo a su nnijer Fátima: «Ttf ser is la reina de las mujeres del Paralso, después de María.» Y Aycha, la mujer preferida de Mahoma, enumeraba sus privilegios de esta manera: aYo aventajo a todas las mujeres, prescindicndo de los privilegios concedidos a María.» Esto explica lo poco frecuente que es hallar entre las mujeres musulmanas el nombre de María, nombre impuesto como signo de devoción y de protección. Lo que no es raro es que las mujeres musulmanas vayan a rezar ante cualquier imagen de la Virgen (el islamismo prohibe el culto de las imágenes) a alguna iglesia cristiana, cuándo está vacla.

Sabido es que los mu sulmanes han hecho entusiastas acogidas en Africa, en la Indía y en otros sitíos, a la imagen de la Virgen de Fátima. Y también es sabido que en el Congreso Mariano del Llbaño, celebrado en Beyrut, en octubre de 1954 (presidido por el cardenal Roncalli, Legado Pontificio), uno de los siete a stands» de la aExposición Mariana» estaba reservado a tMaría en el Islam». BIBL.: Rosmini Seruati, A.. Suite tesiimottlanze rest dal Coraño a María Vergine. Ragionantento. en cAmonio Rosmini-Servati: AIcnni scritii sopra María SS.n, Desclle. Roma 1904, pp. 31-64; Vloderg, M., La Vierge de la Ka'ba et Mahomet, en a Revue NotrcDairto, julio 1911; Id.. L’lmmacuUe dans le Corán et dans V Islam, Ibfil., febr. 1912; Id., La ligeude eoranique de la Vierge au Temple, Ibfel., en.-febr. 1933; Wensincjc, ait. eMaryam». en oEncydopldie de Klslarao; Gibbons. A.. María nel Coraño, en oMaríanum». 4 (1942) pp. 90-96; Massjunon. 1.. Le Signe Maríal. en «Rythmes du Monde», a. 1948. n. 3; Add-El-Jalil, J.-M., O. F. M.. Marie et VIslam, Fteauchesne.

Pails 1950 (Etudes sur I histoíre des religións. 8) 92 pp. (sustancialmentc idlntico al ardeulo publicado en Du Mañolr, I. 183-211); Hindi», G., Le culte de la Trts Sainte Vierge chez les Mahometans de Syrie, en aAlma Socia ChristtB, IX (1953) pp. 268-275; Cortots, V., S. J., Mary in Islam. Calcutta. The Oriental Institute. 1954. IX-79 pp.; Fulton J. Sheen. La Madonna e l nwsuhnani. In un secolo dl storia tnariana. 1854-1954. Prcsbyterium, Nitpoles 1954, pp. 65-69: Mula, P. M. A., Comment certains milieux islamlques ont rdagi au stimulant de quetques manifestatíons ricentes de la doctrine et de la piété catholiones concernant la persone privltegUe de Marie, Mire de Jésus, en «Virgo ImmacnlatA». XVII (1957) pp. 268-281.

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