BIZANCIO
La ciudad de Bizancio (Constantinopla) nos recuerda la singular piedad mariana de sus Emperadores. De ello es señal evidente el número de los santuarios erigidos por ellos en sus palacios y los diferentes actos de devoción de que dieron constante ejemplo a sus sribditos. El número de sus santuarios levantados en honor de la Virgen, en sus palacios, son por lo menos ocho. No contentos con eso, los Emperadores bizantinos, además de las númerosas imdgenes de Maria colocadas en sus habitaciones, llegaron hasta el punto de sustituir, en las medallas y monedas, la propia efigie por la de Maria. Así, desde el siglo vm, durante el reinado de Anastasío II (t 719) encontramos ya en las monedas las dos letras M A, que indudablemente significan María. León el Sabio (886-911), no contento con el monograma mariano, hizo grabar en sus medallas la imagen misma de la Virgen, con el nombre de María encima y con la inscripción, en griego: Madre de Dios, por debajo.
Otro tanto hicieron los emperadores Teófanes (en el 963), Nicéforo Focas, Juan Zimiscc (959-997), RomAn Argire (1028-1034), Miguel Ducas (1071-1078), Alejo Comneno (1081-1118), Juan Comneno (f 1143), Constantino Monomonaco (1042-1064), Constantino Ducas (1059-1067), Román IV llamado Diógenes (1068-1071), y Manuel Comneno (1143-1180), Andrónico Comneno (1183-1185), Isaac el Angel (1185-1195), Andrónico U (1283-1328) y Constantino Dragases Paleólogo (1448-1453). En varias de estas monedas el emperador est A. representado en actitud de recibir la corona imperial de manos de Maria (Cf. Rohault de Fleury, La Saintc Vicrge, t. I, pp. 343-347; Sabatier, I., Description générale des monnaiesbyzantincs, vol. 2, París-Londres 1862). Segtfn Sabatier, un sello de plomo que lleva la imagen de Maria se remontaría al emperador Heraclio (t 641). Hay otros sellos bizantinos del s. x que lievan tambi£n la imagen de Maria (Cf. Ro hault de Fleury, o. c., p. 347).
Entre las cuarenta y tantas iglesias erigidas en Constantinopla a la Madre de Dios es digna de especial mencion la llamada Nueva Basílica*, construida por el empe- rador Basilio, en cuyo dbside se vefa a la Virgen que cxtcndia sus brazos en actitud de interceder por la salud del emperador y por el triunfo contra sus enemigos. Igualmente mcrccc ser mencionado el templo de a Santa Maria de Blacherne», la más celebrc iglesia mariana de Constantinopla, situada en el centro de la metrdpoli, cuya construction se comenzd en tiempo de la cmpcratriz Pulqucria (450-453). En el 473, el emperador León I ad junto al edificio primitivo una capilla lateral con el fin de recoger las reliquias del vestido de Maria (de lo que se da testimonio en el «Discurso sobre la deposition del vestido* de Teodoro Synkello, sacerdote del grandioso templo en tiempo del patriarca Sergio [610638]). Los fastos de este cOlebre santuario están mdmamente ligados con la historia del imperio bizantino y con el desarrollo del culto mariano.
Durante el s. xi, se realizaba alii un milagro permanente, narrado en un manuscrito bizantino de París (2628) del siglo xi, para acreditar la devotion mariana del sdbado: «Hay en esta metrOpoli [Constantinopla]... una cdlebre y venerable basí lica llamada Luceraa (= Blaquerna) dedicada a la siempre Virgen Maria. Alii está pintada, en estilo griego, un icono de Maria Reina que lleva en su regazo al Hijo primogdnito, Jestás. Esta imagen de la gloriosisima Virgen está cubierta con un velo de pura seda, en señal de veneration, y ningun habitante puede ver el rostro de la divina Virgen antes del viernes, vestido de ptirpura por el misterio de la Cruz. Una vez que el sol se pone, al comienzo del oficio solemne de la tarde en honor de Maria, entonces el velo plegado se despliega por una invisible intervention divina y deja ver a los habitantes el celestial tesoro. El velo, suspendido en el aire por un artificio divino, permanece así inmOvil durante toda la vigilia nocturna y todas las horas del sdbado, en las que se cantan las alabanzas de María, y en los oficios solemnes hasta que finaliza la hora de nona.
En la tarde del sdbado, comienzo de la solemnidad domi nical, el velo de la imagen de Maria se baja de nuevo sin la intervention de operarios y tapa la imagen con gran vcneración. De este modo se suceden y se ponen de acuerdo las fiestas del Hijo y de la Madre, y se previenen en honores reciprocos. Jamás se equivoca el reloj mariano que consiste en aquel velo y no en ninguna ctra inter vention mecdnica de los griegos.* El mi lagro se repitiO todos los viernes por la tarde, por espacio de dos siglos, desde el siglo xi al s. xni (Cf. Grumel, V., Le mira cle habitual de Notre-Dame de Blaucherties a Constantinople, en «Echos d’Orient*, 30 [1931] pp. 129-146). Otro santuario mariano muy cdlebre, en B., es el de Calcopratia, que conscrvaba las reliquias del acingulo* de la Madre de Dios. DespuOs de la ocupación turca, las iglesias de B. fueron transformadas en mezquitas. BIBL.: Wenoer. A., A. A.. Fol et pJti matia'e «d B., en Du Manoir, V. pp. 925-981, con amplia b» bliografla.